Viaje con nosotros

¿Recordáis que cuando el nene tenía cuatro meses nos fuimos a Nueva York y el viaje en avión se lo durmió entero? ¿Que cuando tenía cinco lo llevamos a Nápoles y también hizo el viaje como un bendito? ¿Que cuando tuvo seis voló a Lanzarote y no dio ninguna guerra?

Pues eso se acabó.

El trayecto MAD-PNA en tren lo hemos hecho corriendo de aquí para allá. Él y, por defecto, yo, claro.

Sin orden ni concierto

Siempre ha asombrado a propios y extraños mi capacidad de comer, en general, y mi capacidad de comer mezclando lo dulce con lo salado, en particular. Pues tengo digno heredero. Esto que veis en la foto es crema de calabacín que me estaba zampando yo frente al ordenador, mientras escribía el blog que estáis viendo.

Él ya había comido su puré de pavo con verduras, sus dos cachos de queso y su yogur de plátano. Pues me ha venido a pedir, le he dado, y luego se ha puesto a graznar “¡Má! ¡Má!” como un poseso. Y más que le he tenido que dar.

Desvelando el truco

Soy boba. Reboba. ¿Pues no se queda mi niño de repente alucinado con los reflejos que unos cristalitos de una lámpara que tengo producen en la pared…

… y voy yo y le muestro de dónde vienen los reflejos, tocando los cristalitos?

Pero boba hasta decir basta. A bote pronto por dos motivos:

Uno, porque ipsofactamente ha dejado de hacer caso a los reflejos de la pared para dedicarse a mover, tocar y tirar de los cristalitos de la lámpara, un objeto delicado que me va durar nada y menos con la gracia.

Y dos, porque le he revelado el truco, he roto la magia. ¿Qué será lo siguiente? ¿Llevarlo a la cabalgata y tirar de la blanca barba de Melchor? Si es que…

Bocados de amor

Mi nene nos pega a su padre y a mí unos mordiscos finos. Pero fuertes, ¿eh?, de los de hacer daño. Y le reprendemos por ello. Pero me acabo de dar cuenta de de dónde le viene la afición… Nos hemos pegado su primer año y ocho meses de vida diciendo “me lo comooooo”. Y comiéndonoslo. ¿Qué esperábamos?

Claro, que a ver quién se resiste.

¿Dónde está El Cachorro?

Aquí el pitufo decide que se va, ¡y se va! Y no mira atrás ni por asomo.

Ah, ¿que no lo veis? Esperad, que os lo acerco y señalo.

Pues eso, en el quinto pino y ni mira. ¡Ni una vez! Le da igual si estás como si no. Él, a lo suyo. Y os aseguro que se puede ir lejos, muy lejos (muchísimo más).

De hecho en una de esas veces quise escarmentarle. Lo seguí en la distancia. Muy alejada de él pero cual detective profesional (me faltaba el periódico con ojos). Él, de aquí para allá, por toda la playa, metiéndose en charcos y preocupando a los otros padres, que se pensaban que estaba solo. Yo, todo el rato detrás de él y moviéndome de tal forma que estuviera colocada a su espalda. No me tenía que ver. Se tenía que dar cuenta en un momento dado de que estaba solo y asustarse. Y así aprendería la lección.
Oye, pues no. Igual estuvimos así media hora, y no exagero, hasta que me cansé de acechar de pie y descubrí mi posición. Él, como si siempre hubiera sabido que yo estaba ahí con él, sin sorpresas ni aspavientos, como si nada. Un fracaso total.

Luego no sé por qué monta los pollos que monta cuando lo dejamos en la guardería.

Todo un detalle

Primera rabieta. Ha tenido a bien pillársela de camino a la playa, con venga de veraneantes pasando por su lado, asustándose, compadeciéndonos. Y ha rematado la faena en la arena. El resultado: un cabreo rebozado.

Qué majo, estrenarse en estas lides en plenas vacaciones y en público. Ya veo que no le gusta pasar desapercibido…

Huida

Si es que es así. Una se da la vuelta un milisegundo y el canijo aprovecha para tomar las de Villadiego

Niño

Y acelera de 0 a 100 Km/h en un periquete, con lo que toca lanzarse a la carrera y atraparlo al vuelo.

Niño

(A esto se le llama echar una carrera por tierra).