Noches alegres, mañanas… alegres (con resaca)

Llego a casa de mis padres haciendo eses, con los pies destrozados tras haber estado encaramados a unos tacones durante quince horas, a las tantas de la madrugada. La boda ha sido fabulosa. Pantagruélica, divertida, navarra.

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Subo a mi habitación y descubro que me han dejado durmiendo al nene en su cuna conmigo. O a sus abuelos no les ha quedado claro que el verdadero favor no está en quedarse con el pequeño hasta acostarlo, sino en que los despierte a ellos y no a su pobre y derruida madre, o por el contrario lo tienen claro meridiano y por eso me lo han encalomado. Es más, igual lo han hecho para rememorar viejos tiempos. Antes, cuando salía y llegaba tardísimo, me despertaba mi madre para que pasara el aspirador. “Se cumple por la noche y también por la mañana”. Ahora me deja a merced de mi propio hijo. Para que no se me olvide que una es madre a todas horas.

Así las cosas, me meto en la cama y al cuarto de hora (o lo que me ha parecido a mí un cuarto de hora), en mi quinto y etílico sueño, ocho menos diez de la mañana, oigo a mi hijo moverse y emitir ruidillos y me empiezo a cagar absolutamente en todo lo que se menea, hasta que lo primero que dice es… «ma-má». Y me convierto en la mujer (resacosa) más feliz del mundo.

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Gimnasio callejero

Mi hijo es fortísimo.

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Y un oportuno de cuidado. O sea, del orden de 1.427 críos en el parque, 942 de ellos haciendo cola en el tobogán, y a él le da por hacer abdominales colgado.

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Claro que si plantan una barra justo ahí… A eso se le llama provocar.

Malabarista de pacotilla

Esa madre que compra una cosa en la que jamás de los jamases se había fijado llamada «hamburguesa de pollo y pavo» para darle de cenar a El Cachorro. Esa madre que por utilizar una sartén en vez de cascarle un bibe al nene ya se cree la repera. Esa madre que, con semejantes prolegómenos, se viene arriba y decide dejar a un lado los cubiertos para darle la última vuelta a la hamburguesa con un golpe de muñeca, como hacen los profesionales, ¡alehop!…

Esa madre que ha tenido que recoger una hamburguesa de pollo y pavo del suelo mientras evitaba que El Cachorro pisara todo el aceite a la vez que sacaba otra hamburguesa de la nevera y la echaba en la sartén.

¿Cuándo dejaré de intentar ser como las otras madres para ser la madre que soy?

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(Foto de madre a la inversa)

El caso es que se lo cuento a una amiga, madre de dos hijas, y me suelta: “lo peor es que seguro que la del suelo te la comiste tú. Es típico de las madres”.

Y, ¡sí! Qué clarividencia. O a ver si es que sí que voy a ser como las otras madres… ¡Lo de utilizar mi saliva como limpiador de cara lo hago desde hace tiempo! Ay, qué ilusión.

 

Nacer sabiendo latín

El nene ha sido acosado por una niña un mes menor que él. Lo ha perseguido y abrazado sin descanso. Y él se ha dejado querer… pero lo justito. Enseguida se ha zafado y alejado, ignorándola por completo.

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Ni gracias por el masaje en la espalda, le ha dado. Tan pequeño y tan castigador.

Gamberrada perruna

Bueno, hay críos que imitan a personas, a dibujos animados, a héroes. Y el mío imita a perros de anuncio. Sobre todo a aquellos a los que les da por hacer perrerías.

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Una prueba más de que da igual de qué especie sea el cachorro, humano o no… ¡no tienen idea buena! Y la combinación de cachorro y papel higiénico, ¡atchung! ¡Jamás nunca!

A no ser… ¡a no ser que quieras ganar un concurso! Estoy segura de que si envío esta misma foto al que ha puesto en marcha Cosmo hasta el 11 de mayo, me llevo la Smartbox de las “mil y una noches de ensueño”. Y en verdad os digo, hermanas… ¡que no las pasaré con El Cachorro! Ya se quedará haciendo de las suyas con el perro dándoles las mil y una noches de escándalo a sus abuelos…

¿Que de qué concurso hablo? Hummm… No sé si decíroslo, a ver si me levantáis el premio… Bueno, va, os lo revelo, que la vida sin emoción es un churro. Echad un ojo:

http://www.cosmopolitantv.es/la-foto-mas-emotiva-de-tu-embarazo-o-junto-a-tu-bebe

Os reto. ¿Sois capaces de enviar una foto mejor que esta? 😉

No te fíes ni de tu madre. Ni de tu abuela.

Ayer se metió un piñazo contra el cristal de salida a la calle. Como de todo se aprende, hoy, en previsión, ha puesto las manicas en el cristal de la salida al jardín, con tan mala suerte que… no había cristal. Se ha pegado un morrazo contra el suelo. Y, para colmo, ha conocido lo que es el ridículo, porque mi madre y yo hemos arrancando a troncharnos de tal forma que el pobre ni ha llorado.

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Día de la Madre

Que el Día de la Madre mi crío se despierte diciendo «papá, papá», ¿qué significa? ¿Un acto de rebeldía temprano? ¿Un ataque prematuro de perfidia?

Que el Día de la Madre mi niño no me regale nada, ¿¡no es como para enfadarse?! ¡¡Que tenga 16 meses no es excusa!! ¡¡En cuatro días 17!!

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Ah, pero…

Pero que luego el Día de la Madre mi hijo acerque una silla a la mía, se encarame y me casque un abrazo… ¡¡¡Uff!!! ¡¡Y solo tiene 16 meses!!, casi 17.
(Se ha superado)

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El que siembra, recoge

Lo que tiene este hijo con mi ordenador es verdadera fijación. Para él es como un tesoro, un reto, un objetivo. Parece Indiana Jones en busca del Arca Perdida. Agarrará lianas, trepará, hará equilibrios, se las ingeniará. Pero al final conseguirá hacerse con la recompensa.

Niño

¡Yiiiepa! Y a aporrear el teclado. Y si puede cargarse un trabajo de su madre, mejor que mejor.

DJ CACHORRO

Hay cosas en esta vida para las que hay que tener pose. Por ejemplo, no puede ser chulo cualquiera. Conozco a uno que mantiene conversaciones entornando los ojos, si es que se los ves porque milagrosamente se ha quitado las gafas de sol, y que en vez de mirarte, lo hace al infinito para hacerse el atormentado. Y cuando habla no mueve los labios, como si hubiera sufrido una parálisis en la infancia, como si le costara tener que hacer un esfuerzo con la sociedad como es comunicarse con sus semejantes. Lo intenta transformar todo en un pasotismo total por su parte, porque según dice está de vuelta de todo y como es golfo y radikal con ka, se comporta como si estuviera en permanente resaca. Ah, pero con todo y con esas entiende más de los secretos del trabajo que los que le rodean, a pesar de tener diez años menos que ellos, ergo diez años menos en la profesión. Porque, claro, aquí empieza el problema. No solo es un mico, es que además es bajito, delgadísimo y sus ironías resultan como chistes de Jaimito de los ochenta. Ni los gestos, ni la pose, ni lo que dice, le acompañan. Por tanto, se las da de algo que no solo no es, sino que tampoco lo puede parecer. (Vaya, lo he puesto fino).

¿Cómo puede alguien equivocarse tanto con su propia imagen?

Para ser chulo tienes que medir uno ochenta, fumar de lado, tener voz profunda, pelo en pecho y saber estar en tu sitio. Para empezar.

Sin embargo hay a quien no le hace falta demostrar nada. Hay quien apunta maneras. Hay quien lleva a gala lo que es porque no puede evitarlo, porque es como genético, lo lleva en la sangre. Os presento a DJ CACHORRO.

Niño

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