Charging batt

Cuando se tiene un hijo, cualquier momento es bueno para descansar…

Madre tumbada

¿No os agota? No, tener un hijo no cansa… ¡Cansa tener un hijo y tener que hacer el resto de cosas que hacías antes más las nuevas! Limpiar, planchar, organizar la casa, la intendencia, hacer compra, cocinar, cocinar con previsión, lavar, escribir el blog de Cosmo, trabajar nueve horas diarias, etc., y no perder nunca la sonrisa.

Madre con su hijo

A poder ser, carcajearse.

Madre

Porque siempre hay que fijarse en lo positivo de cada situación. Por ejemplo, lo que me estoy ahorrando en gimnasio…

madre

Triturar una cazuela de puré de verduras con ternera con la mano derecha y aupar con al brazo izquierdo al nene. ¡Ni Suach… Swartz… Swarcheneg… Su… NI TERMINATOR!

Manjar

Si, ya lo he contado antes, siento repetirme. Pero cuando algo se convierte en una obsesión, es complicado no dar la tabarra con el tema. Os enseño de nuevo cuál es mi bocado favorito:

pies de niño

Los huelo, chupo, muerdo, acaricio sin parar. Me resulta imposible contenerme. Es mi afición ponerme fiema a pies. Pero intento controlar el ansia. Ningún abuso es bueno. Claro que si encima me provoca…

Niño jugando

Entonces sucede lo irremediable. ¡Me los como!

Niño con madre jugando

Si algún día lograra empacharme… llegar a aborrecerlos… Pero no. No sucede. Qué terrible situación la mía. Seguiré informando.

Operador

Son los primeros contactos del chiquitico con el teléfono. Pero hay que reconocer que la elegancia, el porte, el savoir faire, los tiene innatos. Con qué exquisitez atiende el teléfono.

Cómo coloca la manica. Qué delicadeza. Vaya expresividad. Cuánta personalidad. Tamaña pipiolez.

Estoy deseando ver cómo sostendrá las copas de vino. Menudo dandy.

Ahorro

Ahora que estamos en medio del crudo invierno, os regalo un buen consejo para ahorrar en calefacción: colocarte el bebé encima. ¡Qué estufita!

Niño con su madre

Ahora tengo que idear algo para calentarlo a él. ¿Le compro un hámster y se lo pongo de sombrero? Tengo que darle otra vuelta a esta idea…

Pequeño desagradecido sin corazón

Había oído que ocurría. Pero pensaba que a mí jamás… Y sin embargo ya el cuarto día de mi nuevo trabajo, llego a casa y coge el nene y me ignora. ¡Me ignora! Su indiferencia es flagrante. ¿Se venga porque lo he “abandonado” para ir a ganarme el jornal? ¡Maldita sea! ¿Con qué cree este renacuajo que se pagan sus papillas? Estoy indignacérrima.

Niño con su madre

(Falsa sonrisa para la foto).

El nene tiene poderes

Cuando este pequeño quiere algo, no tiene más que quedarse mirándolo fijamente…

Niño con su abuelo

Y de forma inmediata pasa a ser de su propiedad.

Niño con su abuelo

Otro ejemplo. En forma de cuento, venga.

Érase una vez una joven (¡sí, joven!) princesa que era muy desdichada porque encontraba que no se encontraba. Comía caramelos a todas horas. Los saboreaba, chupaba, mordía, mascaba… continuamente. Siempre, en busca de aquel que fuera mágico, porque solo un caramelo en todo el reino tenía el poder de devolverla a su estado original, pues en realidad tal joven princesa, que además era muy guapa… dejadme, ¡el cuento es mío!… a lo que iba, esa princesa… ¡¡era una dragona encantada!!

Niño con su madre

Pero cuando andaba ahí dale que te pego al chupeteo de un caramelo ensartado en un palo, con bastantes probabilidades de que se tratara del dulce mágico, apareció un apuesto príncipe azul de corta estatura, que se acercó y alargó su mano para intentar arrancar tan delicioso y preciado bocado de sus fauces.

Niño con su madre

– ¡No, no! No e lo ites! – Bramaba la dragona aprincesada, con la exquisita bola entre sus dientes – ¡Es ío!

Pero el valeroso principito no se amedrentó, utilizó todas sus fuerzas y consiguió arrancar el caramelo mágico de la boca de la dragona, que por tanto continuaba disfrazada de princesa.

Y rápidamente se puso a examinarlo.

Niño con un caramelo

Determinó que, en efecto, se parecía mucho a lo que él personalmente andaba buscando, y antes de que nadie pudiese detenerlo, ¡se metió el caramelo en la boca!

Niño con caramelo

En realidad al príncipe azul le traía sin cuidado que esa bella princesa dejara de serlo para convertirse en un gran monstruo. El príncipe azul estaba harto de andar cabalgando siempre un hermoso corcel, porque tenía ya callos en el culo, de ir besando princesas remilgadas, de ir vestido del color del cielo más tierno y de ser bajito. El príncipe azul quería ser un temible y gran dragón que en vez de suspiros ñoños a su paso provocara gritos histéricos, que comiera ovejas enteras que haría a l’ast con las llamaradas que lanzara por su boca, que volara.

Niño con caramelo

Así que chupó, relamió, sorbió, con todas sus fuerzas. Pero no vio que le nacieran unas alas en la espalda, ni una cola en la rabadilla, ni que le salieran escamas, ni que sus ojos se volvieran amarillos. A cambio, el único grito histérico que oía era el de la princesa a la que había birlado el caramelo mágico, al ver cómo se lo comía él.

Viendo que el caramelo menguaba sin producir metamorfosis alguna en su ser, en seguida dedujo que se trataba de un dulce corriente y moliente. Así que lo soltó y le devolvió lo que quedaba de él a la princesa, a la que a le daba igual si era mágico o no, porque lo de volver a ser dragona se había convertido con el tiempo en una burda excusa, ya que con tanto lameteo por aquí, tanto chupeteo por allá, se había convertido en una adicta al azúcar, y solo quería saborearlo. Pero el príncipe azul, que era muy cuco, se aprovechó de esa ansia de la princesa y le puso una condición. Le dejaría que terminara el caramelo en paz si la golosa princesa le cambiaba la ropa y le quitaba el azul de encima.

Niño

Y la princesa accedió. Ambos se adaptaron a la situación y sacaron provecho de las circunstancias. Algo era algo.

MORALEJA: Si le das una chuche a una dragona, hará lo que tú quieras.

Y, volviendo a la vida real, sí afirmaré que no todo lo que aparece en los cuentos es ficción. El Cachorro lo que tuvo al quitarme ¡a mí!, algo ¡de la boca!, ¡¡es VALOR!! Mi príncipe valiente.

¿Jugamos?

Hora de jugar. Y la oferta es amplia. Que si cacharros interactivos, que si bichos que hablan en inglés, que si los números y las letras, que si luces, que si colores, formas, que si… Paparruchas. En serio. No sé la de tiempo que El Cachorro ha estado entretenido ¡¡con una bola de papel de aluminio!!

Niño jugando

Por cierto, ¿veis estas piezas de madera? Si las encontráis, avisadme. Esta foto es la única prueba que tengo de que existen. Hace más de dos meses que no las veo. No sé qué tipo de escondite ha descubierto El Cachorro. Soy incapaz de dar con ellas (a pesar de ser especialmente limpia y ordenada). Qué mosqueo.

Fotos que envejecen

Hay fotos en las que mi hijo parece un adolescente, ¿que no?

Niño subido al sofá

Le saco una instantánea, la miro, y me pregunto en qué momento ha crecido cinco años.

Niño primer plano

Pero más tarde, el mismo día, se duerme. Y lo vuelvo a inmortalizar.

Niño dormido

Y pienso en que voy a tener un bebé durante mucho, mucho tiempo.

(¿Seré de las viejas que a su hijo barrigón y calvo, de cuarenta tacos, le siguen llamando “mi bebé”? Creo que tengo todas las papeletas).