Aprendiendo a hablar

Mi hijo ha desarrollado todo un idioma él solito. Lo pronuncia a la perfección y su vocalización es espectacular… Tiene tres palabras: NGUÉ, GU y AJOOOO. Me lo está enseñando. Creo que no se me da mal. Pero no sé por qué pensaba que si alguien tenía que aprender de alguien a hablar era él de mí…

 

El biberón golfo

Total, que desde que le dado al enanico el bibe de las nueve de la noche, estoy haciendo tiempo para enchufarle el siguiente, que en teoría debía haber sido a medianoche y aquí seguimos, él sobando y yo petardeando en internet… ¿Cuánto te va a que decido irme a la cama y empieza a pedir, qué digo pedir, a exigir, su chute de leche?

Móvil terrorífico

Este hijo mío se duerme desde que nació con “Sálvame”, “Los Simpson”, partidos de fútbol… etc. Ahora le colocas en la habitación con el dulce sonido de una nana y bajo unas tenues luces de nubecitas que se mueven con suave lentitud, y se ATERRRRRRRRORIZA vivo. Ojos desorbitados, temblores, taquicardias, tensión mandibular…

Sí, mucho me temo que hemos llegado tarde con el móvil de la cuna.

Vendedoras listas

No os creeríais que me alegrara la mañana una de esas vendedoras pesadas que se te presentan en la puerta de casa sin previo aviso. Pues sí. La tipa era de “Iberdrola” y tuvo a bien soltarme: “¿¡Cómo, que el niño es tuyo, que has dado a luz hace dos meses con ese tipo?!” para que me diera pena echarla.

Y me dio.

Aaaay, qué tunanta.

Poca fe

Dicen los que me conocen bien que, contra todo pronóstico, estoy hecha una mamá como la copa de un pino, que se me cae la baba con mi bebé, que hay que ver…

Claro que, ¿qué esperaban? ¿Que lo tocara con un palo? ¿Que lo tuviera atado con una correa? ¿Que se lo regalara a la rumana con dientes de oro que se pasea por mi calle?

El caso es que mi bebé me encannnnnnnnta, sí.

Pero eso les pasa a todas. A TODAS. Hasta a las que son como yo.

(Bueno, creo que a mí me gusta más mi crío que a las demás el suyo porque el mío es el más ideal del mundo).