Why Cry

Todos aquellos que tengáis Facebook sabéis que de un tiempo a esta parte cada día el sistema rescata estados e imágenes de tal día como hoy de años pasados aleatorios.

Como resulta que tuve a mis dos hijos en el mismo mes, se da la casualidad de que en los tres últimos días FB me bombardea con mis embarazos. Del de hace cinco años…

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Al de hace dos.

 

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En estas fechas se cumplen cinco años que tengo este blog. Y ya conté por qué surgió. Estando embarazada de El Cachorro, me dio por hacer un DIARIO DE UNA EMBARAZADA cada día en mis estados de FB que se convirtió en el DIARIO DE UNA MAMÁ. Y en COSMO se fijaron en él… (Ole).

Total, que ahora que estoy en modo revisión del pasado, ojo al gadget que se anunciaba hace cinco años, del cual hablé.

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¿Seguirá operativo hoy día o se habrá descubierto el pastel? Porque cinco años después me sigo sin creer que un aparatejo sepa identificar a qué se debe el llanto de un bebé. Claro que yo qué sé. Voy a googlear.

 

 

Los escupitajos favorecen la circulación

¿Pues no me encuentro al chiquitajo jugando con los cochecitos en el parking, esta vez sí utilizando las rampas, aunque para empujar a los coches hacia arriba en vez de dejarlos deslizarse hacia abajo, ESCUPIENDO en la superficie antes de colocarlos?

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¿Pero qué clase de marranada es esa? ¿De dónde habrá sacado esa manía? ¿¿La habrá aprendido en la guardería??

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¿Desde cuándo la saliva propulsa hacia arriba?

 

Semejante gorrinada, habrase visto…

 

Y me da que pensar… ¿Qué cantidad de cochinadas harán sin que nos demos cuenta? Ahora porque me he asomado a la habitación y me lo he encontrado, pero si no llego a hacerlo igual voy después y me encuentro las rampas pegajosas, o que huelen raro, y ni repajolera idea de qué se trata. Y eso si con suerte nos las vemos con saliva. ¿Habéis siquiera imaginado con qué otro tipo de fluidos o residuos metabólicos lidiamos los adultos con hijos sin que nos demos cuenta? Ese dedico que te mete tu pequeño en la boca y que tú le chupas y requetechupas hasta casi desgastárselo… ¿dónde lo habría introducido justo antes?

 

 

Papá deja y mamá no

El Cachorro reclama la presencia de su padre:

 

– Papá, papaaaaá.

– ¿Qué quieres? – le pregunto.

– No, le digo a papá.

– Pero qué quieres.

– Es que tú no me dejas.

 

Quería la clave de la tablet.

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No erraba en exigir que se personara su señor padre. Se la ha dado.

 

Y no os creáis que le ha costado esfuerzo alguno. No le ha comido la cabeza ni ha dirigido su voluntad como hacen los jedis.

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Se la ha pedido y el otro se la ha dado. Así, sin más.

 

Se está rifando una colleja y no entre los infantes de la casa…

¡Coche va!

En teoría la gracia de tener un parking es la de deslizar los cochecitos por las rampas. A mí eso es lo que me mola. Y si yo no soy un ejemplo válido, por vieja pelleja, he de destacar que a El Cachorro también le gusta que los cochecitos vayan por las rampas (aunque, ahora que lo pienso, hace tiempo que no hace caso al armatoste ese).

 

Peeeeero, a Don Bimbas le entusiasma utilizar dicho parking de otra manera. Le quita las rampas y se pone de pie al lado con los tres cubos de cochecitos que hay en la casa. De uno en uno, los coloca en el piso de arriba y… ¡los lanza al vacío para que se estampen! ¡PUM! ¡PAM! Así, uno detrás del otro. Guarrazo tras guarrazo contra el suelo. ¡Le priva! Poco a poco, en los aledaños del parking, se van acumulando los coches, descacharrados.

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Descacharrados algunos de verdad, como se puede observar. No aguantan los envites del pequeño bestiajo. Nuestro parque móvil está sufriendo innumerables bajas.

 

¿Qué le verá a este juego? ¿Le divertirá de verdad o será por el simple placer de perpetrar el mal? Viendo esta foto…

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La segunda opción me la planteo bastante, porque si la cara es el espejo del alma, él no puede con la suya de pillastre.

 

(Esta foto me priva. Lo describe completamente).

 

Por su cara bonita

En serio que no sé cómo lo hace. Esta vez ni lo he visto. Solo me he encontrado con la situación. Os cuento:

 

Sostengo, porque lo vivo, que Don Bimbas tiene un don especial con la gente. Se la mete en el bolsillo con una facilidad pasmosa. Es un tipo muy simpático y muy divertido. Y reguapo. Y todo aquel que lo ve se queda prendado.

 

Hace poco sin ir más lejos, me encontré en casa el merchandising completo de una conocida marca de refrescos porque resultaba, como me contó la mujer que cuida de mis hijos, que se lo había regalado a Don Bimbas la cajera del súper porque se muere de amor por él cada vez que lo ve.

 

Ya comenté aquí que un señor le regaló un cubo de Rubick por la calle, así, sin más.

 

Pues hoy me monto en el autobús con él, y de la nada un hombre que portaba una bolsa llena de fruta, le ha cascado estos dos plátanos.

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¿A santo de qué? Nos acabábamos de montar. A Don Bimbas no le ha dado tiempo de hacer ninguna pedorreta ni ninguna monería. A mí casi ni de colocarlo bien. Y de repente, zas, dos plátanos. No entiendo nada.

 

Luego ha sido la sensación del frutero hombre y de las dos señoras que tenía sentadas enfrente a la hora de comerse uno. Todos con sonrisa bobalicona, observándolo.

 

Me parece que este chiqui va a tener de partida mucho ganado en lo que sea que quiera hacer en la vida. ¡Qué suerte!

 

 

 

Corte de pelo

Mira que me hacen gracia los pelillos largos que se le disparan a los lados.

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Me gustan los caracolillos que se le forman en el cogote. Unos rizos que cuando se le mojan en la piscina se estiran y casi le llegan al omoplato.

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Pero… es hora meterle mano a esta pseudomelena.

Después de un año, nueve meses y nueve días de vida, hoy, por fin, se corta Don Bimbas el pelo POR PRIMERA VEZ. Todo un acontecimiento. Me he llevado un tarro para guardar su cabello. Me hacía una ilusión loca. ¡Tened en cuenta que son los pelos con los que nació! Así que la santa de la peluquera me ha tenido al lado con el tarro recogiendo todo lo que ella iba cortando.

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Y lo ha pelado. He de reconocer que, por mucha gracia que me hiciera, llevaba un pelo desarreglado y con un largo un tanto absurdo. Ahora está hecho un pincel, con su pelo cortito. Aunque también me parece que, a golpe de tijera, ha pasado de ser un bebé a ser todo un hombre. Bueno, igual exagero, pero de verdad que parece que ha madurado.

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Por cierto que el peque se ha portado como un bendito. Igual tenía que ver que enfrente tenía una pantalla con dibujos animados… Pero no le ha asustado ni la maquinilla que le ha pasado la peluquera al final. Ni inmutarse.

Ha recibido como premio a su ejemplar comportamiento un “Aspito”. Un “Aspito” que se ha encargado de “escachuflar” antes de que yo se lo abriera. Y se ha puesto de esta guisa tan ideal…

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¿Cómo se va a fijar nadie en su nuevo look si va así por la calle?

Bloguera en acción

La vida de una bloguera, o debiera decir de esta bloguera (que tiene más un diario que un blog), supone que me pase toooodo el santo día sacando fotos.

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Aquí el pequeño haciendo reír a todo con el que se cruza. ¡Qué gracioso!, dicen. Y yo venga con la foto, para dejar testimonio de esto. De lo que sea. De que respiran.

 

Soy muy pesada. Mucho. Menos mal que tengo la excusa de que es por curro…

 

Y menos mal que algunas veces no tengo que ir yo detrás de ellos. Son ellos los que se me pegan y se me ponen a tiro…

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De un tiempo a esta parte esta es la persona con la que duermo en mi cama. ¿Qué os parece? ¿Hacemos buena pareja?

 

Es “el infiltrado”.

 

Aaaaay, “el infiltrado”, ahora que lo escribo me doy cuenta de cómo pasa el tiempo. O debería decir cómo nos cambia. Hace unos años tenía un magnífico programa de radio en RNE que se llamaba “Treinta… ¡y tanto!” Hecho por y sobre mujeres en clave de humor. Lo ideé con dos amigas y las tres pasamos unos ratos fabulosos. De risas, desahogo, risas, terapia, risas, confesiones y risas, muchas risas. Por cierto que os recomiendo que busquéis algún podcast. Teníamos nuestra gracia.

 

El caso es que una de nuestras secciones esporádicas se llamaba “El Infiltrado”, en la que un amigo nos ofrecía su punto de vista sobre determinadas situaciones o circunstancias relacionadas con mujeres.

 

En el programa ironizábamos sobre muchos aspectos, nos reíamos de muchas cosas y hablábamos de sexo.

 

Y ahora resulta que el infiltrado es este… Y yo bloguera. De temática infantil.

 

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay, ay.

 

 

Quien se marea unido…

Montamos a El Cachorro en un tiovivo. Uno de los cacharritos es infernal. No contentos con que el tema dé vueltas de por sí, el artilugio en cuestión da vueltas también sobre sí mismo. Demasiado pa’ mi body, que ya me mareo solo con ver una peonza en acción.

Mi hijo quiere que suba con él. Yo rechazo la invitación:
– No, que me mareo.
– Joooooo, yo quiero marearme contigoooo.

Jaajajajajjaa.

Pues mira, me monté. Un poco. Salí con el estómago revuelto.

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(No, si encima esperaréis que la autofoto esté enfocada y todo).

Qué sacrificadas somos las madres.

Programación infantil para abuelos

Ha aparecido El Cachorro en plan amenazador…

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Y se ha llevado una buena reprimenda…:

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Y Don Bimbas también, por complicidad y colaboracionismo.
Bueno, como veis mis padres están en mi casa. Estamos pasando la tarde en el salón y les ponemos los dibujos a los peques. Ellos andan leyendo periódicos y revistas.

En esto que da comienzo el capítulo de una serie.

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Y salta mi madre: “Uy, qué bien, esas ovejas son muy divertidas”. Mi padre lo aprueba. Me parto. A fuerza de ver programación de dibujos animados con los nietos, se han enganchado y ya tienen sus favoritos.

Lo de “para todos los públicos” es más que cierto.