Foto guardería

Esa sensación que se tiene a veces de “esto ya lo he vivido”… Pues probablemente sea porque lo hayas vivido. Toca foto en la guardería.

 

A Don Bimbas, por hacer la gracia, le he vestido igual que como vestí a El Cachorro para su foto de guardería a la misma edad.

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(No se pueden parecer menos los dos hermanos).

 

Bueno, y a pesar de que Don Bimbas, oportuno como él solo, con lo guapo que es el tío, ha desarrollado un sarpullido alrededor de la boca, a ver si con él se lucen, porque con El Cachorro… Madre qué seriote y qué cara más rara, como deforme. (Tontos nosotros, que pagamos 25 euros por esta foto en todas sus versiones: calendario, postal…)

 

Agalychnis Callidryas y Mus musculus

Reportera dicharachera esperando a que su familia se prepare para salir de casa.

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Y no soy yo.

 

Esta es una rana verde de ojos rojos que, aparte de su nombre científico, se llama así: rana verde de ojos rojos. Hoy ha dormido con nosotros y ahí la tenéis de par de mañana, participando de las rutinas del hogar…

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Tan contenta que se iría al cole o a la guarde con los peques.

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¿Y qué ocurre cuando llega la noche? Que hay relevo. Hoy los encargados de despedir el día a mis chiquillos son estos:

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Además de tener ese detalle, les deleitan con sus piruetas. Uno, con el más difícil todavía.

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El otro, haciendo un rally por el cuello del pequeño.

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Pero como ha percibido que no ha sido de su total agrado, luego ha ido a reconciliarse.

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Pues hale, un besito de buenas noches y a dormir.

 

No me puedo extrañar luego de que plasmen la fauna tan bien… (El Cachorro, de momento)

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Cómo trepa el condenado

Va El Cachorro, gran trepador, y pide -lógica- ayuda para superar el último escalón de un parque infantil. Son escalones anchos y totalmente verticales. No llega al asidero.

 

Acto seguido aparece Don Bimbas y, delante de mis ojos, pim pan pim pan, se planta arriba del todo. También con un pequeño empujón en el culete al final. Un trepador nato como su hermano.

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El padre, para no variar, está en un banco viendo su FB, mucho más interesante que las proezas de sus hijos (y lo podéis comprobar en la foto). Es más, probablemente esté viendo el vídeo de otro bebé que esté haciendo algo similar a lo que hace el suyo. Manda narices.

El caso es que se lo cuento y no se lo cree. Hasta que Don Bimbas baja y lo repite.

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Después de comer el Señor de las Bestias sale del restaurante donde hemos comido con los críos. Me quedo yo pagando y salgo al rato. Hay una torre a la que subimos. Una vez arriba compruebo que el pequeño se puede colar peligrosamente por los tablones que hacen de barandilla. Así que lo bajo y luego, como es así de cabezón, no atiende a razones y la torre le ha molado todo lo del mundo, tengo que subir tres veces más a por él para alejarlo del peligro.

 

Más tarde, cuando ya nos hemos ido, me enseña el Señor de las Bestias las fotos que ha hecho él antes de que yo saliera del restaurante…

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¡¡PABERSE MATAO!! 😱😡

 

Y ya en casa, el colofón. Normalmente cuando el pequeño se porta mal, le decimos: “Como sigas por ese camino te vas a la cuna, ¿eh?” Y por lo general, sigue por ese camino. “¡A la cuna!”, le decimos, y lo llevamos en volandas, lo metemos, y él se queda llorando.

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Hoy hemos hecho una de esas. Lo metemos en la cuna, protesta y, a los dos minutos… ¡aparece en el salón! ¡¡Pero bueno!! ¿¡Cómo demonios ha salido?!

 

No sé de qué me sorprendo.

 

Se acabó el único recurso que teníamos para meter en vereda a este señorito. Nos hemos quedado sin nuestra última arma. Lo de la cuna ahora es un castigo de chichinabo. Estamos perdidos.

Maldición bestial

Estamos en racha. En los últimos dos meses vamos de cumpleaños de vecinito en cumpleaños de vecinito.  Hoy toca el de una cría que cumple cinco primaveras. Bajo yo con mis dos lagartijos y cuando me acerco a ella para felicitarle, advierto que me mira como con cierta suspicacia. Hay decepción en sus ojos. Algo dentro de mí me dice que sé por qué ocurre esto. Y lo confirmo cuando otra vecinita se me acerca y me pregunta si voy a llevar animales… Acabo de caer:

 

En el anterior cumpleaños el Señor de las Bestias trajo para los agasajados, unos mellizos que son los mejores amigos de El Cachorro, unos animales. Una cabra, una serpiente y un Harris (esto es un ave rapaz). Todos, como es lógico, como locos. Sobre todo la cría que hoy cumple años, que no hizo más que repetir que en su cumpleaños también habría animales. Es más, a mí me lo soltó como un par de veces, no preguntando, no, sino dándolo por hecho, en plan orden.

 

Claro, aparezco hoy sin bicho alguno, y la cría me ha empezado a odiar sin parar. Como es una cría normalmente muy simpática y cariñosa, y de las últimas en venir a la urbanización, y además la madre estaba algo triste los días anteriores porque nadie le confirmaba si iba a ir al cumple o no, y son extranjeros, y no había muchos invitados, llamo corriendo al Señor de las Bestias, que como todos los sábados, está trabajando. “Trae algo”, le digo.

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Y se trae una serpiente, un escorpión, una cucaracha silbadora, una pogona y una tarántula.

 

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Un cumpleaños diferente.

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En la clasificación de vecinos enrollados de la cría del cumple hemos recuperado el primer puesto. Le seguimos cayendo la mar de bien.

El general Cachorro

Se acomoda encima del caballo de juguete, coge la espada, adopta una postura marcial y asegura que hace de estatua de caballero.

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Escultores del mundo, vayan tomando medidas, encuadres, fotos y demás, que este muchachito está destinado a hacer algo grande.

 

(Grande y espectacular, porque estar encima del caballo de pie… es una especie de héroe acróbata).

Foqueo con mayúsculas

Me manda el Señor de las Bestias ayer unas fotos de mis hijos, a los que se había llevado a merendar por ahí mientras yo estaba trabajando:

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Y si uno se pone gocho…

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… el otro MÁS.

Las mesas vecinas flipando. Y yo me indigno, claro. Alimentarlos así, con bien de chocolate y toneladas de calorías y de colesterol… ¡¡y no llevarme a mí!!

 

Así que le obligo ir hoy a desayunar fuera de casa.

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Y a mis hijos aún les queda munición para dar la nota, porque su desayuno ha consistido en Cola Cao con porras… y patatas fritas. Las mesas vecinas flipándolo (again). En esta casa nos superamos.

Bicho raro

Hoy Facebook me recuerda (madre, qué juego me está dando) esta reflexión a los ocho meses de mi primer embarazo:

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Las once de mi grupo de amigas de PAMPLONA tienen hijos, y acaban de comenzar la tercera ronda. Hasta hace ocho meses yo era el bicho raro.

 

El sábado me fui a cenar con un grupo de amigas de MADRID, más de la mitad mayores que yo, y ninguna tiene hijos. Con este bombo, yo era el bicho raro.

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Si en una de estas me encierran en una jaula, que sepáis que me podéis venir a echar cacahuetes, palmeras de chocolate, paellas y corderos asados. Gracias”.

 

Pues esto es lo que pasa, que soy la nota discordante aquí, allá y acullá. Acullá puede ser en mi propia casa. También Facebook me recuerda por estas fechas otra vivencia de hace cinco años: “En horizontal en el sofá, sobre unos cojines, bajo una mantita, con las piernas en alto encima de tu pareja… ¡no se debe estar ni mal!” Y lo estaba suponiendo porque, ¿sabéis de quién hablaba? De mí, desde luego, no, del Señor de las Bestias, que estando yo a menos de un mes de parir, se encontraba él de esa guisa, estiradazo ocupando todo el sitio, con las patorras encima de mí, dejándome arrinconada y aplastada. El mundo al revés.

 

Amaya Rey, bicho raro profesional, para servirle.

 

La generosidad del arremangao

Este crío pequeño odia la manga larga. Anda todo el día remangándose. Don Bimbas es Don Calores. No lleva muy bien que le pongamos jersey.

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Con los bracillos al aire y esa barrigota, con esa pinta de sanote, parece que se va a poner a partir troncos de un momento a otro. Pero no todo es lo que parece. Al “sanote” enseguida le aparecen los mocos…

 

Y me surge a este respecto una duda:

 

Que mi hijo se saque unos mocarros de escándalo con el dedico y me los dé en la mano, no sé si tomármelo como un síntoma de desprecio absoluto, de extrema confianza o de sincero cariño.

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Yo creo que es amor.