El Whatsapp de padres

Mirad que hay muchos colegios, y numerosos profesores, que lo advierten: “Cuidado con el Whatsapp de padres, que debe ser para cosas del cole, pero enseguida hay quien lo utiliza para desprestigiar a un profesor, para meterse con alguien, para montar alguna movida…”

Y, CHÁNAN, CHÁNAN, adivinad de qué va a ir el post de hoy…

El Whatsapp de padres no es algo que me haga especial ilusión, pero le veo su utilidad. Sobre todo, si se tiene unos hijos como los míos, que ni se enteran de lo que hay que hacer en el cole ni les importa. Así que, gracias a él, he sabido qué deberes tenían que entregar, por ejemplo, y qué se cocía en clase. Además, bien llevado, puede resultar un oasis en el que respirar amabilidad y educación. Normalmente todos comienzan así. La gente que no se conoce entre ella pero que tiene algo en común, en este caso unos hijos, desea ser correcta y causar buena impresión. ¿Pero qué Whatsapp de padres del cole está bien llevado? ¿Cuántos de ellos no se acaban malogrando?

El de mi hijo mayor ha pinchado hoy. Y además lo he sufrido en mis propias carnes. Os cuento.

Estoy preparándome para salir de casa, cuando en el grupo se recibe un mensaje.

No me doy cuenta de que es de una madre cuya hija este año ya no viene al cole. Generalmente los mensajes del cole los leo a velocidad de vértigo y por encima. El caso, aparece en el Whatsapp y empieza a soltar una serie de advertencias, que lo primero que pienso es “ay, leñe, qué me he perdido, que parece que está habiendo secuestros o algo así…” Pero ¡cuánto me equivocaba!

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Me quedo HELADA.

Pero helada.

Y, antes de seguir, os pongo en antecedentes. En el post de la discordia, publicado el día anterior, cuento que una niña del cole de El Cachorro se me acerca para decirme que va a clase de mi hijo. Yo, al apreciar su altura y su verborrea, le replico: “No, bonita, no, a clase de mi hijo, no, será a su mismo cole”. Pero, en efecto, va a la misma clase. Se da la circunstancia de que mis hijos son ambos de diciembre y que, además, su padre no es Tachenko precisamente. Un par de condiciones que repercuten directamente en que haya mucha diferencia de altura entre ellos y otros compañeros de clase. Además, a esta circunstancia se une que mis hijos no son de hablar mucho, o no son muy claros, con lo que, cuando me encuentro con una niña tan espabilada, no puedo creer que sea de la misma quinta que mi hijo.

En el post “reproduzco”, y lo pongo entre comillas porque la intención no era ser fidedigna, lo que me suelta la cría de carrerilla, que era cuántas hermanas tiene, que una vive con su padre o no sé qué historias me soltó… A mí me divierte y asombra la composición, o la exposición, del mundo que hace. Admiro el desparpajo y cómo explica, con toda la naturalidad, quién es y su vida y también algo que es de lo más natural, su situación familiar (que no sé si es así, si oí mal o se la inventó). Será que a mí las separaciones no me escandalizan (yo misma las he sufrido), como no me escandalizan muchas cosas, pues soy de asustarme poco. Y por eso lo narro (y lo cuento mal, no ajustándome al dato real, porque ya digo que lo de menos era el mensaje). No porque tuviera ningún ánimo de cotilleo. Cualquiera que me conozca sabe que no me entero de nada, que todavía no conozco a los padres del cole y que la vida de los demás no me interesa en absoluto.

Y en el post, cuando cuento todo esto, utilizo una exageración humorística, que a mí al menos me hace gracia y que es obvio que no está describiendo una realidad. Insisto, se trata de una clara, por bestia que es, exageración humorística.

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Digo que parece que está menstruando. Si hubiera sido un chico, habría dicho que seguramente ya tenía pelos en los huevos. Son cosas que son imposibles. Son expresiones evidente y deliberadamente burdas y alejadas de la realidad, utilizadas para provocar sonrisas.

Tengo un monólogo que habla de que en la tele soy tan pringada que a mis estupendas compañeras las sacan en “Interviú” y a mí en “Jara y Sedal”. Y que cuando quedamos para hacer el reportaje, a mí me visten de camuflaje y maquillan al jabalí. En ese monólogo llamo zorra a una Miss España (cualquiera). Tengo otro en el que digo que las compresas posparto son como encajarte entre los muslos una almohada cervical. Que son de algodón puro, que te da la sensación de estar cabalgando una oveja.

Que podrá hacer gracia o no, pero es humor. Humor construido a través de la exageración.

Está claro entonces que lo de decir que lo menos la cría estaba menstruando, se trataba también de otra. Porque ninguna niña con cinco años (el blog va con un año de retraso, ya lo sabéis, con lo que, dado que lo del Whatsapp sucede un año después de ocurrida la anécdota, y hoy hace un año de lo del Whatsapp, la cría tendría cinco o seis años a lo sumo), retomo, ninguna niña de cinco años tiene la regla.

Decir que a 1º de Primaria hay quien lleva adolescentes es un remate al hilo de lo expuesto, de nuevo basado en la exageración más evidente.

Así que volvamos al momento en el que se me para el corazón al leer ese fabuloso Whatsapp que esta madre ofendida tiene a bien colgar en el chat de los padres del cole. El momento en el que se me hiela la sangre. Y me ocurre, primero, porque siento en el alma haberla agraviado. La anécdota que reflejaba se la conté personalmente a ella en el momento en que ocurrió, y ambas nos reímos. Y me produce impotencia que se quede con una idea equivocada y que crea que quiero atacarla a ella o a su hija. Y segundo, por la virulencia con que exhibe el caso, dando por hecho, públicamente, mi supuesta inquina. Hay cosas que son obvias en la vida, y creo que es de cajón que yo no escribo posts para que gente con la que trato (aunque sea poco, porque mis amistades no están en el cole de mis hijos) se incomode o se sienta herida. Pensar, de entrada, que alguien (yo, o cualquiera), así, de la nada, porque sí, deliberadamente, quiera importunar a otra persona, es pensar muy mal.

Pero el caso es que sucede y esto se lo ha tomado de la peor manera posible. Y ha actuado de la peor manera posible. Sin embargo, yo en este momento no pienso así. En ese momento solo siento tristeza por haber violentado a una madre, máxime una con la que había encontrado cierta afinidad, aunque hubiera sido sin intención.

También entono el mea culpa. Soy empática y tampoco sé a ciencia cierta cómo hubiera actuado yo si leo algo así. Comprendo que se pueda haber sentido molesta. Me pregunto si erré con la forma de contar la anécdota y reconozco que quizá no estuve muy acertada. De pocas cosas tengo seguridad y certeza absolutas, y esta es una de las que no. Y soy una tipa generalmente conciliadora, así que solo pienso en intentar hacer que se sienta mejor. En solucionar su disgusto e indignación. En disculparme y ofrecerle todas las explicaciones pertinentes.

Así que, de inmediato, lo primero que hago es lo que me sale del cuerpo: llamarla. Pero no me coge. “Debe estar muy enfadada y dolida”, pienso. Así que, acto seguido, por inercia, contesto en el grupo, ante quienes esta señora me ha expuesto. Y escribo lo siguiente:

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Como ha soltado lo que ha soltado y se ha marchado del grupo, procedo a hacer capturas de mi mensaje y enviárselas por Whatsapp. Para que vea que asumo mis posibles responsabilidades y que hago frente a las cosas tal y como me las presentan. Para que compruebe que me disculpo con ella públicamente.

Y después le dejo un audio de dos minutos y medio deshaciéndome en más disculpas. Que lamento mucho que se haya sentido así, que no era mi intención en absoluto, que reconozco mi torpeza y que comprendo que se sienta herida… Le digo que me duele horrores haber causado esta incomodidad, que la aprecio mucho, que puedo entender que no me quiera coger pero que sepa que me pongo a su disposición y que, más adelante, si ella quiere también, estaré dispuesta a pedirle perdón.

Y, para acabar, como no tengo especial interés en mantener algo que provoca un conflicto, y entiendo que es de lo poco que está en mi mano para mitigar de alguna manera el dolor provocado, borro el post de marras.

Más no puedo hacer.

Dicha madre no contesta a ninguno de mis mensajes. Y no lo hace porque, como deduzco al rato, dado que no aparece el doble check azul de Whatsapp, ME HA BLOQUEADO.

(Una semana más tarde la descubro con un amigo/vecino/familiar escondiéndose corriendo tras las estanterías del supermercado en el que coincidimos (pues también somos vecinas), hasta en tres ocasiones, agachándose y todo, para evitar cruzarse conmigo. Con lo que, no sé quién metió más la pata, o yo con el post o ella con el Whatsapp. Yo, desde luego, y como veis, no me escondo).

De cualquier forma, creo que mi disgusto es patente y palpable, que lo que se desprende de todo lo que hago tanto en privado como en público es que solo tengo ánimo de pedir disculpas y en este punto, las cosas como son, que he actuado de manera impecable. Y, salvo que la madre que ha iniciado todo esto no quiera pronunciarse de alguna manera, doy el tema por zanjado.

Pero quedamos en que este post va sobre el Whatsapp de padres del cole, con que… ¿qué creéis? ¿Que se iban a mantener todos elegante y discretamente al margen? Ya os lo digo yo: NO.

Hora y pico más tarde, vuelve a haber movimiento en el Whatsapp. Hace acto de presencia una madre. Tras haber leído mi mensaje, ¿de qué naturaleza diríais que es el suyo? ¿Amable, comprensivo? ¿Pensáis que desea aportar desinteresadamente su imprescindible granito de arena en pos de la crítica constructiva, que se trata de un comentario edificante y compasivo? ¿Que intenta acercar posiciones? Fijaos:

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Qué encanto, ¿eh? Un primor de mujer. Supertierna. Que no digo que le tenga que parecer bien mi publicación, pero ¿esta intervención?

Esta madre tenía tres opciones.

– No meterse donde no le llaman, confiando en que la madre ofendida y la que le ha pedido perdón a ella públicamente y se lo ha pedido al resto, reconociendo posibles errores, resuelvan el conflicto entre ellas. O incluso esperando que no lo resuelvan y mantenerse al margen.
– Resultar conciliadora, apaciguar ánimos y aportar algo positivo.
– Echar más leña al fuego y actuar de manera, digamos, entre agresiva y ruin.

Y optó por lo último. Porque, la pobre, si habéis leído bien, lo ha intentado, pero no se ha podido controlar. Porque resulta que hay gente que lleva mal contener sus impulsos más primarios. Gente que cree que el mundo no puede seguir girando sobre su propio eje si no se conoce su opinión. Hay gente que, cuando ve que alguien se disculpa y se muestra en perfil bajo, se viene arriba para atacar con aún más virulencia, porque le pone hacer leña del árbol caído. Hay gente que, ante la oportunidad de avivar una polémica, se lanza en plancha como un cerdo sediento en agosto a un lodazal. Esta mujer.

Ante el lógico temor de que se abra la veda, la administradora del grupo interviene para pedir disculpas a su vez por haber agregado a una madre que ya no pertenecía a la clase de nuestros hijos y apunta, con toda la cordura del mundo, que esto se debe resolver fuera del chat. Como es lógico.

Además, evidentemente, muchos participantes del grupo se tienen que sentir violentos teniendo que leer todo esto.

Ah, pero de nuevo hay quien siente la extrema necesidad de exponer su parecer y lanzar alguna advertencia. Por lo que pueda pasar.

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Como si el post hubiera ido a hacer chanza de los atributos físicos o psíquicos de una niña, en vez de hacer hincapié en la diferencia que hay entre niños de la misma clase, que es de lo que realmente hablaba. ¿¿Alguien se ha dado cuenta de que me refiero a mi propio hijo como a un alfeñique?? Son dos niños normales, por el amor de Dios. Pero si los pones juntos, es patente que una es grande y el otro canijo. Solo se describe el contraste. Nada más. La comprensión lectora del personal es limitada.

Otro sonidito. Venga, fenomenal. La cosa se anima. Porque, dejarlo estar, ¿para qué? Así que a estas alturas ya me espero que se genere un debate porque un aburrido domingo, con un poquito de sangre, es menos… domingo.

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Se trata de otra mamá que aplaude esta última intervención. Hay que posicionarse rápido, no vaya a ser.

Yo ya tengo el ánimo tocado y el estómago revuelto.

Y es entonces cuando, desde la distancia, porque anda rodando en Fuerteventura, el Señor de las Bestias, interviene.

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Es un tío que evita los conflictos y cree que yo me valgo y me sobro para resolver mis líos solita. Pero ha debido intuir, con las intervenciones que se van produciendo a cuentagotas, en efecto, por dónde podían acabar yendo los tiros, cómo me podía encontrar yo cuando me han querido tirar a los leones, y ha querido mostrarme su apoyo, sin que le faltara un ápice de razón. Se lo agradezco INFINITO. No es plato de gusto que madres de compañeros de mi hijo quieran, fehacientemente, humillarme, atacarme, poner en duda lo que digo, dirigirse a mí con esa rabia y, directamente, hacer alusión a denuncias.

Es despreciable que alguien se meta de forma áspera y desagradable con una persona que se está disculpando ante todo el mundo. Vomitivo, diría yo.

Entonces responde esta, la que sentía dar su opinión pero igualmente la ha dado, la directamente aludida:

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EA, CON TODO SU PAPO.

Vamos a ver, decir que tienes mala baba no es un insulto. Es una descripción de un hecho objetivo. Has arremetido contra alguien que dice que lo lamenta, se muestra arrepentida y lo hace extensible al resto de padres (entre los que tú te encuentras). Ante un acto de contrición público, respondes de forma furibunda sugiriendo que se me perjudique aún más. Tu actuación ha sido indiscutiblemente cizañera y lamentable. Eso, para empezar. Y para terminar… ¿¿TÚ SÍ PUEDES EXPRESAR LO QUE TE PAREZCA PÚBLICAMENTE, PERO A TI SE TE HA DE CONTESTAR EN PRIVADO?? Ole tú, chata.

Como era de esperar, recordad que los Whatsapp de padres son una bomba latente a la espera de que una pequeña chispa los haga estallar, las palmeras de estas dos no tardan en aparecer.

Una invitó a mi hijo al cumpleaños del suyo el día anterior. Una que es muy amiga de la que ha armado lo que ha armado, que también estuvo en el cumpleaños. A ese cumpleaños fue el Señor de las Bestias y nadie se le acercó para decirle “oye, tu mujer, de qué va”. Por lo que me contó, estuvo el grupito pitití pitití, patatá, patatá, en corrillo, no descarto que comentando el asunto y orquestando su sabrosa venganza. Porque es mejor actuar de manera sibilina que a la cara.

Total, que la del cumpleaños dice:

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“Que podía haber sido el nuestro”. Halaaaa, venga el melodrama. Y, claro, también ha de determinar, así, “sin más”, desde su superioridad moral, que la que ha iniciado todo esto no ha actuado de forma mezquina. Pues otros opinamos que bastante. Y rastrera. Y como opiniones, como culos, tenemos todos, pues el resto también nos pronunciamos (en este caso yo, hoy, aquí).

Pero, no se vayan todavía, aún hay más:

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¿¿”Con tanta elegancia”?? ¿¿Elegancia?? ¿¿Ese mensaje??

Los estándares sobre la elegancia que tienen estas personas están muy, pero que muy alejados de los míos. Ese mensaje no es elegante ni en la forma ni en el tono, tampoco en el fondo. Y cada vez me va quedando más claro en qué consideración tengo que tomarme las apreciaciones de quienes creen que es un mensaje con clase.

Para rematar:

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¡¡¡”Víctima”!!! Han cantado bingo, señores. Víctima, tú. Venga, que falta que salgan las palabras “bullyin”, “acoso” y “suicidio”. No sé qué se toma esta gente, pero me parece que está adulterado. “Víctima”, tú, y se queda tan ancha.

POR FORTUNA, ¿sabéis qué vi finalmente? Que habían entrado a opinar cinco personas. Habían entrado a defender la actuación de esa madre, c-i-n-c-o personas. El resto tuvo la decencia de abstenerse.

Y lo que no saben las c-i-n-c-o personas que colaboraron en expresarme su rechazo, es que otras personas también me escribieron, solo que de forma privada. Lo hicieron para comentarme que no estaban en absoluto de acuerdo en cómo había actuado la madre agraviada que ya no estaba en el colegio (donde, descubro que, por muy popular que pareciera, tan sociable y siempre metida en todos los ajos, no todo el mundo le guardaba el mayor de los cariños) ni mucho menos en cómo estaban interviniendo en el chat las que lo estaban haciendo (precisamente, de la misma “cuadrilla”). Recibí apoyo y, esta vez sí, de manera elegante. Y reconforta comprobar que aún queda bastante gente que sabe estar en su sitio…

Señoras que me escribisteis – porque fueron todas mujeres -, no para juzgar si mi post fue o no apropiado, incluso pensando que no lo era, sino para apoyarme ante una manara vil de hacer las cosas, GRACIAS.

No voy a entrar en si el post estaba bien o mal, no por nada, sino porque este ya está lo suficientemente largo y porque aquí cada uno lo ve y lo percibe a su manera. No niego que podía haber contado las cosas de otra forma (aunque manteniendo lo de la menstruación y lo de que a 1º de Primaria algunas llevan adolescentes, que me sigue haciendo gracia, y probablemente me faltó añadir “y otras, niños de teta”) y que es perfectamente factible y comprensible que quien se sienta aludido, se pueda tomar a mal lo expuesto. Lo asumo y lo siento. Y, como decía en mis disculpas públicas, en otra ocasión intentaré hacerlo de otra manera. Pero quien aquí vea un ataque a menores pienso que tiene un problema grave de percepción de las cosas y/o una mente enrevesada y enferma.

Por último, unas últimas confesiones, impresiones y consideraciones:

– Admito que, de todos los que pude cometer, sí incurrí en un error muy claro: Contestar al mensaje de Whatsapp.

– Seguro que la cría no se equivocó a la hora de contarme su vida, pero más seguro aún es que yo no le presté atención a eso. Y más aún que, como la intención no era que se supiera quién era la cría, escribí algo parecido, pero no real. Y lamento no haber inventado algo diametralmente opuesto. Aunque no sé muy bien si eso hubiera sentado peor, pues al ser factible que se pudiera identificar a la cría a la que me refería, posiblemente me hubiera acusado de difamación.

– Soy perfectamente consciente, aunque a la hora de publicar el post quizá no lo fui tanto, de que las referencias externas a nuestros hijos nos afectan y, si percibimos o nos da la impresión de que no son amables, nos hieren. La cosa adquiere más gravedad cuando los comentarios que se vierten inciden directamente contra alguno de nuestros complejos o fantasmas, si es que se tienen y es lo que intuyo. Cada una tenemos los nuestros, nuestros puntos débiles, y comentarios ajenos que originalmente son inocentes, se convierten en agresiones directas extremadamente dañinas contra las que arremetemos con toda nuestra furia.

– Cuando nos enfadamos con alguien, y sobre todo si nos enfadamos mucho, embestimos contra esa persona casi sin pensar. Sin pensar en el alcance de lo que hacemos y sin pensar en lo ridículo de lo que decimos. Personalmente, el ataque de esta persona me parece cada día que pasa más absurdo. Y estoy segura de que, si me hubiera llamado directamente para pedirme explicaciones, incluso de malas formas, pero entre ella y yo, las cosas hubiesen ido por otros derroteros más sanos para todo el mundo. Pero entiendo que es producto de la rabia y que, de ahí, no suelen salir cosas buenas ni lógicas. Entiendo que lo que quiere es intentar devolverme el daño que cree que yo le he hecho deliberadamente y, aunque no me parece bien, tampoco me parece mal, no sé si me explico. Son cosas de la naturaleza humana y la naturaleza humana y sus formas de actuar no me son ajenas y no me resulta difícil excusarlas. Vamos, que no se lo tendría en cuenta en caso (improbable) de reconciliación.

– Sigo manteniendo mis disculpas y el audio que envié a esta madre, que nunca escuchó, lo sigo teniendo en mi Whatsapp. A pesar de haber transcurrido un año desde estos penosos hechos, sé separar las cosas y, sin volver a oírlo, puedo reenviar hoy el audio tal cual lo grabé sin ningún problema.

Si lo quieres, te lo envío.

La lástima es que no tengo manera de trasladarte mi ofrecimiento más que a través de este soporífero blog que, inexplicablemente, mantiene Cosmo desde hace SIETE AÑOS, y como” no lo lee ni Dios”, no te enterarás.

¿O… sí?

– Tengo un blog. Que es más bien un diario. La gente que me rodea es susceptible de salir en él. Nunca podrá ser identificable por los ajenos a mi entorno, pero cabe la posibilidad de que lo sea para quienes lo frecuentan. Cuento las anécdotas de lo que nos ocurre día a día, creedme que sin maldad, pero sí con retranca. Como es lógico, todo se cuenta con el filtro de mi criterio. Es como cuando, salvando las distancias (por el formato y por la categoría) un articulista cuenta qué le ha ocurrido en la playa, con un dependiente, con la mujer a la que le abrió galantemente la puerta. Con el padre cuyo hijo se vistió de princesa con el que se cruzó por la calle, con lo que le parecen las declaraciones de cierto alcalde, con el camarero de su bar favorito, del que da señas. Quienes escribimos, nos nutrimos de lo que vivimos.

Y os cuento un secreto… No hay nada como que ocurran cosas como esta para que nos den literatura. Además, las polémicas siempre obtienen más clics…

¡Va sin ruedines!

Vamos Don Bimbas y yo a un cumple de tres de su clase a un parque de bolas. En bici. Al salir, hay varias madres y ven cómo mi peque coge la bici y echa a andar. Y exclama una, poniendo voz a los ojos asombrados de las demás: “¡¡Va sin ruedines!!”

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Claro, es que sorprende. Y yo ya lo tengo más que normalizado. Y no es normal. Lo de Don Bimbas no es normal.

Declaración de intenciones

Por si acaso no hay carteles…

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He de confesar que yo, ni los he visto. Sí, soy así. A veces no veo algo así me salte a la cara. Y, además, he considerado que esto se coloca así para, precisamente, que sea probado.

Pero cuando me avisa el Señor de las Bestias de que los menores tienen prohibido hacer el cabra (vaya desilusión), voy corriendo a decirles que se bajen y que ni se les ocurra tocar nada.

El Cachorro: “Cuando yo sea padre con Jimena (nombre ficticio)…” – Jimena es su novia, una rubia guapísima de su cole que tiene un año más, y a la que aún no ha visto desde que han vuelto de vacaciones – “… no voy a castigar tanto como tú”. “Ya veremos”, le replico.

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Y añade: “Y si Jimena castiga mucho, yo le diré: “No es tan grave…”” Así, en plan concescendiente.

Tócate los…

Y no es el único plan de futuro que tiene. A los dos días se agarra un disgusto con su padre. Le ha gritado y hablado mal. Él, entre lloros, coge y me dice: “¡Le voy a llevar a la residencia cuando sea mayor!”. ¡Toma ya! ¡Qué jodío! ¡Pero así! ¡Tal cual me lo ha soltado! Del alma le ha salido.

Me tiene impresionada. Vaya previsión. Yo no sabía qué iba a hacer con la vida hasta hace un par de años.

La liga de la justicia (o de la pena)

Lo de que El Cachorro es un sensible de cuidado y que tiene un corazón que no le cabe en el pecho ya lo he contado muchas veces. Pues he vuelto a tener otra muestra.

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Resulta que la chica que cuida de mis hijos se va. Así que ando buscando sustituta. Bueno, mucho, mucho, no busco. He entrevistado a una chica jovencita y la que se me va me trae a otra mayor. Ninguna de las dos me entusiasma, ni la que he entrevistado yo ni la que me propone la chica, pero me inclino por la joven. Solo que ella hace campaña por la mayor, y además dándome pena, que si necesita mucho el trabajo, que si tal y que si pascual. Total, que ando en un sinvivir, que no sé por quién inclinarme.

Es conocida mi indecisión. Soy terrible. Pero de pasarlo mal. Así que decido consultarlo con El Cachorro. Como ha visto a ambas, a ver quién podría preferir.

BUENO.

Que la mayor. No, que la joven. Que… ¿pueden ser las dos? ¿No? ¿Por qué no? Aaaaayyyy, ¡no sé quién! ¿Si digo una la otra se queda sin trabajo? ¿Sí, es así, mamá? Noooooooo. Pues ya está, una por la mañana y otra por la tarde. ¿Por qué no se puede? AAAAAYYYYYYÑÑÑ. ¡Jooooooo, ¡no sé!! Jooooooooooooooooo. ¡¡No sé quién decir!!

Pues así la retahíla. Buena la he armado, con Don Sense and Sensibility.

Las lamentaciones han ido a más, sentía crecer el peso de la responsabilidad. He tenido que atajar: “Cariño, ¡no tienes que elegir tú! ¡Esa es una decisión que tomaré yo! Es por si una te había caído mejor que la otra, por si me dabas pistas, ya está”. “Pues las dos igual”, zanja.

Y ahora soy yo la que ando “Jooooooooooooooooo. ¡No sé cuál! ¿Qué hago?”

Superbápiro chupeguay

Yo hay palabras que voy a echar de menos muchísimo. La evolución es muy lenta, pero está teniendo lugar, como es lógico. Don Bimbas sigue con su divertidísima lengua de trapo, pero va perdiendo parte de su particular vocabulario a medida que pasa el tiempo. Un horror para mí.

Hoy me hace una demostración de la velocidad que alcanza con su bici y me dice: “¿A que mi bici va superbápiro?”

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SUPERBÁPIRO. Es que muero.

Está Vedre está manchado”, me dice. Se ha salido Cola Cao quedando por encima de Darth Vader, que según Don Bimbas es Está Vedre.

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Es que es mundial.

Coloca animales todo ordenaditos. Voy a sacar una foto, y me salta: “Poavía no, mamá. Este ez más chupeguay”.

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Poavía” (todavía), “ipués” (después), “pamién” (también)… ME LO COOMOOOO.

Y, además, generalmente le entiendo. Porque cuando no lo hago, ya no me hace tanta gracia. Y a él menos.

Menos mal que, como sabéis, contamos con el traductor simultáneo: su hermano.

A-HO-RA

En El Corte Inglés Don Bimbas se fija en un cartelito:

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– ¿A que eztá activada entrá por ahí ariba?
– ¿Qué es “activada”?
– Prohibido – aclara El Cachorro.

A ver, por favor, ¿¿SE PARECE EN ALGO “ACTIVADA” A “PROHIBIDO”?? Así que, a veces, creo que entre el lengua de trapo y su traductor, me están tomando el pelo.

Artimaña, hallazgos y la poderosa arma Atacazombis

El Cachorro no le deja jugar a Don Bimbas con su dron. Así que el granuja viene y me consulta:

– Mamá, ¿puedo jubar a todas las cosas de casa?

¡Jaaaa! ¡No es listo ni nada!

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Pero esta vez sé de dónde viene, así que le contesto:

– Claro, cariño. A todas las cosas QUE SON TUYAS.

Y pone cara de “me ha salido el tiro por la culata”. En cualquier caso, normal que quiera jugar a todo lo que tiene su hermano, porque él, acaba perdiendo todo… adrede.

Resucitando Saneando una planta, van y me aparecen dos cabelleras de Playmobil. Han acabado ahí, por supuesto, por obra y gracia de Don Bimbas, a quien le encanta colar piececitas por huequecillos secretos.

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Siempre hay sorpresitas. No te digo si se limpia algo que lleva tiempo sin ser movido. Un armario, una estantería… No sé qué manía tiene por colar pequeñas cosas en tiestos, en resquicios…

Destiné a un cajón del cuarto de los niños lleno de juguetes unas latas de leche en polvo para bebés (ya vacías), a modo de reciclaje, para que metieran los cochecitos. Esas latas a día de hoy están dobladas y de mala manera, llenas de algún cochecito y de mil mierdas más y, por supuesto, sin tapa. Las tapas andaban pululando por el cajón, pero esos últimos días, de repente, me encontraba una detrás de un mueble del salón, debajo del sofá, en un tiesto… Y no sabía cómo habían llegado allí.

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A ver, que era cosa de los críos, hasta ahí llegaba. Pero desconocía a santo de qué, la excusa.

Hoy me viene Don Bimbas:

Mira, mamá, “atacazombis”. Y lanza una de las tapas como un fresbee.

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Équili. Así que son discos mortales para atacar zombis.

Me hace jugar con él. Vamos andando, despacio. Él se lleva el índice a los labios, para indicarme que he de ir en silencio. Así que vamos callandico, hablando bajito. Él me informa: “Está en la cueva oscuras”. Y me tranquiliza: “Tengo luz aquí” (se señala la frente). Menos mal, así podemos ir por la oscura cueva, viéndolo todo. Hasta que, de pronto… “¡Zombi!” Y el peque lanza las tapas, con su sonido correspondiente: “Pumba, pumba”.

Recuperamos las tapas y retomamos el camino:

“Ahora viene un paspamma (fantasma). Tengo luz”.

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Bueno, pues una incógnita resuelta. Pero el caso es que me ando encontrando objetos no demasiado bien identificados y, aunque hace tiempo que le quiero meter mano a la nevera, moviéndola para limpiar detrás y por debajo, no sé si me atrevo…

Posados fotográficos

“Oh, qué tirantes tengooo, mira qué guaperasssss”, me salta El Cachorro, en tono guasón, con las cintas esas que ponen en ciertas prendas de ropa (no sé para qué, se supone que, para colgarlas, aunque a mí no se me ocurriría) colocadas a modo de tirantes…

Voy a sacarle foto.

– ¿Estás posando, como un modeli?
– Sí…

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Ay, madre. ¿Dónde ha aprendido estas posturitas? Porque, por lo visto, tiene repertorio.

Al salir del cole, lo veo guapo (ya, ya, cuándo no) y me preparo para sacarle una foto. En esto que me dice:

– ¿Vas a sacar una foto?
– Sí señor.
– Pues así, mirando al cielo – Posa. Pero cambia de opinión, (y de postura). – No, para allí.

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A-lu-ci-no. ¿Sabéis, esto sí, de quién ha sacado eso? De su padre. Que siempre hace como que no se da cuenta de que le estoy sacando una foto, mira al horizonte y posa como quien no quiere la cosa. Y no solo le tengo yo pillado el truco, por lo que veo…

Pero el pequeño de la casa no se queda corto. Le llevo a sacar fotos de carné para el cole. Decía que no quería fotos y ya me he echado a temblar. Eso puede significar un calvario, máxime con el tipo de la tienda de fotos de mi barrio, que no es precisamente paciente. Yo he seducido a mi pequeño diciéndole que son fotos que ha pedido su nueva profe y que se las va a dar él y que le van a gustar mucho.

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Pues ha sido sentarlo en el taburete y posar como un dandi.

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O sea, está como para ampliar y colgarla en unos de los pasillos de Telecinco.

Se la enseño al padre: “¡Pero si parece un señor!” Está indignado porque dice que es más guapo que en la foto. Yo creo que sale estupendo, pero sí es verdad que es más bebé, y aquí parece un adolescente. Un adolescente de los que se las lleva a todas de calle y se mete a la gente en el bolsillo.

La chica que cuida de mis hijos que, para mi desgracia, porque es buenísima, nos va a dejar por un trabajo de jornada completa (lógico), al ver la foto ya me ha dicho: “Yo quiero ver a este niño de mayor, cómo es de mayor”.

En fin, todo llegará. De momento, sus “posados” tiran más hacia esta vertiente…:

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Me pongo a ordenar un cajón y el ganso de Don Bimbas encuentra su gorro de natación. ¿Y qué es lo que hace? Se lo pone. Y yo me parto de risa: “Espera, que cojo el móvil para sacarte una foto”. Y él espera, y cuando aparezco de vuelta armada con mi cámara, se pone a desplegar un sinfín de poses absurdas.

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Cambia cada vez que escucha el click de la cámara.

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Incluso cambia sin oírlo (lo pongo en silencio, pero él ya tiene pillada la cadencia, el ritmo de disparo de una sesión de fotos). Lo hace igual que las modelos, que muestran todo su repertorio seguido, que van cambiando en cada foto. IGUAL.

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¿Y esta profesionalidad? En fin, voy a parar yo de colgar fotos. Porque lo que es él, no paró. Tengo caretos para aburrir. Porque lo de él…

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… es constante.

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Menos mal que las fotos ahora son digitales. Con Don Bimbas, no me iba a dar el sueldo para revelado.

Miedo (heredado) al abandono

Acuesto a los críos y voy a la cocina. Me ensimismo con el móvil y la casa se queda en silencio. Al rato se oye la puerta del descansillo. Unos pasos. Viene uno de los vecinos de enfrente. Se oye ruido. Cuando entra y vuelve el silencio, llama en alto El Cachorro: “¿Mamá?”

– ¿Qué quieres, cariño?
– ¿Dónde estás?
– En la cocina – le digo mientras me voy acercando a la puerta de su habitación.
– ¿Sabes qué?
– Qué.
– Qué pensaba…
– … que aprovechando que estabais dormidos me había largado de casa.
– ¿Te irías mientras dormimos? – ¿Veis, cómo he dado en el clavo?
– No, cariño, nunca me iría y os dejaría solos.
– Pues pensaba que el chico que ha entrado a su casa eras tú.
– Ya lo sé… Venga, duerme.

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Este crío… Siempre piensa que lo dejo solo. Si me alejo un segundo y no se ha dado cuenta, o si no me oye, grita “mamá” despavorido. “Cariño”, le digo siempre, “si momentáneamente no me ves, tú piensa que estoy cerca, no te agobies, jamás me voy a ir, mira alrededor, yo estaré a la vista seguro”.

No sé de dónde le viene esa sensación. Pero se da la circunstancia de que es EXACTAMENTE LA MISMA que tenía yo cuando era pequeña. Solo que la mía era justificada… (jajaja. No). Al recordar un día en familia este miedo mío, mi madre me contó que, una noche, siendo mi hermano y yo pequeños, después de cenar en casa con unos amigos, se les ocurrió bajar al bar de abajo a tomar una copa rápida. No tardaron ni diez minutos y además nosotros nunca nos despertábamos. Pues bien, cuando volvieron nos encontraron a mi hermano y a mí en la puerta llorando como descosidos. Yo de eso no me acuerdo, pero no sé si fue desde entonces que no volví a descansar hasta que no oía a mis padres con las zapatillas de andar por casa o lavándose los dientes. Era capaz de inventarme que me hacía pis para levantarme y echar una ojeada a ver cómo estaba el patio, para ver si estaban empijamados con intención de irse a dormir o aún vestidos, lo que implicaba riesgo de fuga (y eso que mis padres son opuestos a la juerga, que no salen ni encañonados). A menudo me levantaba de la cama y me tiraba al suelo al lado de la puerta de mi habitación para intentar ver por la rendija de abajo y averiguar qué tipo de calzado llevaban o qué se oía. O sea, que me mandaban a la cama a las nueve, pero yo no me dormía hasta que lo hacían ellos. Ya veis qué plan.

Pero él… ¿por qué tendrá ese miedo? Y lo mal que se pasa…

Comicidad en las venas

Yo últimamente ando coqueteando con la idea de hacerme algo parecido a cómica. Es lo que me hacía ilusión de pequeña. No ya ser actriz, que me hubiese encantado, sino hacer reír. Ese era mi cometido en clase: ser la payasa. Me invitaban a sentarme atrás en las excursiones en autobús porque era salada y hacía reír.

He hecho un curso de Stand up y ya he representado mi monólogo en tres ocasiones.

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Como he aprendido a escribir comedia con ciertas herramientas, enseguida localizo los chistes, de qué tipo son, cuál es la premisa y cuál el punch, el truco utilizado.
Pero los localizo en un entorno afín. Luego sucede cuando los sueltan sin que te lo esperes…

Estoy yendo con El Cachorro al trastero (el lugar da igual, es circunstancial) y vamos hablando del cole. Al salir de clase el viernes lo llevé a comprar un estuche, pues acabó el curso el año pasado con uno de propaganda que terminó hecho unos zorros y andaba “desestuchado”. Es superchuli. Tiene como tres apartados. Me cuenta El Cachorro:

“¿Sabes qué? Mi estuche… Cuando lo abro del todo y lo pongo de pie…”, yo ahí esperaba que me dijera que era capaz de quedarse de pie él solo, que me revelara algo fantástico que podía hacer son su estuche, y va y me dice (retomo): “Cuando lo abro del todo y lo pongo de pie… ¡SE CAE!”

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Jaaajaja. Yo esperaba que dijera que se tiene de pie (dado que tiene como tres apartados que podrían posibilitar tal proeza), que qué pasada, y el otro me viene con lo lógico, que es que se cae. Esto en comedia tiene un nombre: GIRO INESPERADO.

Ya lo decía su profesora de Infantil: es que es gracioso. Es gracioso y no lo sabe. Dice cada cosa que se ríen los demás y él se enfada, porque creen que no se ríen con él y le da vergüenza. Pero tiene mucha gracia.

Y en esta ocasión lo ha hecho adrede. Lleva la comedia en los genes, le sale de forma natural, y sin buscarlo, se está convirtiendo en todo un profesional.

Máxime, cuando, con tal de no hacer los deberes, practica. Aquí se pone a meditar…

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A ver si le llega la respuesta por intercesión divina.

Sí, creo que, a este paso, va a ser cómico porque no le va a quedar otra.

Velas

Les digo a los peques de bañarse y a El Cachorro se le ocurre que le apetece como los baños de mamá, con velas (que me los doy de Pascuas a Ramos, no os creáis). La idea ha surgido porque las he encendido en el salón para dar ambiente y a él se le ha encendido la bombilla. Así que trasladamos las velas al baño. En el camino, parecen los de la Santa Compaña.

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He repartido las velas por todo el baño, y alguna ha ido a parar al lado de la bañera.

– No salpiquéis, que se apagará – aviso.

Ya, ya, diréis. Qué pocas luces, hija. Pues no. Intento que, de esta manera, al menos para respetar la luz de la vela, que tanta ilusión les hace, hoy no chapoteen como acostumbran y lo dejen todo como un abrevadero de patos.

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Pero tenéis razón, he pecado de inocente. De una de sus salpicaduras la han apagado y, como apenas veían, han inundado el baño.