Sexo

Está El Cachorro aprendiendo los sistemas del cuerpo humano. El digestivo, el respiratorio, el excretor… el reproductor… Yo ando tanteando qué sabe de cómo vienen al mundo los bebés, pero estoy comprobando que lo que se explica es que una célula masculina se junta con una femenina y que crece el bebé en la barriga de la mujer durante 9 meses. De cómo se juntan, ni oste ni moste.

Yo no recuerdo cuándo me lo contaron. Hoy, hablando con una amiga con la que he quedado a tomar un vino, me dice que cree que nosotras nos enterábamos como en 5º de E.G.B. Dos años le faltarían a mi hijo. Pero, claro, está dando ese tema y me están dejando la pelota botando…

Recuerdo que, para explicarnos de qué iba el asunto, mi colegio de monjas llamó al Dr. Madoz, que era el doctor estupendo al que recurrían para esta y otras materias. Este señor, en la salita azul del cole, nos contó cómo iba el asunto, a través de diapositivas. Nosotras estábamos sentadas delante… y nuestros padres, detrás. BUENO. Yo, fue ir viendo de qué iba la cosa, empezar a mirar hacia atrás con cara de alucinada, ver a mis padres observándome con una media sonrisa, cogidos de la mano, irme entrando una vergüenza sideral, expresar risas nerviosas junto con mis compañeras de al lado, no volver a darme la vuelta para mirarlos y haberme pasmado de lo lindo.

La amiga con la que quedo me dice que no sé quién le dijo (es que creo que era alguien como con categoría o autoridad de poder asegurar algo así, pero, en mi línea, no lo recuerdo), que probablemente lo más conveniente era contar a los niños cómo iba el tema cuanto antes, mejor, porque así lo asimilan como con más normalidad. Yo también lo creo. A El Cachorro le explico siempre cosas con la mayor naturalidad y las interioriza estupendamente.

Así que, por la noche, que tengo que repasar con El Cachorro todos los sistemas porque tiene mañana examen, aprovecho. Y le pregunto que si sabe cómo llega la célula masculina hasta la femenina. Y por supuesto no sabe. Y se lo explico.

– ¿Eso es sexo? – diantre, ¿dónde habrá aprendido esa palabra?
– Sí, cariño eso es sexo.

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Se le pone carilla. Le entra un poco de vergüenza. Sigue indagando y pregunta si tiene que hacer pis en la chica, y le cuento que no, que se trata de otro líquido.

– ¿Cómo sabes si haces ese líquido?
– Cómo, cómo sé.
– Si eres un chico…
– Ahora eres muy pequeño, pero llegará un momento en el que te haces mayor, te saldrá un líquido y dirás “¿esto qué es?”, pues eso es lo que yo te digo, y eso sale cuando tú eres mayor, y lo puedes controlar.
– Tendré que meter el pene ahí y hacer pfffffffffffffff.
– Eso es.
– Ay, Dios.
– Ay, Dios.

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– No me imaginaba que se hacía sexo para hacer eso.
– Claro, pero es que se necesita, como te está explicando el libro, que la célula masculina se junte con la femenina, y como el sistema reproductor femenino es interno…
– Sí, menos la vulva.
– Menos la vulva, vale. Y si en un chico las células se producen, ¿dónde, hemos dicho?
– En los testículos.
– ¿Y en las chicas, dónde?
– Aquí – señala.
– En los ovarios. ¿Y dónde crece el bebé? En el útero. Entonces, ¿cómo se conecta el útero con el exterior? ¿A través de…?
– No entiendo – no, si lo que no entiende es lo que no tiene relación con el sexo, el jodío, justo lo que se tiene que aprender.
– A través de la vagina. Justo la vulva es lo único que está fuera, el resto está todo por dentro.

Y así. Pero él, claro, está a lo que está.

– ¿Y eso es lo que tendré que hacer con Jimena (nombre ficticio)? – su novia desde hace un año.
– ¡¡PERO AHORA NO!!

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Ay, madre, ay, madre, ay, madre.

Y ahora es cuando lamento no estar casada. Porque le quiero decir que eso solo se hace después de casarse y, claro, ¡no puedo! Jaajaa. Él, sigue con sus cuitas:

– ¿Qué pasa si no está ella, entonces tendré que mear en el váter? O sea, lo que sea.
– ¿Qué pasa si pierdes el líquido? Se va por el váter, no pasa nada.
– ¿El bebé se va por ahí? – ay, Dios.
– Cariño, el bebé no está en tu líquido. Ahí están las células, en ese líquido, y ese líquido tendrá que juntarse con la célula de la mamá, no se forma el bebé hasta que no se juntan.
– Si yo fuera una célula y papá me hubiera echado por el váter, ¿yo ya no existiría nunca más?
– Claro, porque la célula no se habría juntado con mi célula.
– Menos mal. ¿Yo iría nadando por el váter?

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Me temo que tendrá que haber más entregas.

Aprendiendo a leer

Por tercer fin de semana consecutivo, hay que leer con Don Bimbas. Las mismas palabras que el fin de semana pasado y que el anterior. El tío pasa millas y no se entera o hace como que no entiende. Yo me desespero. La cosa suele ser así:

– A ver, cariño, lee. ¿Qué letras hay aquí?
– La te, la a, la erre, la erre y la o –. En esta ocasión, bien, pero a veces hay letras que aún no sabe cuáles son.
– Vale, ahora a leer. ¿La te con la a?
– No sé.
– A ver, cariño, ¿la te, tttte, tttttttte, con la a?
– ¡No lo sé!
– A ver, cariño, la te con la o, to, la te con la i, ti, la te con la e, te… ¿la te con la a?
– ¿Da?
– ¿Da? ¿¿Da?? ¡Cómo va a ser da, cariño? Es una te, no una de. La de viene aquí, ¿ves?, en esta palabra, dado, ddddda y ddddddo, de a, de o. Pero esta es te. ¿Cómo será la tttttttttte con la a?
– Da.
– ¡¡Que no!!
– ¡No sé!
– ¡Sí que sabes! Mira, ta, te, ti, to, tu. ¿La te con la a?
– Hum… ¿Ta? – Y esto, cuando lo hace pronto. Así que imaginad el tema.

Y, cuando le señalo una palabra, él dice: “No, esa no, esta”. Que es una que se sabe.

Como esta es una página recurrente, ya se ha aprendido algunas palabras o, por supuesto, las deduce por los dibujos. Así que, cuando hemos repasado todas y la mayoría las ha dicho por el dibujo, sin fijarse en absoluto en cómo se escriben, decido tapar los dibujos. Tapo y enseño la palabra: “A ver, qué pone aquí”.

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Como es lógico, este sistema no le convence para nada. Y salta, que saber leer, no sabe, pero es más listo que nadie: “Dice Nuria (su profe) que las mamás no tapen eso”. JAAAAAAAAAJAJAJAJJAJAJA. ¡¡¡QUÉ CRACK ES!!!

Y desesperante.

Calurosa vienbenida

Hoy ha llegado el Señor de las Bestias de un rodaje que lo ha tenido fuera de casa veinte días, ahí es nada.

Como cada vez que hay un acontecimiento de estos, cumpleaños, día de la madre, del padre… El Cachorro encuentra inspiración para agasajar con uno de sus dibujos.

En esta ocasión, el dibujo es muy mono y, por supuesto, provoca ternura y alegría. Y urticaria y retorcijones y párpado tembloroso y anginas. Observad y decidme si lo que digo no es cierto.

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Es que ni adrede. He llorado lágrimas de sangre.

¡MIERDA! (Advertencia, fotos explícitas. Si eres de fácil arcada, NO entres).

Viene Don Bimbas:

– Mamááá, a Simón se le han caído las piernas del pitufo haciendo caca y están en la cacaaaa.
– ¿¡Qué!?

Pues tal cual me lo está contando. El Cachorro se había puesto a hacer caca jugando con una piecita pequeña de un pitufo de Huevo Kinder, y se había caído en medio de su caca.

– Uff. Pues poco se puede hacer – digo con cara de asco.
– ¡Pero es que si no va al mar! – me replica El Cachorro.

Maldita sea. En buena hora me puse a educarlos en el respeto al Medioambiente.

– Pero, cariño, jopé qué asco, no sé cómo vamos a coger eso.

Recuerdo que había unos guantes para limpiar el baño que la otra chica que tuve en casa quiso que le comprara (yo no utilizo guantes para nada). Pero no los encuentro. Igual se los llevó de recuerdo…

– Nada, no hay guantes. Me parece, hijo, que en esta ocasión se va a tener que ir al mar eso.

Y me voy.

Pero veo a El Cachorro que va a la cocina y Mayra, la chica que trabaja con nosotros, que está partida de risa con el incidente (¿por qué da por hecho que ella se libra de tener que intervenir? Jaaja), me informa: “Es que dice que lo va a coger con una bolsa”.

– ¿¡Con una bolsa!? Anda, anda.

Pero lo pienso y… mira, no es mala idea. Voy a por la bolsa, reconociéndoselo.

– Bueno, venga, te doy la bolsa, y lo haces tú.
– Es como cuando el abuelo coge la caca de Sila – el perro.
– Sí, claro. Hale, toma.

Y vamos todos al baño. Yo, con escala previa en mi estudio, para coger el móvil e inmortalizar este momento.

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Mete la mano El Cachorro.

– No lo encuentro…

Y ahí está, revolviendo en la mierda.

– Ay, pues chico, se habrá ido por detrás. Agggh – me está dando un asco que no puedo.
– Jaaajajaajaja – la chica –. Me entra risa al verle la cara, Amaya.

Está disfrutando de lo lindo, la muy perraca.

Y, jobar, si me dices que es algo de mucho valor… ¡¡Pero es que son las piernecillas de un pitufo que te viene con los Kinder Sorpresa!! ¡¡Ya me dirás!!

Pues El Cachorro ahí, busca que busca.

– Cuando lo encuentres, al lavabo. ¡Pero no lo saques directamente y que vaya goteando!, Ay, porrrrr favorrrr, pero qué asssscooooo…
– Jaajajaajaa – Mayra.
– … lo sacudes bien sacudido y después vemos cómo lo trasladamos al lavabo.

En esto, la mano de El Cachorro emerge con una bola de mierda y las patas del pitufo pegadas.

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– ¡Alto ahí! – exclamo. – ¡Ni se te ocurra sacar eso así!
– ¿¡Pues cómo!? ¿¿Cómo??
– ¡Quietoooo! ¡¡A ver, no saques toda la bola de caca, hijo, jopé qué puñetero asco, mierda!!
– Jaaaaaaaaaa – Mayra. Le voy a bajar el sueldo.
– ¡Que cómo hago! – El Cachorro.
– ¡Hijo, déjala en la loza, en la pared del propio váter – dudo que sepa qué significa “loza” – y rescatas las piernas!

Y lo veo estirando la mano que tiene libre, SIN BOLSA NI PROTECCIÓN ALGUNA, a coger las piernas directamente de la caca.

– ¡¡NNNNNNNNNNNnnnnnnnnnnnoOOOoOOoOOooooOOO!! ¡¡¡Con esa mano NO!! – la retira asustado, cuando estaba a un milímetro –. ¡Hijo, pega la caca ahí y CON LA MISMA MANO DE LA BOLSA rescatas las piernas!

Dicho y hecho. Ahora las piernas están rebozadas en mierda cogidas con la bolsa. Pliego un poco la bolsa para que no gotee y ponemos todo en el lavabo. Pero ahí ya tengo que operar yo. Intento quitarle toda la mierda que puedo estando aún dentro de la bolsa, mientras voy retransmitiendo lo que me parece estar haciendo eso: “Ay, joé, qué maldito assssco, madre, por favor, puaajjjj, me muero”.

Al final, saco las piernas, que siguen teniendo mierda, y esta vez sí las tengo que agarrar con mi mano desnuda. “AAAAAAAAARRRRRRRRGH”.

– Jaa, ja, ja -. Ya sabéis quién.

Pillo el jabón y enjabono todo como si no hubiera un mañana. Y dejo las patas esas secando en el lavabo.

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Y pienso que, si el Universo está probando mi valía como madre, creo que hoy ya me he ganado una matrícula de honor.

Mochila con autonomía

Salimos de casa para ir al cole. Como todos los días, El Cachorro arrastrando una mochila que pesa más que él. No sé si porque no se fía de él mismo, de dejar las cosas en el pupitre, porque luego es incapaz de traer lo que tiene que traer para hacer deberes o estudiar un examen, o porque no les dejan guardar las cosas en el cole.

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Y dice: “Lo bueno de una mochila con ruedas es que, si pesa mucho, la puedes llevar. Y lo malo es que, si se te cae por las escaleras, se va sola sin ti”.

Jaajajajaa. Tal cual.

Afán de protagonismo

Han hecho mis peques sendas torres con piezas y quieren que las vea. Las veo. La de Don Bimbas es muy alta y la de El Cachorro, baja y ancha. Me piden que saque foto, pero que me avisan. Y resulta que las han juntado. Vale, foto.

… ¿Pues no va el peque y se planta delante, hecho un figurín?

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– Cariño, ¡si te pones delante no sale la torre!

Jajajajajaja. Luego ya se ha puesto a la vera de su hermano para seguir haciendo el canelo pero bien.

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Pero él tiene un juego favorito: el de colocar muñequitos o cochecitos. Pone unos cuantos, da la vuelta a un camión que tiene que contiene cochecitos por ambos flancos, y dice: “¡Mira, hay más!”, como si le pillara de sorpresa o como si quisiera emocionarme con la misma intensidad con la que lo hace él.

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Que me emocionaría mucho todo ese tenderete, sí, si no fuera porque en cinco minutos viene gente a cenar a casa…

Lo que diga mi hermano

Estoy sin comida en casa y les digo a los niños que tenemos que darnos prisa, que el súper cierra a las tres y son las dos y media.

– A no ser – comento – que os haga chistorra.

Eso cenamos hace dos días.

– Bueno… – dice con resignación El Cachorro.
– ¿Y tú qué dices, Pablito? – le pregunto al pequeño.
– ¡Yo no!
– ¿No quieres chistorra?
– No. Mmmm… ¿qué ha dicho Simón?
– Que sí.
– Pues sí.

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Y así es con todo. No será porque Don Bimbas no tiene personalidad. ¡Menudo es! Sin embargo, en la toma de decisiones, sobre todo con lo que tenga que ver con comida, él dirá lo que diga su hermano.

– ¿Queréis probar este bizcocho?
– No – dice El Cachorro.
– No – dice Don Bimbas.
– Bueno… sí – rectifica El Cachorro.
– Sí, yo también – se apunta Don Bimbas.

Y, cuando lo prueban, son como un emperador romano. Me ponen pulgar hacia arriba o hacia abajo. Y Don Bimbas mira expectante lo que hace su hermano, para dar el mismo veredicto.

Si El Cachorro pone el pulgar hacia arriba, Don Bimbas igual.

– O sea, que os ha gustado – les digo.
– ¡Sí! – dice El Cachorro.
– ¡Sí! – corrobora Don Bimbas.
– Pablito, ¿te pongo un trozo, entonces?
– ¡No! – me dice.
– ¿No quieres?
– No – y pone cara de rechazo sumo.

Es decir, no le ha gustado ni un pelo pero ha tenido que decir que sí porque su adorado hermano ha dicho que sí. ¿Qué os parece?

Amaya King

Estoy haciendo la cena y aparece El Cachorro: “Mamá, ¿cómo se escribe domingo en inglés?” Yo me asusto, porque a estas alturas eso debía estar más que superado, sobre todo cuando está dando ya los tiempos pasados de los verbos. Así va, que no se entera de nada. En buena hora lo apunté a un colegio bilingüe…

Total, que se lo digo. Está haciendo deberes de inglés. Cuando los termina, voy a repasar. Y me encuentro para qué quería saber lo del domingo… Y lejos tenía que ver con el día de la semana…

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¡¡Hablaban del tenor y va y me lo escribe así!! Me parto con este crío. Mira, le he hecho corregir otras cosas que tenía mal, pero esto se lo he dejado porque me ha parecido mundial.

Supongo que a mí me llamará Amaya King…

Mechas

Llevo a los niños a cortar el pelo. Su padre, al ver la foto que le envío, opina que El Cachorro está muy mayor.

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Leñe, creo que tiene razón.

Del corte de Don Bimbas rescato unos pelos. Mirad.

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Me fascina su rubiez. Ya lo sabéis. Hago post de vez en cuando en exclusiva de este tema. Pero es que, según qué mecha cojas, parece el pelo de la Barbie.

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La peluquera también comenta que qué pelo más bonito. Es de surfero total. El color, las mechas… un pelazo.

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Y cojo yo y se lo corto…

Y también parece mayor.

Yo… ¿para qué voy a la peluquería?

La alianza entre el (puñetero) cosmos y mi hijo pequeño

¿Veis estas dos sábanas, la que acabo de recoger y la que está tendida?

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Acabo de poner una lavadora con edredón, bajera, empapador, sábana y funda de almohada, así como con pijama. La segunda lavadora consecutiva con el mismo contenido.

Hace dos noches, se estaban poniendo mis hijos el pijama.

– Espera – le dije a Don Bimbas – tu pañal.

Don Bimbas se pone pañal por la noche pero hace tiempo que no se hace pis nunca. Se hizo, ¿recordáis?, para hacerme a mí la puñeta cuando volvió de sus vacaciones sin nosotros en Cataluña, a principios de verano, y especialmente la noche anterior a nuestro vuelo a Vietnam, y en nuestra cama, para más inri. Y después, no más. En Vietnam, 21 días de viaje, nasti de plasti. Y en Madrid, tampoco. Hasta que en septiembre le dije:

– Mira, cariño, te voy a poner el pañal hasta pasada la primera semana de cole, y si sigues sin hacerte pis, porque no te estás haciendo en absoluto, te lo quito.

Dicho y hecho. Se lo quité una semana después de haber empezado el cole. ¿Y qué hizo él? Mearse ESA MISMA NOCHE. ¿Y después? MEARSE LA SIGUIENTE NOCHE. A la tercera que lo hizo, terceras sábanas a la lavadora, volví a colocarle el pañal.

Lleva con pañal todas las noches y, ¿adivináis qué? No se hace pis JA-MÁS. De hecho, le pongo el mismo algunas noches seguidas, claro. Con lo caros que están, hay que reciclar.

Pero a mi niño, allá donde estuviera antes de nacer, lo diseñaron para hacerme la puñeta. Esto es así, lo mires por donde lo mires. Dormir una noche seguida para mí es una quimera. Porque si no son sus dolores de rodillas es el picor de piel, y si no es que se ha meado, o se pone a gritar de la nada o, como suele hacer y está haciendo últimamente casi todas las noches, viene a mi cama y se me cuela.

En cualquier caso, la puñeta, ya os digo. Lo de quitarle el pañal después de que no se le salga ni una gota de pis en mes y medio, y mearse, lo hace para joder. Ya está.

¿Y sabéis qué hace también? Esperar al cambio las sábanas. Cuando les cambio las sábanas, que además hago lo propio con los pijamitas, para que esté todo recién limpito y se metan a gustito en la cama, ese día, ESE JODIDO PRECISO MALDITO DÍA, me la lía. La chica que me ayuda en casa con la limpieza LO FLIPA.

Cambio las sábanas y, zas, se hace pis con el pañal puesto pero se sobra. Y hay que quitarlo todo y poner otras nuevas. Y si el nivel de jodimiento está en plena forma, ocurre lo mismo la noche siguiente.

Pero, ah, ¿qué sucede cuando yo quiero especialmente dormir? ¿Cuando estar descansada una determinada noche es MUY importante para mí? Pues que Don Bimbas ya me tiene preparada “La Noche Especial”.

Hace dos noches yo tenía mucho interés en dormir bien. Tenía al día siguiente mucho que hacer y, además, por la noche, que presentar la premier de un cortometraje de Cosmo realizado para su campaña contra la violencia de género en el Palacio de la Prensa. Quería estar más o menos descansada y con la mente despierta.

Acosté a los niños y, como os decía, advertí que Don Bimbas no se había puesto su pañal.

– Espera – le dije – tu pañal.

Como las sábanas estaban recién puestas, tenía todo para estrenar. El pijama y pañal nuevos. Como era nuevo, no me fijé dónde iba la parte trasera y dónde la frontal. Y se lo puse como pensé que iba. A la vez, coincidencia, le dije:

– Que yo creo, cariño, que habrá que quitarte el pañal, ¿no? Porque como ya no te haces pis…

Poco imaginaba que se estaba produciendo una conjunción de ingredientes (sábanas nuevas, pijama nuevo, pañal a estrenar, comentario acerca de que ya no se hace pis, ganas tremendas de dormir por mi parte) que despertaba al cosmos, a Murphy y al subconsciente de mi hijo para que mi propósito de dormir como una bendita, se fuera al traste.

A esto se suma que yo estaba convencida de que iba a dormir bien. Ya me había despertado un par de noches con sus historias, y normalmente son dos noches en guerra y una de tregua. Esta tocaba la de tregua. Y él estaba cansadito y de muy buenas. No se había quejado de ningún dolor ni se rascaba. Prometía ser una noche ideal…

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A las 3:25 de la mañana, me despierta desde su cuarto la voz de Don Bimbas:

– Mamáááá, estoy mojado…

Eso que te despiertas con el dolor de cabeza puesto, porque, como soy boba, me había acostado, no cuando debo, sino a la una de la madrugada, y viajas hacia la consciencia desde un lugar muy lejano.

– Mñsbsbs… tápate – le dije.

Porque, mira, pensé, si está sudado, que se tape y punto, porque si me despierto ahora y le cambio de pijama y tal, me desvelo. Y como estoy obsesionada con que tengo que dormir, no habrá manera de que vuelva a caer. Y estoy en fase REM y no puedo ni abrir un párpado sin que me duela hasta en el coxis.

Se hizo un poco de silencio. Pero Don Bimbas volvió a atacar:

– Mamiiiiiii, me he hecho piiiissss.

No. No me lo podía creer. ¿¿Pis?? ¡Era imposible! Vamos a ver, lleva sin hacerse pis como dos meses. Dos meses que ni una gota. ¿Y se va a hacer pis? ¿Con el pañal puesto, además?

Estuve a punto de decirle también “da igual, tápate”, pero me pareció demasiado. Así que me levanté y fui. Toqué. En efecto, estaba mojado. ¡Pero cabía la posibilidad de que fuera sudor! ¡Tenía que ser sudor! Olí. No era sudor. Era pis.

Mecagüentodoloquesemenea. Hale, a quitar todas las sábanas, el pijama del pequeño, llevarlo hacia la ducha y darle al agua caliente. Mientras, tirar el pañal rebosante de pis, poner la lavadora, volver al baño, duchar al pequeño, secarlo, ponerle un pijama nuevo, un pañal (entonces sí que no tenía sentido, porque se había meado lo más grande y era imposible que quedara nada de líquido en su interior), llevarlo a mi cama, pues me negaba a ponerme a hacerle su cama, y apagar la luz.

A las cinco de la mañana, desesperada, le enviaba un mensaje al Señor de las Bestias, que lleva más de dos semanas fuera rodando, no para que lo leyera en ese momento, ya que es imposible despertarlo con un mensaje, sino para desahogarme y que viera en qué condiciones estaba.

No podía dormir de ninguna de las maneras. Don Bimbas, a todo esto, buscaba el contacto conmigo mientras roncaba. Y yo acabé mirando el móvil.

Creo que me venció el sueño a eso de las seis y pico de la mañana, levantándome a las 7:27. Es decir, el día que quería dormir, lo hice dos horas a principio de la noche, y una al final. Menos que ninguna otra noche.

Pensé en llevar a los niños al cole y volver a la cama. Pero me lie más que nunca. Hice compra importante en el súper, curré en este diario/blog, hice cosas de bancos, me fui a la peluquería de un centro comercial, allí compré un modelito para lo de la noche, compré medias, compré regalos para el cumple de mis hijos, volví a casa justo cuando llegaron del cole, me puse a hacer deberes con El Cachorro, los preparé para llevárselos a una vecina, me pinté y vestí y fui al evento que tenía que presentar.

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No os imagináis lo devorada que estaba. Esto terminó tarde y llegaba a casa pasada la medianoche. Tuve que ir a por mis niños, bajar al pequeño aúpa y a El Cachorro de la mano, como un zombi, acostarlos, y yo prepararme para hacer lo propio. Pero, claro, estaba muy despierta. No tenía sueño. Además, había que desmaquillarse, que me daba una pereza inmensa, porque no estoy acostumbrada a maquillarme casi nunca, pero jamás me he metido en la cama con la cara pintada. Total, que me acostaba hacia las dos de la mañana. Muy dispuesta, sin embargo, a aprovechar las pocas horas de sueño a muerte, a dormirlas con todas mis ganas.

Sí, lo habéis adivinado. A las cinco de la mañana…: “Mamááá, me he hecho piiis”.

“No me lo puedo creer, de verdad, ¡no me lo puedo creer!” Y, LA MISMA HISTORIA, solo que solo se oían mis lamentos. Hala, ducha al crío, mete todo en la lavadora, mete a Don Bimbas en mi cama y… mantén los ojos como platos.

Así que por eso tengo dos juegos de sábanas en el tendedero, y no descarto que haya un tercero esta noche…

P.D.1. Sí, hubo un tercero. Lo que mejoró es que mi niño se dio cuenta de que se había hecho pis DESPUÉS de sonarme el despertador, así que, al menos, la noche la dormí seguida.

P.D.2. Mierda de pañales que no sirven para nada.