Por su cara bonita

En serio que no sé cómo lo hace. Esta vez ni lo he visto. Solo me he encontrado con la situación. Os cuento:

 

Sostengo, porque lo vivo, que Don Bimbas tiene un don especial con la gente. Se la mete en el bolsillo con una facilidad pasmosa. Es un tipo muy simpático y muy divertido. Y reguapo. Y todo aquel que lo ve se queda prendado.

 

Hace poco sin ir más lejos, me encontré en casa el merchandising completo de una conocida marca de refrescos porque resultaba, como me contó la mujer que cuida de mis hijos, que se lo había regalado a Don Bimbas la cajera del súper porque se muere de amor por él cada vez que lo ve.

 

Ya comenté aquí que un señor le regaló un cubo de Rubick por la calle, así, sin más.

 

Pues hoy me monto en el autobús con él, y de la nada un hombre que portaba una bolsa llena de fruta, le ha cascado estos dos plátanos.

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¿A santo de qué? Nos acabábamos de montar. A Don Bimbas no le ha dado tiempo de hacer ninguna pedorreta ni ninguna monería. A mí casi ni de colocarlo bien. Y de repente, zas, dos plátanos. No entiendo nada.

 

Luego ha sido la sensación del frutero hombre y de las dos señoras que tenía sentadas enfrente a la hora de comerse uno. Todos con sonrisa bobalicona, observándolo.

 

Me parece que este chiqui va a tener de partida mucho ganado en lo que sea que quiera hacer en la vida. ¡Qué suerte!

 

 

 

Corte de pelo

Mira que me hacen gracia los pelillos largos que se le disparan a los lados.

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Me gustan los caracolillos que se le forman en el cogote. Unos rizos que cuando se le mojan en la piscina se estiran y casi le llegan al omoplato.

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Pero… es hora meterle mano a esta pseudomelena.

Después de un año, nueve meses y nueve días de vida, hoy, por fin, se corta Don Bimbas el pelo POR PRIMERA VEZ. Todo un acontecimiento. Me he llevado un tarro para guardar su cabello. Me hacía una ilusión loca. ¡Tened en cuenta que son los pelos con los que nació! Así que la santa de la peluquera me ha tenido al lado con el tarro recogiendo todo lo que ella iba cortando.

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Y lo ha pelado. He de reconocer que, por mucha gracia que me hiciera, llevaba un pelo desarreglado y con un largo un tanto absurdo. Ahora está hecho un pincel, con su pelo cortito. Aunque también me parece que, a golpe de tijera, ha pasado de ser un bebé a ser todo un hombre. Bueno, igual exagero, pero de verdad que parece que ha madurado.

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Por cierto que el peque se ha portado como un bendito. Igual tenía que ver que enfrente tenía una pantalla con dibujos animados… Pero no le ha asustado ni la maquinilla que le ha pasado la peluquera al final. Ni inmutarse.

Ha recibido como premio a su ejemplar comportamiento un “Aspito”. Un “Aspito” que se ha encargado de “escachuflar” antes de que yo se lo abriera. Y se ha puesto de esta guisa tan ideal…

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¿Cómo se va a fijar nadie en su nuevo look si va así por la calle?

Bloguera en acción

La vida de una bloguera, o debiera decir de esta bloguera (que tiene más un diario que un blog), supone que me pase toooodo el santo día sacando fotos.

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Aquí el pequeño haciendo reír a todo con el que se cruza. ¡Qué gracioso!, dicen. Y yo venga con la foto, para dejar testimonio de esto. De lo que sea. De que respiran.

 

Soy muy pesada. Mucho. Menos mal que tengo la excusa de que es por curro…

 

Y menos mal que algunas veces no tengo que ir yo detrás de ellos. Son ellos los que se me pegan y se me ponen a tiro…

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De un tiempo a esta parte esta es la persona con la que duermo en mi cama. ¿Qué os parece? ¿Hacemos buena pareja?

 

Es “el infiltrado”.

 

Aaaaay, “el infiltrado”, ahora que lo escribo me doy cuenta de cómo pasa el tiempo. O debería decir cómo nos cambia. Hace unos años tenía un magnífico programa de radio en RNE que se llamaba “Treinta… ¡y tanto!” Hecho por y sobre mujeres en clave de humor. Lo ideé con dos amigas y las tres pasamos unos ratos fabulosos. De risas, desahogo, risas, terapia, risas, confesiones y risas, muchas risas. Por cierto que os recomiendo que busquéis algún podcast. Teníamos nuestra gracia.

 

El caso es que una de nuestras secciones esporádicas se llamaba “El Infiltrado”, en la que un amigo nos ofrecía su punto de vista sobre determinadas situaciones o circunstancias relacionadas con mujeres.

 

En el programa ironizábamos sobre muchos aspectos, nos reíamos de muchas cosas y hablábamos de sexo.

 

Y ahora resulta que el infiltrado es este… Y yo bloguera. De temática infantil.

 

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay, ay.

 

 

Quien se marea unido…

Montamos a El Cachorro en un tiovivo. Uno de los cacharritos es infernal. No contentos con que el tema dé vueltas de por sí, el artilugio en cuestión da vueltas también sobre sí mismo. Demasiado pa’ mi body, que ya me mareo solo con ver una peonza en acción.

Mi hijo quiere que suba con él. Yo rechazo la invitación:
– No, que me mareo.
– Joooooo, yo quiero marearme contigoooo.

Jaajajajajjaa.

Pues mira, me monté. Un poco. Salí con el estómago revuelto.

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(No, si encima esperaréis que la autofoto esté enfocada y todo).

Qué sacrificadas somos las madres.

Programación infantil para abuelos

Ha aparecido El Cachorro en plan amenazador…

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Y se ha llevado una buena reprimenda…:

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Y Don Bimbas también, por complicidad y colaboracionismo.
Bueno, como veis mis padres están en mi casa. Estamos pasando la tarde en el salón y les ponemos los dibujos a los peques. Ellos andan leyendo periódicos y revistas.

En esto que da comienzo el capítulo de una serie.

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Y salta mi madre: “Uy, qué bien, esas ovejas son muy divertidas”. Mi padre lo aprueba. Me parto. A fuerza de ver programación de dibujos animados con los nietos, se han enganchado y ya tienen sus favoritos.

Lo de “para todos los públicos” es más que cierto.

Mezcolanza

Mete un trago al Danonino y luego pilla un trozo de pescado rebozado, y al buche también.

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Esto me recuerda a cuando mi madre, desesperada porque no comía y aconsejada al respecto, me apuntó al comedor del cole. No tuvo éxito y me sacó enseguida. Quizá tuvo que ver el hecho de que, como yo era muy lenta, las monjas me echaran el yogur encima del filete. Y a mí esa combinación no me gustaba cómo le gusta a mi hijo…

Diario de a bordo

Se van los hombres de par de mañana.

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Uno al trabajo, otro al cole y otro a la guardería.

 

Ojo a quién es el rezagado que se queda diciéndome adiós. ❤

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Me lo meriendo.

 

Bueno, lo dicho, el pispajo va a la guardería. Es su sexto día y sus lloros han cesado.

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Se ha producido el traspaso de brazos de los de su padre a la profesora sin incidencias.

 

Aunque no las ganas de estar amarrado a un adulto… Su profesora lo llama el koala. Se le engancha como tal. Es como si fuera de un árbol a otro. Es la monda.

Raro proceso cromático capilar

Hace un año mi bebé no tenía casi pelo. El poco que tenía, parecía claro, pero la tonalidad cambiaba según le diera la luz. No había forma de presagiar la rubiedad de la que hace gala actualmente.

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Como siga con esta evolución, es probable que el año que viene se me vuelva albino.
Tengo mi teoría al respecto: Yo creo que es rubio por lo que yo suspiré toda mi infancia y pubertad por haber sido rubia. ¡Cómo suspiraba viendo melenas doradas! Me quedaba embobada, embelesada. Siempre me han llamado mucho la atención. Y soñaba que una energía extraterrestre me elevaba de la cama mientras dormía y transformaba mi pelo negro (y generalmente corto, que así me lo hacía llevar mi madre) en una magnífica melena larga rubia, o que el mismísimo Dios me cogía y decía algo así como: “Perdona, contigo me he confundido”, y desprendía mi cabellera azabache para dejar salir la verdadera, rubia y luminosa a más no poder, puesto que hasta rayos de sol salían de ella. De verdad que para milagros, pasaba de que se solucionara el hambre en el mundo. Mi pelo tenía prioridad.

 

Y, sí, yo era una niña con demasiada imaginación.

 

En cualquier caso, como os digo, yo creo que este niño no es rubio porque su padre lo fuera de pequeño (incluso lo era más). Es rubio por las ganas que tuve yo de serlo.
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Lo de que me hice periodista porque en mi casa lo de ser actriz como que no, y pensé: “¿En qué carrera universitaria puedo hacer el payaso?” no os lo había contado, ¿no?

 

Actriz. Otra asignatura pendiente. Así que en cuanto a deseos heredados, creo que el rubio apunta maneras.

Mentor

“Como yo, Pablito. Así, así”, le dice El Cachorro a su hermano mientras se encarama a la valla. Me chifla ese papel de mentor, de hermano-mayor-que-sabe-hacer-cosas que desempeña con tanto gusto, porque le encanta enseñar.

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Y contemplo la escena a distancia, aún a riesgo de acabar el día teniendo dos hijos magullados y desdentados.

 

Porque ya ha llegado el momento en el que los accidentes se van a multiplicar por dos, me temo. El Cachorro es un ejemplo para Don Bimbas. Y Don Bimbas imita toooodo lo que hace su hermanísimo. Pero todo.
Hasta durmiendo. No es un niño que lo haga con chupete ni con peluches ni con dou-dou. Pero hoy ha decidido hacerlo con dos objetos: dos coches.

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Ha heredado la costumbre de su hermano mayor. El Cachorro se va todas las noches con coches a dormir. Don Bimbas ni se ha planteado si son cómodos como compañeros de colchón, ni si verdaderamente le ayudan a conciliar el sueño, ni si le gustan más que otros juguetes. Es con lo que duerme su adorado hermano mayor y con eso basta. Por algo será.

 

Todo se pega menos la hermosura. Bueno, en el caso de estos niños, hasta eso.

 

Repartiendo culpa

Hoy ha llevado a Don Bimbas a la guarde su padre. Hoy le ha hecho a él el numerito. Yo me siento mejor, porque así el peque no me relaciona solo a mí con la traición de dejarlo. Ñej, ñej.

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La profe se lo tiene que arrancar, y no es una exageración literaria, de los brazos. Él se tira en plancha hacia el vacío, alarga una mano hacia su padre, en plan “sálvame”. Llora.

 

De verdad que la escena es dramática como ella sola.

 

Un drama de pacotilla, por lo visto. Nos cuentan que es perdernos de vista y cortar el llanto de forma radical.

 

Menos mal que nos pilla con callo.

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Porque este episodio ya lo hemos vivido…