Mi niño…

Se me queda frito encima de mí.

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No sabéis cuánto, cuantísimo lo disfruto. Porque me da por pensar en lo que ocurrirá cuando pase no mucho más de tiempo (que pasa volando), en cuando sea adolescente y me aborrezca, y sé que estos momentos los echaré en falta como a nada.

Es que me entra nostalgia por adelantado.

¿Sabré vivir más adelante sin hacerlo en su pequeño mundo? ¿Ese en el que no me deja ni a sol ni a sombra? ¿Ese en el que yo soy su centro? ¿Ese en el que las cosas son a su medida?

Sale el sol y aprieta, así que decido salir a morenearme un poco. Es algo absurdo, porque acto seguido aparece Don Bimbas y no me deja. Pero ve que está el bote de crema al lado y se propone utilizarlo.

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No me llega a rociar crema, claro, porque no tiene fuerza para darle al botón del spray, ni me extiende bien la crema imaginaria, porque hace así medio segundo con la manita y voy que chuto.

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Vamos, que hoy me quemo fijo.

Pero sarna con gusto no pica. Lo dicho, estoy in love de su pequeño gran mundo.

Síndrome de Diógenes

El Cachorro trae de la calle un cacho roto de algo. No es la primera vez.

– ¿Qué es eso?
– Para que parezca que sea una pala rara.
– ¿Para qué quieres una pala rara?
– Para jugar con ella.

Lógico. Pero ahora danzará por casa hasta que me canse y la tire. Que me conozco yo el percal y a mí misma, pues no es la primera vez que me las tengo que ver con cachos rotos de cosas. Y luego El Cachorro preguntará por ella y tendré que inventar algo o hacerme la loca.

Después, me viene con un rotulador en la mano. Es uno que perdió la tapa hace tiempo.

– Este rotulador está seco, ¿lo tiro? – me pregunta El Cachorro.
– Sí. – le doy permiso.

Lo tira.

No han pasado ni treinta segundos que lo oigo:

– Lo echo de menooooos.

Y coge, va a la basura y lo recupera.

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He aquí los dos objetos en cuestión. Que estarán entre nosotros durante mucho tiempo, pues está visto que El Cachorro es una urraca, como yo. Yo es que ni siquiera llegaba a tirar nada a la basura…

Fútbol

A El Cachorro nunca le ha dado por el fútbol, ni en casa somos de ver fútbol a todas horas. Además, lo de manejar el balón con los pies tampoco es lo suyo. Se le da muchísimo mejor lanzar cosas con la mano.

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PERO, vive aquí, en España. Y el fútbol se acaba imponiendo.

Hoy ha llegado a casa con una determinación: “Tengo que practicar fútbol porque si no me meten un gol”.

Ha estado de portero y le ha debido de caer la del pulpo. Y además alguien ya le ha engañado para dejarlo bajo los tres palos: “El portero también puede ir a meter goles”, me dice. Claro, claro, cariño. Lo dicho, engañado perdido.

En cambio, fíjate tú por dónde, no tan engañado como para elegir al Osasuna como su equipo de cabecera. Cagontó.

Fotos profesionales

Llegaba a casa y un amigo me avisa de que está por mi barrio con otro amigo suyo, que además es su compinche de trabajo. Han ido a recoger los nuevos uniformes de policía municipal de Madrid. Que si nos vemos. Les invito a subir a por una cerveza. Mi amigo viene con una cámara de fotos. Siempre lleva una encima, pues la fotografía para él es más que una afición.

De repente mis hijos le inspiran. “A ver, vosotros dos, poneos aquí”.

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“Aquí” es de pie encima de la mesa de cristal. Mecagüen la leche. Yo me debato entre no dejarles, que estoy siempre a la gresca con que no se suban, o dejarles y quedarme con unas fotos chulas, pues sé que lo van a ser. Opto por la segunda opción.

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Sabía que no me iba a arrepentir.

Luego les doy la cena y mi amigo se vuelve a inspirar. “A ver, esa silla aquí. Tú, ponte aquí. Tú, al lado”. Me los coloca y no se le ocurre otra cosa que subirse él a otra de las sillas… ¡con las botas puestas! Casi me da algo, ya me conocéis.

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Pero obtengo mi recompensa…:

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Y luego nos saca a los tres afuera, a la terraza, y así, sin esperar a que me cambie de ropa, pues lo que llevo es más antiguo que mis hijos, sin importarle que esté sin maquillar y con granos, con cara de haber estado todo el día currando (cara de realidad), nos dispara un par de fotos.

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Es que es un artista, el jodío.

Me ha dejado la casa hecha un desastre, pero tengo unas fotos maravillosas.

Y útiles. Porque por la noche Don Bimbas empieza a hacer de las suyas. Las suyas son estos equilibrismos imposibles en la mesa.

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Un día la silla se va a resbalar y él se me va a desgraciar. Menos mal que hoy le han hecho un par de fotos buenas y al menos ya hay constancia de lo bonito que era antes de descalabrarse del todo…

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Niños fashion

Me encantan estos dos en una tienda.

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Pero qué fashion. Les compraba los sombreros y los fulares si no supiera que se los han puesto a modo de disfraz, para hacer la gracia y darme gusto. Si los tuvieran que llevar de verdad seguro que me los hacían tragar.

De momento, lo más fashion que hago con ellos es vestirlos con la misma ropa. Me gusta que mis niños vayan vestidos iguales. No suelen ir así pero intento que lo hagan de vez en cuando, y por eso tienen algunas prendas gemelas.

Pero hoy he caído en que esta manía mía tiene un fallo… Con eso de que el pequeño hereda ropa del mayor, ¡va a parecer que viste con lo mismo durante años! Se le queda pequeña una camiseta igual a la de su hermano, en el momento preciso en el que hereda la camiseta de su hermano. Va a dar la impresión de que, por algún milagro, la ropa crece con él.

Creo que voy a abortar esto. O a ver si me planteo mismas ropas pero de distintos colores… O mismos colores pero distintas prendas… Le tengo que dar una vuelta al plan, porque llevarlos tan emparejados me está pareciendo un poco absurdo. O sea, me encanta pero es poco operativo.

En cambio, la que les ha dado todas las vueltas del mundo y ha logrado desemparejarlos… es la lavadora a los calcetines. ¡Maaadre del amor! Se me ha ocurrido sacar del cajón todos los calcetines de mis hijos que andan sueltos…

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Y son una cantidad interesante.

Esto es digno de estudio. ¿¿Dónde narices están los otros??

Test de Rorschach

Se caen gotas de leche.

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“Mira, una mamá pata con sus hijitos”, interpreta El Cachorro.

Los test de manchas este los va a bordar.

Me fascina el maravilloso mundo de mi hijo. Para matar el tiempo, se pone a dibujar…

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– ¿Te gusta? – indaga.
– ¿Qué es, cariño? – ando perdida.
– ¡Un helado!

Y yo, qué queréis que os diga, lo veo, con su cucurucho y todo.

En el revés de la servilleta en la que ha decidido plasmar su arte, hay una casa con cara de chico y tejado con cara de chica.

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¿No es genial? Yo creo que ya está preparado para ilustrar un cuento de fantasía. (O surrealista. Y si combinamos los dibujos con la entrada de ayer, ya lo bordamos).

Hoy han venido a divertirse…

Os suena esa frase que en cada programa de “El Hormiguero” suelta Pablo Motos, ¿no? Esa que dice: “Hoy ha venido a divertirse a “El Hormiguero”… ¡¡no sé quién!!”

Pues en mi casa pasa lo mismo cuando el Señor de las Bestias aparece con un bicho. Solo que con algunas modificaciones.

“Hoy han venido a temblar a nuestra casa… ¡cinco pollitos!”

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Que ya me veo a los animales en la finca:

– Osti, tú, os han metido en una caja de cartón.
– Ay, no, ¡miedo! ¡Miedooo!
– Os van a llevar con esas dos fieras.
– Uff, verás.
– ¡Somos demasiado jóvenes!
– Madre mía, sed valientes, vosotros podéis.
– ¡Valor, amigos míos!
– Nnnnooooooooooo – y el grito se apaga mientras se pierde el coche que lleva la caja hacia mi casa…

Y al llegar a casa, zas, las dos fieras les arrean un beso tras otro. Venga espachurre, venga el beso. Y así. Con lo que cuando los bichos vuelven…:

– ¡Estáis aquí de nuevo! ¡Bieeeeeen!
– Calla, no sé si superaré esto alguna vez.
– Jamás volveremos a ser los mismos.
– Voy a tener pesadillas de aquí a que me muera.
– ¿Ha sido igual de terrible que siempre?
– O peor. Es tal y como lo contabais. ¡¡Nos han babeado enteros dándonos besos sin parar!!
– ¡Miedo! ¡Miedooo!
– Lo superaréis. Hay terapia, ¿sabéis?

Y colorín, colorado, me voy a comer una buena palmera de chocolate, que se me da mejor masticar que escribir, sobre todo si se trata de escenas sin ton ni son.

P.D. Si algún lector se ha visto ofendido por leer este despropósito, se suplica compasión por la autora, que seguramente no haya podido dormir hoy tampoco y ya no rige, pero la entrega del post la tiene que hacer sí o sí. Gracias.

Jardinería

En la guardería de Don Bimbas han decidido realizar unas cuantas actividades para adecentar el jardín. Unas consisten en arrancar malas hierbas. Yo me apunto a la de plantar flores y plantas.

Hay que llevar plantas de casa, y yo le doy una maceta al pequeño. Cuando llega la hora de plantar y de que los padres babeemos, salen al patio los críos.

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(Me encanta esta foto).

Y ahí que nos plantamos tres plantas más felices que nada.

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Bueno, él también aprovecha para plantarme a mí y echar unas carreras.

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Sin embargo luego, cuando finaliza la actividad, no quiere que me vaya, claro. Ay, mi muñeco, qué rico es. Yo tampoco quiero irme, pero es que si no me van a echar del trabajo.

Solo espero que el riesgo haya merecido la pena, que Don Bimbas se haya concienciado para dejar de sacar tierra de los tiestos de casa y de descalabrar las plantas.

Seguiré reportando.

In-jus-ti-cia

He pasado cuatro días con mis dos hijos en Pamplona en los que, como es costumbre, no he dormido NADA DE NADA. Por supuesto, por obra y gracia de Don Bimbas.

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Y venía de arrastrar otra semanita de noches en blanco. Apiadado de mí, el Señor de las Bestias vino ayer en tren de Madrid para coger el coche y conducir él de vuelta. Un detallazo. Además, se ha ofrecido a encargarse del enano la semana que sigue entera. Dicho y hecho, esta misma noche en la que llegamos a casa me encerré en la habitación, sola, dispuesta a dormir sin sobresalto alguno. Y de hecho así ha sucedido. Él se quedó fuera, encargado del tema.

Cuando me levanto, procedo al interrogatorio.

– ¿Qué tal la noche?
– Muy bien, del tirón.
– ¿¡¿¡CÓMO!?!?

No doy crédito. No se ha levantado ni una PUÑETERA sola vez. Y sentencia:

– Está claro que te tiene declarada la guerra.

¡Pero vamos! ¡Clarísimo!

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¿Te he hecho yo algo en otra vida, hijo mío, para que la juegues así?

Comida desordenada

Y lo que engulle en la cena hoy Don Bimbas es, por este orden:

1. Espaguetis.
2. Mandarina.
3. Croqueta.
4. Cereales de chocolate.
5. Queso de oveja.
6. Cereales de chocolate (again).

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Claro que yo, en un evento reciente, me puse morada de canapés de paté de caza, de chorizo, croquetas, gambas… hasta que sacaron pastelitos y comí tres tocinos de cielo y uno de coco… y seguí con mis hambres voraces y en cuanto engullí el coco me metí otras tres tostadas de paté y una cazuelita de paella, y después un trozo de tarta.

Lo mismo con la bebida. Empecé con una o dos cervezas, seguí con dos o tres copas de vino tinto, volví a la cerveza, a dos concretamente, luego pasamos a copas y me pedí… ¡¡Baileys!!, y después una Coca-Cola.

Lo que hace la lavadora de tu casa es un corroncho de la patata al lado de mi estómago, que realiza el verdadero centrifugado.

Y Don Bimbas también con esta facultad, oye.