Amor propio y ajeno

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Relacionarse es atar lazos. Poca explicación requiere esta palabra más allá de que es tan nuclear para la supervivencia del ser humano, como la comida, dormir o beber. Vivimos en relación con todo y resulta curioso cómo algo tan importante no es lo suficientemente bien enseñado, tratado y fomentado desde que somos pequeños. Saber relacionarse puede ser un arte, desde luego es una habilidad, y su incapacidad puede suponer una vida llena de sinsabores.

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El otro. El otro es el espejo en el que nos miramos, bien para que nos refleje lo que no nos gusta o para que nos devuelva nuestra mejor versión. El otro es un testigo de nuestra vida, un camino de aprendizaje y siempre es el escenario idóneo para el crecimiento personal.

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Los 5 mandamientos de la Ley del Otro con respecto al amor son:

1)   Si no te quieres, no esperes que te quieran, ya que de todas maneras no te lo vas a creer.

2)   Si tú no te quieres tampoco podrás querer al otro de manera genuina ya que querrás PARA QUE TE QUIERAN…y eso es necesidad de obtener disfrazada de falsa intención de dar.

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3)   Si no te quieres, ni importa lo que haga el otro para demostrarte su cariño. El vacío será inmenso y nunca se llenará.

4)   Si no te quieres, no puedes ser honesto con los demás al pedirles que hagan algo que tú mismo no eres capaz de hacer por ti.

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5)   Si no te quieres, la vida no puede ser un disfrute, porque falla la premisa principal; el que tiene que disfrutarla, siente que no se lo merece.

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En definitiva, recordemos siempre que no podemos dar lo que no tenemos. El amor con mayúsculas al prójimo y a la vida solo puede empezar con el amor propio, ese que deberíamos enseñar en las escuelas, los padres a los hijos, entre hermanos, los maestros del alma…la primera y única lección que necesitamos aprender en la vida es querernos sin exclusividad. De esa certeza brotará todo lo demás…


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