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Pioneras y referentes: las mujeres que hicieron historia en las comedias

En COSMO celebramos el mes de la mujer en marzo

15/03/2021
Día de la mujer

Desde que la ficción se coló en los salones de nuestras casas los personajes femeninos han ido haciéndose un hueco, lenta pero progresivamente, en las historias que narraba. Estos avances se produjeron por el empeño personal de mujeres dispuestas a enfrentarse a los prejuicios para ofrecer a la audiencia representaciones con las que sus iguales pudieran sentirse identificadas. Creadoras e intérpretes que, gracias a su esfuerzo delante y detrás de las cámaras, han conseguido hacer historia en un universo eminentemente masculino. 

Son muchas las mujeres que han puesto su granito de arena para que hoy en día la televisión pase por su momento más diverso y representativo. Y aunque queda mucho por hacer, desde que las series de televisión nacieron para entretener y divertir a la audiencia son varias las actrices, creadoras y productoras que llegaron tan lejos con sus carreras que ahora son un referente.


Hemos seleccionado siete sin las que no podemos comprender la televisión de hoy en día.

Lucille Ball, mordaz dentro y fuera de los escenarios


CBS estrenó en 1951 I Love Lucy protagonizada por la excorista y actriz de cine Lucille Ball, que vio en la televisión el lugar en el que seguir adelante con su carrera con un proyecto tan original como personal, en el que su marido interpretaba a su marido en la ficción. Para conseguirlo, ante las dudas iniciales de la cadena, ambos crearon una productora y se encargaron de filmar los episodios. 

El éxito de la serie, que durante las seis temporadas que se mantuvo en antena siempre estuvo entre las más vistas de la época, residía en la personalidad de su protagonista, que en cada episodio mostraba un gran empeño por labrarse su propia carrera profesional. Y aunque no lo consiguiese, y siempre regresase a su papel de ama de casa, fueron sus aspiraciones, combinadas con su innata capacidad para el humor físico, las que le permitieron ganarse el cariño de la audiencia e inspiraron a mujeres que soñaban con formar parte de la pequeña pantalla o, simplemente, querían ser algo más que “la esposa de”. 

Para asegurarse de que las tramas plasmaban las preocupaciones y las necesidades de su papel, Lucille Ball se saltó la regla vigente de contratar solo a guionistas varones, y durante toda la serie contó en su equipo con Madelyn Pugh. Pero esta no fue la única innovación que la actriz introdujo en la industria, ya que con la grabación de los episodios, algo que no se hacía entonces, pudo vender la serie a otras cadenas y ganar dinero con su reemisión. 


Mary Tyler Moore, la primera soltera feliz


En la década de los 70 la sitcom tradicional se encontraba en plena transformación, y el centro de atención eran los protagonistas. Personajes carismáticos que conectaban con el espectador, entre los cuales se encontraba Mary Tyler Moore con la serie que llevaba su nombre, La Chica de la Tele en España.. 

Conocida por su papel en The Dick Van Dyke Show, también creó junto a su marido su propia empresa MTM Enterprises para producir  esta ficción centrada en una mujer que, a diferencia de sus predecesoras, disfrutaba de su soltería, tenía una vida social interesante y diversa y trataba de abrirse camino profesional en el mundo de la televisión. A través de esta propuesta la serie, que en algunos momentos llegó a tener una tercera parte de su equipo de guionistas compuesto por mujeres, puso sobre la mesa temas inauditos como la igualdad salarial, el sexo prematrimonial o la infidelidad, pero sobre todo convirtió en protagonista a una mujer emancipada. 

En esta década también fue primordial Maude, la serie protagonizada por Bea Arthur y creada con Normal Lear, que se atrevió a llevar a la pantalla un tema tan polémico como el aborto, en un episodio que la propia cadena se negó a volver a emitir. Pero que logró el aplauso de la crítica y el público por plantear un tema que hasta entonces era tabú.

Roseanne Barr y Candice Bergen, mujeres de armas tomar


En 1988, con apenas un mes de diferencia, la pequeña pantalla estadounidense estrenó dos producciones que llevaban el nombre de sus protagonistas, contaban con mujeres en sus equipos creativos y llevaron a la pantalla propuestas pioneras para la época que escandalizaron y conquistaron por igual. Pero que, sobre todo, hicieron del concepto de familia algo más inclusivo y diverso. 

Matt Williams descubrió a Roseanne Barr en el programa de Johnny Carson y la convirtió en la mujer que dio nombre a su serie y en una estrella televisiva de alcance mundial. La culpa la tenía su trabajo como la mordaz  matriarca de los Conner, una familia trabajadora que tenía que enfrentarse a dificultades económicas a diario. La rutina propia de millones de familias norteamericanas que, por fin y de una forma auténtica, encontraron en la televisión un espejo en el que ver reflejados sus problemas. 

Tan sarcástica y deslenguada como Barr, aunque en un plano completamente diferente, era Murphy Brown, el personaje que interpretó Candice Bergen durante una década. Esta periodista que trataba de recuperarse de alcoholismo tenía más de 40 años cuando se coló en la parrilla de televisión para narrar su carrera profesional, muchas veces inspirada en noticias reales, y personal, sin pretendientes ni marido conocido. Y fue este último aspecto el que desencadenó una verdadera tormenta que incluso llegó la campaña presidencial de 1992, cuando el vicepresidente Dan Quayle expresó su desagrado porque Brown se hubiese convertido en una madre soltera. El arranque de una ardua polémica en la que la derecha conservadora y Hollywood se enfrentaron a niveles inauditos pero que, sobre todo, llevó a la ficción una realidad  que solo en 1990 vivieron un millón doscientas mil mujeres en Estados Unidos.

Sarah Jessica Parker, sin complejos


Una década después de la llegada de Roseanne y Murphy a la televisión HBO, que acababa de arrancar su proyecto de nuevas producciones propias, estrenó Sexo en Nueva York. Creada por Darren Starr a partir del libro homónimo escrito por Candace Bushnell en 1997 y sus columnas en el New York Observer, esta comedia ambientada en Nueva York tenía como guionista Michael Patrick King, que años atrás había escrito varios capítulos de Murphy Brown.

La ficción se mantuvo en antena seis temporadas y tres películas, y abordaba de forma explícita e inédita hasta el momento las preocupaciones, intereses y costumbres sexuales de un grupo de amigas. Es decir, no se conformaba con una mujer protagonista, Sarah Jessica Parker, sino que diversificaba su interés por la realidad femenina otorgando a sus amigas intereses profesionales, de relacones personales o de construcción de una familia, siempre desde el prisma de la mujer liberal e independiente.  

Carrie Bradshaw, el personaje de Sarah Jessica Parker, se convirtió en la representación de la mujer actual, una especie de Mary Tyler Moore moderna.
Aunque, en demasiadas ocasiones, su interés por la moda y el lujo sirvieron de excusa para que muchos desacreditasen la imagen que se trataba de proyectar sobre las mujeres, otras consiguieron identificarse con Carrie y sus amigas, porque incluso fuera de la pantalla servían para representar las críticas a las que debían hacer frente las mujeres en aquel momento. 

Lena Dunham, la voz de una generación


Catorce años después, y en la misma cadena, nació Girls de la mano de Lena Dunham, a la que muchos convirtieron en la voz de una generación. La propuesta era muy similar a su predecesora, cuatro amigas que vivían en Nueva York, pero se situaba en unas circunstancias generacionales muy distintas. Hannah Horvath, el personaje de Dunham, y sus amigas, eran cuatro chicas que se enfrentaban a ese momento vital en el que los estudios quedan atrás y comienza la vida laboral.

A diferencia de sus predecesoras, como fiel reflejo de su generación, Hannah no se conformaba con salir de casa para trabajar y ser independiente, también quería sentirse realizada. Y mientras lo intentaba, y fracasaba en sus intentos, y se frustraba por ello, los intereses sentimentales iban y venían al estilo de una época en la que ya no había que sentarse junto al teléfono fijo para esperar una llamada. 

La posición relativamente acomodada en la que vivían las protagonistas pudo dificultar la identificación de la audiencia, pero Girls supo reflejar con acierto los problemas de una generación de jóvenes mujeres que además de ejercer los derechos que habían conseguido las generaciones anteriores querían sentirse respetadas. 


Phoebe Waller-Bridge, la mujer que hace de todo


El último referente femenino de la comedia televisiva llegó en 2016, cuando una creadora británica se convirtió en el centro de atención y admiración gracias a Fleabag. La personalísima creación de Phoebe Waller-Bridge que en su primera temporada dio que hablar y en la segunda, sencillamente, conquistó el corazón de todo el mundo con una heroína imperfecta y luchadora.

Tras este rotundo éxito, Waller-Bridge se ha convertido en una de las creadoras más cotizadas del universo audiovisual actual tanto en el guion, encargándose de reescribir la nueva entrega de James Bond, como en la producción o la interpretación. Pequeños pasos para una mujer a la que le queda mucha carrera por delante, pero inspiradores avances para todas aquellas que vienen detrás tanto en la industria audiovisual como en otros ámbitos de la vida. 

Todavía tenemos mucho tiempo por delante para escoger a la referente de esta tercera década del siglo XXI. Y aunque no va a ser fácil, creo que serán muchas las que opten a este simbólico puesto, porque cada vez son más las mujeres que están dispuestas a luchar por defender el lugar que se merecen por derecho propio, inspiradas por sus predecesoras y con ganas de inspirar a quienes vienen detrás. Afortunadamente la lucha ahora no tiene que ser una aventura titánica y solitaria, y tal y como han demostrado movimientos como el #MeToo la industria también la forman todas esas mujeres que no están dispuestas a tolerar que no se las respete simplemente por serlo.
 

Aloña Fernández Larrechi
Fanática de las series de televisión, escribo en Fuera de Series, coordino la sección de televisión de Actúa, la revista de AISGE, y colaboro con Mujer Hoy. Autora de ‘Nueva York en Serie’.


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