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La Historia de la Revolución Sexual de la Mujer

Los avances que trae la liberación

03/03/2021
revolucion_sexual
Día de la mujer



La Historia de la humanidad está plagada de revoluciones. Revoluciones para acabar con sistemas arcaicos, revoluciones para buscar una independencia, revoluciones para saltar de una era a otra. Es posible que la revolución sexual de las mujeres se enmarque dentro de estas tres descripciones.

¿Pero qué es la revolución sexual además de una fantástica canción de La Casa Azul? Se trata del conjunto de cambios que llegó en la segunda mitad del siglo XX en el mundo occidental y que tenían como fin desafiar nuestra percepción del sexo, de su supuesta moralidad y el modo en que hacemos uso de el para relacionarnos con los demás. Estos cambios potenciaban además la lucha por la liberación de la mujer, el feminismo y la igualdad de sexos.


Pero antes, un poco de Historia


En siglos anteriores nuestra estricta moralidad solo nos permitía ver el sexo como un medio para reproducirnos dentro del marco del matrimonio. El peso de la religión en tiempos más oscuros nos impedía ver nuestras relaciones sexuales como algo de lo que disfrutar o celebrar.

En nuestra Historia encontramos periodos de tiempos donde esta moralidad se relajó un poco, pero siempre desde un punto de vista masculino. Épocas como la del Renacimiento, la Ilustración o la de los movimientos artísticos del finales del siglo XIX vieron como se normalizaba en cierta medida el contacto sexual más allá de la reproducción, pero como decimos estas primeras revoluciones sexuales venían dadas por la decisión de los hombres de sus épocas en la búsqueda de su propio placer. Hasta mediados del siglo XX, estas revoluciones no contaban con la participación voluntaria de la mujer más allá de verlas como objetos sexuales.

En la Europa del siglo XIX estábamos dominados por la llamada moral victoriana. En esta era no se usaba tanto la religión como excusa para rechazar una sexualidad abierta, sino la moral, el recato y la prudencia voluntaria como conjunto de normas racionales o etiquetas sociales donde todos conocíamos nuestro sitio y cumplíamos con lo que se esperaba de nosotros.



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La revolución sexual de finales del siglo XIX, una en la que únicamente participaban los hombres, se veía con malos ojos por el resto de la sociedad. Son los tiempos de los burdeles, el nacimiento del erotismo artístico y la pornografía o los teatros de variedades para adultos. Salvo raras excepciones las mujeres de esta revolución masculina eran las prostitutas, las bailarinas o las vedettes.


Llegados al siglo XX


El siglo XX ha sido testigo de muchos enfrentamientos. Entre ellos, el de dos moralidades opuestas que luchaban la una contra la otra. Por un lado, la antigua moralidad victoriana ayudada por el aún vigente peso de la religión en la que el sexo era practicado únicamente con fines reproductivos. Por otro lado, los inicios de la revolución sexual que con el paso de las décadas fueron ganando terreno hasta explotar en los años 60.



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Esta nueva moral fue propulsada por pensadores como Sigmund Freud, médico neurólogo austriaco y padre del psicoanálisis que en sus escritos dejaba claro como nuestras apetencias definen nuestra personalidad dándole especial importancia a nuestra búsqueda de placer sexual. Hasta Freud, los grandes pensadores de nuestra Historia dejaban al sexo fuera de la ecuación en su búsqueda de respuestas.

Pero la revolución sexual del siglo XX es causada principalmente por la consolidación de los movimientos feministas a lo largo de sus décadas. 


Las olas del feminismo


La primera de estas olas nace en el siglo XIX y llega hasta las primeras décadas del siglo XX. La lucha por la igualdad de género, el sufragio universal o la Declaración de los derechos de la Mujer por la dramaturga Olympe de Gouges inician el movimiento por la liberación de la mujer en la que se incluye su propia sexualidad.

El sexo era uno de los puntales de esta primera ola pero cobraría mucha más importancia en la segunda ola del feminismo, una que comenzó con el fin de la Segunda Guerra Mundial. Aquí se comenzó a revindicar la autonomía de la mujer sobre su sexualidad, el cambio de la noción tradicional de la mujer dedicada al matrimonio y al hogar, y la reforma de los derechos reproductivos de la mujer o derecho al aborto.


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Esta segunda ola se hizo imparable en los Estados Unidos por dos razones principales. La primera era la ausencia de figuras masculinas en los hogares debido a la participación del país en el conflicto de Vietnam, lo que ponía a las mujeres al frente de sus hogares y muchos de sus negocios. La segunda razón fue el nacimiento de la cultura hippie.


Paz, amor y sexo


La década de los 50, la última del llamado Sueño Americano, presentaba núcleos familiares en los que la mujer se esmeraba por ser la perfecta ama de casa siempre a la espera de un marido trabajador que llegaba al hogar para ser colmado de cuidados y caprichos.

Todo esto cambiaría en los 60. El desencanto con un sistema injusto se aceleró por el rechazo de la mayoría de la población del país de su participación en la guerra de Vietnam. Se intensifican movimientos como el Black Power, la lucha LGTB o el feminismo. La contracultura hippie es contestataria y tiene como objetivo conseguir una sociedad más igualitaria para todos sin usar la violencia.



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La sociedad está cambiando y el sexo deja de ser un tema tabú. Las nuevas artes encabezadas por el cine y la música pop hablan abiertamente sobre nuestra sexualidad dándole la importancia que merece. Las viejas artes también se renuevan siendo el ejemplo más claro de esto el libro El Segundo Sexo escrito por la ensayista feminista Simone de Beauvoir, un tratado sobre lo que significaba ser mujer a mediados del siglo pasado. Otra de las grandes propulsoras literarias de esta revolución sexual es la norteamericana Betty Friedan, que con escritos como La Mistica de la Feminidad ponen sobre la mesa temas como la identidad de la mujer en décadas pasadas y su relación abusiva con una sociedad que la tenía enclaustrada en un rol secundario.

Friedman fue además cofundadora y presidenta de la recién inaugurada Organización Nacional de Mujeres (NOW por sus siglas en inglés), una de las fuerzas feministas más importantes de EEUU hasta el día de hoy.


La revolución sexual


El aborto, las relaciones interraciales, el sexo fuera del matrimonio, el cine erótico y pornográfico, las fiestas sexuales, la planificación familiar y, sobre todo, el fácil acceso a diferentes métodos anticonceptivos acaban por meternos de lleno en la revolución sexual. Una que, ahora sí, tiene a las mujeres al frente. Los hombres podían haber tenido las suyas en el pasado y por supuesto que estaban invitados a esta, pero solo con la liberación de la mujer pudo llegar un verdadero cambio en nuestra sociedad.

La moda también cambia y ofrece más piel al sol. En los kioskos, la revista Cosmopolitan anteriormente dedicada a toda la familia, pasa a enfocarse en un público femenino y dedica muchos de sus artículos a la liberación sexual de la mujer. Helen Gurley Brown, la redactora jefe que propulsó el cambio de Cosmo escribe Sex and the single girl en 1961 abriendo todavía más las puertas a la normalización de nuestras relaciones sexuales fuera del marco del matrimonio.




Se comienza a hablar abiertamente de nuestro deseo y necesidad sexual, ideas que se ponen en práctica. Hasta el momento solo los hombres podían hacerlo de esta manera.

Por primera vez en nuestra historia las mujeres deciden voluntaria y abiertamente convertirse en madres solteras mientras se abren camino en sus carreras profesionales gracias a una autonomía que deja de estar mal vista. Este estilo de vida es reforzado aún más por la aparición de técnicas de reproducción in vitro en los inicios de los años 80.

La segunda ola del feminismo ayuda a propulsar la tercera, a principios de la década de los 90, poniendo nuevos temas en la mesa como el ecofeminismo, el feminismo lésbico y el transfeminismo. La mujer comienza a tomar cartas en temas que pese a ser derivados de su propia revolución sexual aún eran controlados por los hombres, como la prostitución o la pornografía.

La historia de la revolución sexual de la mujer continua avanzando en el presente, impulsada ahora por una cuarta ola del feminismo nacida la pasada década y que pretende derribar los resquicios de una sociedad machista luchando contra lacras como son el acoso sexual o la violencia a las mujeres.

No importa de qué generación seas. Todas y todos somos protagonistas de la revolución sexual.


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