Relato erótico festivo de un fan

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

Alguien quiere contaros algo, y no soy yo. Esta es el relato erótico festivo de un encuentro sexual que tuve con uno de mis múltiples fans. Yo qué culpa tengo si ellos me tienen en taaaan buena estima. Allá va y agarraros uerte amigas que vienen curvas. El que avisa no es traidor, no lo es.

Una espectacular tarde de verano y yo metido en mi habitación, tirado sobre una cama de 1’35 con el portátil sobre mis piernas; y calor, mucho calor. Es una faena tener 32 años, vivir al lado de la playa y que a tus amigos no les guste la arena. O el agua o…yo qué sé qué no les gusta. En fin, que les den.

fuck

Sólo sé que estaba muy aburrido, así que decidí conectarme a una de esas páginas que tan de moda están ahora para ligar. Un rollo, siempre las mismas caras, los mismos perfiles…pero había alguien a quien no había visto nunca. Se llamaba Pepita. Me pareció bastante atractiva, lástima que se acababa de desconectar. Leí su perfil y decidí entrar en un link hacia su blog personal. El blog de Pepita La Nuit. Comencé a leerlo, historia tras historia. Me pareció que la chica escribía bien. Tenía estilo, buen gusto y las historias eran tan entretenidas como morbosas.

Me sentí identificado con su descripción. Una niña buena toda la vida…pero algo dentro de ella le decía que quería ser mala.

Bueno, tal vez no lo quisiera, pero es lo que era. No mala en sentido cruel, pero sí en modo «si me apetece zorreo y no pasa nada porque más bien me viene importando bastante poco lo que pienses«.  Me atrajo esa valentía de escribir así, publicar su nombre y su foto de manera que cualquiera pudiera reconocerla. «Ole tus huevos, Pepita».

A lo largo de los siguientes días seguí entrando en la página donde la había encontrado, siempre con mala fortuna. No se volvió a conectar. Y no lo hizo en muchos meses. Solía seguir sus nuevos posts, y Pepita pasó a formar, en cierto modo, parte de mi vida. Tenía curiosidad por saber qué nuevas experiencias habría vivido. Y con cada lectura, me gustaba ver su evolución. Evolución como escritora, evolución como persona.

Un día, varios meses después, el bar en el que trabajo iba a dar una fiesta especial. Era el vigésimo aniversario, se había reformado y yo era el encargado de invitar a la gente, medios de comunicación e incluso bloggers. ¿Y quién vino a mi cabeza?… Bingo. Me puse en contacto con ella mediante Facebook. Me presenté como admirador suyo, le expliqué el motivo de mi mensaje y esperé. Esperé varios días. Pasó la inauguración y seguí esperando…cuando de repente…»Hola Sergio, disculpa el retraso. No he podido conectarme en varios días…». No os voy a escribir el mensaje entero, pero allí estaba la respuesta. ¡Pepita La Nuit se ponía en contacto conmigo! Me hizo muchísima ilusión y he de reconocer, que me daba cierto morbo hablar con ella.

No pudo acudir a esa inauguración pero seguimos en contacto mediante mensajes esporádicos aunque cada vez más frecuentes. Tanto que terminamos dándonos el móvil. Pepita me sorprendió. Por una parte era la misma chica de las historias. Mucha personalidad, las cosas claras, directa y nunca evitaba ningún tema de conversación…pero por otra parte era una chica normal. Y cuando digo normal, me refiero al sentido más bonito de la palabra. Era una chica divertida, con sus inquietudes, sus historias cotidianas…fue genial ir conociéndola. Me estaba convirtiendo en un fan en toda regla,

El Whatsapp dio paso al teléfono y durante varias semanas mantuvimos largas conversaciones contándonos nuestras vidas y arreglando el mundo. Como enamorada de Bilbao que es, me dijo que solía venir a menudo y ojalá nos conociéramos la siguiente vez. Yo lo estaba deseando.

Y ese día llegó. No os voy a entretener contando si estaba o no nervioso antes de verla. Sólo os puedo decir, que a las nueve y media de la noche…ella apareció. Botines marrones, faldita ligera blanca, camiseta a rayas y chaqueta vaquera. Morena, ojos brillantes y pelo suave y suelto ondeando según se acercaba. Y esa sonrisa inconfundible que sólo Pepita La Nuit tiene.

Estuvimos hablando, bebiendo kalimotxos, riendo…era una tía muy divertida. Me encantan las mujeres divertidas.

Y varios tragos después, sin darnos cuenta estábamos dando un paseo por el paseo marítimo mientras hablábamos de sus historias.

– Venga, vamos a dar una vuelta en barco – le dije mientras le agarraba de la mano llevándole hacia una barquita que había amarrada en el puerto

– ¡Estás loco! ¡Como nos caigamos!

– Anda, anda. ¿Ahora te va a dar miedo montarte en un barquito? (jajaja, yo me río por no llorar)

Y como buena vasca de adopción…se montó. Todo occurió todo muy rápido, no podría contaros bien el orden, ni quién empezó primero. Sólo sé que a los pocos segundos estábamos comiéndonos la boca como locos. Ahí en esa barca, en la zona oscura del muelle donde nadie pasaba, pero que si alguien de lejos miraba con atención, podría vernos con bastante claridad.

Los besos dieron paso a las manos curiosas. ¡Cuánto me alegro de que se pusiera esa falda aquel día! Os aseguro que sólo de recordar el tacto de las yemas de mis dedos en su piel, vuelvo a ponerme malo. Aunque mientras escribo esto, mis dedos no se humedecen como entonces.

No sabría decir cuánto tiempo estuvimos en esa barca. Creo que fueron casi dos horas de un placer exagerado y juegos salvajes. Pepita tenía un cuerpo de escándalo, pero lo mejor de todo era cómo follaba. Adaptándose a cualquier postura y siempre con pasión y seguridad. Incluso nos hablábamos y reíamos mientras entraba y salía de ella. ¡Sobre todo cuando me pidió que la pusiera mirando a popa! Fue una noche genial.

Por supuesto, no terminamos ahí. El cansancio nos llevó a mi casa donde nos quedamos dormidos dos polvos después. Esta vez más cómodos, más abrigados, más abrazados…como muestra ese after-sex selfie que espero algún día poder repetir… (según te portes querido).

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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