He roto con Tinder

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

Llevo meses detrás de una misteriosa canción que me hizo delirar en una noche de bodas. Ahora que me he topado con ella de nuevo he descubierto que ese soberbio temazo lleva mi nombre como título.

En fin…

Romper. ¡Qué tragedia! Y es que todo en esta infame y bella tragicomedia que supone la vida, empieza y termina. Todo. Desde la juventud hasta la agonía. Las fiestas, los dolores de cabeza, los besos más largos y bonitos del mundo, los mejores años de nuestra vida, el calvario de un ser querido. Los cerezos en flor, las putas rebajas del Primark, la (dulce ) Navidad. El verano. La vida.  Follar como leones, ir de flor de flor. Llorar a destiempo por quien no lo merece. La amistad. La fé en la humanidad. Las partidas de póquer. Y también el amor. Y las aplicaciones para encontrar el amor para toda la vida o simplemente el de una noche.

Y para mí Tinder se ha acabado.

He de confesaros que gracias al digital y pizpireto Tinder he podido contaros al menos una treintena de historias, pero ya no me llena como antes. Tinder ya no es lo que era. Ni yo soy la que era. Sólo puedo deciros que se nos acabó el amor ¿de tanto usarlo? ¿de no encontrar más que morralla y saldos para un simple polvo utilitario? ¿de tremenda decepción?

Hubo un tiempo que Tinder hizo de mi la mía una vida más interesante, una magnífica baraja de hombres a mi disposición. De todos los tamaños y de todos los colores y grosores. Modernos, pijos, surfers, adictos a la montaña y a la adrenalina, melómanos, viajeros médicos, artistas y funambulistas. El mundo a mis pies. ¡Que te pire! ¡Pero qué bueno estás ¡Match! ¡Bendito match! Y empezamos a hablar. Dale que te pego toma que te doy al chat. ¿Quedamos? Vale, y si nos gustamos nos besamos o follamos. Y luego ya vemos.

No nos engañemos. Los que estamos, estábamos en Tinder, vamos a lo que vamos, íbamos a lo que íbamos. A meterla en caliente o a que nos la metan. Esto no es un club de lectura para comentar libros ni nos reunimos con un@ desconocid@ para hacer punto de cruz o tejer la tarde dedicándola a la papiroflexia conjunta. No. Aquí hemos venido a follar. A hablar de nuestro libro, a vender la mejor versión de nosotros mismos y si hay feeling, suerte, los planetas se alinean y no nos huele la boca a cebolla, y la cosa es recíproca, mojar.

Pero hasta aquí hemos llegado. Analizo mi personal balanza tinderiana y puedo decir que si tuviera que definirla con una palabra sería ni fu ni fa. Sin duda alguna me quedo con el hombre pájaro, aquel australiano de alma libre que conocí en el Puerto Viejo. Y con ese ilusionista de mágicas manos que me curó de muchas heridas. Por lo demás, y si la memoria no me falla, todo morralla. Chicos que vinieron y se fueron. Con alguno mantengo el contacto pero la clave de todo es que ninguno me aporta ni me suma a fecha de hoy. Así que he decidio dar carpetazo a mis coqueteos tinderianos. Me he dado de baja y voy a empezar de cero. La vida sigue. Con o sin Tinder.

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

Sígueme en:

Twitter https://twitter.com/PepitaLaNuit

Instagram https://instagram.com/pepitalanuit

Contáctame en escribenos@cosmopolitan.es