¿Una sex blogger nace o se hace?

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

Leo a muchas blogueras de sexo cada día y siempre me detengo y me pregunto lo mismo. ¿Una sex blogger nace o se hace? A ellas no las conozco, así que pienso en mí y llego a la conclusión de que definitivamente, una sex blogger se hace. Para variar, he de confesaros algo.

Jamás me gustó mi nombre, siempre me he preguntado en qué santo estaría pensando mi madre el día que me vio la cara y decidió bautizarme como Josefa. Así es como me llamo realmente. Entenderéis que me lo cambiara en cuanto tuve uso de razón por algo más digerible como Pepita. Pero Pepita siempre fue motivo de burla. No tenía escapatoria. Para más INRI, en mis tiempos de colegiala era muy freaky. Por entonces no se llevaban los estilismos modernos que sientan tan bien y que ahora llevan todas las niñas y mi madre se emperraba en disfrazarnos (a mi y a mis hermanas) aun más todavía). El resultado eran outfits para echarse a llorar. Tampoco me ayudó mucho el hecho de ser cejijunta, llevar zapatos ortopédicos y aparato de paladar que me hacía cecear ¡Cómo os quedáis?

De niña y adolescente quería ser casta y beata. Creía en el amor para toda la vida y en la importancia de llegar virgen al matrimonio. Creía que mi príncipe azul apareciera a lomos de un corcel blanco y puro como yo y me daría mi primer beso de amor. Creía que el que sería mi esposo, en una rocambolesca performance, me pediría matrimonio. Que hincaba rodilla y me mostraba pedrusco. Yo, emocionada y sin poder caber en mi de gozo, le decía que SÍ. El día de la boda me imaginaba vestida de blanco con un precioso vestido como el de Lady Di. Y por fin, la noche de bodas, no antes, haríamos el amor y mi príncipe y esposo a la vez desvirgaría mi flor. De esa noche de amor y pasión nacerían mis tropecientos hijos que mantendríamos (no sé cómo, por entonces no sabía que la vida era un poco puta y había que ganarse las habichuelas) y seríamos felices. ¡Menudo peliculón me monté en la cabeza! Como la mayoría de vosotr@s.

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Nací en el seno de una familia católica, cristiana, apostólica y romana. No adjunto más adjetivos porque no he encontrado más en el diccionario. Me bautizaron, tomé la comunión, me enrolé después en eso que se llama la post-comunión, para pasar a la confirmación e incluso formé parte de unas comunidades neocatecumenales. Creía que masturbarse era pecado, que echar un polvo en un coche era cosa de fulanas. Creía que no era de buena chica ligar con los chicos de la urbanización. Creía que todo lo que me daba placer y gustirrinín era un sacrilegio. Eso me decían los catequistas. Pero un buen día me harté. Me di cuenta de que todo en lo que creía había dejado de tener sentido. Algo en mí había cambiado. Quizás algo tuvo que ver la pérdida de la inocencia, pero sobre todo la primera vez que probé el sexo. Esa primera vez y las que llegaron después me descubrieron un mundo maravilloso y excitante del que ya no podría alejarme. Decidí colgar mis hábitos y pasarme al lado salvaje.

Ahora llevo tacones, siempre llevo gloss y cuando nadie me ve, me gusta posar con la ropa interior a media pierna. Quién me ha visto y quién me ve. De sectaria beata a bloguera de sexo. Mi mente, mi espíritu, este cuerpo serrano que Dios me ha dado para que lo disfrute y yo misma, nos lo pasamos teta descubriendo juegos sexuales y escribiendo sobre el fascinante mundo del sexo. Yo creo que he ganado con el cambio. ¿Y vostr@s?

Ahora me gusta mucho más en lo que creo. Y lo que hago.

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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