Tod@s somos unas putas

¡Hola Mis Chicas Molon@s!

¿Sabes por qué a las mujeres blancas les gustan tanto los hombre negros?

No soy lela, pero me he hecho la loca y he negado con la cabeza mientras me acordaba de la polla del negro de whatsapp.

-Pues porque tienen la polla enorme, por qué va a a ser. ¿Alguna vez te has acostado con un negro? me espeta desprovista de pelos en la lengua.

-Sí, dos veces.

-¿Y? ¿Crees que tengo razón?- siempre me consulta si comparto su opinión

Solo he podido devolverle la sonrisa que estaba esperando.

-Jajaja todas somos unas putas.

putas

Son retales de mi conversación con Etta, una inquietante mujer de 95 tacos. Es una de las abuelitas (más negra que el betún) que visito cada dos semanas. Hoy hemos parloteado durante más de tres horas y he de deciros con el corazón en la mano que la charla que mantuve con el último tío que me flipaba (no digo que me molara o gustara, sino que me flipaba) no le llega ni a la suela de los zapatos a la que he mantenido con esta nonagenaria formidable.

Etta debió ser una mujer atractiva, se casó tres veces, la última de ellas sin haberse divorciado del segundo. No he logrado conseguir que me explicara esto último, sólo me repetía Lo que le pasa a la gente pobre no le interesa a nadie.

La deliciosa Etta es curiosa, inteligente, rápida (las pilla al vuelo). Por lo que me cuenta ha sido aventurera para sus tiempos, pero lo más encantador es que afirma rotundamente y sin vergüenza que las mujeres somos todas unas putas. Lo decía con cariño, no os ofendáis. Escucha, me decía, cuando mi marido me pedía una mamada, yo le decía que si, pero que me diera dinero que tenia que ir a la pelu. Un poco puta sí que es, pero la queremos igual.

Etta fliparía hoy en día si saliera al mundo real, porque las mujeres nos hemos ilberado sexualemente y económicamente (y todas esas cosas que se han ganado a pulso nuestras antecesoras libertarias y guerreras) y comemos pollas gratis, porque no necesitamos a ningún hombre que nos pague las sesiones de belleza en la peluquería. Ahora practicamos mamadas así sin más, en plan solidario, por hacerle un favor al otro, pero sobre todo porque nos da un gusto que no veas. De todas formas, sí estoy de acuerdo con ella. Somos unas putas. Vosotros los chicos también, no os vayáis a pensar que no lo sois.

¿Quién en este mundo no se vende por dinero? Todos nos vendemos por dinero, aquí no se salva ni el tato. Todos vendemos nuestro tiempo a cambio de billetes con caras de gente muerta. Los artistas al estar encima de un escenario, los médicos salvando vidas, los comerciales intentando colarle a alguien el último grito en taladradoras eléctricas, hasta el mendigo que pasa las horas muertas a cambio de unas cochinas monedas. Una putada, tenemos que ganarnos el pan.No me culpéis mí, que la culpa la tienen los cabrones de Eva y Adán que se pasaron de listos y tuvieron que comerse la puñetera manzana. Pero eso son otros cuentos.

Como hay que trabajar para vivir (salvo que vivas de rentas) deberíamos vendernos por algo que nos apasionara, algo que nos saliera del corazón, algo que no nos hiciera sentir que estamos perdiendo el tiempo de mala manera. Y la vida. Algo que haríamos si el dinero no tuviera importancia, vaya. ¿Tú qué harías?

Etta casi no ve, únicamente advierte formas, dibuja perfiles, adivina sombras. A pesar de su ceguera, le brillaban los ojos mientras me decía – lo que me contaba sonaba a consejo que se da cuando no se ha pedido pero se siente una impetuosa necesidad de compartir- que en el cielo hay estrellas inalcanzables que sorprendentemente podemos alcanzar. Todo depende de cuánto y por cuánto tiempo estrechemos nuestras manos.

Ahí me ha dejado helada, casi me pongo a llorar. Tiene 95 años pero me aseguraba con honestidad brutal que su espíritu sigue siendo joven. Aunque no en su ajada piel o en sus carnes flácidas, sí pude advertir en su voz el eco de su juventud. Le combió el gesto poco después cuando me dijo Pero claro, sin poder andar, casi sin ver dónde mejor que en la cama voy a estar yo. Repasamos los años que ha vivido (debe de ser duro darte cuenta de que tienes más pasado que futuro) y me reconoció que eligió mal a los hombres de su vida, con los que decidió casarse. Me ruega que no lo haga, que tenga paciencia, que los diamantes siempre se encuentran más tarde que pronto.

-¿Te gustan los diamantes? me interroga.

-¿A quién no? Aunque tampoco me matan.

Bien, pues los diamantes no se encuentran así como así. No vas por la calle y zas, ¡vaya un diamante! Los diamantes son gemas preciosas y extraordinarios, cuesta sudor y lágrimas encontrarlos. Otros son diamantes extraordinariamente poco comunes, formados a casi 700 kilómetros de profundidad, en lugar de a unos 200 kilómetros, como la mayoría de los diamantes. Así que calma. No tengas prisa.

Me insiste de nuevo que espere (wait wait wait me dice), que los brillantes vienen de las profundidades de la tierra.

Ya nos conocemos y le he contado algunas cosas sobre mí. Le he dicho que la gente que me conoce (no los amigos de verdad) piensan que estoy loca. Le he contado los motivos por los que la gente, la gente así en general, cree que estoy zumbada -nada de otro mundo- y me ha dicho que no haga cosa, que no estoy loca, que los locos son ellos. Y he recordado esta canción que tiene toda la puta razón. Y le he puesto el temazo. ¡Fiestón en la resi!!

No we’re never gonna survive, unless…
we are a little…
Cray…cray…cray…

Etta me ha confesado mientras la tristeza invadía su mirada glaciar que su hija no es buena con ella, que la ha apartado de su vida, que ni siquiera sabe dónde vive.

-¿El día de la madre? Ni una llamada. ¿En Navidades? Ni una llamada. ¿El día de Acción de Gracias (que para nosotros es una mamarrachada, pero para los yanquis tiene tela de importancia)?, ¿Adivinad? Nada. Obra escrita por Carmen Laforet, por cierto. Lo único que hay de su hija es un miserable cartel que reza con garrafales faltas de ortografía y una terrible caligrafía:

No le deis a mi madre más de una coca cola al día. Que beba agua.

Firmado: Su hija  (tal  cual, ni nombre ni nada)

Y un teléfono

¿Sabéis lo que le llevo cada vez que voy a verla? Coca Cola. Dos. Ojalá pudiera llevarle al del anuncio de Coca Cola para que le diera un buen susto. De los buenos.

cocacola

¿Cómo te atreves ingrata? Y vosotros, no seáis cabrones y no abandonéis a vuestros mayores en una cama añeja y hasta la vista. A punto he estado de llamar a este teléfono y mandarla al carajo. Su madre me ha dicho que no lo hiciera, que no serviría de nada.

Me ha confesado, pidiéndome que quedara en petit comité (yo estoy en Chicago y vosotros en España, así que no cuenta), que hace un par de meses un paciente que le hacía tillín de la residencia entró un día al car el sol en su habitación y se la folló. ¡Poca broma, que la abuela folla más que yo! Y que alguno de vosotr@s fijo que también! Ella lo deseaba tanto como él eh, no vayáis a pensar mal. Después de su relato, no sé si llamarlo erótico o dejarlo en relato a secas, le he preguntado que si el cuerpo de vez en cuando le pedía salsa. Vamos, que si la picaba el chichi. ¿Y sabéis que me ha soltado sin ápice de culpabilidad, sin sonrojarse y con la inocencia de una encantadora jovencita?

-Ohh yeahh, I always want a DING DONG.

Qué mujer, todo el día con el ding dong en la boca. A la próxima le pongo este temazo que le va a flipar.

De vez en cuando se le va la olla y se le olvidan las cosas. Normail, pobreta meua. Le he dicho chiquicientas veces que de uvas a peras (para no alarmar demasiado) escribo sobre sexo, y cada vez que lo recuerda, la tía se descojona viva. Hoy me he permitido el lujo, y la confianza, de ir un paso más allá. Le he dicho que al igual que ella piensa que hay un diamante esperándome en algún lugar (espero no tener que estar bajo tierra cuando lo descubra), yo tengo otro diamante para ella. No es un diamante cualquiera, es un vibrador y se llama Twenty One. Me lo han regalado mis amigos de BIijoux Indiscrets. Me ha dicho que se lo lleve. No dudéis adoradas amig@s que la próxima vez que vaya a verla le haré entrega de su particular ding dong. Espero que no se corra la voz en la resi. O sí, qué coño.

final

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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