Tindereando locamente

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

Esta semana estoy tindereando locamente, pero locamente. Resulta que en breve me las piro a la terreta. He decidido- invadida por una repentina sensación de madurez impuesta por no sé quien- probar a vivir en la tierra que me vio nacer y alejarme de Bilbao para siempre. Tampoco hay que dramatizar, pero echar raíces en Valencia.

La verdad es que ni yo lo tengo claro. Ni yo me lo creo y empiezo esta etapa con muy poca ilusión. Por eso creo que mi subconsciente se está revelando y me está mandando potentes señales de Quédate.

Llevaba con el Tinder desinstalado más años que Matusalén y en un ataque pasional de los míos me lo he vuelto a instalar. Quizás me quede si encuentro a alguien que valga la pena. Pues a lo tonto a lo tonto en una semana he quedado con cuatro chicos. Primero mal, segundo rematadamente mal y tercero ni fu ni fa. En un principio quería enfocar el post en cómo no hay que presentarse de ninguna de las maneras en Tinder. Cuáles son esas fotos que bajo ningún concepto debéis poner. Cuáles son las peores actitudes a tener en una primera quedada. Pero eso era antes. Antes del cuarto, antes del hombre pájaro.

El hombre pájaro no es de aquí, si no me habría tocado la lotería.  Le di a like porque me fliparon sus fotos. Más tarde, tras el match me di cuenta de que era australiano, de viaje en furgo por Europa en busca de alguien que le enseñara los rincones mágicos del País Vasco.

Hay que joderse, australiano. Con lo mal que me caen. Pero ya no deseo que esa isla se hunda, ya no. Da igual cómo se llame el australiano. Además de follarme como un auténtico empotrador, hace todo esto.

Al parecer a este muchacho le va cualquier deporte en el que matarse sea una opción pensé. Eso es amar la vida, vivir al límite, como si nunca fueras a morir o como si mañana fuera el último día. Antes de quedar con él, apenas unas fotos y unas líneas de conversación, sabía lo que iba a pasar. Sabía que yo iba a gustarle, y él a mí también. Lo tenía clarinete, y así ha ocurrido. Así que para no repetirme os lo voy a relatar directamente.

Quedamos en el Puerto Viejo (un rincón precioso de la costa vizcaína). Fui hasta su furgo y estuvimos tomando una cerveza. Había feeling. Su sonrisa de desarmó, sus ojos me hipnotizaron y sólo quería saber más y más. Le dije que iríamos de pintxo pote y le pareció genial. Le di de probar mi kalimotxo y le gustó. Me encantó verle disfrutar de la comida de aquí, se lo estaba pasando como un enano, chupándose los dedos y no dejándose nada en el plato.

Hablamos de los viajes, de Australia, de lo bonito que es Europa y nos contamos nuestras vidas en un tiempo récord. Debatimos hasta qué punto él y yo abandonaríamos nuestra forma de vida por alguien. Yo dije que ni de coña. Él me dijo que sólo por un hijo. Me gustó la respuesta.

Hasta que llegó el momento de irse a lolos. Me había prometido hacerme la durita pero el plan de dormir en la furgoneta con el hombre pájaro, descubrir sus tatuajes más ocultos, perderme en sus ojos y despertar al día siguiente frente al mar era demasiado tentador.

La primera vez que follamos lo hicimos con esta canción.

La segunda fue sin música y lo sentí tanto que el polvo me estaba doliendo. Reíros si queréis, seguramente yo también lo haría si una zumbada me contara esta historia.

-Sí bonita me decía cada dos por tres.

Esta mañana hemos desayunado y nos hemos despedido hasta la tarde. Yo he venido corriendo como una loca a escribiros a casa mientras él pilla unas olas en la playa La Salvaje, una preciosa playa nudista de Bizkaia. Tenéis que venir a probar el agua. Está fresca de cojones, pero te deja como nueva.

He de confesaros que el hombre pájaro me tiene loca. Sí, sé que ni siquiera he estado con él ni 24 horas. Para mí eso es una putada, más que nada porque de sobra sé que este tipo es de los que deja huella. No es de los chicos más inteligentes con los que he estado, ni el más divertido, ni el más educado, ni el más bueno, ni el dueño  de la polla más grande, aunque va bastante bien servido. Lo que tiene, que no tiene ninguno de los hombres con los que me he cruzado es un alma libre.

Entendéis, L-I-B-R-E.

La libertad ajena es muy difícil de gestionar porque las almas libres difícilmente se quedan siempre en el mimo sitio y junto a la misma persona. Admiro la fuerza y la belleza de la libertad y en contadas ocasiones la he visto en la gente. Y cuando la veo, como la he visto en el hombre pájaro, me arrolla irremediablemente. Me eleva, me da la vuelta, me arrastra, me libera.

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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