Sin smint no hay beso y sin un buen beso no hay meneo

¡Hola Mis Chicas Molonas!

A mí si no me besas guay del Paraguay, no me follarás never in the life. Como que me llamo Pepita.

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Dejadme que os relate el más nefasto de los besos con los que me ha castigado el género masculino. Creo que yo rondaba los 25 años, juventud divino tesoro, y una amiga sevillana me invitó a una fiesta en su cortijo. Vamos, una fiesta de alto copete. Yo iba vestida divina de la muerte, para em-po-trar-me li-te-ra-men-te. Era veranito y hacía un considerable caloret, así que me marqué unos shorts blancos, que sorprendentemente todavía me caben, una camisa de raso plateada sin mangas y lazo al cuello, y zapatos rojos de aguja chúpame la punta y luego todo lo demás. En ese cortijo, en medio de hectáreas y hectáreas de campo y follaje, todo muy a lo Falcon Crest, fiché a un tipo. Tenía un planta magnífica, apuntaba maneras y estaba bastante bueno. Pero que muy bueno. Se llamaba Francisco, Fran para los amigos.

Nos presentamos, nos miramos y nos calentamos paquete y chochete. Charlamos mientras nos insinuábamos elegantemente. Después de bailar un tema flamenco que me puso el cuerpo on fire, me penetró con su mirada. Tan mono, tan educado él, todo un Cayetanito. Con su pelo repeinado, sus pantalones finos, sus mocasines, su camisa arremangada. No me van los pijos, pero esa noche el caloret faller se apodero de mi Sur y me entregué sin remilgos a la causa de aquel pijazo andaluz por el que me sudaba todo, hasta el chichi.

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Ole el Betis le decía yo convencidísima (siendo yo del Athletic a muerte, qué cosas hace una con tal de echar un polvo). Qué majo er Paco, qué arte, qué acento andaluz, qué tacto con todo lo que decía, qué maneras las de este sevillano de alta alcurnia.

-Loquita me tienes hijo, loquitaaaa.

-Mi arma que te voy a llevar aquí, mi arma te traigo una copita, mi arma que ojo que tiene mi arma por Dió. Y yo que todo eran risas, jajaja, jijiji, jujuju.

-Ay, pero qué cosas me dices Paco. Me sentía como una princesa en un comedia romanticona de Hollywood. Como la guarrilla de Kat con el buenorro de Dermot en El día de la boda.

Que si una copichuela, que si un finito por aquí y un rebujito por allá. Y así con la tontería acabamos como las Grecas nosotras. Ellos como los Chichos. Como os he dicho, todo era de alto copete, y la anfitriona puso a nuestra disposición un autobús para dejarnos a cada uno en su casa y a Dios en la de todos. Obviamente, nos sentamos together y ya en ese tracatra del buseto comenzamos a magrearnos, pero muy sutilmente. Insisto. La fiesta era muy fina y elegante como para darse el lote como si fuéramos dos mindundis cualquiera. El bus hizo varias paradas hasta que llegó la ultima, al ladito de la Torre del Oro, que por cierto es una maravilla.

Más contentos que unas pascuas nos fuimos los dos cogiditos de la mano hasta su morada, donde tenía planeado comportarme como una guarrilla. Yo estaba a la espera del ansiado beso, de ese instante íntimo que significaría la unión con aquel sevillano que ya sentía cercano y cuya cara (y polla) quería ver muy pronto en mi entrepierna hasta que…¿WTF está pasando? ¿Qué coño está haciendo con la boca el Paco de los cojones? ¡Frena Paquito que me estás asfixiando por Diossss! En vez de besarme parece que quería absorberme o comerme toda la boca, li-te-ral-men-te. Paco, si tienes hambre cñomprate un bocata, pero déjame vivir.

Os juro que me estaba ahogando, no me dejaba respirar el muy baboso. Yo disimulaba estirando cuello y gimiendo para ver si pasaba ya a otra cosa o cambiaba de táctica. Pero no, erre que con aspirarme la boca y succionarme toda mi vida interior en plan dementor. Aquel terrible morreo fue como si nuestras bocas colisionaran en un intento suyo entre la absorción y el canibalismo. Caso práctico: Aragorn y Arwen en El retorno del rey

Pero qué mal besaba Paco, cómo es posible con lo bueno que está, lo majo que es y lo bien que nos estábamos entendiendo. Casi me da por llorar, estaba yo muy sensible, pero pensé que era cuestión de adaptarse poquito a poco. Que nadie nace enseñado y cada uno besa a su estilo. Pues no hubo manera, por más que le dijera suave, suave por favor, con calma, él ni puto caso. Pero no queda aquí la cosa, porque a punto de morir asfixiada, después de sus morreos caníbales, no se le ocurrió otra cosa al muchacho que ponerse a pasar la lengua, y varias veces, por las encías de arriba y las de abajo.

– Arggg, puaggg. 

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Pero Picha, ¿Qué esta pasando? ¿Por qué este chico me está babeando toda la boca, y la cara, y la oreja, que parece que me esté morreando con un San Bernardo? ¿Acaso era todo ese baboso besuqueo necesario? ¿No había tenido ya bastante? Qué necesidad, qué manía con pasarme la lengua por toda la boca, ni que fuera yo un sobre de chupar. Quita, quita. Entonces pensé que si me estaba besando como un perro baboso, imagínate las barbaridades que podría llegar a hacerme mientras me follaba. Al final no tuve otra alternativa que darle calabazas. Con sutileza, pero calabazas.

El beso se me estaba haciendo más largo que un día sin pan y después de rogarle varias veces que dejara de besarme, que me encontraba fatal y que me estaba mareando, unilateralmente decidí abortar la misión folladora.

Se ve que la cosa le pilló un poco por sorpresa, el chico ya estaba preparado y erecto para una penetración inminente, pero aquello hubiera sido una tortura insufrible y absolutamente innecesaria. Me disculpé alegando la típica excusa de la angustia y el dolor de cabeza. No mentí del todo, porque realmente aquella relamida constante, como si fuera yo una piruleta, me estaba poniendo de los nervios. Qué asco por Dios. Le dije que nos fuéramos a dormir y que ya follaríamos mañana. Mentí. Como una bellaca.

P.D.: Las apariencias pueden ser terriblemente engañosas. Antes de montarte pajaritos en el aire, bésale y a ver cómo se las apaña. Sin smint no hay beso y sin un buen beso no hay meneo.

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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