Sexo mochilero en El Nido

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

Ya os conté en mi post anterior que de las Filipinas he vuelto hastiada de follar. El mélange à 4, un intenso affaire de dos días con un australiano, un aquí te pillo aquí te mato con Nacho, un catalán alto y guapo. Y sexo mochilero con Kayle, el lindo galés.

A Kayle le conocí de dancings en un bareto de El Nido, Palawan. Salí a fumar un piti y su colega me pidió fuego. Un grupo de ocho galeses solteros de viaje por las Filipinas. Bebían ron del malo y fumaban como cosacos, cantaban canciones folklóricas de su tierra. Hablamos de su tierra, de la independencia y de la Reina Madre de Inglaterra. La Queen no les caía demasiado bien a la cuadrilla galesa. Mi mega eficiente radar del amor ya había fichado la presa de la noche. Uno delgadito, calvo, sonrisa preciosa y unos ojos verdes para comerle toda la polla: Kayle. Debía que actuar rápido, así que en una de esas ocasiones en las que pasé por delante suyo le solté:

-You are the cuttest guy in The Philipines. Pa l@s lerd@s: Eres el chico más mono de Las Filipinas.

A partir de ahí nos mirábamos desde un lado de la pista al otro, salíamos juntos a fumar, bailábamos. Mis amigas se marcharon y decidí quedarme porque al igual que a mi querido alemán, al galés me lo llevaba puesto. En un momento dado salí afuera para disfrutar de las vistas y respirar aire fresco. Y de paso para ver si lo veía por ahí bambando, hacía un rato que le había perdido la pista al muchacho. Hasta que se me acercó

-Nos vamos a nuestro hotel. Está en la playa. Vamos a tomar unas birras  ¿Te vienes?.

-Ok.

Fuimos en triciclo con un par de amigos suyos y cantaron temazos galeses hasta que llegamos a nuestro destino. Bebimos unas birras mientras escuchábamos preciosas canciones que salían de su móvil. Hablamos de tonterías, del viaje y de cómo se ligaba por sus latitudes hasta que por arte de magia, sus amigos fueron desaparecieron y nos quedamos solos.

¡Cómo me gustaba ese chico! Me besó de repente.

Yo le respondí y me encendí enseguida. Tenía el biquini empapado, os lo juro.

– Desde que me dijiste aquello ya no existía ninguna otra en el bar. En todo momento sabia donde estabas.

-Bueno.. ¿Yo también he colaborado no? Mis amigas se han pirado y me he quedado por ti. Y aquí estoy.

Los dos desvelamos nuestras cartas. Yo estuve apunto de decirle que me encantaba muchísimo pero requetemuchísimo, que me encantaría volver a quedar con él, que me flipaban sus ojos y su sonrisa, y que me quedaría mirándole el resto de la noche. Pero no me atreví. Y volvió a besarme. Nos besamos un rato. Con calma, con mucha delicadeza, luego con un desenfreno que me picaba por dentro y que, al menos a mí, me nacía de las entrañas.

Quédate a dormir. Eres demasiado sexy para dejarte marchar! Y volvió a besarme.

Yo a mí misma: ¡Toma Jeroma Pastillas de Goma! Tranqui tron que yo de aquí no me voy hasta que follemos como bestias y me comas el chichi hasta que aúlle como la Shakira.

En tiempo de guerra todo agujero es trinchera, ¿verdad? Pues de viaje cualquier sitio vale para un revolcón. El se alojaba en un dorm, es decir, una habitación compartida con un montón de personas, no sé exactamente cuántas. Lamentablemente no había otra opción para pasar la noche juntos y conocernos bíblicamente, así que me colé en el dorm y en su cama. Nos besamos y desnudamos en silencio.

Que sepáis que follar al estilo mochilero, en habitaciones compartidas con varias personas tiene su aquel. A mí me daba un poco igual pero el no paraba de taparme con las sábanas. Cada vez que me destapaba y me quedaba con el culo o el chichi, o las tetitas al aire me tapaba. ¡Tan mono!

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Monerías aparte follamos como descosidos aunque en silencio. Kayle me tapaba la boca y me susurraba al oído que no hiciera ruído. Que mañana follaríamos más y mejor, sin nadie, los dos solos. Me puse encima suyo y con el sigilo de una serpiente cabalgué sobre él mientras me sujetaba de donde podía. Y me corrí gloriosamente. Aquel polvo en medio de la oscuridad y con durmientes alrededor fue de las noches más maravilloso que recuerdo. Dormimos acurrucados el resto de la noche. ¡Fue tan bonito nen@s!

A las ocho de la mañana se marchó porque tenía que irse en una de esas barquitas molonas a recorrer los rincones con más encanto de la isla. Me dejó que me quedara en su cama. Me desperté un par de horas más tarde y marché. No sin antes dejarle una nota con mi teléfono. Podría deciros que me llamó enseguida, que repetimos, esta vez, los dos solitos, que tuvimos un intenso affaire y que no nos hemos separado desde entonces. Pero mentiría como una cosaca. Lo cierto es que el galés no me hizo ni puto caso, ni un puñetero whatsapp me mandó. Y la verdad es que me jodió. Y me jodió porque me gustaba. Sé que fueron apenas unas horas embriagadas pero el galés me ponía física e intelectualmente. En fin, unas veces se ganas y otras se pierde.

Personalmente no es la primera vez que me marco una de sexo con testigos oculares. Ya os conté cuando hace unos años me regalé un viaje de lo más molón por Australia y el sudeste asiático. En Sydney conocí a Panco, un chileno que apenas había cumplido 26 primaveras. Mi chileno tenía el vigor propio de su juventud y no se cansaba. Funcionaba como el conejito de Duracell y me dejó literalmente KO. Ya por la mañana salí un momento de la habitación para ir al baño. Anduve de puntillas sin hacer mucho ruido y al entrar de nuevo en la habitación me di cuenta de que había un tipo durmiendo en la litera de arriba, esa en la que no había reparado.

TTPY. Es decir, ¡¡Tierra Tráaaaaaaaaagame Pero Ya!

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No acabó ahí la cosa. Al salir de la habitación, todos los compañeros de piso de Panco estaban en el salón. Reunión de la Plana Mayor. Y antes de poder decirles “Hey guys”, uno de ellos me gritó: “Good morning, rock star!” Al principio no entendí la bromita, no llevaba un outfit muy roquero que digamos. Entonces caí en la cuenta de que además de que el Gran Hermano de la litera de arriba no estaba ciego, los compis de piso del chileno tampoco estaban sordos.

En fin…cosas que pasan.

Intuyo que a much@s no os parecerá bien eso de follar en habitaciones compartidas. Lo entiendo porque cuando me ha tocado a mi presenciar un polvo ajeno me he puesto de muy mala ostia. De nuevo, unas veces se gana y otras se pierde.

bty

Queda terminante prohibido follar en las habitaciones de los hostels.

Pero que no os engañen. Las habituales hostales para backpackers en los que duermes con chiquicientas personas de todas las nacionalidades e idiosincrasias posibles son perfectamente válidas para un sexo sin tapujos y abierto al público. Será el tuyo o el de los demás. Te aconsejo que seas tú el que se dedique al folleteo. No hay nada más atroz que saber que alguien en la habitación está practicando sexo y no eres tú.

Y además no te invitan.

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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