¿Salimos del armario o nos lo montamos dentro?

¡Hola mis Chic@s Molon@s!

Conocí a Olivia en una escapada a la ciudad de Cairns, allá por el norte de Australia. Y Olivia me contó su historia. Olivia era una de esas chicas JASP, joven aunque suficientemente puritana. Algo alemana, conservadora y recta en sus pensamientos y creencias. En fin, un poco chapada a la antigua. Llevaba años con su novio de toda la vida y lo quería con locura. Con locurísima. Tanto lo quería que iban a casarse. Y por la Iglesia, faltaría plus. Mi Carlos por aquí, mi Carlos por allá. Que si mi Carlos esto, que si mi Carlos lo otro.

Olivia trabajaba, no os diré dónde, pero sí os diré con quién. Sobre todo con mujeres, y la mayoría de ellas lesbiana. Oivia, ella tan tradicional y formal, estaba escandalizadísima con la forma de vida de estas muchachas libertinas. Pero a la vez tenía una mente muy curiosa y quería entender de qué iba eso del lesbianismo. También le interesaba la míitica tijereta y cómo llegan al orgasmo dos mujeres sin que haya un pene de por medio.

Poco a poco, palabras hasta entonces tabú o desconocidas como bollera, gay, viva el rollo bollo, butch, comer felpudos pasaron a formar parte de su vida diaria. Estaba ella muy agustito con sus compañeras de trabajo que se iban convirtiendo en amigas.

De repente llegó una chica nueva a la oficina. Se llamaba Lola. Empezó a hacer muy buenas migas con ella. Olivia y Lola se llevaban bien, más que bien. Iban a cenar juntas, se quedaban charlando hasta las tantas en casa de Lola hasta que ella se tenía que ir a casa para estar con su Carlos. Esto cada vez le costaba más. Cómo volaba el tiempo cuando lo pasaban juntas, cómo reían y lloraban viendo películas francesas. Había una química espectacular entre ellas, eso era innegable. Pura conexión.

Olivia admiraba a Lola en su totalidad. Porque era fabulasamente libre, formidablemente sensual. Era Lola en su pura esencia. Olivia sólo necesitó una caricia para que pasara lo que tenía que pasar.

Así pues sus labios probaron lo que es besar a una mujer, morder sus labios y lamer sus senos. Probó cómo se hace el amor entre dos mujeres, cómo se aman dos mujeres. Con sus manos acarició por primera vez una piel femenina, el culo, la espalda, las tetas, los muslos, la vagina.

Por supuesto Olivia probó en sus carnes la tijereta. Y le gustó. Vaya que si le gustó. Su nariz exploró los aromas de Lola, se empapó del sudor de Lola, de su esencia, de sus jadeos, de su piel. Se embriagó de Lola, se emborrachó de ella tanto que se enamoró perdidamente de esa mujer. Y esa mujer de ella.

Con Lola, Olivia tenía los orgasmos más acojonantes que había sentido. Simplemente se sucedían,uno detrás del otro. Se corría gloriosamente. Mágica Lola, benditos orgasmos los que le daba esa lesbiana.

Pero no todo era sexo y pasión, no todo era de color de rosa. Olivia se debatía internamente.

¿Que me esta pasando?

¿Por que  le estoy haciendo esto a Carlos?

¿Por qué me acuesto con Lola? Y lo que es peor, ¿Por qué me ha gustado tanto? ¿Por qué sólo pienso en estar con ella?

Preguntas para no dormir. Mil preguntas y mil miedos que sólo Olivia puede responder.

Necesitó un tiempo para darse cuenta de que su amor por Carlos era inmenso pero no estaba enamorada de él. Se dio cuenta de lo mucho que amaba a Lola, de que su amor por ella era infinito, nunca antes había sentido nada igual por un hombre, ni por una mujer. Pero no sólo lo sintió, sino que aceptó todas y cada una de estas realidades.

Salir del armario no fue fácil, pero si liberador. Más que lo que opinaran los demás, a Olivia le costó aceptar sus sentimientos, aceptarse a si misma. Olivia tenía, y sigue teniendo, un par de ovarios. Cogió al toro por los cuernos y dejó a su novio de toda la vida, ese con el que llevaba más de diez años, con el que hacía tiempo que se había comprado una casa sobre la que había una hipoteca que tenían que pagar a  medias durante los siguientes veinte años.

No se casó con Carlos, el que supuestamente iba a ser el padre de sus hijos. No fue fácil. Le quería, le había querido de verdad o la sociedad le había invitado amablemente a encontrar un hombre, porque es lo que toca, con el que salir, casarse y luego reproducirse.

Ahora Olivia ya no es JASP. Ahora Olivia es una mujer que reconoce su sexualidad, la admite, la acepta y la disfruta. No hay nada como ser uno mismo. No hay nada como vivir la vida sin esconder nada, sin pretender ser lo que uno no es, sin intentar agradar a los demás menos a uno mismo. No hay nada como amar libremente a quien nos venga en gana, independientemente de si esa persona es hombre o mujer, mas mayor o mas joven, negr@,blanc@, amarill@, guap@, fe@.

Durante toda su vida había intentado acallar a esa otra mujer que llevaba en su interior y que ahora se auto proclamaba reina y señora. Oivia se dio la oportunidad de ser ella misma, de intentarlo de nuevo. Ahora es todo lo contrario a lo que había sido, todo lo contrario a lo que había creído que tenía que ser.

Hace poco hablé con Olivia. Tras contarle el resto de  mi periplo por el mundo, me dijo:

-Pepita,soy lesbiana, coño. Muy lesbiana. Y para coños, el de Lola.
¡Feliz Sexo!

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