No me gusta (casi) ninguno: el mercado sigue rematadamente mal

¡Hola Mis Chc@s Molon@s!

Ultimamente follo poco, lo reconozco. Llevo sin mojar desde la última vez que os conté que me corrí gloriosamente a bordo del AvePero es que no me gusta ninguno. 

HOLLA-577

Este fin de semana pasado, aunque dije que no quería trasnochar demasiado, acabé liándome la manta a la cabeza y saliendo por garitos que permanecen abiertos hasta el amanecer. Durante toda la noche, mi amiga Micaella, que quiere buscarme novio a toda costa, no dejó de presentarme a muchachos de todo tipo, venidos de todos los puntos de la geografía española.

Os narro mi putivuelta. Por el primer bar pululaba una cuadrilla de chicos madrileños que andaban de parranda para celebrar la despedida de soltero de uno de ellos. Iban todos muy calientes y también muy bien vestidos. Repeinados, olían a perfume del bueno y estaban muy aseados. Pero me parecían como sacados de las juventudes del PP. Tengo prejuicios. Lo reconozco, pero…¿quién no los tiene? Así que no le di ni media oportunidad al bueno de Tomás que vestía chaleco de plumas y calzaba náuticos. Fui un poco injusta, lo sé. Pero cada que vez que veo un pijo de tales dimensiones me recuerda a Ramón, el del pollón que tenía problemas para ponerse el condón y una preocupante miopía.

Queridos pijos, respeto enormemente vuestra tribu urbana, pero insisto en que desde que el desdeñable Ramón me dejara sin lo mío, tengo pánico a quedarme esperando el orgasmo y acabar como la loca del muelle de San Blas.

Ya en otro bar mi insistente amiga me presentó a otro chico. Por supuesto que ni me acuerdo de su nombre, pero mis neuronas sí han retenido que era cántabro y bastante guapo. No me enteré demasiado bien de lo que me estaba contando porque le olía mucho la barba y yo estaba más pendiente de no morir asfixiada por el pestilente hedor de los pelos de su barba que de su oratoria. Tenía que alejarme, sin que diera la impresión de que estuviera sometiéndole al vil castigo de hacerle una cobra antes de tiempo. Hasta tres veces se acercó para darme palique, pero cada vez que se me acercaba tenía más claro que no le tocaba ni con wifi.

En el último garito que pisaríamos esa velada absolutamente insatisfactoria en la que por desgracia no dejé de cosechar fracaso tras fracaso, me puse a bailar con otro tipo. En un contoneo mío grácil y seductor, le atraje hacia mi cuerpo. Físicamente no era ni fu ni fa, pero se movía genial, tenía ritmo, tenía flow. No menosprecéis ni el ritmo ni el flow, son singularidades que pocos reúnen. Empezamos a bailar más pegados hasta que me agarró de la espalda y empezó a arrimar cebolleta a golpe de pico. Besaba fatal, por cierto. Y enseguida empecé a notar que también le olía algo. Esta vez no era la barba, pues no tenía. Era su fétido aliento que le olía a mil demonios. Estaba yo delicada y con los olores esa noche, qué le vamos a hacer. Para más INRI, cuando se arrimó más de la cuenta, noté que estaba absolutamente empalmado. Tanto que confieso que me dio vergüenza ajena. El bulto bajo sus vaqueros se me antojo demasiado pequeño. Una pena. Entonces decidí marcharme sin darle explicaciones (tampoco las merecía), escabulléndome entre la multitud del dancefloor y sin mirar atrás. Lo siento, pero por un 3 en 1, halitosis, chaval que gasta micropene y mal besador, no paso.

Esa noche mi amiga decidió darse por vencida para siempre. Para ella ya soy una causa perdida. Al día siguiente me llamó por teléfono y me dijo que a este paso acabaría solterona y devorada por mis gatos (esos que no pienso tener). Lo de solterona me la trae sin cuidado, pero lo de acabar en garras de esos malditos felinos me da mucho yuyu. No me gustan los gatos. No sé, ahora soy una folladora gourmet. O echo un polvo Champions League o me queda chupando banquillo. Me he convertido en una mujer de apetencias refinadas, con gusto delicado y exquisito paladar. Ya sólo quiero catar hombres refinados y cazar grandes talentos. Como los headhunters. Gran mente, gran rostro, gran personalidad o gran paquete. Antes de comerme nada, como quien no quiere la cosa, pruebo el sabor, olor y calidad (en términos generales) antes de beneficiarme al susodicho. Y que no cometa faltas de ortografía cuando me escriba un whatsapp. Vamos, que yo ya no me como cualquier cosa.

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Ayer me llamó un chico majísimo. Era -sigue siendo- el responsable de casting de un nuevo programa de televisión. No puedo revelaros más información que da mala suerte. Me hizo una entrevista telefónica y finalmente me seleccionó para estrenar el programa. Voy a ir a experimentar de nuevo en mis propias carnes eso de las citas a ciegas. Lo voy a hacer por vosotras, porque si yo puedo hacerlo, vosotras también. El lunes me pasaré el día grabando como las celebrities. Me ha dicho mi director de casting que he de presentarme arrebatadora y que entre todos me han encontrado a un chico que me va a encantar. Espero que no sea así. No os lo había dicho, pero me marcho seis meses, quizás un año, a Chicago y no quiero encariñarme de ningún hombre antes de irme. Voy a trabajar en una ONG que presta atención, cuidados y compañía a personas mayores. A mi madre no le hace ni puñetera gracia mi nuevo proyecto. Dice que qué tienen los abuelos americanos que no tengan los españoles. ¿Acaso son mejores los abuelos americanos que los de aquí? Mamá, eres muy grande.

Ultimamente follo poco, lo reconozco. Pero es que no me gusta ninguno. Todos me dan pereza. Muchísima pereza. Me he convertido en un@ de esas “no princesas” que pasan de coleccionar tipos a los pies de su cama. Paso de amantes que me arrancan las bragas demasiado rápido, se corren en 0, y luego a mí que me den morcilla catalana. Paso de amantes que no me hagan volar. Paso de ejemplares coyote ugly junto a los que levantarme arrepentida a la mañana siguiente. Paso de polvos que sé que no estarán a la altura, paso de esos aparentes fuckers que sé de antemano que no me darán lo mío ni lo de mi prima. Prefiero hartarme a bailar y volverme a casa sola donde me espera mi querido Ocean. Siempre está a la altura, aunque al pobre lo tengo agotadito desde que no practico sexo con seres humanos y me ha dado a la masturbación.

Chic@s estoy depre, soy un juguete roto y he perdido la ilusión. ¿Qué me pasa? ¿Se me pasará? Os lo pregunto a vosotras que me conocéis mucho. Aconsejadme, por una vez quedan invertidos los roles. Yo creo que tiene mucho que ver que el mercado sigue de puta pena, peor imposible. No ha hecho más que empeorar desde que os comentara allá por el 2014 que el mercado andaba fatal, pero fatal, fatal. ¿Por qué no me gusta ninguno? Bueno, a decir verdad hay uno que me gusta muchísimo. Sólo de pensar en él se me pone el corazón contento y lleno de alegría y el chichi se me hace Coca Cola (expresado elegantemente). Maldita la casualidad que precisamente este es el que no me hace caso. Me tiene harta. No sé si lo veré antes de abandonar el país. Ojalá se alineen los planetas, las estrellas firmen un pacto mágico y pueda verle antes de marcharme con mis historias y mis posts calentorros a otro continente, donde seguiré tocándome y poniéndome caliente mientras pienso en todito él.

A este primor de hombre no le huele nada, siempre va acicalado y tiene pinta de hacerlo todo muy bien. Si lo pillo por banda, igual le meto el morro y que sea lo que Dios quiera. No sé si tendré los ovarios. Lo que sí haremos sin duda alguna es rompernos a bailar el nuevo temazo de Gente de Zona que es una horterada muy latina, pero me pone muy burra. Casi tanto como lo que me pone él.

P.D.: Cariñet, prometo arroparte para que no tengas frío cuando terminemos la faena.

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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Un pensamiento en “No me gusta (casi) ninguno: el mercado sigue rematadamente mal

  1. Nunca he comentado ninguno de tus post, pero tras leerte hoy tengo la necesidad de hacerlo, aunque solamente sea para decirte que has descrito mis últimos meses a la perfección.
    Llevo soltera año y pico, al principio conocí a algunos chicos que duraron una noche y bien, pero ahora mismo no me gusta (casi) nadie, ¿qué ocurre? Me dicen que soy exigente, ¡pues claro! no voy a acostarme con alguien que no cumpla lo que quiero, no sé porque se le da un sentido tan peyorativo a ser exigente.
    En unas semanas me marcho de mi ciudad, directa a Madrid. Tengo una amiga allí que tiene súperclaro que conoceré a chicos interesantes…ni lo sé ni me preocupa ahora mismo, pero leyéndote a ti me da que no será tan fácil, jajaja.
    Espero que tu aventura americana vaya genial, yo hace unos meses me planteé algo parecido y de momento hago la mudanza nacional, veremos en el futuro.
    Un saludos desde el sur, donde se hará bien el amor, pero lo harán otros.


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