Mi propio gatillazo: cuando me dieron gatillazo por pollazo

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

Esta semana os escribo ya desde mis nuevas coordenadas. Valencia, la tierra del caloret. Me he despedido temporalmente o para siempre, ya veremos, de la bella Euskadi. Lamentablemente lo he hecho con lágrimas en los ojos. No por la pena de marcharme (que también), pero sobre todo porque el lunes pasado, mi última noche por tierras vascas, me convertí contra todo pronóstico en una de las miles de damnificadas del gatillazo.

Shocked

Ya hablamos de los gatillazos en el post anterior. Pues bien, mi último Tinder ligue me la jugó y me dio gatillazo por pollazo. Triple gatillazo para ser más exactas. ¡Ver para creer tronc@s!

Situémonos. Pongamos que se llamaba Eneko. Pues Eneko, después de habernos visto un par de veces sin habernos conocido en el sentido bíblico, me invitó a cenar en su motorhome. Tomamos un poco de vino y hablamos. Noté yo que el escaso feeling conversacional/mental/espiritual iba in crescendo hasta que se me iluminó la bombilla. Llevaba mi particular piedra filosofal en el bolso. Una pequeña china de marihuana que iba a solucionarme la papeleta. Compartimos un porro a medias y yo toque la felicidad con mis dedos. Llevaba un moreti flipante y precioso. De repente no me parecía tan tonto y me parecía aún más guapo. Nos besamos y nos magreamos con la pasión de dos veinteañeros en una noche de verano.

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La verdad es que su mente no me la hubiera follado, pues no conectamos demasiado (por no decir nada) en el terreno espiritual. Él hablaba de músculos, de sus estudios, de nutrición, de él, de él y de él. Pero estaba bastante bueno.

Se puso todo palote en 0, y me dijo Quédate a dormir.

Le dije que sí y la cosa empezó a subir se tono marrano.

Me colocó sobre la mesa donde habíamos cenado, sin mandar nada a tomar por culo que esto no es Estados Unidos. Era un tipo ordenado y retiró cada cosa con suma delicadeza y a su tiempo mientas yo me mordía los labios, ponía cara de puta reputa que quiere más y le rodeaba con mis piernas.

Me bajó los pantalones y las bragas mientras me comeía la boca tierno y desgarrador. Me quité la camiseta y comenzó a recorrerme entera con mi boca. Yo hice lo propio y le palpe la polla por fuera de los calzoncillos. Dios, estábamos muy cachondos los dos. Me besaba con vicio las tetas, me lamía el vientre hasta que me dio la vuelta violentamente y me abrió las piernas. Me chupó todo lo chupable de cintura para abajo.

WOW, el puto amo del sexo oral, en serio. Pienso Joder, a este tío o le pongo mucho o es muy cerdo porque no se ha dejado ni las migas.  

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Nos metimos mano como locos, abrazándonos, susurrándonos tremendas guarradas, nos lamimos los cuellos, nos arañamos la piel. Y de repente noté que el pene llevaba encogido un buen rato. ¿Cómo puede ser si está muy caliente? Hice lo propio con la morcilla flácida pero nada, no responde. Sigue adormilada como un little baby.

Para mi desgracia, el gatillazo era cada vez más evidente mientras se iba acalorando el asunto. Por dentro me entró el pánico, pero como soy una mujer madura y estable emocionalmente acepté la terrible situación, me relajé, respiré y pienso que ya me foillaría en otro momento.

Era el momento de parar, relajarse y a otra cosa mariposa. Estuvimos de tranquis un rato hasta que una cosa llevó a la otra. No voy a calentaros de nuevo con lo ocurrido porque al final volvió a ocurrir lo mismo. Un segundo gatillazo.

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Muchas veces no os retiráis elegantemente y consideráis el desmoronamiento del pene una auténtica hecatombe sexual. Os frustráis, os ofuscáis y seguís un buen rato intentando meter ese flácido gusanito en nuestro cheerleader. Fue el caso. En vez de parar, él no, él erre que erre intentando meterme el pene flácido en la vagina. Que no entra coño, que no entra ni de coña pienso ya un tanto alterada mientras le abrazo. Y el erre que erre intentándome empotrar con su pequeño flash. Hasta que paré y le digo No pasa nada.

A qué mala hora tronc@s, porque le sentó como una almorrana en el culo. Me dijo Los dos sabemos que pasa algo, no hace falta que me lo digas. Unos mimitos y ya en otro momento me comentas Oye, el otro día….¿Qué pasó?

¿En otro momento? ¿Pero qué otro momento? ¿En qué momento crees que vamos a volver a veros?

Total que me disculpé, lo cierto es que no quería herir sus sentimientos y lo hice. Le di  los mimitos solicitados y nos dimos un abrazo de oso amoroso. Muy tierno todo.

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En fin, la verdad es que yo lo último que pierdo es la ilusión. De vivir, de amar, de viajar, de amar, de conocer, de sentir y de follar bien, claro. Tenía fe en el polvo mañanero, pero tampoco hubo suerte queridas. Esa noche me había mirado un tuerto, fijo.

Entended que una cosa es que lo entendamos y otra que nos venga bien. Nos habéis puesto cerdísimas y de repente, no se sabe por qué, no sólo no se os pone dura si no que ocurre lo contrario. Y nosotras que pensábamos que nos ibais a reventar y caemos en el follodrama.

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A eso de las siete de la mañana me rozó como quien no quiere la cosa. Intuí que esta ves sí estaba preparado con su metralla bien dura y preparada para una penetración estelar inminente. Llega el momento de te meto la puntita. Le eché una mano con el condón para que no se me desconcentrara de la faena y se volviera hacer la picha un lío con el puta gomita.

Rompí el envoltorio, cogí la gomita y empecé a desenrollarla por su polla. Algo iba mal. Otra vez. Mientras bajaba el condón noté como se desinflaba. Como en una película de terror de serie B, el pene se vuelve a venir abajo y yo y mi calentón nos quedamos rotos de ilusión como una niña sin regalos el día de Reyes. Y él, agotado del esfuerzo, me dijo que ya no podía más.

Yo si que no puedo más.

Sé de buena tinta que salir corriendo es de cobardes. A Dios pongo por testigo que no lo soy, pero ante aquellla mierda de polvo salí corriendo por patas. El del triple gatillazo no es ni será el hombre de mi vida, ni el de mis próximas noches, así que no lo dudé. Con educación, eso sí y sin herir sentimientos, Porque eso sí es de cobardes.

Y vosotras amigas mías me preguntaréis ¿Consejos para evitar ser una damnificada del temido gatillazo? La verdad es que pocos, más bien ninguno. Eso sí, abrid bien las piernas, eso siempre facilita la empotración.

Imagen relacionadaY que te coma el tigre.

Y a Dios rogando y con el mazo dando.

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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