Lo que ocurre cuando un@ se deja llevar

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

Ya me tenéis aquí de nuevo. Sé que algunos, unos más que otros, estabais esperando la cuarta entrega de la saga cubana. De La Habana, después del gatillazo argentino, me fui pitando para Trinidad. Pero no fui sola, sino con un equipazo de altura con el que el destino quiso que me juntara. Gracias María, Iker, Carol e Iker. Esa noche, después de cenar una langosta de aúpa y bailar en la Casa de la Música, acabamos en un garito llamado La Bola de Cristal.

Servidora estaba sentada en la acera fumando un cigarrillo cuando una moto más ridícula que una Vespino pasó por mi lado y se detuvo. El joven motorista se apeó de su vehículo, se quitó el casco y se dirigio a mí. Y con ese acento cubano que todo lo cura me dijo:

¿Cuando te acabes el cigalito quiles bailal conmigo?

Le dije que ya veríamos. Por entonces yo nunca había tenido samba con un cubano y al principio no lo veía claro. Después le perdí la pista y tranquilamente terminé de consumir mi cigarro. Entré de nuevo en el garito donde estaba el resto del equipo nocturno, y ahí estaba el cubano.

Se llamaba Andy. La verdad es que parecía que le hubiera vestido su peor enemigo. Lucía unos vaqueros amarillo canario, una camiseta blanca de tirantes abigarrada y unos mocasines…blancos. El atuendo era terrorífico. No queda ahí la cosa, pues lucía joyas o bisutería dorada bastante infame. Creo, si es que no lo he soñado, que lucía hasta muela de oro. Pero bueno, su belleza estaba en el interior. Y bajo esas horribles ropas. Pelo oscuro estilo afro que aunque se mojen siempre están secos. Me embelesó con sus ojos marrones y muy penetrantes, casi tanto como más tarde sabría que era su pene. Labios carnosos, dentadura blanquísima y unos brazos como mi cabeza de grande. O la vuestra. Tenía un aire a Lenny Cravitz. Algo así, pero sin guitarra.

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Me acerqué a él y empezamos a hablar. Esta vez, a diferencia de lo que ocurrió con Mi Negro, la conversación no daba para mucho. Le invité a una Coca Cola, después de insistir no creáis que pocas veces. Hay que ver lo que les cuesta a algunos hombres dejarse invitar. Entonces Andy me soltó la frase:

Me gustalía sabel a qué saben tus labios.

No pude evitar que me entrará la risa, como podéis imaginar. Entonces le dije a mi amiga María lo que me acababa de decir el listo de Andy. Pepita, déjate llevar. ¿Has visto su brazo? Tiene una pinta de empotrador que lo vas a flipar. Decidí hacerle caso y dejarme llevar. Volví junto a él y le dije que me repitiera la frase. Me gustalía sabel a qué saben tus labios me repitió. Y antes de besarle yo, le dije que sabían a ron cubano y a gloss.

Y después me fui con el. Algun@s pensaréis que soy una atrevida por irme con un desconocido, y más e Cuba. No os culpo. Mi madre, si se enterara, pensaría que soy una descerebrada y que algún día la mato de un disgusto. Pero Andy era completamente inofensivo, el plan que me esperaba pintaba de maravilla y esa noche lo íbamos a darlo todo. Como que me llamo Pepita.

No pude evitar que me entrará la risa, como podéis imaginar. Entonces le dije a mi amiga María lo que me acababa de decir el listo de Andy. Pepita, déjate llevar. ¿Has visto su brazo? Tiene una pinta de empotrador que lo vas a flipar. Decidí hacerle caso y dejarme llevar. Volví junto a él y le dije que me repitiera la frase. Me gustalía sabel a qué saben tus labios me repitió. Y antes de besarle yo, le dije que sabían a ron cubano y a gloss.

Llegamos a su casa y tachan….nos abrió la puerta su hermana, que lucía cara de muy pocos amigos. Aunque quizás es normal, teniendo en cuenta que eran las cuatro de la mañana. En esa casa vivía él con su madre y su hermana. Me dijo que esperara un momento antes de entrar a su habitación…¿Y qué ocurrió?

Pues con la misma expectación con la que me dejó el pequeño Andy, os dejo yo a vosotr@s hasta la próxima semana.

¡Feliz Sexo!


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