La banda sonora de mi vida

¡Hola Mis chicas Molon@s!

Me juego el ojo izquierdo, y el derecho también. Me lo juego todo a doble o nada. Me juego a que esta semana sí me toca el Euromillón que siempre le toca a todo el mundo menos a mí (sobre todo porque no juego) a que vosotr@s también tenéis la banda sonora de vuestra vida. Quién no la tiene. Una vida sin una banda sonora es como una noche de sábado sin irse a bailar. Defraudadora.

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La Srta Thurman y Don Travolta dándolo todo en el dancefloor

Mi primer beso

La primera vez que besé, que me besaron, que nos besamos, yo tenía veinte años. Sí, a buenas horas mangas verdes, pero más vale tarde que nunca. El afortunado que me robó la virginidad, besualmente hablando, era belga. Bélgica, un país que no me seduce lo más mínimo. Aparte de la plaza mayor, el Atomium, las cervezas, las patatas fritas de la Place Jourdan y los mejillones, sólo hay cielos grises, días grises, lluvias incesantes y belgas, belgas por todas partes. Mi primer beso fue con ese joven muchacho Erasmus, guapo y rubio, de hormonas alteradísimas.

Ese primer beso pasó sin pena ni gloria. No fue ni bueno ni malo, ni agrio ni dulce, ni fu ni fa. Mi escenario fue mucho menos excitante y muy típico: una noche de fin de semana, en medio de la pista de baile de una discoteca cualquiera de una ciudad cualquiera. Lo que sí recuerdo son esas tímidas notas de piano a las que sucedía esa mítica voz de la rubísima Bonnie Tyler, esa heroína de masas ochentera. De ella sí me acuerdo, y de esa preciosa canción tantísimas veces versionada, Total Eclipse of the Heart.

En la Universidad

Y me hice mayor. Y fui a la Universidad, a Madrid nada más y nada menos. Mientras escuchaba Don`t get me wrong siempre pensaba en él. La descubrí una noche entre semana escuchando a María Quirós en Océano Pacífico. Lo sé, hortera de bolera pero el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

¿Su nombre? Gaizka. ¿El color de sus ojos? Marrones. En definitiva, ese  chico que creo que es el hombre de mi vida. Siempre que lo veo, giro la cabeza y miro hacia otro sitio, me hago la interesante y lo ignoro totalmente, pero al mismo tiempo siento unas enormes ganas de acercarme a él, besarle y decirle todo lo que siento cuando lo veo venir hacia mí y cuando lo veo marcharse, y todo lo que  pasa por mi cabeza cuando pienso en él cada minuto del día. Eso pensaba yo y así me las gastaba ante la hoja en blanco.

El  chico del lunar de la mejilla izquierda

Cuando terminé la Uni y me volví a Valencia unos años estaba loca por el chico del lunar de la mejilla izquierda. Me flipaba. Bueno, guapo, sencillo, bailongo, melómano sin postureo. Era perfecto, tanto que al final me resultó aburrido. Pero siempre que estaba con él sonreía como una feliciana de la vida, estaba radiante. Era la puta ama, así me sentía yo de bien cuando estaba a su lado. Siempre que pienso en él me vienen a la memoria las canciones de los Smiths, James y su Getting Away with it (All Messed Up), The Strokes, Bowie o Saint Etienne y esa incendiaria joya Burnt Out Car. Y sobre todo esta, un temazo impagable que bailamos una noche de sábado en uno de los garitos más molones a los que íbamos con su pandilla de amigos. Ahí es cuando quedé prendado de él. Mi padre lo conoció un día y le gusto mucho. Lástima que todo quedará un un baile, apoteósico, pero sólo baile.

Mi primer novio

Mi primer novio. Con él descubrí que se puede llorar de felicidad, que uno no es un bicho raro si mientras folla, le da por llorar. Luego la cosa se jodió, pero mientras lo nuestro duró, yo se la ponía muy dura (eso me decía él) y él me hacía volar. Cuando follábamos solíamos escuchar una canción que en esos momentos de sexo premeditado y polvos echado con muchísima alevosía, creí inocente. Pero más tarde me di cuenta de fue premonitoria. Deseé millones de veces no haberle conocido nunca. Fue la primera ruptura, lo pasé mal, pero me recuperé. El destino no me desveló, el muy cabrón, que todavía me quedaban peores plazas en las que torear.

Amores perros

No sé si todos tenemos o hemos tenido un amor perro en nuestra vida. Yo lo tuve y fue muy perro. Supongo que para compensar con l@s que no habéis tenido. Ya se me ha pasado, ya borré sus efectos secundarios de mi alma, pero mi amor perro me recuerda a la Fuga, a Extremoduro y a Marea. Todas las canciones de desamor me recordaban a él.

Ni miento ni exagero si os digo que me tiré un año sin poder escuchar esas canciones. Tan sólo intuirlas me rasgaba lentamente el corazón. Malos pensamientos me traían esas canciones. A destiempo, sus fantasmas venían a escupirme sus recuerdos. Me costó Dios y ayuda superar aquello, olvidarme de él, entender que jamás me quiso. Ocho años después todo ha quedado en un mal recuerdo. Yo le quise demasiado para lo poquito que me quiso él. Aquel hombre ya se casó, de aquel amor ya no queda nada y yo solo doy gracias. Qué suerte que no me quisiste, qué suerte la mía.

Más que un amigo, menos que un amor

Ha habido alguien más. Ese que durante años fue más que un amigo, menos que un amor. Me descubrió el rock que pone los pelos de punta, las milagrosas pócimas del puto Boss. Dancing in the Dark se convirtió en mi canción de culto.

Poco más que decir. No hubo nada más allá de amigos compartidos, cariño, noches de borrachera y polvos casi siempre breves y echados a medias. Y miedo.

El hombre pájaro

El hombre pájaro, esa australiano al que conocí hace un par de meses en Bilbao, llegó como una ola. Y tal como vino, como una ola se volvió a marchar. No son pocas las noches que mojo mis sábanas pensando en sus tatuajes, en sus brazos, en el verde profundo de sus ojos que me miraban mientras se corría a lo grande. Y en sus alas de libertad. Me ha dejado loca el australiano, también el temazo con el que me dejé llevar con él, Mamzita.

Mi gran amor

Y por último, el hombre más importante de todos. Papunchi. Ese que me abandonó de la noche a la mañana. Ese que se marchó a la francesa. De todos mis desamores, es el que que más me ha jodido de todos. Aunque sé que él sí que nunca quiso hacerme daño. De legado me ha dejado una pulsera que no me quito ni para cagar (sólo para follar), la pasión por la música francesa, la obsesión de hablar con desconocidos, da igual de donde vengan, las ganas de recorrer el mundo y un espíritu de eterna vividora que me tomo muy en serio en desempeñarlo requetebien para que se sienta orgulloso de mi.

Mustaki, Aznavour, Edith Piaf, Jaques Brel, Yves Montand. Esta generación de artistas rezuma la esencia de mi padre, un hombre de los de antes que se anticipó a su tiempo. Un hombre bueno, tan libre como mi australiano, tan extraordinario que engordo 10 kilos de orgullo cada vez que alguien le recuerda y me habla de mi padre con esa admiración que sólo los más grandes despiertan en los demás. Ahora tendría 100 años y si la salud se lo permitiera vestiría pijamas de seda, se retiraría a la cama tarde, se levantaría tarde, se asearía cantando temazos varios de su época, nos iríamos a pasear, hablaríamos con desconocidos, nos tomaríamos una cocacola (qué le gustaba la cocacola), iríamos al cine, bailaríamos en cualquier sitio y él me diría lo lista que soy y que está enamorado de mí, tanto que no si no fuera mi padre se casaría conmigo. Te quiero milanta. Por tí Papunchi de mi vida y de mi corazón, por siempre.

¿?

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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