Dieciocho horas con Mi Negro: Segunda parte

!Hola Mis Chic@s Molon@s!

Seguimos…

Ya era de noche. Eran las 21:00

Si os digo que llegamos y con todo el esmero del mundo limpió y lo ordenó todo. Arregló el baño, calentó agua y preparó la cama que compartiríamos. Era un colchón de espuma de cinco centímetros y una colcha azul tirada por encima. Y al suelo. No había más. ¿Suena cutre verdad? Lo era, pero él es un chico de gustos sencillos, y esa noche, yo no necesitaba más que a Mi Negro entregado en cuerpo y alma y mil horas por delante. Lo primero lo tuve de sobra. Las horas, me faltaron y me supieron a demasiado poco.

luna

Nos desnudamos y nos metimos en la ducha juntos. Ahí es cuando le vi la pinga y flipé en colores. Mujeres y hombres, el mito es cierto. Diría yo que se quedan cortos. Cortísimos. Aquello tenía una pinta bendita. Ya había tanteado yo el terreno en la playa y había palpado tímidamente su paquetón. Pero ahora, ahí, en la intimidad, la admiré dedicándole el tiempo que tal proeza merecía. Y la toque como tocan los niños las cosas que ven por primera vez. Haced memoria.

Compartimos el agua caliente de un cubo que había en la ducha y con una pastilla de jabón (creo que no era lagarto) nos duchamos. Él me enjabonó muy bien enjabonada. Os confieso que es la primera vez que alguien me enjabona con esas manos y esos profundos ojos de color miel. Mientras, me lanzaba miradas descaradamente lascivas y me soltaba lindeces para enmarcar. Quitada la arena y más limpios que una patena, nos dirigimos a nuestros aposentos.

22:00

Y la cosa empezó así.

Formidable.

Así fue aquello. Escuchando esta canción y mirándole a los ojos, sin prisas pero con todas las ansias del mundo. Tenía la sensación de que afuera todo se derrumbaba mientras Mi Negro y yo lo dábamos todo, el uno por el otro.

No sé qué ocurrió exactamente.

Será que estaba en Cuba de vacaciones.

Será que esta vez me atreví de verdad.

Será que esta vez disfruté como nunca.

Será que teníamos que conocernos, aunque fuese el puto último día.

23:00

Llegados a este punto, os confieso que Mi Negro era muy dulce cuando tocaba y muy cochino cuando tenía que serlo. Pero que muy cochino. Estaréis conmigo querid@s, que en la cama, las cosas funcionan así. No creo que en el amor y en la guerra todo valga, pero en la cama sí.

00:00

Mi Negro, éste si, me puso con los tacones mirando pal techo. Y pa La Habana, que Cuenca quedaba muy lejos y no nos pillaba de paso. Pa arriba, pa abajo, de lado. Uno, dos, tres, cuatro, hasta cinco. “No querías mandanga, pues toma mandanga” No entraré demasiado en detalle, pero aquella noche fue una peli porno en toda regla. Y una romántica también.

Mi Negro, gracias, gracias, gracias. Si tú supieras todo lo que me has dado en apenas dieciocho horas no tendrías más remedio que venir a por mí y darme lo mío y lo de mi prima.

01:00

Seguíamos con la mandanga a tutiplén y entonces ocurrió algo que necesito compartir con vosotr@s. Fue curioso. No me juzgueis. En pleno folleteo, su cara era un poema. Intuyo, por lo que sucedió después, que la mía también debía de serlo Su rostro era una mezcla de maldad, pícardía, disfrutón que se la estaba gozando y de “te vas a enterar morena”. No sé si me entendéis. Entonces, mientras me miraba fijamente me dijo:

-Puta.

-¿Me has llamado puta? ¿Perdona?

-Sí, PUTA. REPUTA.

Me dejó bastante descolocada y entonces me remató diciéndome.

¿Que de qué te crees que tienes cara ahora, eh?

Asimilé sus palabras todo lo rápido que pude y supe, y le dije que me lo repitiera. Como veis, me gusto. Me gustó mucho. No sé si a partir de ahora quiero que todos me llamen puta en la cama, ya lo veré en su momento, pero que duda cabe que me gustó mucho que él me lo dijera.

02:00

Era ya más de medianoche, y a esas horas ya habíamos dejado de ser dos desconocidos.

Parecíamos dos amantes que se conocían de toda la vida. Quizás en un ataque de excesiva confianza, Mi Negro me pidió que le dejara que me hiciera una foto. ¿Ahora? ¿Así en plena faena? Aquello me pareció demasiado, sobretodo porque la postura en la que estaba y mis gestos no eran los más ortodoxos para quedar inmortalizados en una foto.

¿Mami, por qué eres mala con Papi? ¡Para una cosa que te pide papi! Entiendo que os parezca ridículo. Si me lo contaran a mí me parecía de risa, pero aquello de papi y mami me puso más burra de lo que os podéis imaginar.

Incluso me atreví con ¡Qué rico papi! Os animo a que lo probéis. Todo estuvo riquísimo, pero le dije que no a la foto.

03:00

Pura energy, pura  potencia, puro candor. Mi Negro me folló muy requetebién por última vez antes de quedarnos dormidos por unos minutos. Y mientras lo hacía, me dijo que quería que me fuera bien cansadita al avión, y que pensará en él.

Claro que pienso en ti. Cómo no voy a hacerlo. Estaré pensando en ti bastante más que 19 días y 500 noches.

04:00

El maldito despertador sonó arruinando la magia de ese momento. Como tod@ hij@ de vecin@, odio las despedidas. Me acompañó hasta el taxi y no tuvimos más remedio que decirnos adiós, quizás para siempre. Me alejé llevándome su recuerdo y derramando alguna que otra lágrima de prematura nostalgia.

Mi Negro, a ti sí te lo digo. Cómo sin apenas conocerte puedo echarte tanto de menos.

Queríamos conocernos, aunque sabíamos, sabemos los dos, que esto no tiene futuro. Nos hemos enviado unos cuantos emails. Él ya tiene una foto mía en condiciones y yo una suya. Por cierto, sale guapísimo.

Aunque, que sepáis, que yo amenazo con volver. Y más pronto que tarde. Mi vuelo de vuelta se retrasó más de 7 horas y al parecer tengo derecho a una indemnización. Si trinco la pasta, me vuelvo pa Cuba. Como Mi Negro me escribió en su último email, “Nos merecemos más tiempo juntos”.

Ay Mi Negro, si tú supieras que la última noche que pasé contigo….no he podido olvidarla. Ni quiero. Y hoy confieso que Once you go black, yo never come back. (Y que esa polla, sí me cabe.)

¡Feliz Sexo!


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