De polvos y de despedidas

¡Hola Mis Chicas Molon@s!

Todo llega y todo pasa, eso está más claro que el agua. El viernes pasado me despedí de mi Iker hasta nueva orden. Le invité a comer, porque me apetecía y porque tenía una cajita de esas de experiencias molonas que quería compartir con él. Fuimos a un restaurante a ponernos las botas. Y vaya si nos las pusimos.La verdad es que estoy, bueno estaba muy a gusto con él, siendo yo misma,sin forzar comportamientos, sin disimular sentimientos y siendo muy natural, como la vida misma. Tan natural, que en un momento dado me harté de no tenerle a mi lado y me dio por sentarme a su lado y meterle mano por debajo de la mesa, gracias a esos benditos manteles blancos y muy largos. Luego yo le dejé que me metiera sus dedos mientras debatíamos sobre el postre. Una pena que no me hubiera traído mi vibrador con control remoto, a la próxima.

-Si tuviera más confianza contigo, ahora mismo me metería debajo de la mesa- le dije.

-¿Para chupármela?

-¡Claro!

Pensaréis que estoy loca y que lo dije para calentarle, pero nada más lejos de mis intenciones. No contenta con la perlita soltada le declaré lo siguiente.

restaurante-sexo

-Es más, si tuviera más confianza, ahora mismo me limpiaría los morritos con la servilleta, la dejaría en la mesa, te miraría en plan guarrilla y te diría «Me voy al baño, te espero en un minuto». 

-¿Para follar?

– ¡Pues claro!

– Pues yo creo que hay confianza suficiente, ¿no crees? – me dijo muy convencido.

Así es como decidida como nunca me levanté y me dirigí al tocador de señoras, entré y aguardé expectante. Menos de un minuto tardo mi Iker en aparecer con el mástil levantado y preparado para empotrarme a lo bestia y rapidito. No había fila, menos mal. Puso el seguro de la puerta y nos volvimos locos. Yo llevaba un vestido monísimo e ideal que además me venía como anillo al dedo para tirarme a mi Iker. Gris, ajustado, largo y con una abertura en el medio. Él se bajó los pantalones y yo solo tuve que quitarme las medias y abrirme de piernas. Mi hombretón le dio un tirón hacia un lado a mis braguitas y comenzó con la acción.

¿No os enteráis de nada verdad? Pues un poco lo que me pasaba a mí, que me hablaba en euskera mientras me follaba y no me enteraba ni del NODO.

Ser ruidosa en el sexo —y en la vida— es guachi, pero este no era el momento de liarla parda con mis gritos y tuve que esforzarme lo que no está escrito para convertir mis gemidos en murmullos y mis plácidos alaridos en susurros. Iker andaba apurado con mi escandalera y posó una mano sobre mi boca. Encantador como siempre, con la otra me tocaba, o me acariciaba o me tiraba del pelo. Saber que tenía que estar en silencio me hacía sentir como un espía sexual o una suerte de Matahari.

Una vez finalizado el polvo que estuvo rico rico, salimos uno detrás de otro. No sé si el personal del restaurante se coscó de lo que había pasado entre las cuatro paredes de ese baño que olía a rosas y jazmín, pero había que estar muy tontos, porque yo llevaba una cara de sofoco y unos pelos que para qué. Y él andaba más despeinado que el Rey León en carnavales.

Era nuestra quinta y, por el momento, última quedada. Charlamos de nuestro futuro juntos, incierto para qué engañarnos, de lo que nos gustaba del otro, de lo que no tanto y de la suerte de habernos conocido. O la desdicha, que me pongo dramática.

No pasamos la noche juntos, así lo decidimos. Lo que tenga que ser será, pero hasta el momento de nuestro encuentro (si es que finalmente lo hay), será mejor no empezar cosas que no podamos terminar. La verdad es que tiene todo el sentido, para qué intimar más de la cuenta, para qué decirnos cosas que caerán en saco roto, para qué pronunciar palabras que se las llevará el viento, para qué liarnos tanto la manta a la cabeza, para qué quedarnos con las ganas.

No con él, no esta vez.

Yo soy una miedica muy valiente amig@s, me voy donde sea y hago lo que sea aunque me cague de miedo, pero esta vez me ha dado muchísima penar marcharme y dejar atrás Bilbao, esa tierra a la que llegué hace ya más de cinco años por amor. Por amor a esa tierra, su gastronomía, su forma de vivir, sus cerveceras, sus playas, la ciudad, el asfalto del casco viejo, sus clubs, Bilbao La Vieja, la Ría, las montañas, el mar, los vascos, las vascas, el Txakoli, el Guggenheim, el Pupi, la cuadrilla, la afición y el Athletic. Por todo esto y por muchas más cosas que esta vez no voy a contaros. Permitidme que haya parcelas de mi vida que me guarde para mí.

Dejar atrás todo lo que tengo y a él. ¿Y si es él? ¿Y si la estoy cagando pirándome de nuevo?

– No llores, estaré aquí a tu vuelta. Para que vuelvas.

Eso espero, aunque ya se sabe que el roce hace el cariño y que ojos que no ven, corazón que no siente.

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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