Cuando Hamut encontró mi clítoris

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

Se me pasó comentaros que después de mi viaje por Vietnam me dejé caer por Laos unos cuantos días. A Laos se le conoce por su nombre y apellido: LAO PDR, People’s Democratic Republic, pero los locales juegan a los dobles sentidos y lo llaman LAO PLEASE DON’T RUSH, es decir LAOS POR FAVOR NO CORRAN. Pero nadie dijo nada de no correrse.

Así pues, me corrí en Laos. Pero no de cualquier manera, sino montada en el cuello de Hamut, un elefante que supo encontrarme el clítoris sin que yo dijera ni mu. Gracias Hamut, no tengo palabras para agradecerte el regalo que me diste cuando menos lo esperaba.

mamut

Mi corrida ocurrio en Luamprabang, preciosa ciudad laosiana, contraté una excursión en elefante. Qué mala pata, pensé, cuando me tocó ir montada en el cuello del elefante afortunado Hamut y no cómodamente sentada en el banquito que suelen colocarles a estos paquidermos. La verdad es que desde que subí en elefante con mis hermanas hace años un día en el circo con la buena de Teresa Rabal, siempre quise repetir la experiencia.

Así fue como Hamut y yo nos conocimos. Mi madre siempre me ha dicho que no me fíe de los desconocidos. Y como las madres siempre tienen razón, le hice caso y decidí poner algo de distancia entre Hamut y yo. Coloqué una toalla blanca sobre su gruesa y peluda piel para marcar distancias.

-Que corra el aire Hamut, que no nos conocemos.

Hamut empezó a pasearme por aquel paraje maravilloso. Había playa, había monte y el sol brillaba radiante después de una tormenta perfecta. Al principio iba yo tambaleándome de lado a lado intentando mantener el equilibrio y no irme de varetas cada vez que Hamut meneaba el culo y daba un paso hacia adelante por aquel sendero que parecía hecho para él. Pero poco a poco fui adquiriendo confianza en mí misma y en los pasos lentos pero firmes de aquel paquidermo que me empezaba a caer más que bien.

Cada vez me sentía más agustito. Y es que Hamut empezó a hacerme sentir como cuando montaba en bicicleta en mis tiempos mozos.

Años después de aquellas primeras veces restregándome contra el sillín de la bici que me tocó en la tómbola del pueblo, me pregunto yo si esto de frotar mis partes contra ese ser inanimado y darme gustito y placer será pecado o no, pues es una forma de masturbación como otra cualquiera.

Os confieso que entre el balanceo de Hamut y yo que me restregaba con disimulo pero a conciencia contra la toalla que ya estaba que daba pena verla, empecé a acalorarme más de la cuenta. Y aunque Hamut no es como un caballo que va al paso, al trote y al galope, este elemento causó verdaderos estragos en mí.

No se trata de abusar de los animales, Dios me libre. Que no se me eche encima la Asociación Protectora de Animales, pero considero que no debemos descartarlos como medios de transporte con los que estimular nuestros clítoris.

Algunos de mis amantes no han logrado encontrar satisfactoriamente mi clítoris, y es que esta zona es una de las más incomprendidas de la anatomía femenina. Es tan incomprendida que en la cultura popular se le conoce como el cubo de Rubik de la naturaleza humana. Sí, ese de mil colores que no hay listo que lo monte en un periodo de tiempo decente.

Rubik clítoris

Pero Hamut sí supo. Más que Hamut, fui yo la que supo encontrase el clítoris. Porque amigas, si vosotras no sabéis donde está y cómo, cuándo y dónde estimularlo, difícilmente podrán hacerlo los demás.

clítoris

Así que juega con tu clítoris siempre que puedas, tú solita o con el jugador de la temporada. Pero juega, y sonríe.

¡Feliz sexo!


Deja un comentario *
* Tienes que pertenecer al Club Cosmo para poder hacer comentarios