¡Buenorros!¡Buenorros!¡Buenorros!¿Qué tienen los buenorros que me vuelven loc@?

¡Hola Mis Chicas Molon@s!

Tengo predilección por tres cosas. El orden no lo tengo muy claro. Básicamente serían Los viajes, la fiesta y los buenorros.

¿Qué tienen los buenorros que me vuelven loc@?

Un buenorro es como la puesta de sol más bonita del mundo, como los veranos de cuando teníamos veinte años.

Un buenorro es la emoción de los viajes sólo de ida.

Un buenorro es como salir un miércoles y no tener que  currar el jueves.

Un buenorro es como ir perdiendo una partida y sacarte de repente un as de la manga.

Un buenorro es como estrenar vestido

Un buenorro es nadar desnud@ en una isla paradisíaca.

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Un buenorro es como encontrar la cartera después de haberla dado por perdida.

Un buenorro es como una noche molona.

Siento profundo respeto y admiración por estos exclusivos especímenes. Los amo sobre todas las cosas. Miradas a lo Jason Momoa, bailarines macarras como Patrick Swayze, pieles tatuadas como la Tom Hardy, carismas como el de John Travolta o pectorales a lo Andy Whitfield (Espartaco).

El último gran buenorro de mi vida, del que he catado poco, más bien nada para seros honesta, pongamos que se llama Aitor. Cuando le conocí por primera vez, por algún extraño motivo mis neuronas andaban adormecidas y no reparé en él. Pero tardé poco. De repente todos esos años absorta en no sé exactamente qué o quién me explotaron en la cara y en un plis me enamoré perdida y platónicamente de él.

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Me convertí en una adolescente pillada hasta las trancas. Siempre que le veía se me llenaban los ojos de ganas de volver a verle. Me hacía tan feliz y me ponía tan contenta verle que pasaba los días deshojando margaritas. Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere…

Como la esperanza es lo último que se pierde, en mi magistral dominio del arte de no autoengañarme a mí misma (JAJAJA) siempre creí, y sigo creyendo, que yo sí le gustaba, que algún día se daría cuenta.

He de agregar que el único día que pudo ocurrir algo la cagué. Después de que una amiga suya me dijera: Éntrale, le gustas pero es mega tímido. Invítale a  un chupito. Y eso fue exactamente lo que hice. Me dijo que sí y me cogió de la mano para atravesar toda la pista de baile hasta la barra. Una vez ahí brindamos y bebimos. Nada más volatilizar mi Jägermeister me entraron unas profundas e inmediatas ganas de potar.

– Aitor, tengo que vomitar.

– Pues ve al baño.

-¡No me da tiempo!

Y ahí mismo, en la barra del puto bareto y antes de poder acabar aquella frase tan elegante, poté a los pies de mi buenorro como una descarada y enterré todas las posibilidades de que aquel dios Neptuno al que me follaba cada noche en mis sueños me metiera el morro y me empotrara y me cabalgara como si yo fuera su mejor ola.

Desde entonces me maldigo por haber vomitado aquella noche, odio el Jägermeister sobre todas las bebidas del mundo mundial y sería capaz, si tuviera superpoderes, de hacer una de Superman y girar alrededor de nuestra planeta para retroceder en el tiempo y volver a ese infame chupito que me arruinó la vida junto a mi buenorro. Ya lo dicen en la tele, el alcohol es malísimo. Si no hubiera sido por mis excesos chupiteros hoy mi dios Neptuno y yo viviríamos felices y comeríamos perdices.

Efemérides…

Recuerdo que uno de los momentos más felices de mi vida, y no es broma, fue cuando de reojo observé, desde las atalayas de mi propia incredulidad, como aquella noche de bodas mi buenorro de magnitud XXXXXXL se alejó para dejar su copa, aproximarse hacia a mi y sacarme a bailar para danzar el baile más precioso que puedo recuerda y que he bailado hasta la fecha de hoy.

¡Andale!

Me pilló de sorpresa y estuve elevada en el cielo y entre sus brazos lo que duró aquella canción, No hubo beso, no hubo mambo, pero yo sé que bailando pegados con Chavela de fondo él también me deseó. Y no me jodáis la vida diciéndome lo contrario que os reviento.

Mi buenorro y todos aquellos buenorros que dibujo en mi cabeza a su imagen y semejanza van por la vida pisando con seguridad y brillando en el cielo como lo hace una entre un millón de estrellas.  Y sin que te des cuenta, ya te has quedado prendad@ de ellos. Y tus ojos eléctricos rebosan de ganas de verle. Hoy, mañana. Siempre.

Por la gloria de mi madre que me batería en duelo por un buenorro.

¿Quién no quiere casarse, o no casarse, y que eso signifique acostarse y despertarse juntos cada día con un buenorro? ¡Yo! Me lo pido para Reyes.

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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