Amor de festival

¡Hola Mis Chicas Molon@s!

No sé si las tecnologías de hoy en día son compatibles con el amor verdadero. Lo que sí os digo es que sí lo son con encontrar el amor de una noche y un sexo digno de las estrellas de rock ‘n roll.

Por otra parte, y sin que haya ninguna conexión previa ni relación directa entre ambos, me metí en una web muy graciosa de ligoteo por internet. Si te gusta uno, lo metes en tu cesta de la compra, como si fuera un brik de leche desnatada que pillas de la estantería del súper. Ellos son considerados objetos a los que mimar, es decir, productos. Nosotros somos las que decidimos, es decir, las clientes.

Hay ofertas de pelirrojos, tatuados, perforados, melenudos, hipsters o por provincias. Así que yo hice mi elección y seleccioné a mi objeto para mimar. Un bilbaíno de 24 años, muy muy guapo y muy muy salao. Pongámosle que se llamaba Toro Bravo. Del chat de la web, por cierto muy lento, pasamos al whatsapp. Después de un par de días whatsappeando como una quinceañera y mandándonos fotitos calientes, él insistió en vernos.

Ya he tenido muchas experiencias con hombres y no tan hombres que he conocido por internet y la cosa siempre me ha salido rana. Para variar. A Toro Bravo le dije que no iba a materializarse nuestro encuentro porque seguramente lo que pasaría es que él no me gustaría y yo le parecería aburrida. Y lo que es peor, la magia se perdería. Mejor quedarnos con un buen sabor de boca y dejar nuestro encuentro en manos de la diosa Fortuna.

Pero no . Toro Bravo erre que erre. Pico pala, toma y daca. Pin pon fuera, que se me sale la camisa fuera. Y de repente me llega un whatsapp.

-Me he encontrado un bono de tres días para el BBK Live. Eres la primera a la que aviso.

Un perfecto caballero me habría regalado la entrada, pero teniendo en cuenta que no nos conocíamos y que el chiquitín estudiaba y sólo iba con veinte euros al festival, lo cual no da ni para pipas, me pareció lógico que me cobrara por la entrada y negocié. Mi año en Marruecos me ha dado muchas tablas para estos menesteres y adquirí la entrada del bono de tres días (jueves, viernes y sábado) por el módico precio de 60 euros. Un chollo, una ganga, si no que se lo digan a los que han pagado 120 euros o más. La verdad es que podía haberlo conseguido por menos, pero tampoco me gusta abusar.

La aparición del bono del BBK daba un giro inesperado y radical a la trama de mi historia con Toro Bravo. Sí íbamos a vernos finalmente. Así pues quedamos en unas horas. Yo le avisaría cuando estuviera en la entrada para que el saliera, pues él ya se la estaba gozando dentro.

A las once de la noche, justa cuando Cenicienta tiene que ir recogiéndose y preparando la carroza para salir pitando pa casa, es cuando empezaba mi gran noche. A lo Raphael.

Llegué y besé el santo. Bueno, al santo no, sino a pequeño Torito Bravo. Juntos, de la mano, entramos en el BBK Live con nuestras pulseritas a juego y directos a por el primer trago. Pidió él y me invito él.

-Un mojito por favor.

Y continuamos con Franz Ferdinan. Torito Bravo y yo recordábamos nuestras conversaciones por whatsapp, las fotos que nos habíamos mandado y tonteábamos como cuando teníamos quince años. Hacía mucho tiempo que no coqueteaba así.

-Algún día tenemos que jugar tú y yo al quinito.

-¿¿¿¿Al quinito???? Pero que tengo 33 años, yo ya no juego esas cosas. Mejor una de strip poker.

El viento, las mil músicas que me llegaban por todas partes, la sensación de libertad y ese joven dispuesto me pusieron muy cachonda. Algo teníamos Fran Ferdinan y yo en común, nuestros fuegos estaban descontrolados.

A pesar de lo joven que era y las historias de teenager que salían por su boca, manejaba con maestría la situación. Pero la experiencia es un grado y aunque él manejaba perfectamente, yo me dejaba llevar mejor. La conversación no fue de las más intelectuales y enriquecedoras que he tenido. No hablamos de lo que necesita este país, ni de las ecuaciones de Newton o la simbología del ultra influyente y perverso de Stanley Kubrick. Ni falta que hacía. Porque esa noche no estábamos ahí para eso. Esa noche habíamos venido a lo que habíamos venido. A bailar, a escuchar música y a vivir nuestro amor de festival.

Cómo no, todo no podía ser perfecto y la madre naturaleza nos regaló unas cuantas gotitas de lluvia, así que nos refugiamos bajo un árbol hasta que pasó la tormenta. Del árbol fuimos al escenario donde tocaba Crystal Fighters. Él me siguió hasta el medio del meollo, que es donde me gusta bailar y estar. Y ahí estuvimos él y yo, Tú y yo…

Tú y yo nos empezábamos a enamorar por esa noche.

Yo me di cuenta de cómo me mirabas y te sonreías, de cómo me mirabas de reojo cuando pensabas que no te veía.

Tú te dabas cuentas de como yo hacía como si te rozaba sin querer la mano y me la sosteníais con fuerza,

Yo te estaba gustando más de lo que esperabas.

Tú me estabas acompañando en este momento mágico.

Yo estaba donde quería estar con quien quería estar

Tú ibas a echarme de menos antes de que me fuera.

Yo no dejaba de pensar aquello de que no se rompa la noche por favor que no se rompa.

El concierto llegó a su fin pero aun nos quedaba mucha noche por delante. Cambiamos de escenario y sonaba música nueva que nos llevaba cualquier otra parte. De nuevo, el sonido de la música, ver a tanta gente feliz, saltando, cantando, entregada a ese momento me hizo sentir la plenitud y de paso un calentón cada vez mayor. Toro Bravo me tenía ya bastante caliente, para qué engañarnos. Ya le había yo demostrado de todas las maneras posibles que tenía vía libre para meterme el morro.

Ya nos habíamos cogido de la mano, de la cintura, incluso yo le había metido la mano por debajo de la camisa, y del pantalón también, para sentir el tacto de su piel. Él me había besado en la frente en plan paternal. Yo le había acariciado el cuello un par de veces y nos habíamos mirado larga y profundamente con caritas de cordero degollado. Aquel escenario abarrotado de gente fue testigo de nuestro primer beso mientras sonaba Dorian en forma de una tormenta de arena.

Fue un beso beso, un beso con lengua que dura y dura. Nuestras bocas violentas, su lengua ansiosa, la mía incontrolada. Nos besamos como si hubiéramos deseado ese beso desde el primer instante. Me tiré toda la canción enganchada a su boca. No sé cómo lo veréis, pero fue uno de los mejores besos de mi vida. No sé si sería su boca, la mía, la música, la emoción de estar ahí, pero fue de película.

Pero este amor de festival no iba a acabar con un beso. Un final con un beso es bonito, pero hay finales mucho mejores. Sus padres no estaban en casa y yo hace mucho que ya no vivo con los míos. Él me invito a dormir y yo acepté. Él deseaba meterme en su cama, mejor desnuda, y yo ya no me aguantaba las ganas.

Un final perfecto para un amor de festival. La noche se rompió, suele romperse casi siempre. Pero a las tantas de la mañana. De la mañana siguiente no. La siguiente.

¡Feliz Sexo!

Un pensamiento en “Amor de festival

  1. Me ha gustado ya que parecido viví una experiencia en Sevilla en su feria fué maravilloso cuando una chocolatina se nos derritió en las manos y después nos lamiamos las manos una al otro y nos besamos hasta que el sabor de chocolate se nos fué de la boca…


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