Amor a la iraní

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

He pasado estas últimas dos semanas muy lejos de España. Nada más y nada menos que hasta la antigua Persia me he despachado con mi mochila cargada de ilusión y ganas. Una vez más me he dado cuenta de que viajar es descubrir que todos estamos equivocados acerca de otros países. Irán no es ni mucho menos ese peligroso país que demonizan las cadenas de televisión occidentales ni la mayoría de voces que  pecan de ignorancia y tachan a todos de putos moros de mierda y yihadistas.

Dejemos los prejuicios en casa, os lo ruego, y no confundamos jamás gente con políticos. Pese a tener una cuadrilla de ancianos trasnochados y crueles como gobernantes capaces de azotar a unos estudiantes por hacer fiestas mixtas, Irán es un país maravilloso que merece una dedicada visita. Lamentablemente Iran está regido por un gobiernos abusivo y opresor que dicta normas denigrantes y sin sentido.

Un poco de historia…

En 1979 el ayatolá Ruholá Jomeini regresó de su exilio en Francia tras la salida del Sha y protagonizó la Revolución Islámica en Irán. así fundó la Primera República Islámica de Irán. Desde entonces, la ley que rige la vida y la política del país es la Sharia, bajo una interpretación única y restrictiva del Corán en su visión chií del Islam.

Para hacer respetar la Sharia, existen patrullas de Guardia Revolucionaria o Policía de la Moral, que vigilan a la ciudadanía en las calles de todo el país. Pero, ¿quién puede controlar la privacidad de cada hogar? Os garantizo que hay un abismo entre lo que se ve en la calle y lo que ocurre en la intimidad de los hogares.

Imagen relacionada

Antes y después del Ayatolá

En un país cuyos poetas siempre han ensalzado el amor, las mujeres y el vino, está prohibidas las bebidas alcohólicas y celebrar San Valentín. Condena la homosexualidad. No hay bares, no se pueble bailar en público y las muestras de afecto están prohibidos en publico. No hay facebook, no hay youtube y miiles y miles de páginas están censuradas. Pero gracias a la Red Privada Virtual o VPN, que logra desenmascarar y desbloquear páginas y sitios web prohibidos por el régimen.
Afortunadamente, una cosa son las gentes de un país y otra, sus dirigentes. Repito, una cosa son las gentes de un país y otra, sus dirigentes. El pueblo iraní es probablemente el más hospitalario del mundo. Siempre te recibirán con una amplia y sincera sonrisa y te preguntaran curiosos y alegres por tu país de procedencia. Si eres español, obvio que la siguiente pregunta sera ¿Barça o Real Madrid? Yo siempre les digo Ninguno de los dos, Athleti de Bilbao.Y les bailo así.

Hay un Irán underground, como ellos lo llaman. Un Irán precioso en el que ellas se desvelan, se visten para matar como nosotras y celebran la vida como Dios manda.: fiestas clandestinas en casas con bodegas también clandestinas o alcohol de estraperlo. Las nueves generaciones nada quieren saber de las ridículas normas que rigen Irán y se buscan la vida para esquivar las restrictivas leyes del régimen de los ayatolás.

Aterrizando en Irán…

Lo primero que anuncian antes de aterrizar es que las mujeres hemos de llevar la cabeza, las piernas y los brazos cubiertos en publico. Y así hice, qué remedio.

velo

Teherán es una capital grande, ruidosa y poco agraciada, así que decidí no dedicarle demasiado tiempo. Visité las casas tradicionales de Kashan, me perdí por las estrechas y sinuosas callejuelas de adobe de Yadz y para luego seguir perdiéndome en su precioso pero encantador bazar. Trepé como los felinos hasta los tejados para asistir a uno de los atardeceres más bonitos que he visto nunca y me quedé hasta que el guardia me echo en las ruinas de Persépolis. Conviví un par de días con los nómadas de los montes Zagros durante la migración de las Montañas Altas a las Bajas. Colaboré con mi granito de arena echándoles una mano para subir el ganado al camión. Para que veáis que no miento.
nomad
Y me dejé lo mejor para el final: Isfahan, pura música para los odios. En farsi, lengua persa, Isfahan significa la Mitad del Mundo. No es de extrañar que a Isfahan se la considere la perla de Persia. Y a Naghsh-i Jahan, la plaza del Shah, el corazón de Isfahan y una de las más grandes y bonitas del mundo. Visité la mezquita del Shah, el palacio de Ali Qapu y la mezquita de Lutfallah, y curioseé paupérrima las tiendas de alfombras, lámparas y joyas. Antes del atardecer salí a la plaza de nuevo para reunirme con las familias que por ahí festejaban el aniversario de la muerte de Mahomma y me tumbé en el césped, jugué con las fuentes y charlé mientras los monumentos que custodiaban imponentes la plaza del Shah se iluminaban lentamente.

Por la tarde, ya de noche cuando todos los gatos son pardos, me dirigí hacia el barrio armenio y visité los famosos puentes de Isfahan. Concretamente el Si-o-se Pol, el Puete de los 33 arcos, tantos como letras forman el alfabeto armenio. Y ahí, en el arco 32 o 2 (según se mire) de la Mitad del Mundo, hallé un hombre precioso del que quede prendada. Y en ese mismo momento supe que cada paso que había dado en mi viaje me habían dirigido a ese puente, a ese arco, en definitiva a él. Ali, para todos vosotros Alex.
Era uno de los música ilegales del puente de los 33 arcos. Sí, también es ilegal cantar en público. Ahí, con esa mágica noche de testigo, escuché embelesada su voz rasgada y perturbadora. Tocaba y cantaba esta preciosa canción cuando me enamoré de él al instante.

Cuando terminó su clandestino concierto me acerqué a él para felicitarle. Resulta que no hablaba inglés. Un amable iraní que chapurreaba algo en la lengua de Shakespeare se ofreció a traducir entre el músico y yo.

No hay muchos turistas en Irán y Alex me pregunto extrañado por qué alguien habría de visitar un país como el suyo. Le dije que su país es precioso y que sé de buena tinta que una cosa es el gobierno y otra su gente. Se sorprendió y se alegro de comprobar que yo sabía eso. Me dijo que lo peor es que muchos iranís quieren conocer otros países pero es imposible. Demasiado caro. Me dijo que Isfahan desaparecería con el tiempo pues esta inmersa en una brutal crisis de agua. Antes los puentes estaban rodeados de agua, ahora es un desierto. Me dijo que esperaba que su Dios les trajera agua. Yo también lo espero.

Cada vez que me hablaba yo estaba aún más loca por el. No entendía lo que me contaba hasta que el traductor me lo explicaba a duras penas, peor no podía dejar de escucharle, ni de mirarle. Los dos nos mirábamos con timidez pero con deseo. Sentía que lo conocía de siempre, que habíamos nacido para entendernos.

Ali estaba estudiando ciencias de la información y tiene la intención de ahorrar para salir de Irán e ir a una universidad europea. Me deseó buen viaje de vuelta a casa y me dijo que le encantaría hablar conmigo. Me dijo que iba a aprender inglés y que cuando fuera el momento me escribiría. Nos intercambiamos los teléfonos y antes de despedirnos para siempre me dijo cosas preciosas que me da vergüenza contaros, no me culpéis.

Ojalá me hubiera agarrado de la cintura y plantado un buen morreo pero aquello hubiera sido cuanto menos un ultraje en Irán. Se despidió  con una leve inclinación de cabeza y tocándose el corazón con la mano. Yo le sonreí y le dije adió con la mano.

Me dio mucha pena irme, pero quedarme por amor no hubiera sido una opción. No podría hacer nada de lo que me gusta. Como bailar descalza, subirme a la barra de cualquier bar, beber como un poeta y salir como si o hubiera un mañana. Tendría que andar tapada todo el santo día, con lo mucho que me gusta a mi el destape y andar sin medias, con faldas y a lo loco.

Aquellos ayatolás acabarían poniéndome el yihab de por vida y atándome a la pata de la cama, anulando todo mi ser por completo.

No hay que ser muy list@s para intuir que esa noche me toqué pensando en el trovador del puente de los 33 arcos. Cómo me hubiera gustado recorrer las calles de Isfahan con Alex, cogidos de la mano y besuquearnos como amantes en cada rincón. Que me hubiera metido masturbado en cualquier banco de la plaza y que sejoda el Iman Joemeini. Nos hubiéramos comido a besos en las mezquitas o en cualquier terraza. Cómo me hubiera gustado que me hubiera besado las tetas, que me hubiera arrancado el sujetador y haber hecho el amor bajo las estrellas del desierto de Dasht-e-Kavir y luego dormirnos tras follar como leones sin pijama y enredados en el caravanserai de los poetas persas.

Pero hay cosas que todavía no son posibles en Irán. Algún día, Insha’Allah. 

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

Sígueme en:

Twitter https://twitter.com/PepitaLaNuit

Instagram https://instagram.com/pepitalanuit

Contáctame en escribenos@cosmopolitan.es


Deja un comentario *
* Tienes que pertenecer al Club Cosmo para poder hacer comentarios