Coqueteando con teenagers

Cartel keep calm

KEEP Calm and KISS an Exchange Student

¿Recordáis aquel anuncio de estética noventera de una tal Mayonesa que nos animaba a hacer cosas variopintas, sin orden ni concierto, eso sí, cosas todas ellas que te hacen sentir de puta madre?

Lo he rescatado para vosotr@s:

Os propongo que ahora que el verano ya llegó, nos pongamos manos a la obra y nos comamos a un veinteañero. Os sorprenderá comprobar que para los jovencitos, las chicas de 30 años podemos resultar muy muy atractivas. Seguramente por qué basándose en no sé qué mito o rumor, piensan que las 30añeras estamos de vuelta y que somos unas Diosas del Sexo. Brahim Zaibat rindió ante la rubia Madonna, Ashton Kutcher bebía los vientos por la despampanante Demi Moore y Mr. Cachas amó desesperadamente a una Samantha en sus cuarenta y…y qué bien llevados. No olvidamos jamás al extraño Finch, que acabó perdiendo la cabeza por la más que madurita madre de Stifler.

Así que subámonos al tren de los teenagers mientras podamos, antes de que se nos pase el arroz, los 30 y los 40.

Cartel película El graduado

Un joven Dustin Hoffman de 21 años no puede resistirse y sucumbe a los encantos de una seductora Sra Robinson.

¿Cómo reconocer a un teenager?

–   Los teenagers, yogurines, veinteañeros, como prefiráis llamarles, de edad comprendida entre 20 y 29 años, son altamente inflamables. Se calientan en cuestión de segundos y tienen las hormonas revolucionadas.

–   Son absolutamente encantadores J.

–   No olvidemos que no les da vergüenza nada, pasan del qué dirán, pasan de la gente de alrededor, si hay cien ojos mirando, ellos pasan. Si por ellos fuera te desnudarían en ese mismo momento, sin vacilar. Pero somos mujeres adultas y maduras, y tampoco se trata de montar un número. ¡Controlaos!

–   Son más vigorosos que nuestros coetáneos, tienen más potencia y resistencia sexual.

–   La otra cara de la moneda es que la técnica es un tanto floja, tienen que depurarla. No te alarmes, es normal, la experiencia es un grado y estadísticamente, tienen menos años de experiencia sexual que un macho de 30 años.

–   Un inconveniente, fuera del plano sexual, es la conversación. Puede ser un chico majo, interesante, inteligente, pero llegará un momento en el que la conversación se convierta un hándicap. Obviamente también existen hándicapés conversacionales de 30 años, pero este no es el tema que nos ocupa. Es probable que cuando dejes de darle al meneo, y hables con él, sientas que no tienes mucho, quizás nada, que decirle, que lo que él te cuenta no te interesa lo más mínimo.

Ante esta incómoda situación… ¡MANUAL DE INSTRUCCIONES PARA CHICAS MOLONAS!

–         ¡¡HUYE!! No te lo tomes al pie de la letra, me refiero a que te vayas discreta y elegantemente de su casa con cualquier excusa.

–         Otra historia es si te lo has llevado a tu casa, en cuyo caso, te aguantas y tendrás que esperar a que el chico se vaya. A las chicas MOLONAS siempre debe acompañarnos la educación. No es cuestión de echar de tu casa a un caballero que lo ha dado todo la noche anterior. No es correcto que te deshagas así de él,  después de haberle utilizado. Como una señorita que eres, has de comportarte como tal. Al menos ofrécelo algo de beber o comer si tiene hambre y cuida de tu huésped hasta que se marche.

–         Puedes inventarte alguna excusa, a saber, tienes comida familiar, cita con el médico o puedes decirle que tu novio llega enseguida (espero que no tengas novio, los cuernos NO NOS GUSTAN). Así saldrá pitando, pero no creo que sea la mejor excusa. Eso si, no volverás a saber de él nunca más, que es de lo que se trata.

cartel

–         Si cuando salís de la cama te das cuenta de que esa compenetración de vuestros cuerpos no existe a un nivel relacional, métetelo de nuevo en la cama y sácale el máximo partido hasta agotarlo. Una vez terminada la faena, cada uno en su casa y Dios en la de todos.

¡WARNING (La que avisa no es traidora)!

Los veinteañeros no valen como novios, ni siquiera como follamigos. No repitas, estáis advertidas. Saldrá mal, estoy 99% segura. Permitidme que os cuente mi pequeña experiencia. Obviamente no llegó a nada, pero fue divertido mientras duró, que es de lo que se trataba. Ni más, ni menos. Ni menos, ni más.

Jorge, fisioterapeuta, 25 años y guapo a rabiar. Culito prieto, piercing en la nariz, dentadura perfecta, moreno, ojos negros como esa noche, una noche no cualquiera de bodas, la boda de mi número 4. Su aliento olía a ron y besaba con la pasión y la fuerza de aquellos maravillosos años, esos primeros rollitos de primavera y rollos de verano en la playa, en aquel callejón de la urbanización que os comentaba en el post anterior.

Jorge me ponía, me encendía, me excitaba mucho. Mi Jorge estaba On Fire y yo también.

Yo no dejaba de decirle que podría ser su madre (siempre he sido algo exagerada). Llevaba un pantalón gris que le marcaba ese pedazo de culo, una camisa blanca que le sentaba como un guante y una corbata con la que yo jugaba mientras le seducía como una lolita quinceañera. Mamma Mia, qué recuerdos. Con seguridad, le calentaba diciéndole lo guapo que era, insistiendo especialmente en lo mucho que me gustaban su piercing y sobre todo su corbata. Él no dejaba de tocarme el culo, y yo le pedía amablemente aunque no demasiado convencida ni convincente, que hiciera el favor de retirar sus increíbles manos de mi trasero. Todo esta escena que os relato ocurría en medio del dancefloor. Obviamente nos convertimos ipso facto en la comidilla de la boda, el rumor de los invitados de la novia y del novio.

Ya sabéis que el juego de la seducción es inesperado. Unas veces seduces, otras te seducen, un juego de azar como la ruleta o jugárselo a cara o cruz. En este caso fui yo la seductora y él el seducido, sin lugar a dudas. La verdad es que me metí en el papel enseguida, de nuevo la experiencia es un grado.

Intuyo que mi jovenzuelo portaba un gran calentón, y me propuso hacer cochinadas varias debajo de un árbol. Me encantó la idea, así que acepté gustosa y fuimos paseando hasta el árbol alejado más próximo y ahí empezó a meterme mano. Violentamente pero con dulzura, tocaba muy muy bien. Con tacto, con firmeza, con pasión. Mi dulce teenager pasaba de protocolos y yo, a lo femme fatale, no dejaba de decirle que podría ser su madre. Esta frase da mucho juego, que lo sepáis.

Cartel mujer fatal

Entonces…mi lado moñas apareció de súbito. Obviamente no quería bodas ni novios ni mucho menos, pero mi plan para esa noche era más bien un rollo Desayuno con Diamantes versus un capítulo mega hormonado de Física o Química del veinteañero Jorge. Yo deseaba un paseo romántico, una conversación, besos apasionados, que me metiera mano, incluso habría aceptado masturbaciones en ambas direcciones, pero él quería MÁS, ya sabéis: Un polvo en los matorrales. Se me bajó todo, la pasión y el deseo, incluso me enfadé, seguramente sin motivos, pero me pillé un buen cabreo. Siempre he sido una romántica, y el plan de echar un polvo rápido y seguramente sin premio en forma de orgasmo entre el follaje no me gustó nada. Yo quería otra cosa, sobre todo besos con sabor a ron…, del bueno.

Tras nuestra primera pelea  “como pareja”, volvimos en silencio a la pista de baile. Yogurín no pilló que estaba enfadada y como no me preguntaba aquello de ¿Qué te pasa cariño?, no me corté un pelo y toda digna le dije lo que pensaba, sin que él me hubiera preguntado. Ahora que lo recuerdo me da vergüenza, así que no voy a reproducirlo. Él flipo, no sé si con o sin razón, pero flipó. Intento ponerme en su lugar y me meto en su cabeza y en sus partes bajas…La verdad es que seguro que me odió.

Lógicamente su inflamable mente pensaría “Soy un crack, el amo, voy a pincharme a una tía de 30 años en los matorrales, esto es llegar y besar el santo.”. La realidad fue bien distinta..

Cartel: Vuelta a la realidad

Resulta que acabó con un calentón insatisfecho y aguantando una chapa de la chica en cuestión sobre el sexo sin amor, el respeto y otras cursilerías varias al más puro estilo San Valentín.

San Valentín

Arte callejero en alguna calle de la arrebatadora Paris

Lo siento Jorge, igual me pasé un poco. Si nos volvemos a ver algún día, si coincidimos en otra boda, o en un cumpleaños, en una comunión o incluso en un bautizo, acepto las cochinadas en el árbol. SÍ A TODO… Sólo una petición:

No olvides traerte la corbata, me gustó mucho y me aburro desde que no puedo jugar con ella.

Modelo de Zara

Campaña ZARA Hombre Otoño/INvierno 2012 (Jon Kortajarena)

¡Feliz sexo!

 

 

 

 

Un pensamiento en “Coqueteando con teenagers

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