El rey que se convirtió en rana

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

¿Recordáis al que yo, en un precipitado acto, denominé El Rey del Mambo? Por si se os ha olvidado aquella historia que pintaba suculenta, vamos, pa chuparse los dedos, aquí os la traigo de nuevo. Una vez puestos al día, procedo a relataros cómo acabó la cosa. No lo hago por despecho, sólo me mueve la objetividad y mi todopoderoso deseo de compartir siempre con vosotr@s lo que me pasa, lo bueno y lo malo. Mi idilio con el Rey del Mambo, a partir de ahora Rafa a secas, no terminó bien. No nos pegamos, ni acabamos como el rosario de la aurora, ni en tragedia como aquel trío de pacotilla con Oriol y Pau. Pero terminó. Sin aplausos ni abucheos. Simplemente terminó.

Volvamos la vista atrás. El vasco y yo estuvimos tres semanas conociéndonos en la distancia. Llamadas y conversaciones de whatsapp día sí, día también. El tenía la intención de venirme a ver a Madrid, pero no pudo ser. Aunque a eso mi madre lo llama Arrancada de caballlo, parada de burro. Y mis hermanas, No tener interés y punto. Yo simplemente lo interpreté como un No puede. No sé, al tratarse de los meses estivales pensé que Madrid tampoco es que sea el lugar ideal para escaparse un fin de semana de julio a pasar calor, sudar y beber agua sin ninguna necesidad. Así que ni corta ni perezosa, como una princesa que no espera a que el otro venga a buscarla, hice mi mini maleta y me fui pal norte. Tampoco me suponía un esfuerzo, ya conocéis mi loco amor por esas tierras bárbaras.

A las 8 de la tarde ahí estaba yo plantada en Bilbao. Cono una campeona. Tan ilusionada, tan contenta, tan caliente. Rafa me había tenido tres semanas bastante inflamable, para que nos vamos a engañar. Tres semanas de pensamientos tórridos y marranos. El vasco nunca consiguió hacer tambalear mis vértices, pero sí hizo que me temblaran las piernas. Y la pepitilla.

Mi idea era ir a casa de una amiga y dejar mis bártulos concienzudamente seleccionados en mi maleta. Para el que no entienda, lo que vienen siendo bragas y sujetador monos, todo bien conjuntadito. Porque estaba claro que ese finde iba a follar como una loca. También entraba en mis planes ducharme y ya luego, bien aseada y perfumada, quedar con él. Pero aquel finde llovía, mi amiga llegaría más tarde de lo previsto a casa y yo tenía muchas ganas de verle.

El  plan era quedar esa tarde y dormir juntos. Así que le llamé y le dije ¡Cambio de planes. Voy a tu casa directamente, pero he de ducharme que vengo sucia del viaje! Eso de imaginarme sudada y algo zarrapastrosa le puso borrico. Lo noté en el tono de su voz. Y ver que eso le ponía, también me motivó lo mío. Total, que fui a su casa y el encuentro fue como en las películas. Empezamos a  besarnos diría yo que como dos novios que de verdad se han echado de menos y hace meses que no se ven. Él ya se había duchado, olía fenomenal, pero insistió en remojarse de nuevo conmigo. Le dije que sí, qué iba a hacer. Fue una momento bajo el agua de lo más erótico. Nos tocamos con muchas ganas, nos metimos mano hasta las entrañas y nuestras bocas lamían sobre mojado. Y volví a notar su bestial erección rozando mi cuerpo, tonteando con mi culo. Subiendo y bajando. Ay chipirón, con qué fuerza me agarraban tus manos.

Y de ahí a la habitación. Me lanzó sobre la cama, me quitó la toalla mientras me contemplaba con mucho vicio. Del malo. Llevaba tres semanas pensando en este momento. ¡Qué mono! pensé. En mis ojos se notaba que yo sentía lo  mismo. ¿Para qué ocultar lo obvio? Yo también, le dije. Y empezó la función. Follamos toda la tarde mientras afuera llovía y tronaba. Después de follar, cuando uno no se conoce mucho, puede llegar el momento incómodo. No saber qué decir, ni tener de qué hablar. Pero no ocurrió eso.Todo lo contrario. Sin esfuerzos nos salían las palabras. Me habló de sus viajes, yo le hablé de mi próxima aventura. Me repetía que tenía unos ojos preciosos y yo insistía en lo mucho que me ponía. No iba a ser todo follar, ahora tocaba comer y reponer fuerzas. Nos fuimos a tomar algo. Llamadme pava, pero esa noche me sentí como la Pataki en su nuevo anuncio. No una nefasta cantante, sino excited.

¿Y si os digo que disfruté más de ese momento compartido que de los momentos de sexo? No quería que la noche acabara y él tampoco, así que estiramos la noche todo lo que pudimos. Paseamos, tomamos algo en un bar  tranquilo, nos sentamos frente al mar. Y mirando ese mar en calma, yo le sometía a mi particular batería de preguntas. Me gusta saber cómo es la otra persona, sus gustos, sus miedos. De noche, sin habe bebido demasiado, sin prisas, le miraba y me mordía los labios de las ganas de volverme a meter en la cama con él. Pero prefería seguir hablando, conociéndole. Por ahora me estaba gustando lo que veía, lo que oía, lo que sentía. Hasta que ya no pudimos más. Ya no podíamos retrasar más el momento de volver a desnudarnos y enredarnos hasta la mañana siguiente. Tardamos en llegar a su casa, porque no podíamos dejar de devorarnos, de tocarnos, de comernos la boca. Y a la cama otra vez. Vimos amanecer él encima de mí. Seguimos viendo amanecer, yo encima de él.

Al día siguiente cada uno hizo su marcha, que tampoco hay que asfixiarse. Él tenía plan con sus amigos y yo con mis amigas, que por cierto desde  el principio, no se cortaron un pelo en decirme que ese chico no les gustaba ni un pelo. Que les daba pereza. Pero no entremos en esto todavía. Por la noche nos volvimos a ver. Y aquí empezó el derrumbe, la caída del Rey del Mambo. Estábamos de jarana por la misma zona así que le avisé por whatsapp de que me iba. El me dijo Yo contigo. Me llamó y nos fuimos juntos en busca de un taxi. Ahí ya me empezó a dar la impresión de que lo habían cambiado en una tómbola de feria. Porque el tío va y me suelte Vamos a domir ¿eh?, de follar nada que estoy agotado. En ese preciso instante tendría que haberle mandado a freír espárragos (estoy siendo muyyy educada), pero las copas de más habían hecho su efecto y mis neuronas andaban algo aletargadas. No supe ver en esa primera cagada que estaba ante un auténtico capullo.

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Llegamos a su casa y por supuesto follamos. A mí se me había olvidado su frasecita y a él parece que también. Y tanto follamos que al día siguiente las sábanas se habían roto. Para el que a estas alturas aún no lo sepa, a mí me va el rollito sado. No he probado las pinzas en los pezones ni me han atado mientras me azotan tres malignos vestidos de cuero, pero me gusta que me tiren del pelo, que me den una mini azotaina en el culete, incluso que me aprieten el cuello como si fueran a ahogarme o que me pellizquen los pezones. Es parte del juego, me gusta someterme voluntariamente de vez en cuando a un amo light que me mueva el piso. Pero…….No nos confundamos caballero. ¡A ver quién se ha perdido algún capítulo de Barrio Sésamo!

Eso no da derecho a que me suelten un zorra o zorrita sin venir a cuento. ¡Cómo lo oyen señores! No estábamos jugando, ni estábamos en un role play, ni siquiera estábamos follando. Que en ese caso lo entiendo. Cada cual que haga lo que se le antoje. Hay que respetarse mucho en la cama y fuera de ella, y los límites se marcan entre los dos. No se trata de hacer lo que a uno le venga en gana y aquí paz y después gloria. Me explico. ¿Cómo se come estar tendid@ en la cama y oírte, de broma, pero oírte zorra, y un segundo zorrita (¿el diminutivo a qué santo viene?en plan jocoso después de haberle dejado claro como el agua de Bezoya que su broma de mal gusto no me había hecho ni puñetera gracia? Eso no se come de ninguna manera damas y caballeros. Al meno no en mi cama o conmigo dentro. Le canté las cuarenta en su justa medida y sin parecer una histérica desequilibrada. De nuevo pensé que cualquiera puede meter la pata dos veces. No olvidemos que los seres humanos somos el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Pero ojo, ya no habrá una tercera.

(Y ahora pongo este tema que nada tiene que ver con todo esto, pero me gusta muy mucho. Aunque algo sí. Mi corazón es como ese en el que se está jugando al baloncesto. Late fuerte, rebota. Y sobre todo lucha por encestar en cada partida.

Seguimos. Os recuerdo que era domingo y yo me iría por la tarde o el lunes por la mañana. Todavía no tenia mi plaza de vuelta reservada. Todo dependía de cómo terminara la cosa que a estas alturas de la película tenía mala pinta. Y aquí es cuando lo vi todo claro. Él estaba haciendo sus planes para el domingo. Con sus amigos, con su jefe, con su mejor amiga. Con todo pichichi, menos conmigo. ¿Se estaría agobiando? ¿Demasiada presión? No sé, fue el quien me dijo que  durmiéramos juntos. Entonces me invitó a comer. Eran las dos y a las cuatro tenía que marchase. O le sobraba comida o le faltaba tiempo. Su invitación, fíjate tú por donde, no me sonó sincera. Me sonó a compromiso. No veía interés en sus palabras ni en sus gestos, ni nada de nada. Entonces me empecé a sentir mal. Bastante mal. En menos de 48 horas mi sensación al lado de ese chico, compartiendo una mañana cualquiera de domingo estaba siendo mala. No estaba a gusto. Sentía que sobraba. Sentía que mi compañía no era deseado, que realmente no quería que yo estuviera ahí. Entonces tuve un momento de lucidez, me escuché y pensé que yo no estoy en casa de nadie ni haciendo compañía si esa otra persona no esta interesada.

Mientras cavilaba le escribí un mensaje a mi amiga Canelita: No estoy a gusto, me quiero ir. Y Canelita, rauda y veloz me respondió: Pues vete, te recojo en cinco minutos. No me lo pensé dos veces. Rafa, no hay una tercera cagada. Too late. Aunque imagino que a ti plim.

De nuevo hice una de cambio de planes. Me vestí a toda mecha y le dije que me había surgido un imprevisto. No nos hemos vuelto a ver. Me llamó al cabo de las horas preguntándome por qué me había marchado tan escopetada. Ya más tranquila le conté que me había ido porque no estaba a gusto. No entré en detalles. Se disculpó. Sonaba sincero, pero todo quedó ahí. Esa fue la última vez que hablamos. Un par de llamadas perdidas por ambas partes, algún mensaje sinsentido y ridículo por su parte de esos que sólo tienen la intención de marear, de esos que no hay que ser muy listo para saber que se mandan por si acaso, de esos que únicamente pretenden tener pendiente a la otra persona. Too late.

Pero yo ahí ya había cambiado el chip y ya había pasado página. Agua que no has de beber, déjala correr. He de reconoceros que la historia me jodió un pelín en su momento. Sería de piedra si no hubiera sido así. Y una mentirosa si os dijera que todo aquello me dejó indiferente. Fue bonito mientras duró y cuando se terminó, le odié un poco. Sólo un poco. Odiar un poco es algo humano, creo yo. Es la eterna pareja de baile del amor, aunque en este caso era un incipiente «me gustas». El odio siempre hace su aparición estelar cuando alguien a quien aprecias no te valora y no demuestra ningún interés en que formas parte de su vida. ¡C’est la vie Marivi! Intenta que no se instale demasiado tiempo en tu alma.

Pero no dramas querid@s, en peores plazas hemos toreado. Sólo ha sido un perfecto desengaño más, un hombre menos. Un rey menos, una rana más.

Moraleja: Haz  caso a tus amigas, especialmente si son tan listas como las mías. Si te valoran tanto como lo hacen las mías. Son como una madre, que lo ven venir de lejos. Que cuando tú has ido, ellas han ido y han vuelto.

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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