Vivir en throuple: no hay dos sin tres

¡Hola Mis Chicxs Molonxs!

Hoy, desde este blog canalla y sinvergüenza entrevistamos a Miguel Vagalume sobre las relaciones poliamorosas, concretamente sobre el fenónemo throuple.

Activista de las identidades, prácticas sexuales y relaciones no convencionales como «la mosca cojonera» desde 2006 en su blog en Golfxs con principios, Miguel es sexólogo. Además de dedicarse a la consultoría de sexología y pareja es co-creador y docente en la Escuela sexológica. Ha traducido numerosos textos sobre sexualidad no convencional, incluyendo numerosas guías prácticas para las no monogamias como Ética promiscua, Opening Up, El libro de los celos (en las no monogamias), Juego Limpio, Más allá de la pareja, Apuntes sobre poliamor y Reinventa las reglas.

miguel

¡Allá vamos con las preguntitas!

¿Cómo crees que está tomándose la sociedad las relaciones poliamorosas?

Ha habido un cambio de mentalidad, no para entenderlas, pero sí para saber que existen. El concepto ahora aparece en todas partes: series de televisión, política, charlas cotidianas… Como en cualquier otro tema, cada cual entiende por poliamor lo que quiere. Eso sí, cuando conocen esas relaciones realmente, chocan mucho con la cultura romántica más extendida y siempre se cree que, en el fondo, alguno o todos los miembros de esa relación tienen algún problema para estar aceptando esa relación, creyendo que lo «natural» sería que no estuviesen a gusto o que nos les hiciese falta. Cualquier otra opción diferente a estar en pareja siempre es vista con desconfianza, sea la soltería, las relaciones más informales o tener varias simultáneamente.

Como encontró el reciente estudio Intimate, de Ana Cristina Santos, de la Universidad de Coimbra, en las familias del sur de Europa se acepta más fácilmente que alguien sea LGTBI que el hecho de que tenga dos relaciones simultáneas.

¿Qué significa el término throuple y cómo surge? ¿Dónde y cuándo?
Técnicamente se le llama throuple a tres personas que tienen una relación simultánea entre sí. Sigue los mismos patrones que las relaciones entre dos: se considera que lo ideal es que convivan, compartan sus gastos e ingresos, etc. Como término surge en torno a 2010, pero no es más que otra palabra más en el intento de ponerle nombres a fenómenos nuevos que antes se fueron llamando triejas y triadas. Es un juego de palabras entre «threesome» y «couple», pero se suele usar para acuerdos estables en el tiempo entre tres personas que no se limitan a relaciones sexuales.

Si queremos buscar el inicio del fenómeno, no de la palabra, es complicado saber el primer ejemplo, porque los que salen bien a menudo no son conocidos, pero a mí me gusta recoger uno en 1974, en el libro El vínculo del placer. Los investigadores estadounidenses y pioneros de la terapia sexual Virginia Johnson y William Masters. En etsa publicación la pareja entrevista a una pareja de swingers, Gary y Jill Dorler, y dicen: «Encontrar gente no es más que un comienzo. Quiero decir que la gente viene, o uno sale con ellos, y tiene contactos sexuales con ellos, pero, ¿qué pasa con lavar los platos y tener hijos y la mayor parte de las cosas que uno hace en la vida? Todavía no hemos podido lograrlo, pero lo que queremos hacer ahora es encontrar cómo vivir con otra gente de manera significativa. Vivir en una comuna no nos interesa, pero sí queremos intentar desarrollar algún tipo de estructura social que nos permita pasar mucho más tiempo con otras personas y donde todas las funciones sean compartidas.» Ahí tenían Johnson y Masters a una pareja poliamorosa que quería construir una throuple pero en ese momento no lo habían conseguido.

¿No todo serán ventajas? ¿Cuáles son los riesgos de «meterse» en una relación así?
Riesgos hay muchos, como en cualquier relación. El problema no es la relación en sí, con sus alegrías y decepciones, sino los modelos idealizados de lo que debe ser, en lugar de centrarse en lo que quiere y necesita cada persona. No todo el mundo tiene el mismo recorrido, las mismas experiencias en la vida ni las mismas condiciones de partida, por lo que tanto daño hace el «exceso de estructura» de una visión idealizada de esa relación (que te hace creer que tus emociones son equivocadas si quieres encajar en ese ideal) como la ausencia de una estructura, que siempre beneficia a quienes están en una posición más cómoda.

Riesgos hay a muchos niveles: empeñarse en encajar en modelos idealizados en lugar de a la medida de las emociones humanas, empeñarse en aprender intelectualmente una teoría poliamorosa desconectada de las emociones, empeñarse en hacer algo que no es para ti (por tus experiencias anteriores, por una infancia complicada, por tus circunstancias personales…) porque vives en un sitio pequeño, porque tu familia es conservadora, porque es arriesgado sufrir el rechazo de tu red de apoyo cuando vivimos en un país donde nadie más que esa red te puede asegurar esos mínimos… Hay muchos líos posibles que precisamente cuento en mi taller Poliamor y no monogamias» en amantis.

Como consejo más genérico en toda relación «abierta», lo más importante es sentarse y plantearse a qué nos referimos cuando decimos «abrir» o «abierta». Es el error más común, no saber realmente a qué se refieren. Y la cuestión es plantearse una visión que parta de la complicidad de todas las personas implicadas. La complicidad es la clave.
¿Qué significa Unicornio?
Es el nombre que se le puso al tercer miembro de una relación más buscado por las parejas heterosexuales (tanto swingers como poliamorosas).
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¿Os suena de algo? Tú, yo y ella.

Se usa para referirse a una chica bisexual, a la que le gustan EXACTAMENTE IGUAL los dos miembros de la pareja, que disfruta EXACTAMENTE IGUAL con los dos miembros de la pareja, que emocionalmente se siente EXACTAMENTE IGUAL de cerca de los dos miembros de la pareja, y que en cuanto aparece algún problema o crisis en la relación desaparece sin poner ningún problema ni molestar, esperando pacientemente a que llamen cuando le venga bien a la pareja, y que nunca quiere más espacio en la relación, que nunca quiere que la relación vaya más allá que el papel que esa pareja le ha reservado. ¿Qué sucede si esa tercera persona también quiere tener descendencia con uno de los miembros de la relación? Por eso se llama unicornio, porque es algo imaginario, algo imposible de encontrar, como es lógico. Pero no por eso dejan de intentarlo: es la búsqueda más común de las parejas heterosexuales que buscan incluir una tercera persona.

Y casualmente, siempre se imagina que ese tercer miembro es una mujer. Si aparece la posibilidad de que sea otro hombre, a menudo suelen surgir mil pegas, desconfianzas, celos. A menudo se le ven defectos por parte del hombre de la pareja inicial.
Throuple y trio. ¿Es lo mismo?
Las palabras son lo que acaban significando por su uso. En general, lo primero pone más el foco en un deseo de permanencia en el tiempo, lo que inevitablemente llevará a una implicación más allá de las relaciones sexuales, mientras que con el trío todo el mundo pensamos más en un encuentro fugaz centrado en relaciones sexuales.
¿Cuál es el futuro del poliamor?¿O el poliamor del futuro?
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Es difícil de prever… En los entornos más activistas, 2020 será el año de la anarquía relacional. Y quizá no tarde mucho en llegar algo que se ve más en ambientes anglosajones, las relaciones no monógamas más basadas en la espiritualidad, concretamente el neotantra y filosofías similares. En los medios de comunicación y la calle da impresión que seguirá haciéndose más conocido… Como comento en mi charla Poliamor, Relaciones Abiertas y otras intimidades, creo que es un cambio de mentalidad, como fue el divorcio. Eso no significó que todo el mundo se divorciara, pero sí influyó para saber que era posible divorciarse. Y con el poliamor ocurre lo mismo: no todo el mundo lo pondrá en práctica, pero se acordarán de él cuando, estando en pareja, se terminen «enredando» con una tercera persona y recuerden que alguien les dijo que era posible tener esas dos relaciones a la vez. Eso es lo que más me he encontrado en consulta: chicas que se encontraban, sin haberlo planificado, en esa situación.

¿Y qué hacemos con los celos?

Para eso hay una contestación rápida: El libro de los celos (en las no monogamias), de Kathy Labriola (editorial Melusina). Lo propuse a la editorial y lo traduje porque me parece la mejor herramienta de una terapeuta que ha atendido a personas de muy diversas sexualidades desde hace más de 20 años. Es un libro práctico, lleno de ejercicios de principio a fin, para entender y saber manejarlos mejor en relaciones no monógamas.

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La contestación larga es que, como en todas las relaciones humanas, existen los celos.  Es un asunto complejísimo, a muchos niveles, que no se puede resolver con un párrafo.

Afortunadamente ya se ha pasado la época tan nociva en que se decía aquello de “para tener relaciones no monógamas, no puedes tener celos”, la creencia de que todo es cuestión de “deconstruirlos” (desde la cabeza, como si no hubiera más cosas implicadas a las que no se puede acceder intelectualmente) o la simpleza de “los celos son posesión”. Negar lo que dicen tus emociones es un camino estupendo hacia el gaslighting, la manipulación y otros males. Lo que no quiere decir que sólo manden las emociones. Pero sí hace falta escucharlas. Otra cosa es lo que haces con ellas.

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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