¿Que sabéis del Gloryhole? Un agujero glorioso que es puro morbo

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

¿Qué sabéis del gloryhole? O agujero glorioso para los que no sabéis lenguas. Confesad maldit@s.

En la cultura homosexual se denomina gloryhole al agujero practicado en los tabiques que separan dos retretes públicos o dos cabinas en un sexshop. El bendito término se emplea también para referirse a los orificios una muñeca hinchable o en juguetitos sexuales para que él la meta.

A continuación lo mismo pero en versión cinematográfica. Y en inglés, of course.

A través de ese escaso y misterioso canal de comunicación, todo es posible. Bueno, casi todo. Normalmente ocurre lo siguiente: un varón introduce de manera anónima por esa oquedad su pene, seguido de sus testículos y queda a la espera de recibir una felación (espera que la mejor de su vida), coito anal o vaginal, una masturbación (esta última suele ser la menos apetecible), anónimos todas, por parte de otra persona que también mantiene su anonimato desde el otro lado del Gloryhole.

El morbo del placer a ciegas

En el gloryhole el placer es ciego, anónimo. La inquietud y el miedo de  encontrarse con un desconocido para hacer no se sabe muy bien qué y, al final de la corrida, seguir sin saber a ciencia cierta con quién se ha hecho es morboso, inmoral, pecaminoso, perverso y depravado. La clave del morbo está, precisamente, en esa inquietante invisibilidad del compañero al otro lado del Gloryhole. Y de lo más misterioso, pues nunca se sabe quien hay al otro lado. Un conejito, una serpiente, un hombre con bigote o una prostituta desdentada.

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Para los acólitos del controvertidísimo cruising la práctica del Gloryhole es una de las más morbosas. Quizás también de las más adictivas. Admirad sino, y sin prejuicios os lo ruego, la intensidad del orgasmo del protagonista del cortometraje homónimo de Guillaume Foirest (2005) al que, siempre los miércoles, una misteriosa mujer le deleita un gloryhole de campeonato, convirtiéndose en el motor de sus fantasmas, sus miedos, su agonía y su ingenua y vana generosidad. Minuto 15:27. O cuando desespera, esclavo de su particular agujero glorioso, porque ella no acude a la cita (impagable minuto 17:40). Y no os perdáis el imperdible minuto 20 hasta el final del  cortometraje. Contemplad esa barbaridad. Cómo se besan con delirio sin rozarse la boca, como se desean sin verse, cómo se locamente abrazan sin tocarse. Gloria bendita Gloryhole.

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En este tipo de lugares clandestinos al servicio del pecado donde no escasean encuentros furtivos y anónimos la Imaginación siempre funciona como catalizador. No ver, no ir, no oler, ni tocar a la otra persona. Un agujero con sorpresa que te la pone tiesa. Puro morbazo.

Mira ahora, mira ahora

Estas perniciosas cavidades además de para follar a ciegas satisfacen también las exigencias fetichistas de voyeurs y exhibicionistas. Ojo que no en pocas sesiones se utilizan para observar a la persona que se encuentra al otro lado del tabique. Cagando, meando, follando, desnudándose, tocándose. De todo hay en la viña del señor.

¿Cómo fabricar vuestro propio Gloryhole?

Si no tenéis tiempo de iros de Gloryholes pero os pone el novedoso foramen lo suyo es crearos uno propio en casa. No es necesario que sea profesional, con uno de andar por casa os bastará para vuestras hazañas sexuales. Atended guarrill@s, hoy en Bricomania: Cómo fabricar vuestro propio Gloryhole.

1. Coged una caja de cartón, tabique o a malas un trozo de tela lo suficientemente grande como para extenderla.

2. Tijeras: haced un agujero en el cartón. Tened en cuenta las dimensiones del pene que se va a colar en el agujero. Huevos incluidos. Repetid, huevos incluidos. Si hay que follar no son necesarios, pero si va a haber mamada, mejor incluirlos. ¿No?

3. Colocaos con la boca abierta en el otro extremo.

4. ¡Abracadabra pata de cabra! Ya está, tu propio Gloryhole listo para usar. Mirad, mamad, palpad, mirad o follad a discreción, o dejaos hacer. A vosotr@s el honor.

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Briconsejos útiles

Suele haber Gloryholes en los baños públicos de locales gays, estaciones de tren/bus, gasolineras, salas X, cabinas de sex-shop, clubes de intercambio o lo que vulgarmente se conoce como casas de putas.

Debido al peligro de ser arrestado o acusado de acoso, pocos hombres meten su pene en un agujero glorioso sin previa invitación desde el otro lado. Introducir uno o más dedos por el agujero acompañado de algún gesto de llamada basta como señal  de un participante dispuesto a todo. Si seréis el receptor, lo mismo os digo. Avisad de que vais. De lo contrario podéis acabar con el ojo morado.

Riesgos

Huelga decir que el Gloryholing (me lo acabo de inventar), a pesar de su indiscutible gratificación sexual, encierra numerosos riesgos ya que puede existir posibilidad de transmisión de enfermedad sexual, entre otros.

Además el propio agujero puede causar cortes o abrasiones en el pene. Por Dios tened cuidado y tomad nota de los profesionales: en algunos clubes sexuales el glory hole incluye una especie de borde protector para prevenir este tipo de daños daños colaterales. Copiad y pegad. Ojo, que por si fueran pocos los peligros, hacer un Gloryhole en un lugar público también supone un riesgo legal, ya que en muchos países se considera escándalo público o exhibicionismo. Anotad esa.

Ya para culminar, un temazo que os va a relajar. Y de paso os adentrará un poquito más en estos gloriosos y oscuros mundos sobre los que hoy os hablo. Eso sí, antes de darle al play, si alguna noche loca en los retretes de cualquier antro de tu ciudad (lo lamento pero en los restoranes finos y elegantes de esto no hay), os sorprende un agujero glorioso, por Dios no metáis la mano en la madriguera. O sí. Y descubrid que hay al otro lado. Algunos aseguran que la gloria.

Y ahora sí, dadle al play. Y bien alto. Que se jodan los vecinos.

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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