Love and sex en Oktoberfest

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

Ein Prosit, ein Prosit, der Gemütlichkeit!

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Os escribo desde el Oktoberfest de Munich, la que dicen que es la fiesta popular más imponente del mundo. Seguramente tengan razón. Llegué ahí el viernes pasado con varios colegas con los que compartí voluntariado y hogar en Chicago. The good old days.

En fin. El viernes nos dedicamos a ir preparándonos para beber como poetas el día siguiente. Nos fuimos a dormir relativamente pronto ya que el sábado, jornada inaugural del evento, debíamos estar a las puertas del Oktoberfest a las nueve de la mañana o´clock. Para los indocumentados en fiestas y festejos, la cosa funciona de la siguiente manera.

      1. Hay que madrugar para ir a beber. Suena de locos, lo sé, pero es cierto. A las nueve abren las puertas del recinto cervecero más colosal del mundo y la hazaña consiste en hacerse con una de las cotizadas mesas antes de que ninguna cuadrilla más listill@ que tú y tus compañeros de farra se haga con ella.
      2. Esperar, sin beber, hasta las doce de la mañana cuando los anfitriones de la carpa (cada maestro cervecero tiene la suya) lanzan el escopetazo de salida con la primera jarra y el primer brindis.
      3. Y a beber y beber y beber. Y empinar el codo por ti, por todos tus compañeros, y por ti el primero.

Y por supuesto darle al fumeteo y a la Mandanga. Por el Fari.

Un ambiente febril, caloret humano del bueno, pandas de borrach@s inquebrantables y litros del venerado oro líquido a raudales regando el ecosistema de felicidad general. ¿Acaso se puede pedir más? Sí, Ivan.

Ivan, el terrible, de madre irlandesa y padre alemán, era (por aquello de proseguir con el típico estilo narrativo)/es uno de los destacados miembros del staff de las carpas cerveceras Oktoberfest. Mis compañeros yservidora fuimos afortunados en escoger la carpa y la zona de terraza de la que el terrible Ivan iba a encargarse toda la velada. Lo que yo no sabía es que iba a encargarse per-so-nal-men-te de moi.

Ivan es una especie de superhéroe. Pero con cerveza. Es capaz de llevar 10 jarras de litro hasta las mesas de los miles de semi alcohólicos que por ahí nos dejamos caer con el único y firme propósito de maridar nuestras alegrías y/o penas con birra de a buena para estar todo el tiempo borracho..

«Hay que estar siempre borracho. Todo consiste en eso: es la única cuestión. Para no sentir la carga horrible del Tiempo, que os rompe los hombros y os inclina hacia el suelo, tenéis que embriagaros sin tregua. Pero ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, de lo que queráis. Pero embriagaos. Y si alguna vez, en las gradas de un palacio, sobre la hierba verde de un foso, en la tristona soledad de vuestro cuarto, os despertáis, disminuida ya o disipada la embriaguez, preguntad al viento, a la ola, a la estrella, al ave, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, preguntadle la hora que es; y el viento, la ola, la estrella, el ave, el reloj, os contestarán: “¡Es hora de emborracharse! Para no ser esclavos y mártires del Tiempo, embriagaos, embriagaos sin cesar. De vino, de poesía o de virtud; de lo que queráis”»

Quedaos con eso, lo dijo Baudelaire que se mire por donde se mire es muchísimo más sabio que todos nosotr@s junt@s.

Pero volvamos a mi Ivan. Mi Ivan sólo trabaja en esto durante el Oktoberfest y el resto del año, este padre de familia divorciado, lleva una vida de lo más discreta. Trabaja de elegante traje de chaqueta para un importante banco, pero seré también discreta y no mencionaré cuál. Pero cuando en septiembre comienzan las fiestas populares, Nicholas se enfunda el Lederhosen (traje típico bávaro que consiste en unos pantalones cortos de cuero ajustado y una camisa blanca o de cuadros). Con esta vestimenta típica para hombres durante las fiestas populares de su región, el Oktoberfest, es como me conquistó.

En los días de proeza festivalera mi Ivan, que es original de la ciudad de Cork, va  vestido como un auténtico bávaro. Su estilo, su carita de no haber derramado nunca una jarra y sus ojos color miel me hipnotizaron. Cada vez que pasaba junto a mí con el rostro concentrado y transportando aquel cargamento de cervezas me quedaba prendada. ¡Qué poderío, qué fortaleza, qué loca pasión por su trabajo!  Me puse cachondísima al instante. Con ese vigor y esa lozanía, ¡qué maravillas podrá hacer ese hombre con sus manos! Y no pude evitar pensar en sus manos bajándome las bragas. ¡Tal que así maromas!

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Decidí contemplar esa fuerza bruta y esa sonrisa empotradora por última vez y pasar ala acción. Yo iba vestida de lo más normalita y había un porrón de alemanas vestidas con esas corpiños y con las tetas por la garganta. Yo iba bastante tapada, la verdad, así que actuaba ahora o todo se iría la mierda. Antes de que alguna Bávara desvergonzada le pegara un tetazo yo debía noquearle con mis encantos made in Spain.

Le detuve con la mirada. Otra cosa no, pero mi mirada es muy poderosa. Si quiero os hipnotizo, lo que pasa es que no quiero. Pero quedaros con eso: si quiero, os hipnotizo.

A él lo hipnotice y se detuvo. Sin meditarlo demasiado le dije

-¿Sabes que eres muy guapo?

-You are smoking hot, me respondió sonriendo.

-¿Cómo te llamas?

-Nicholas.

– Un placer Nicholas. Yo Pepa, de España.

-Un placer conocerte hot latina.

(Ya estaba en el bote,oh yeahhhhhh)

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-¿Tienes novia? ¿O novio?

-¡No!

-¿A qué hora terminas?

-A las 10 de la noche.

-¿Aquí a las 10?

-Vale.

Para que no nos quitaran la mesa mi cuadrilla internacional y yo pasamos ahí casi seis horas sin levantarnos, salvo para ir a hacer pis. Teníamos espacio en la mesa, así que cada rato iba sumándose gente nueva y de todas partes del mundo. Ahí estuvimos practicando el bebercio con la aplicación de los más brillante de los alumnos.

Por aquello de estirar piernas y ver otros ambientes, cambiamos de carpa, pero mi mente esta en otra parte. Yacía hace horas junto a Ivan. Por fin llegó la hora de y  me separé de mi grupo. Llegue algo antes de tiempo y me acoplé con unos danes. Majos, pero nada como Ivan, Esperé hasta que Ivan hubo finalizado su turno.

He de confesar que para mí aquello fue un apoteóosico logro, me sentí vencedora como la mismísima Samantha Jones luchando a muerte por su Absolut Man.

Había un par de listas calistas por ahí rondándole. Ellas tenían sus melenas ensortijadas en cuidadosos ricitos de oro, sus preciosos trajes autóctonos, un impecable maquillaje que todavía les quedaba perfecto y unas tetas como carretas, Imposible no verlas ni admirarlas.

Yo iba ataviada a lo rockera transnochada, Leggins de cuero, camiseta de Pink Flod y tacones molonas de chúpame la punta. Pero supongo que el arte de la seducción es mucho más que un look. Es cuestión de actitud, y esa noche la actitud era toda mía. Nicholas iba a venirse conmigo, sí o sí.

-¿Qué pasa con el resto de las chicas?

-¿Qué chicas?

-Ya me tenías con el ¿Sabes que eres muy guapo?.

Y nos fuimos a bailar y a seguir bebiendo como bávaros que han perdido la batalla. Danzando y festejando entre las mesas abarrotadas de gente, Ivan y yo nos besamos mientras sonaba esta frenética canción. ¡Fiesta!

Una especie de “Asturias Patria Querida” a lo guiri style, convendréis.

¡Qué más os puedo decir de Ivan!

Qué bien me sabe Ivan. A chocolate, a otoño, a cerveza artesanal. A tipo encantador, a buen hombre, a alma libre y corazón apasionado. A cráneo privilegiado, a conversación inquietante. A canalla con alma, a valiente.

A caricias y a complicidad. A los dos nos asustan los mismos demonios, nos rascamos con la misma música cuando nos pica el alma. Los dos somos Leo, perdonamos pero no podemos hacer como que no ha ocurrido.

Bien sabe Dios que hemos culminado el clímax del asunto. Nada de empuje conejero querid@s, sino hacer el amor. Y aquí sigo, envenenada de su cuerpo, loca por su olor, encadenada entre sus brazos.

Me marcho en breve y ya le echo de menos. Ya te echo de menos.

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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