Días de fútbol y los goles que me metió el boss

¡Hola mis Chic@s Molon@s!

Qué tensión, cuánta emoción se sintió el lunes en el partido que jugó nuestra querida Roja contra la formidable Marruecos. Ni cuando veía a Oliver y Benji.

Me encuentro esta semana en la capital del reino y disfruté del partido en casa de un colega que amablemente me ha dejado dormir estos días en su casa. A su vez, su amabilísima esposa invitó a su jefe a ver el partido y a conocerme.

-Pepita, viene mi jefe. Le he dicho que eres bloguera de sexo y no ha querido perderse la oportunidad de conocerte. Sobre todo cuando le he dicho que cuando te hemos preguntado por cómo regar las plantas de la cocina, tú nos has contestado “A ver, a mí qué me contáis, yo sólo entiendo de sexo.”

A veces me siento como un bebé, o una mascota, o una puta porcelana china que la gente insiste en mostrar a amigos, vecinos y conocidos. En fin, acepté sin rechistar la visita del boss para curiosearme. Qué remedio chatinas. Me tiraba para atrás la idea de encontrarme con el jefe de mi amiga, más que nada porque los jefes suelen ser cabrones hijos de puta, menos The Boss, que para mi es la mayor leyenda del rock viva y por el que muero por ver en vivo y en directo. El boss- me ahorraré su nombre real por aquello de la confidencialidad que mis amantes me suelen pedir- tocó al timbre e hizo su aparición.

-Tú debes de ser Pepita. Nuestra amiga se ha quedado corta describiéndote. Un verdadero placer conocerte en persona.

El boss era un tipo muy educado, vestía de traje de chaqueta y corbata (venía directo del curro) y olía a perfume caro, pero molón. Patillas, cabello moreno salpicado de interesantes canas, ojos azules y unas cuarenta primaveras. Traía bolsas de una tienda refinada de delicatessen y empezó a agasajarnos con manjares formidables. Que si champagne, que si vino tinto del bueno, que si laterío variado de toma pan y moja, que si una tabla de quesos y embutidos pa cagarse. Nos sirvió cortesmente e improvisó una magnífica mesa. Se me hacia la boca agua, pero las circunstancias me exigían ser  fina y elegante, y esperar a que todos se sentaran a la mesa para poder atacar. Mi estómago rugía. Y en cero coma, el chichi comenzó a rugirme también.

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El partidito nos dio para ponernos mutuamente en antecedentes. Comenzamos con breves presentaciones, bromas, vacaciones de verano, perfil profesional y chorraditas varias para romper el hielo. Yo es jugar España y ponerme cachonda. Con el champagne y el ecosistema de jolgorio que reinaba en aquella casa yo estaba de lo más mimetizada con estos días de fútbol. Para estas cosas soy muy camaleónica, sabéis. Y de repente era más Roja que Carrillo. 

Cada vez que me levantaba a celebrar el tanto de la selección española, yo movía mis propios balones y aquel hombre no podía dejar de admirarlos. Intentaba disimular, pero no podía dejar de mirarme. No le culpo, yo a él tampoco podía dejar de observarle. Tenía poco margen de actuación. Si quería tirarme al boss tenía que tenerlo calzón bajao condón puesto con absoluta celeridad, básicamente antes de que el árbitro pitara el final del partido.

Yo no entiendo mucho de fúbol, pero gilipollas no soy y también sé que a los hombres les encanta cuando una mujer indocumentada sobre algún tema les pregunta acerca del mismo. De repente se sienten sabios, inteligentes, poderosos, hasta admirados, y eso les sube la autoestima. Se sienten a gusto y necesarios. Esa fue mi estrategia, combinada con mi incuestionable poder seducción. Sí, podéis llamarme flipada. Y sí, podéis reíros a mandíbula batiente, pero triunfé como la puta Coca Cola. Hice cómo que no tenia ni pajolera de si estábamos en primera fase, propuso el debate de quién era el mejor delantero de la selección, hasta le pregunté entre jajas ¿Qué es el fuera de juego? Puedes creerte que nadie ha sabido explicármelo nunca de forma que no se me olvide.

Luego, fingiendo haber adquirido mogollón de conocimientos – por supuesto gracias a él y haciendo alarde de mi inteligencia (no hay que ir de tonta todo el rato)- lancé preguntas de apasionada futbolera rolllo ¿Tú qué selecciones crees que son aspirantes a ganar el Mundial? ¿Qué jugadores son los favoritos para ser el máximo goleador? ¿Quién será el pichichi del Mundial?

-Además de guapa, inteligente y futbolera. Sí señor.

Tenía al boss en el mísmisimo bote. Finalmente, y para mi fortuna y la de mi chichi verbenero, España ganó a Marruecos por la mínima y el boss y yo salimos a celebrarlo con una última copa, dejando a nuestros amigos disfrutando de su propia fiesta de sexo y desenfreno. Que cuando gana la Roja a todos nos entra ganas de follar.

Invito yo– le dije.

Bebimos mientras nos aproximábamos a la fase de penaltis. Era medianoche cuando abandonamos aquel terreno de juego, y entonces, como ocurría en los tiempos de nuestras abuelas, me llevó a lo oscurito. La noche de Madrid y sus gatos pardos fueron testigos de un entrenamiento que tenía pinta de terminar en goleada. Después de magrearnos y de que me bajara las bragas casi hasta los tobillos, le dije que me llevara a su casa para jugar el segundo tiempo más relajaditos. Llegamos a su casa y duré vestida menos que un caramelo en el patio del colegio. Y comenzó la remontada. Riéte tú del hat trick de Cristiano Ronaldo.

Dios bendito, el puto boss. Ya en la cama, jugamos nuestro propio partido. Y entre regate y regate, el boss me metió el pollón. He de reconocer que fui malísima portera, porque era incapaz de parar esas pelotas que me lanzaba y que iban a matar. Ni la numantina defensa iraní hubiera podido retener lo más mínimo el imparable avance del boss.

Uno tras otro, sus lanzamientos de pelotas entraban por la escuadra. Imparables. Bueno, para ser sinceros no fueron doce, sólo me metió media docena. Eso sí, de cabeza, de falta, de penalti y hasta de corner directo. La embestida fue brutal. Colosal. Ni la apoteosis de los doce goles de España contra Malta.

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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