El pelotari y la fallera

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

Este fin de semana ha sido too mucho para el body. No sé ni cómo sigo vivo, li-teral-mente. Un negro casi me pega. Y que a nadie se le ocurra decir que soy racista, que ya he tenido yo varios encuentros sexuales con anatomías de color ébano y muy re-que-te-bien que me he quedado. ¿Y por qué digo que es negro entonces? Pues porque era muy muy negro. Y muy muy malo. E iba muy muy a tope de psicotrópicos. En una de esas pausas fumadoras que se hacen a mitad cena, salí con mi amiga Silvi a echar un piti a la calle. El susodicho se nos acercó a mí y a mi amiga y sin un por favor o un amable interrogante, me soltó un imperativo ¡Un cigarro!. Para mis adentros pensé Mira chaval, ni que nos hubiéramos acostado o intercambiado en plan marrano fluidos para que te tomes esas confianzas.

En lugar de eso le dije que habíamos salido a fumar y que no teníamos más. Pues parece que no le hizo ni puta gracia al bad hombre porque no se marchó, se quedó mirando un buen rato en plan retador. Cuando ya la cosa se estaba pasando de castaño oscuro me volví y le dije. Lo siento, pero es que no tengo más. Y me dijo, esta vez con un tono más amenazante aún si cabe, y clavándome sus penetrantes ojos, también negros, en mí.

-¡¡Yo te he dicho algo, ehhh, yo te he dicho algo!!!! ¡Sólo estoy mirando!

Me estaba empezando a hacer cacotas de las buenas encima, aunque mi espíritu macarra/busca bullas se desperazaba al mismo tiempo inténtandose hacer un hueco entre la maleza de acojone puro. Dudé entre jugarme la noche y decirle ¿Qué pasa chaval, que le vas a pegar a una chica eh eh? (riesgo alto de que me partiera la crisma) o bajar el morro y ceder con un vencido Ah, pues mira tranquilamente, lasai (riesgo nulo + cruce de dedos + Dios rogando). Opté por la segunda opción, la verdad es que no me apetecía acabar con la nariz partida con lo mona que yo iba esa noche: falda cortita estrellada ideal para el rollo perreo + camiseta de lentejuelas + botas cowboy + perfume de mujer del caro + chichi mega depilado + gloss picante. Menos mal, porque de haberme puesto farruca no hubiera conocido a mi sexy pelotari.

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Sobreviví al oscuro altercado y aquella hazaña se convirtió en mi baza de seducción de la nuit. Cada vez que me hablaba un tío bueno le comentaba que estaba hablando con una superviviente de la noche bilbaína. Que qué suerte había tenido. No yo, si no ellos. Hasta que me encontré con mi pelotari, Aingeru. Yo no soy fallera, pero él si es pelotari, y mucho. Bueno, fue fallera un año pero la que verdad es que no me veo con los moños, el corsé, el refajo y esas medias que me entra una paloya que me muero.

Resulta que me rencontré con un amigo de Galdakao al que hace un par de años amenacé con un baile en horizontal (ya sabéis, gozo sexual del bueno). El caso es que por aquel entonces mi amigo rechazo mi indecente oferta. No sé si a fecha de hoy se arrepentirá, pero hay trenes que solo pasan una vez. Bueno, al lío. Mi amigo me presentó a sus amigos pelotaris y hubo uno alto, fornido y de manos ENORMES que me llamó especialmente la atención. Empotrador a la vista nena, me dije a mí misma.

Como siempre hago ante un antebrazo imponente, se lo toqué, se lo palpé bien. Y como yo por la noche me pongo muy chulita, hasta le dije ¿Aingeru, querido, como todo lo tengas así, qué fuer-te no? Ante una ocurrencia así, el vasco medio suele cagarse por la pata bajo y salir corriendo o reirse en plan jijiji. Pues Aingeru, que es muy macho él, me dijo Cuando quieras comprobarlo bonita, aquí estoy a tu disposición. Así me gusta, disciplina.

Nenas, en la cafetería llena de las abuelas de Algorta, el pueblo donde estoy viviendo ahora estoy escribiéndoos este relato y ya me está entrando un calentón que creo que se me está notando mogollón. ¡Sudando ando! En fin, en ese momento fue cuando empecé a notar cómo se me iban cayendo las bragas por el chulazo del pelotari. El chichi on fire nenas, muy calent tronquis.

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Nene, estoy on fire por tu culpa.

Aingueru, de Galdakao. Este pueblo ubicado en la provincia de Vizcaya destaca por la estatua del gallo, la iglesia, el monte Ganguren, el poteo de los viernes y por ser el pueblo con más pelotaris con metro cuadrado de Euskadi. Chic@s, para ser pelotari hay que tener muchas pelotas. Y para hacer lo que Aingueru hizo esa noche también. Bailando en el Antzokia como cualquier persona respetable se entrega a la pista de baile, con su kalimotx en la mano, dándolo todo y a merced de los caprichos de la noche, me explicó los entresijos de la pelota vasca.

Orgulloso de este ancestral deporte me decía que por estas latitudes…..la pelota es más pesada. Pesa sobre 105 gramos. Ahí es nada. No como en tu tierra que pesa sobre 30 gramos, si llega. Es que tu tierra y la mía nada que ver ehh maja. 

Yo sólo le miraba, me estaba perdiendo en sus ojos y en mi imaginación hacía mucho que andaba amarrada a su boca y no quería soltarme ni por un instante. Y el seguía entregadísimo a la explicación de la pelota.

-Por ejemplo, en Valencia se juega uno frente al otro, aquí en frontón o trinkete. Como en el tenis, para que me entiendas, pero nunca uno frente al otro.

¿Uno frente al otro?¿Así como estamos tú y yo ahora vasquito?

Y entonces os juro que, como por arte de magia, empezó a sonar esa canción que me pone muyyy mala y que dice aquello de Put your money on me

 

Yo ya paso de disimular cuando me gusta un chico, así que fue sonar esa canción y comenzar a restregarme con delicadeza, pero dejándole muy claro a Aingeru que quería temazo del guarro con él, que a veces estos vascos no se enteran de nada. Le miraba en plan guarrilla pero sin pasarme. Estas cosas del perreo son peligrosas porque puedes quedar de puta reputa o de ridícula a más no poder, ninguna de las dos cosas me gusta. Así que andaba yo muy focused en la conquista del corazón de Aingeru. Y la conquista última de su pene, of course

Hasta que me rozó por primera vez con sus manos, tiernas, dulces y curiosas por buscar complicidad entre mis dedos. Tenía las manos gorditas y los dedos algo torcidos de los golpes. Pero cuando me acarició, no sentí esa rudeza, si no todo lo contrario. Un ansia dulce, una tierna violencia. Hasta que me sujetó del brazo, me rodeo con sus manos, me acercó hacia él, me retiró el pelo del cuello y me susurró

-Valenciana, tengo ganas de follarte con mucho amor.

Y yo, con ese runrún de su voz pelotari ávida de tanta cochinada me dejé seducir y me dejé follar. No en la pista de baile, aunque no por ganas. Pilló su chupa, se despidió de sus amigos, yo de las mías y nos fuimos a su caserío. Y a eso de follarme con muchísimo love es a lo que se dedicó en cuerpo y alma toda la noche y unas cuantas horas de la mañana del domingo.

Probamos varias habitaciones, menos la de sus padres. Aingeru es un hombre de bien, y hay cosas que respeta. Le dije que a mí no hacía falta que me respetara esa noche. Te voy a respetar valenciana, lo que no quiere decir que vaya a darte tu merecido chata. (Jaja me parto y me mondo yo solita de la risa y a la vez me entra un calentón que Dios me libre). Me llevaba en brazos de cama en cama y cada vez que se dormía o no se daba cuenta de que le observaba, me dedicaba a admirar su corpulenta anatomía, su ternura, prisionera de esos brazos y piernas que me abrazaban y me envolvían, haciéndome sentir protegida de todo mal.

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Estamos en contacto desde entonces, aunque no hemos vuelto a vernos. Este viernes me va a llevar a ver un partido en el que juega él contra unos cuantos pelotaris más. Y luego, de poteo por su pueblo. Al parecer son las finales individuales y a esta altura de la temporada se juegan los partidos importantes. Qué ganas de ver a mi sexy pelotari en la pista, con su camiseta blanca a juego con esos pantalones blancos apretaditos. Y qué ganas de desabrocharle suavemente el cinturón (o a lo bestia según esté de caldeado el ambiente), que por aquí se llama gerriko. Y a ver qué pasa.

No sé me ocurren muchas cosas que tengan en común Valencia y Bilbao. Creo que son prácticamente incompatibles. En Valencia hace calor, la luz brilla casi todos los días. Bilbao es mordor y llueve hasta en el puto mes de agosto. En Valencia comemos paella, vamos de tapas y bebemos sangría. En Bilbao lo que se lleva es el pintxo pote, los kalis, los zuritos. En Valencia somos de tocar, ardientes, apasionados y nos entregamos con impulsividad a la vida. Pensat y fet En Bilbao los corazones andan algo más tibios, la peña no se acaba de soltar y la frialdad está por encima del corazón caliente. Ya vamos viendo. Pero desde que Aingeru y yo nos fundimos en cuerpo y alma, entre las dos ciudades ya se siente que hay chispas, fuego y quizás una historia por labrar. Sin más.

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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