Manifiesto navideño

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

Qué manía tiene la gente de hablar de si misma sin parar, de restregarte por la cara lo bien que está, lo feliz que es, lo bien que le va todo, lo a gustito que se siente en esta etapa de su vida. No es que no me alegre de las bienaventuranzas ajenas, me congratulan enormemente, es solo que en dosis exageradas, directamente no me las creo. Yo soy una persona feliz, el 90% del tiempo, y no tengo ninguna necesidad imperiosa de ir gritándolo a los cuatro vientos allá donde voy (bueno, si voy ciega como un piojo y consciente de que me queda toda la noche por delante. En esos momentos soy tan feliz que no me lo puedo callar).

Porque, realmente, tu felicidad ¿a quién coño le importa? De verdad.

Además de a tu madre, creo que a nadie más. Resulta que entre las puñeteras Navidades que las odio a morir (lamento no ser demasiado original en estos gustos odiosos) y que me estoy chutando hormonas por un tubo para unos asuntos personales míos, el otro día andaba yo en uno de esos días bobalicones en los que andas más perdido que un hijo de tal en el día del padre y más moñas que el villancico de las muñecas Famosa. En un arrebato de lo más melodramático mientras volvía sola, pensativa y ciega como un piojo le mandé un whatsapp a mi muy mejor amigo. Me voy a quedar sola en esta vida, lo sé. Solo espero que vengas a mi entierro y me despidas brindando con un kalimotxo, aunque yo ya no me entere de nada.

Me contestó con esa sinceridad con la que sólo te hablan unos pocos (menos mal), que son los mejores. Pepita, eso de que te vas a quedar sola lo sabemos todos, ve haciéndote a la idea, es lo mejor. A este amigo le pone mucho esto de la terapia psicológica inversa. En lugar de una palmadita en el hombro y un abrazo envuelto de palabras dulces y animosas, en vez de ofrecerte su hombro sobre el que llorar y darle al play para convertirse en un disco rallado vomitando todas tus virtudes, él va a fuego, a dolor. El va a matar, a meter el dedo en la llaga, y una vez metido el dedo bien adentro, gira con premeditación y alevosía. Hay que joderse. Pero es peor cuando no me dice nada y me da la razón como si estuviera loca. Gracias amigo, espero no acabar enamorándome de ti.

Se acaba el año, un año más que concluye, uno menos que nos queda por vivir. Pero sin dramas ehh. Este año al que le queda un telediario creo que me he portado relativamente bien, aunque tampoco creo merecer ningún regalo. Pero si tuviera que pedir algo sería suerte. Mucha suerte. Y valor. Valor del bueno, para hacer esas cosas que me dan miedo. Me han hablado de una droga mágica que los que se suelen drogar no suelen tomar. Básicamente porque no es una droga molona, porque después de tomártela, el viaje que te pegas no es precisamente un jolgorio. Es una viaje hacia la muerte en el que te enfrentas cara a cara contigo mismo, a solas con tus miserias, tus sombras, tus miedos. Vamos, lo peorcito de tu casa. Hay que tener un par de ovarios o huevos para lidiar una batalla semejante sin posibilidad de escapar. Yo la verdad es que me hago bastante caca solo de pensarlo. Quizás el año que viene.

Mucha buena suerte suerte.

Y sexo también le pido, aunque en mi lista de regalos es el último de la fila. Entre nosotr@s y lo digo muy bajito para que nadie más nos oiga, el sexo no es tan importante. Que te acaricien como si fueras una mariposa y conversación, mucha conversación. Eso es mucho mejor, donde va a parar.

Muchas mierda en estos días.

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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