¿Sexo por sexo? No siempre

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

¿Sexo por sexo? No siempre. Sé que pensareis, ¿Que mosca le ha picado a esta? Con lo que yo he sido, y sigue siendo, claro está, que me dedico a folletear a diestro y siniestro para poder contároslo y comentar. Hablar por no callar que diría mi madre. En fin, este fin de semana pasado me he ido pal Sur. De los Estados Unidos. Concretamente a Nueva Orleans, Una ciudad histórica, cuna del blues, del jazz y la fiesta carnavalesca del Mardigras. Esta última en septiembre. Yo no me lo pierdo ni jarta de horchata.

By Savannah Cox on September 18, 2014

By Savannah Cox on Septiembre 18, 2014

Tenía muchas ganas de conocer la salvaje y decanta Nueva Orleans, donde me reuniría con mis dos colegas Yago y Nihal. Dos grandes, dos monstruos. La vida está hecha para ellos. Yago es una de esas personas que brillan entre las demás (probablemente no conozcáis a ninguna), siente pasión por el Real Madrid, es bueno de cojones y ha visitado más de ochenta países. Chúpate esa.

Nihal es un indio con mucha gracia, grandísimo colega y todo sea dicho de paso, esta de muy buen ver. Vamos, que cualquiera de vosotras le haría un favor pero ya. Lo siento chicas, ya está pillado. ¡Se siente! Pero vayamos al lio que me desconcentro. Entre unos cosas y otras, paseos, turistadas de ineludible cumplimiento, compritas varias, llego el sábado noche en Luisiana. La velada sonó a algo muy parecido a esto.

Me tiraron de un bar, para variar. Una loca me metió dos probetas llenas de licores multicolores sin apenas poder reaccionar y cuando termine me pidió 6 dólares. ¿Estamos locos o qué?

¿Seis dólares por dos mini chupitos de tang con alcohol del malo? Me negué a pagar y el segurata me saco a patadas del garito. Que desfachatez, pero imagino que estaría compinchado con la de las probeta sy la amiga de la delas probetas que me explicaba en español (como si no entendiera yo ingles) que su amiga necesitaba dinero y que tenía que pagarle.

Por aquí se va a Madrid. Como dicen los yanquis,

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Pero el destino me aguardaba algo mejor. Conciertos y más conciertos de música de la buena hasta que nos empezamos a animar y decidimos adentrarnos en la atestada y no menos chiflada calle Bourbon, esa sobre la que Sting canta a su luna. Preciosa agrego yo. Llegamos a otro bar algo menos loco que anterior y un chico bastante apuesto me saco a bailar. Se llamaba Mike e iba un poco disfrazado, todo sea dicho de paso. No vestía con un atuendo de mi estilo, así que le dije que hiciera el favor de escucharme. Deja de ir de niño bueno por la vida, eso no mola.

Aquel chico de 27 primaveras llevaba el polo verde metido por debajo del vaquero abrochado con un cinturón de dudosa reputación. Mortuorio, ¿Cómo se te ocurre chaval? Le solté el polito y aproveché para ver si tenía tabletita de chocolate o no, lo que los americanos llaman six pack. ¿Adivinidad? Oh yeahh, y bien marcaditas.

Va por ti Nihal.

Así que me dispuse a tocarle como si fuera una experta ama de casa seleccionando género en el mercado. ¡Cómo estaba el chaval! Por supeusto contaba con su permiso, el muchacho aceptaba de buen agrado los tocamientos y caricias que le daba. En ese momento me enendi, y reconozco que me hubiera gustado acariciarle en otro sitio. Mike era un veinteañero muy salao que me hablaba con un acento sureño que apenas lograba entender. Era de Alabama. Pero ya veis, el verdadero lenguaje no es verbal, sino todo lo demás. Con la mirada nos lo dijimos todo. Empezamos a besarnos y de repente ocurrió algo inesperado. El chico me gustaba mucho, pero además de sentir como un enano paquete entre las piernas mientras se ponía de lo más hot mientras yo le contaba mi afición por los hombres más jóvenes que yo, no sentí nada cuando me besó.

¿Sabéis lo que significa eso? Vamos a ver, uno se besa para sentir que el chichi le hace palmas, para desear quedarse pegada a esa boca toda la vida, pero si la nada es lo único que despierta ese beso, apaga y vámonos. Hay besos que no dicen nada y otros que lo dicen todo. Este fue de los primeros, muy a mi pesar. Me supo fatal, pero prefería hablarle que besarme con él. Era guapo, inteligente, risueño de baile animado, pero no sé cómo explicaros, había algo raro en esos besos que no me supieron a gloria. No fue el beso científicamente perfecto que esperaba, ni el beso de ese condenado israelí que en su momento me robó parte de mi cordura y las primeras lágrimas que mis ojos han llorado por esos individuos llamados hombres. La noche fue entretenida y cuando mis amigos me amenazaron con volver al hotel, yo les dije que me quedaba. El bar tardó poco en cerrar y yo quería continuar la fiesta. El también, en eso estábamos de acuerdo. Pero su festival iba por otros derroteros. Alabama, tu lo quieres es que me coma el tigre.

Aunque tenía clarísimo que esa noche si él ni yo íbamos a follar, al menos no el uno al otro, decidí dejarle hablar. Me ofreció que fuera con él y cuando le dije que en que hotel se alojaba, me dijo que dormía en una habitación cerca de donde estábamos con el resto de sus amigos.Vaya vaya con el de Alabama. Le volví a dar una nueva lección sin cobrarle ni un duro.

Le dije que aunque no volviéramos a vernos tenía que saber algo. Según google translator, le dije algo así: Majete, si en algún momento de tu vida te mola en una tía (asumo de antemano que yo no te molo mucho, solo quieres follarme) nunca en tu punetera vida le ofrezcas que vaya a acostarse contigo en una habitación compartida con el resto de tus colegas como testigos de tu polvo estelar (Ale, y ahora vas y lo cuentas). Después de la correspondiente chapa (reconozco que infumable y algo desmesurado) tuvo la desfachatez de decirme que era jodidamente preciosa y que quería besarme jodidamente. You are damn beautiful, I wanna fucking kiss you.

Pues va a ser que no. Pensé que estaba tomándome el pelo, teníais que haberme visto el careto. Creo que nunca (vale igual exagero, casi nunca) he estado tan fea. Tras pedirme el teléfono y yo dárselo, y a sabiendas ambos de que aquella llamada telefónica jamás de los jamases iba a ocurrir, hablamos de algo que supongo que no tendría demasiada importante porque ya ni me acuerdo. Me pidió un taxi y me despedí de él con un ultimo beso, de esos que no dicen nada. Suelo llorar en las despedidas, pero esta vez no lo hice.

Todo este rollo macabeo para deciros que muchas veces, la mayoría diría yo, follar por follar es una magnifica opción. Pero a veces, cuando ni te tocan la patata ni la pepitilla, y los besos del que con sus labios roza los tuyos, es mejor retirarse a tiempo. Y a acabar en la cama sol@ y mejor acompañad@. De ti.

Bye bye Sweet Home Alabama boy.

-Te llamo mañana- grito él.

¿A vosotros os ha llamado? Pues a mí tampoco.

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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