American Party: Ahora la MQMF soy yo

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

Como bien recordareis, me encuentro en Chicago, y el fin de semana asistí excitada y eufórica a mi primera fiesta americana. A lo American Pie. A tal evento loco me invitó un joven que días antes me había arreglado el ordenador desde el que os escribo semanalmente. De tanta noticia sórdida que leo y paginas de porno hardcore (igualmente softcore) que consulto, algún virus inoportuno se me había colado en el PC, y me estaba jugando el pan de cada día. Recibí mi invitación vía Facebook, como todo buen evento que se precie, y en la fiesta me colé. Estas fiestas son BYOB, es decir, cada uno que se traiga lo que vaya a beber. Hice mi acto de presencia acompañada de mis amigas, vestida de negro y con una bolsa bajo el brazo. Contenía mi brebaje favorito: kalimotxo.

Era la fiesta de graduación de un puñado de adolescentes hormonados y más salidos que el pico de una plancha. Pronto encontré al joven que me había invitado y me tuvo secuestrada un rato, consultándome sobre que podía hacer él para no caer en la monotonía con su pareja. Tenía cara de no haber roto nunca un plato, pero según él mimo me confeso, había hecho de todo. Tenía en mente algo que a mí me encantaría que me hicieran. El muchacho es guitarrista y se le había metido entre ceja y ceja hacerle el amor a su novia mientras tocaba en la guitarra una canción compuesta especialmente para ella y para este mágico instante. Intente asesorarle lo mejor que pude y le comente que ante la cuestión que me planteaba, lo primero era COMUNICARSE con ella, plantearle sus inquietudes e indagar sobre las múltiples opciones que ofrece el poliamor. Pero sobre todo, que se comunicase, pero bien.

Aquella house party marchaba sobre ruedas. En fin, una house party americana viene siendo lo mismo que nuestros guateques o copas en casa, o nuestros botellones en cualquier polígono o parque, si eres pobre, no tienes casa propia y/o sigues chupando del bote de tus padres. Me puse de tertulia molona con unos americanos que me dieron una Marihuana que ojo al loro, para qué os voy a contar. A mi interlocutor le bastaba y le sobraba con escucharme y mirarme a la cara. Me dijo que está disfrutando mucho y que sin duda, era la persona mas divertida de la fiesta. Todavía me duele la mandíbula de las jajas que me eché yo solita sin necesitar de bromitas, chistes y gracias de nadie. Juan Palomo, yo me lo guiso yo me lo como.

En fin, que me sentía en el cielo, sentía que me encontraba en otra dimensión. No sé lo que habría metido en ese porro divino, pero me supo a pura gloria. Yo creo que alguna mini dosis de burundanga o calientaburrabas llevaba, porque ademas de tener el corazón contento, tambien tenía el coño hipersensible. Solo me faltaba frotarme contra las paredes o pillar al primero que se me acercara.

stiflers mother

En algún momento no fui consciente de las dimensiones tiempo-espacio y creía firmemente que en cualquier momento, cualquier acontecimeinto fascinante estaba a punto de ocurrir. Estaba pediendo el control de mi mente de un modo maravilloso. Tanto, que le dije a una de mis amigas que pidiera que le dieran lo mismo que yo había tomado, pero el camello se había esfumado a la francesa tras haberme dado a probar canelita en rama. Canalla.

Ahí andaba yo más agusto que en brazos, adaptándome a la chiquillería tan bien, y es que sigo encontrándome en esa fase de mi estancia yanqui en la que todo es nuevo para mí. Hubo concurso de picos, camisetas mojadas, talent shows variados, varias partidas del juego de la botella, hasta ese concurso de a ver quién es el garrulo macarra que se bebe antes toda la jarra de no sé qué mierda, siendo vitoreados los participantes por el resto de los ahí presentes. Todo muy americano. Lógicamente, esto en Estados Unidos, no pretendáis que vaya a verbenas de pueblo y que la gente cante Alcohol, alcohol, alcohol, alcohol, alcohol, hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual.

Como sabiamente podéis intuir – tampoco esperaba menos de vosotr@s- la mas añeja de los ahí presentes era servidora. Vamos, que era la MQMF, personaje indispensable que ha de existir en cualquier fiesta americana que se precie. Salvando las distancias y sin hijos destetados o por destetar.

Pero hubo un momento en que hubiera querido fusilar a parte de los jovenzuelos recién graduados ahí presentes. Concretamente a los españoles. Cuando todos, al unísono, y sin equivocarse (a pesar de ir como Las Grecas en sus tiempos mozos), empezaron a entonar beodos ese canto franquista que solo de escuchar de fondo me provoca urticaria. Cara al sol…. No sigo.

Entonces hizo su aparición estelar – que ya era hora – mi Finch particular. Se detuvo a mi lado y me dijo Serán capullos. Estaba claro que era la excusa perfecta para entablar conversación conmigo, pues me había dado cuenta de que no había dejado de mirarme en toda la noche. De esas cosas, las mujeres nos pispamos enseguida, para que lo sepáis. Nos presentamos y comenzamos a entablar una inquietante conversación. Bla bla bla. Logró despertar en mi persona emociones muy interesantes, avivó la llama y alimentó mi pasión. Desprendía tremenda seguridad en sí mismo, no pavoneaba de ello, pero mostraba habilidad verbal, e igualmente jugaba rápido en las réplicas. Solo me faltaba averiguar si domaría con tanta destreza sus habilidades amatorias en la cama.

Me dijo que estaba arrebatadora. Y entonces, copiando a la tetuda madre de Stifler, le pregunte haciéndome la interesante ¿Estás intentando seducirme? Me dijo, por supuesto.

¿Para qué perder más el tiempo? pensé. Cogí de la mano a mi teenager y le dije Vámonos, aquí ya está todo el pescado vendido. Tú te vienes conmigo. Antes de irnos les dije a los españolitos de la fiesta Por si no lo sabíais, Franco ha muerto. Y cerré la puerta. Qué a gusto me quede. Caramba, cómo se puede ser tan joven y ser tan de derechas. No tienen corazón.

Nos fuimos paseando de la mano hasta su casa y nos morreábamos en un portal sí, uno también. En uno de los portales se nos fue un tanto la olla. Íbamos muy acelerados y acabamos masturbándonos los dos a la vez a plena luz del día. Aquí es que amanece más temprano. Creo recordar que en alguna de nuestras paradas me quitó hasta las bragas, se las metió en el bolsillo del pantalón y siguió tocándome. La penúltima parada fue el ascensor. Lo siento chicas, no pretendo daros envidia, pero me comió el coño de muy buenas maneras. Yo estaba a puntito de caramelo y poco me faltó para follar como leones en el mismísimo montacargas. Os lo juro que me muera de repente.

Cuando finalmente llegamos a su casa, nos desnudamos, nos metimos en la cama y nos empezamos a meter mano como pulpos en celo. Entonces me di cuenta de que no recordaba su nombre. Le dije, Perdona, no me acuerdo de cómo te llamas. Se rió y me lo reveló. En cuanto pronunció su nombre, rompí a llorar. Con lo agusto que yo estaba, ya sabía yo que algo vendría a joderme el momento. No os voy a dar más detalles, pero de su boquita linda -tenía una boca de esas que te provocan que te muerdas los labios no sin que se te pase por tu cabeza algún que otro pensamiento lascivo y guarrete- el nombre de ese chico que me destrozó la vida (o eso pensaba yo), de ese hijo de puta que me rompió el corazón. Los fantasmas del muy cabrón van viniendo a escupirme su recuerdo.

Menudo chasco, menudo fiasco, menuda putada. El recién graduado pensaba que iba a follarse a una madurita sabia y se encontró con una quinceañera que no paraba de llorar, con moscos incluidos. Tuve la desfachatez de soltarle esa frase de manual de No eres tú, soy yo. Espero que me perdone.

La cosa no podía ir peor. O sí. Entonces él se puso a llorar también y me contó su historia de pe a pa. Lógicamente, aquí cada uno viene a hablar de su libro, así que los dos desnuditos y tapaditos como dos beatos, nos contamos nuestras penas y miserias. Él me dijo que seguía enamorado hasta las trancas de su novia, que se acostaba con otras solo para aliviar el dolor de no estar junta a ella, pero que después de cada encuentro sexual, siempre lloraba. La echaba tanto de menos que a veces se le hacía insoportable de veras, pensaba que jamás volvería a amar a nadie como a su chica. Para mí, siempre será mi chica me dijo antes de quedarnos dormidos hasta el día siguiente.

Escuchándole, recordé de nuevo, que hay algunos hombres buenos. Fijaos qué cosas, ahora somos amigos. No nos hemos acostado, ya no creo que lo hagamos. Estamos en ese punto de nuestra relación en el que ya hemos superado esa barrera del follamigo. Si borrachos como cubas no acabamos follando (por mucho que yo llorara y él luego me secundara), considero que mi nuevo amigo y yo no follaremos nunca. O si. Who knows?

P.D.: Si se puede acostar uno con alguien sin tener que acabar follando. Para l@s más incrédulos de las pistas de baile. A veces, no se trata de sexo. Para todo lo demás…

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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