¿Por qué lloramos cuando follamos?

Querid@s,

Tod@s alcanzamos el clímax exactamente con los mismos síntomas. Contracciones rítmicas vaginales, contracciones del esfínter anal y la apoteósica eyaculación, a veces precoz. De todas formas, cada uno de nosotr@s vivimos el orgasmo de una forma personal e intransferible. El orgasmo es una cosa muy subjetiva, como los recuerdos, como el gusto por las canciones, como huellas dactilares. Jamás habrá dos orgasmos iguales. Para mí son espasmos divinos que vienen del más allá para recordarme que estoy viva y en los que busco como una loca sabanas a las que agarrarme mientras me muero pequeñamente.

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Los orgasmos los vivimos como una gran eclosión de gustirrinín y calor a tope que inunda nuestros cuerpos y nos hace sentir que ardemos. Y también de puta madre. Por si este placer fuera poco, algunas mujeres perdemos el sentido durante unos segundos, abandonamos nuestra propia consciencia y hasta perdemos el rumbo. Es una desorientación involuntaria que sabe a gloria. Como cuando uno se va de viaje y se pierde adrede, sólo que cuando una tiene un orgasmo de los magnánimos, una se pierde por los confines de su propia existencia. Nos perdemos por rincones nunca vistos, tan desconocidos que, a veces, hasta nos dan ganas de llorar.

Hay muchas maneras de follar, eso ya lo sabéis. No siempre, normalmente casi nunca, pero a veces, cuando menos te lo esperas, cuando conectas de verdad y profundamente con alguien y te fumas la pipa de la paz con el universo, cuando sin planearlo te enamoras del@ otr@ mientras estás follando, sientes que albergas entre tus piernas uno de esos polvos tan delirantes que conmueven, tan intensos que son capaces de suavizar los esguinces del corazón, que son los que más duelen y el tiempo no cura. El sexo, intuyo, es un quitapenas porque alivia la piel, sacia las ganas y consuela el alma. El sexo, el bueno y el sucio, es todo lo que no es feo, egoísta, malvado y ruin. Es todo lo que no duele ni lastima.

¿Por qué lloramos cuando follamos? Puede que much@s de vosotr@s no hayais llorado nunca y penséis que estoy rematadamente chiflada. Pero no os miento, muchas mujeres lloramos. Antes, durante y después del orgasmo. Especialmente sorprendentes y por qué no, misteriosas, son esas lágrimas que asoman tímidamente o con una fuerza desmedida en la cuenta atrás del orgasmo, si es de esos que te hacen delirar. Hablo de ese instante en que te vienes, o te vas, y descargas toda esa tensión sexual que desborda serototina, oxitocina, prolactina y endorfinas. Pura felicidad. Pura vida.

Confieso que he llorado unas cuantas veces. Confieso también que me gustaría llorar infinitamente más de lo que lloro. La primera vez que me dio por llorar fue mientras hacía el amor con mi primer novio. Mi padre se había muerto sin despedirse hacía ya unos meses. No eran buenos tiempos. Sin duda los peores que recuerdo. Pero volvamos a ese polvo que me hizo llorar. Hicimos el amor en la cama de sus padres. Fue por la tarde, con las luces encendidas y tumbada sobre él, mientras lo hacíamos pensé que iba a morirme de tanto amor. De verdad que lo pensé.

Dale al play y que empiece el guateque.

Empecé a notar como un conmovedor y extra larguísimo orgasmo se apoderaba de mí. Y ahí le sentí de verdad, le deseé como nunca. Sobreexcitada, acelerada y con la respiración entrecortada sentí un brutal latigazo entre el coño y el culo y me di cuenta de cuánto le quería. Y de repente, en ese preciso instante, fui consciente de que estaba inundada de felicidad y me dio por llorar. Lloré. Lloré porque me sentía jodidamente viva.

Cuando lloro es porque siento que estoy pasando a una fase más allá. Que estoy jugando en otra liga, que estoy echando un polvo Champions League. De repente siento que me voy, que se me llevan a otra parte. Es un llanto a la vida. Es un llanto brutal. Es rematadamente maravilloso. Es de los llantos más bonitos que hay. También lloré la última vez que me acosté con el amor de mi vida. Ese que tuve, no retuve y jamás volveré a tener. La última noche que pasamos juntos estaba tremendamente cachonda. Quería que me atravesara el cuerpo literalmente e hicimos el amor. Lloré, pero esta vez lloré después de correrme. Lloré lágrimas negras. Lloré amargamente como lo hacen las nubes en eso días de mierda que no para de llover. Lloré porque esta vez, mientras follábamos, me di cuenta que ya no le quería. ¿Cómo es posible? Con todo lo que le quise. Pensaba que le querría para toda la vida.

¿Conocéis a algún hombre que haya llorado? Yo no.

¿Vosotras habéis llorado alguna vez? ¿Qué os dejáis en cada orgasmo? Yo me dejo la vida, parte de mí, por eso es como si me muriera pequeñamente. Cuando me corro por todo lo alto es como si me montara en una máquina del tiempo que me permite correr o volar y me lleva a cualquier otra parte. Un lugar en el que me quedaría para siempre, pero, maldita sea, sólo permanezco allí unos instantes minúsculos que siempre me saben a poco. Saben tan bien y están tan ricos, que me saben a demasiado poco. Y entonces es cuando lloro, porque no puedo contener ese llanto. Desnud@ en cuerpo y alma, no tengo nada que esconder, ni siquiera las lágrimas. Siento que estoy donde quiero estar y con quien quiero estar. Que podría morirme en ese preciso instante y me quedaría ta ancha.

Y siento que alcanzo el cielo con la punta de los dedos. Que puedo rasgar las nubes y atravesarlas. Dicen los franceses que el orgasmo es como morirse pequeñamente, de ahí la pétite mort. Pero sin sufrir, sin una pizca de dolor. Quizás por eso también se llora, porque se está muriendo aunque sea un poquito. Para mí es como pegarle un bocado a la vida tan grande que no me cabe en la boca.

Si alguna vez follamos y me hacéis llorar, no os asustéis. No paréis. Será señal de que lo estáis haciendo muy bien.

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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