A veinte uñas y rumbo a Lesbos

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

Me marcho a Lesbos, aunque no para siempre. Mañana sale mi avión con destino a Atenas, escala de dos horas y de ahí, a Mitilene, la capital de Lesbos. Voy a cumplir uno de mis sueños que es ayudar, hacer algo que esté por encima de mí. Sé que no hace falta que me vaya fuera para ayudar, pero es lo que quiero hacer. Seré voluntaria, hasta que el cuerpo y la mente aguante, en el campo de refugiados de Kara Tepe. Espero estar a la altura.

Por si os habéis preguntado alguna vez de donde viene el término lesbiana, viene de esta isla griega. Es la patria de la poetisa de la antigüedad Safo, mujer de armas tomar que daba rienda suelta a su imaginación y creaba preciosos poemas en los que confesaba su amor apasionado hacia sus compañeras. De esta isla viene pues el moderno término lesbianismo. Yo me dejaré llevar, a ver qué pasa.

Me he despedido de España por todo lo alto. Ahora estoy en Madrid pasando mis últimas horas en compañía de mi amiga Laura. Y no puedo irme sin contaros lo que me ocurrió a bordo del AVE que cogí ayer rumbo a Madrid. Llegué a la estación del AVE de Valencia y así se sucedieron los hechos.

Miré mi billete. Vagón 3. Plaza 18B. Mientras me dirigía a mi asiento me quede loca con la figura humana que vi al otro lado del vagón. No puedo deciros como se llama, porque ya no me acuerdo. Enseguida me enamoré de su cogote que vi desvanecerse cuando desapareció por la puerta del vagón. Como cuando en la película Lucía y el sexo Najwa Nimri se enamora del conductor del tranvía. Bueno, de su cogote. Y enseguida supe que tenía que ser mío.

 ¿Quién es ese hombre? Que me mira y me desea… Pensaba yo mientras le miraba por el rabillo del ojo desde mi asiento.

El tren arrancó puntual rumbo a Madrid. 1 hora y 50 minutos era el tiempo que tenía para conquistar los ojos, la simpatía y el pene del muchacho en cuestión. No iba a ser tarea fácil. A los pocos minutos y afortunadamente pasó por mi lado. Intuí que iba camino a la cafetería. Nuestras miradas se cruzaron y me regaló una sonrisa antes de perderle de vista.

Minipunto para Pepita.

Esperé unos segundos y me levanté para ir a la cafetería. A ver si andaba por ahí. Y  sonó la flauta, porque ahí estaba. Me las di de culturetas e hice como que buscaba prensa. El leía. Más bien hacía que leía cuando me dijo ¿Quieres el periódico?

Sí, porque noto que no lo estás leyendo, le dije.

¿Por qué dices eso?

-Pues porque lo estás leyendo al revés.

Sonrió y se presentó. Conversamos sobre temas banales e intrascendentes hasta que me miró fijamente a los ojos y me dijo ¿Cuáles son tus planes antes de llegar a Madrid?. Me lo estaba poniendo en bandeja, así que me armé de valor y me la jugué. Di el último sorbo de mi copa de vino que me costó un ojo de la cara. (como para dejarme una sola gota) y le dije ¿Mis planes? Obviamente tú. Y me piré. Sabía que me estaba observando y me fui hasta el baño. Abrí la puerta, entré y cerré la puerta, no sin antes lanzarle una mirada letal, fácil de comprender y difícil de ignorar.

Me quedé de pie esperando un milagro. Y alguien llamó a la puerta. Ocupado dije. Y volvieron a tocar. Supe entonces que era él.

Yo sabía a lo que estaba y el sabía perfectamente a lo que venía. No nos desnudamos. Primero  porque estamos en enero, segundo porque aunque me den bastante igual hacer estas cosas en lugares públicos, la puerta podía abrirse si tiraban demasiado y tercero, porque os aseguro que el baño del AVE no es el más cómodo e higiénico de los lugares para amarse. Y el triquitri del tren.

La cosa fue rápida. Y el sexo uno de los más sucios que he practicado en mi vida. Un polvo guarro en toda regla. Ya siento un ardor maravilloso ahí abajo sólo de recordarlo. Follamos con la ropa puesta y ni siquiera me quitó las bragas. Teníamos demasiadas ganas y el lugar tampoco era como para recrearse con carantoñas románticas y preliminares innecesarios.

Él se sentó en el baño y yo me puse a horcajadas sobre el. Me comió las tetas gloriosamente, me levantó la falda que llevaba, sin medias de por medio (odio las medios, incluso en invierno) y después de tocarme y palparme como un Dios todo lo que había, me retiró las bragas a un lado y yo le di la bienvenida. Pensaba que iba atravesarme el cuerpo. Aquello era una verga comparable a la de Mi Negro y esta vez disfruté como una perra, como un buen amigo me deseo que hiciera un día mientras nos acostábamos en el suelo del baño de un hotel. Me dijo que ojalá algún día pudiera gozármela como una perra, ya que él no era capaz de darme placer.

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A mí me encanta ser ruidosa en el sexo, y en la vida, pero este no era el momento. No era capaz de controlarme así que fue él quien tuvo que convertir mis gemidos en murmullos. Puso su mano sobre mi boca y acalló mis gritos, lo cual todavía me puso más cachonda.

Una vez finiquitado el primer polvo, nos besamos como locos mientras sudábamos como runners. Yo quería un polvo más, necesitaba un polvo más con el para llevármelo en el recuerdo. Le susurré al oído que quería sentirle de nuevo dentro de mí. Me levantó, me inclinó hacia delante, me abrió las piernas, volvió a levantarme la falda y me lo hizo por detrás. Cerré antes la taza del váter, por supuesto. Y así es como terminé corriéndome en silencio a bordo del tren. Y no a cuatro patas, sino a veinte uñas.

Tras el folleteo salvaje, dedicamos un tiempo a recomponer nuestras respectivas composturas. Me atusé el pelo, me coloqué los pechos en su sitio, volví a pintar los labios, porque mi querido gloss se había corrido tan intensamente como yo y eliminé cualquier rastro de cara que dijera «vengo de follar» Él, por su parte, se aseguró de que su bragueta no le delatara. Ir con la cremallera abierta queda muy feo y lo último que se ha de perder en este mundo es la compostura. Pase lo que pase. Te pillen como te pillen.

¿Y qué pasó después? Pues nada. Quedamos en vernos en los bares. Me gustó dejar en manos de la fortuna nuestra próximo encuentro. Si os ha seducido la idea de hacerlo en el baño (del tren o de cualquier otro medio de transporte), sólo unos miniconsejos. Entrad cuando no haya cola, cerrad el pestillo y volveos locos de atar.

 ¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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