Mi primera vez con… Mi Chica

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

Lo que hacen unas copas de más, una noche tonta y una amiga que te roba el móvil y decide jugar a Tinder por ti. Eso sí, ella elige las preferencias de descubrimiento. Ella es la que decide si desliza el dedo a la izquierda o así lo hace a la derecha. Ella eligió por mi aquella noche. Y eligió a una chica. Eligió a mi chica.

Y empezamos a hablar, a preguntarnos, a querer saber la una de la otra. Me parecía guapa, genuina, original y sobre todo, interesante. Así fue como decidimos quedar. Hace unos días.

De repente me sentí como en otra dimensión. A mi chica virtual le salieron piernas, manos, escote, nariz, boca, cuello y demás atributos completos e incompletos que nos convierten en humanas. Después de las rondas (ambas) y quizás cierta seducción encubierta… de repente las miradas, las manos, encontrar la posición en la silla…. Una pregunta-resorte que nos llevó a su sofá. Después, a su cama. Recuerdo nuestros pantalones pitillo que desmontaban toda la ropa interior. Jugamos con mis pendientes, rompimos una copa que se nos cayó al suelo de tanto jugar y porque la pasión era incontenible. Hablamos de las casualidades, del azar, de la  fuerza del destino.  De la vida trataba la cosa. Ya estábamos casi desnudas. Nos sobraba todo lo que nos tapara el alma. Y las pieles.

Fotografía de María Grana

Fotografía de María Grana

Y sentí que si esa noche no me metía en la cama con ella me arrepentiría el resto de mi vida. Así fue como mi boca envolvió su sexo, lo absorbí con mis labios. Me vi ahi abajo, donde no había estado nunca antes. Pensaba que no iba a gustarme, pero me sentí como en casa. Calentita, a gusto, segura.  Mi lengua surcaba, embestía despacio y mojaba. Y mi placer estuvo entre sus manos, en sus labios mientras amanecía. Acallé mis gemidos pensando que había una tercera persona en la casa que después resultó que nunca estuvo ahí. Cómo odio el mute… Siempre me gustará gritar, poner el grito en el cielo si es preciso Nunca he sido silenciosa ni me han gustado los hombres (y las mujeres) parcos en palabras. Salvo cuando no tienen nada interesante que decir.

Mi chica llevaba una cruz colgándole del cuello acompañada de no recuerdo qué acerca de lo que quería informarme hoy en la Wikipedia. Y que ella, no sé por qué, no quiso o no pudo explicarme. Aquella noche fue una locura, la misma con la que me hizo un vestido imaginario y cosió con sus manos y sus dedos. El olor de esas manos y esos dedos que ni con agua y jabón se van. Porque una ducha no quita el olor de unas manos que han estado dentro de ti, que has devorado a besos y que te han hecho enloquecer. Ni su recuerdo.

Y salgo de su casa a pedales, con la sensación de haberle pegado un gran bocado a la vida que casi no me cabe en la boca. Como si le hubiese sacado una gran ventaja a la muerte. Y sonrío mucho. Sonrío tanto que luego me da por llorar. De felicidad. Porque me siento jodidamente viva y plena.

Y una pregunta rondándome… Me dijo que quería conocer a gente normal, que en general la gente no estaba muy bien… precariedades varias supongo. Y parece que cierta locura mía le atrajo. Me hubiese gustado saber en qué lugar me colocó en la escala de la cordura. Y de la locura. Me pregunto si también ella descubrió que en cierta normalidad puede existir un grado de locura. Quizás esa noche de alguna forma nos sorprendió a las dos, por distintos y comunes motivos. Por mi parte, pasó lo que pasó contra todo pronóstico.

Y un día después, la inmediatez y la química me piden señales suyas. Contacto, verla otra vez. Volver un rato al palacio de cristal. ¿Quién no quiere repetir un mundoaparte? Pero suicido esa urgencia. Suelen ser ansias carnívoras de nada.

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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