Qué difícil es hacer el amor . . .

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

Resulta que he vuelto a tener un follamigo, ese concepto del que echaba pestes cuando me embarqué en esta aventura de vivir y contarlo. Y es que no me gusta repetir salvo excepciones de las que ya os he hecho partícipes. Pero resulta que ya no. Resulta que esto aún no os lo había contado, pero hace unas semanas conocí gracias a mi amigo Tinder a Manuel.

Manuel es un tipo bastante raro. Es opositor, y que no se me ofendan estos estudiosos vocacionales. Se pasa casi las 24 horas del día en casa memorizando cláusulas y movidas raras y pasando folios, salvo cuando tiene que salir a sacar al perro y hacer recados varios. Sale poco y no bebe nada, que al día siguiente no rinde. Para más INRI no quiere compromisos porque en estos momentos la prioridad de su vida es sacarse las oposiciones para ser alguien importante el día de mañana. Pobre, con todo lo listo que es, no sabe que el día de mañana no existe.

O sí, pero se lo está perdiendo. Pero no seré yo la que le diga a este cráneo privilegiado, que no hay más ciego que el que no quiere ver. Pues resulta que Manuel en estos momentos me viene como anillo al dedo. Cómo os diría yo…es el Just Eat de los polvos a domicilio. Llamas y a los cinco minutos está en tu casa, calzón bajao, condón puesto. Como el chiquito siempre está en casa estudiando, no importa a qué hora le llame o le mande un whatsapp, siempre está disponible para venir a verme, follarme como toca e irse rapidito porque tiene que estudiar. Manuel es de lo más cumplido, y yo se lo agradezco siempre con un final feliz.

Resulta  que hace un par de noches volvía yo de trabajar. Serían las once de la noche y me puse tremendamente cachonda al acordarme de cierto varón con el que he compartido  carnes y fluidos. Su gran polla me tiene todavía en tierra de nadie, sea lo que sea que eso signifique. De tanto pensar, noté como me encendía por dentro y eché mano de Ocean, mi consolador. Pero cada vez estaba más cachonda. Entonces me acordé de Manuel, el opositor. Le llame y le dije: Hola Manuel, me aburro. ¿Me entretienes?

– Estoy en cinco minutos.

Pensat i fet (dicho y hecho). Manuel se personó en mi casa a los cinco minutos y a pesar de mi cara, enseguida noté el enorme bulto bajo sus vaqueros. Manuel sí lo sabía, pero a vosotros no os lo he contado. Resulta que me han quitado las muelas del juicio y en la cara me han hecho una auténtica escabechina. No os voy a dar detalles médicos, pero hasta hace unos días (ahora ya estoy casi recuperada al 100%) tenía un parecido más que razonable el chavo del Ocho. Parecía que me hubiera tragado una bola de billar. O dos. A causa de esta pequeña intervención he estado algo inoperativa (sexualmente hablando) esta última semana. Estoy de buen ver, pero aquel intruso flemón eliminaba cualquier rastro de belleza en mí. Pero Manuel es un motivado de la vida y le gusto con o sin flemón. Esa noche obviamente no me dijo que estaba guapa, lo cual agradecía porque hubiera tenido que follármelo por mentiroso.

Me lo llevé a la habitación y tuve la solidaridad o la decencia, no sé cómo adjetivar este acto, de apagar las luces. Nunca lo hago, pero esta vez hubiera sido muy cabrona si me hubiera mostrado a la luz del día tal y como el dentista me dejó. No quería que Manuel me viera con ese jeto mientras me empotraba, y para el poco tiempo que Manuel iba a estar, tampoco quería yo hacerle pasar un mal polvo.

Lo siento, pero no es fácil follar recién extraídas las muelas del juicio. No es nada fácil. Creo que es casi más difícil que follar en un simca 1000. Yo a Manuel le quiero, y por eso follo con él. Le quiero a mi manera, pero el amor lo vence todo, menos a la pobreza y al dolor de muelas. Por eso, ya os adelanto, desde la absoluta desgracia, las cosas que se pueden y no se pueden hacer si estas jodida de las muelas.

1. Besos: No

El inocente acto de besarse es lo más peligroso de todo. Yo tenía unas ganas locas de que nos morreáramos, de que me mordiera la boca, pero en esos momentos los besos hubieran sido como chupitos de arsénico. Letales. Nos dimos un beso de esos de pajarito que me dejaron fría como el hielo. Pero no podía hacer más.

2. Sexo Oral: Él a mí No

Dicen que las mujeres que practican sexo oral son las más felices. Yo soy muy feliz pero en ese momento, chupar aunque fuera una minúscula piruleta, hubiera supuesto una auténtica tortura china. Quería chupársela, os lo prometo y a ti también te lo prometo Manuel, pero sólo de pensarlo lloro del dolor. En este estado sólo pueden chuparse micro penes, momento en el que sí son útiles. Pero no era el caso, porque el opositor no tenía la polla como Mi Negro, pero estaba en la media y la tenía como una piedra. Así que no hubo mamada. Pero la habrá, ya os lo digo yo.

3. Meter Mano: SÍ

Nos desvestimos con mucha delicadeza. Manuel tiene estudios y sabe que a veces toca una cosa y a veces otra. A veces toca ofrecer un hombro en el que llorar y otras toca empotrarnos contra la pared y bajarse al pilón. Y en ese momento no valía rasgar blusas y romper bragas a mordiscos, que ya me hubiera gustado. Me bajo los tirantes del sujetador con cuidado y me tocó todo con dulzura máxima. Nos abrazamos mucho, con mucho cariño y con la fuerza justa para que yo no acabara en urgencias. Otra cosa no, pero tocar, chic@s molon@s, vía libre. Como no podíamos besarle, nos tiramos un buen rato metiéndonos mano y haciendo peting cual quinceañeros imberbes y con acné. Le toqué mucho, de arriba abajo: pectorales, brazos, espalda y culo. Toda su piel era tersa  y suave. Su culo  estaba caliente y su polla ardía, pétrea y más dura que un Rolling Stone.

Lloré por dentro porque sabía que esa noche no iba a poder darlo todo. Ni recibirlo.Y llegó el momento de folletear.

4. Follar: Unas posturas sí, otras no.

Follar sí se puede follar, pero no en cualquier postura. El misionero, la más aburrida de todas las posturas habidas y por haber, en esta ocasión es extremely dangeorous. Lo intentamos, pero Manuel me empotraba con una fuerza desmedida (como la Ola de Rocío Jurado) y cada embestida era un alarido de dolor en forma de ayyyy. Así que descartamos la postura y me puse encima para cabalgarle cual amazona lisiada. Lo intenté un rato. Al principio la cosa iba bien, pero en cuanto la furia y la excitación se apoderaron de Manuel, la cosa se empezó a salir de madre. Manuel me agarraba del culo con saña y cada vez que me tiraba hacia él para sentir más fuerte y más adentro toda aquella pasión, a mí me dolían las muelas que me había quitado el dentista de los cojones, que era el único en el que podía pensar con claridad. ¡Como lo pille, lo mato!

¿La cucharita? Tampoco valía. Daba igual qué lado de mi jeto apoyara en la almohada, la cara me dolía a morir. Y no de ser guapa.

Estaba jodida. Metafóricamente hablando. Le pedí a Manuel que por esa noche, sólo por esa noche, me hiciera el amor y que no me follara. Por fin dimos con la posturita. El perrito fue la postura vencedora. Por fin iba a follar a gusto. ¡Qué bien, qué gozada, qué manera de disfrutar sin necesidad de sufrir! Yo no me corrí he de deciros, pero no porque él no le pusiera interés, sino porque yo estaba más pendiente de si me dolía o no que de hacer bien el gua gua.

Manuel notó esa ausencia de orgasmo en mí. Entonces me comió el coño con mucho cariño. Manuel habla muchas lenguas, deduzco yo que de ahí viene el dominio de ese órgano hecho músculo. Se acercaba, olisqueaba y acariciaba. Luego pasaba a lamer y besar. Succionaba, parecía que se lo iba a tragar. ¡Virgen Santa! Manuel no es un vulgar comecoños. Desde luego que no lo es. Manuel come el coño como los Dioses y le bautizo como el nuevo rey del mambo. Ergo, sustituido queda el anterior. Lo siento querido.

Comerlo bien es un asunto peludo y terriblemente difícil. Muchos no saben comerlo bien y es que hay que estar dispuesto a aprender. Y Manuel aprende cada día conmigo, a mi lado. Amigos, no basta con meter la lengua y chupar, es algo más complicado que mover la lengua y el dedo a lo loco de un lado al otro sin rumbo ni na. Queda pendiente una sesión de repaso en torno al encomiable arte de comer bien un chichi.

Manuel se ha ido unos de vacaciones. Vuelve pronto, que aquí te espera tu final feliz. Y el mío.

FINALFELIZ

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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