Hablando de PQMFs

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

Acabo de volver de Bilbao de pasar un finde más que maravilloso con mi cuadrilla. Y al volver me he acordado de esas tertulias ardientes y calenturientas que tenía con una de mis amigas. El tema en cuestión: los AQMF. Para tods vosotr@s, los Aitas Que Me Follaría. Traducido íntegramente al castellano, PQMF (Padres Que Me Follaría).

Quién no recuerda esa mítica escena de American Pie (malérrimo film dónde los haya, pero todos y digo tod@s lo hemos visto) en el que el amigo asiático de la díscola pandilla desvela el significado de esas cuatro letras y acaba morreándose con la foto de la madre de Stifler. ¡Teenagers!

PQMFs los hay, y muchos.

Un PQMF es un padre buenorro, enrrollado, molón, educado y que sólo de verle se te cae la baba y no puedes dejar de poner cara de boba. Si tiene mujer, la respetas (o no) pero si pudieras, te lo tirabas ahí mismo. ¿Sabéis de lo que hablo?

Son esos hombres que siguen vistiendo como siempre y que siguen haciendo las mismas cosas que hacían antes de casarse. Para ellos no pasa el tiempo, y aunque pase, les sienta muy requetebien. Salen con sus amigos, van a conciertos, viajan, se van de cañas (con su mujer). Y en cuanto a su faceta de padre, se te vuelve a caer la baba cuando ves el pedazo padrazo que es, cómo le quieren sus hijas y el cariño con el que trata a la hija de **** de su querida mujer. Entonces, en este punto, sin comtemplaciones, con premeditación y alevosía, piensas en un arrebato indigno de ti ¡Que le den a su mujer, me lo follaba! Y tanto que te lo follabas. Aunque tenga casi 50 años, esté casado con la mísmisima Angelina Jolie y tenga más hijos que el Barón Von Trapp.

brad pitt

Otra cosa es que él se fije en ti, porque ese PQMF encima es un buen tío y no tiene ojos para nadie más que para su mujer. Lo siento amig@, no tienes ninguna posibilidad de follártelo. Y en el fondo te alegras (o no), porque lo que más mola de los PQMFs es que nunca te los vas a poder meter en la cama. Por eso, los PQMFs son amores imposibles, son intouchables, aunque más de una vez, entre risis y bromis, le he dicho a alguno de estos PQMFs que cuando sea mayor (aún no), mientras ellas están en la peluquería, yo me beneficiaré a sus marido PQMFs.

Y es que todo lo prohibido nos mola, nos pone. Si no a santo de qué iban a jugarse Adán y Eva por una manzana de mierda. Pues porque estaba prohibido. Salvo que estén divorciados/separados, los PQMFs sólo nos sirven para montárnoslo en la cabeza. Puedes pensar que te hacen todas las guarradas que quieras y que tú te sueltas la melena, lo que no es la melena y las bragas. Pero todo queda en tu mente. En tus sueños bonit@.

Y ahora que lo pienso, yo una vez me zicutriñé a un PQMF. Eso sí, divorciado. Os cuento.

Fue hace unos años y yo estaba en Barcelona por motivos estrictamente profesionales. Llevaba unos días en el stand de mi empresa, más aburrida que una ostra, en una importante feria de un sector que no os voy a desvelar. Aquella era la última noche que pasaría en la Ciudad Condal. Iba a pasarla aburrida y compartiendo habitación de hotel con mi jefa. ¡Planazo!

Mientras yo andaba pensando en las musarañas, un apuesto hombre trajeado de unos cuarenta y tantos se dirigió hacia mí desde el stand de enfrente. La empresa vendía desatascadores por medio mundo. Ya sé que no suena nada elegante, pero qué bien sienta que a una le desatasquen las tuberías. Era el Area Manager para Sudamérica y acababa de llegar, claro ¡Por eso no me había percatado de su presencia! Fue directo al grano y no vaciló.

-Esta noche vamos a cenar los de la empresa y algunos clientes. Va ser divertido. ¿Te apetece venirte?

No lo dudé ni un instante. Ese madurito era tremendamente apetecible y me lo acababa de poner en bandeja de plata. Le dije a mi jefa que no me esperara despierta. Suerte que al día siguiente ella se iba pronto por la mañana y no tendría que darle ninguna explicación de no haber pernoctado en el hotel. Porque estaba clarísimo que no iba a dormir esa noche ahí.

Él era barcelones, se llamaba Andreu y al verle de nuevo en plan informal, sólo su olor ya hizo que me temblaran las piernas. Me dio dos besos, agarrándome fuerte de la espalda. Cenamos en un restaurante del puerto marítimo de Barcelona. Una pena que no cenáramos solos, pero nos sentamos juntos. De todo esto hace ya mucho tiempo, así que no recuerdo con exactitud qué nos dijimos, qué nos contamos. Sí me viene a la memoria mientras repaso lo que ahí aconteció que me dijo que llevaba unos meses divorciado y que tenía dos hijos. ¡PQMF! pensé al instante.

La cena terminó pronto y era obvio que ninguno de los dos quería irse. Al menos por separado. Teníamos algo pendiente. Un polvo pendiente para ser exactos. Le dije si le apetecía que nos tomáramos algo y me dijo que conocía un bar de copas tranquilo. Me pareció una idea perfecta. No pudimos terminarnos las copas. Teníamos ganas el uno del otro. Muchas ganas. Fuimos a su coche y me dijo que me iba a llevar a un sitio precioso. Pasamos antes por una farmacia. Se ve que tenía que comprar jarabe para la tos para uno de sus hijos y…. condones.

¡Y tanto que era precioso! Aparcamos en un mirador. No sé qué playa o qué cala dormitaba entre el oleaje bajo nuestros pies, sólo os puedo decir que sabiendo lo que me esperaba, esas vistas impecables y el aire en la cara, me sentí muy feliz. De la felicidad pasé a estar muy cachonda en 0, cuando Andreu me besó sin avisar y con mucho ímpetu y tumbó sobre la parte delantera del coche mientras échaba mis brazos hacia atrás y separaba mis  piernas con con suavidad aunque inquietante. No había más coches, así que follamos e hicimos el amor (creo que hubo un poco de cada) encima del coche y después en el suelo. Y ahora me falta el toque romántico que me caracteriza, porque todo esto ocurrió mientras veíamos como hacía años que habían muerto algunas estrellas y otras tantas brillaban como nunca.

Empezó a hacer un frío que pela, así que nos volvimos a meter en el coche. Este hombre tenía mucha potencia y muchas ganas de que me siguieran temblando las piernas. Ahora tocaba polvo en el coche.

Fue bastante incómodo pero tierno. Fue como volver a esos años en los que tocaba follar en el coche porque no había ni casa ni pasta. Aunque hoy en día la gente lo soluciona montándoselo en una rotonda en la calle en pleno centro de la capital. No sé si sabéis de lo que hablo. En fin… Volviendo a mi polvo cochero, acabé con las rodillas ensangrentadas como las perlas de Alaska. Y es que Andreu era un empotrador como la copa de un pino. De esos que son tiernos y te ofrecen su  hombro sobre el que llorar cuando toca y luego te estampan contra la pared y te arrancan las bragas de un mordisco. Así era Andreu, uno entre un millón.

El tiempo, como no podía ser de otra manera, se nos pasó volando y pronto se nos hizo de día. Serían las seis de la mañana y cada uno tenía que volver a su vida. Yo a mi hotel a recoger mis bártulos y preparar una última reunión antes de partir. Y él, coger un avión y volver a Las Américas. Nunca nos volvimos a ver, nunca volvimos a hablar, pero que más da. Me empotró bien empotrada y me desastascó las tuberías. Y esto es mucho más de lo que se puede esperar de un PQMF.

¡Feliz Sexo!

NO CREO EN LA CIENCIA, SÓLO EN EL AMOR, LA MÚSICA Y EL SEXO. P.D.:Y EN TODOS SUS COMPAÑEROS DE VIAJES

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