He dicho que NO

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

Las mujeres tenemos, aunque no todas ni a todas horas, eso que llaman intuición femenina. Llamadlo sensibilidad extrasensorial, llamadlo sexto sentido, llamadlo como queráis, pero la tenemos. Hace un par de semanas no hice caso de ella. Craso error.

Ojos Que No Ven  Sexto Sentido

Os pongo en antecedentes. El pasado martes por la noche, después de tomarme unos vinos con una amiga, me puse tontita, se puso tontito y el whatsapp hizo todo lo demás. Os hablo de un contacto masculino que hice hace un par de meses vía una aplicación de ligoteo. Por fin íbamos a conocernos. Más joven que yo, gallego pero residente en Madrid, tenía su gracia. Aunque siempre intuí que era bastante pijo, nunca me imagine, que también sería relamido y estaría encantado de conocerse. No sé por qué, me daba a mi que la cosa no iba a salir bien, pero me lancé igualmente. Yo ya no me quedo con el run run del ¿Y si?…Al toro Pepita, al toro. Con dos ovarios.

Finalmente quedamos. Quedamos en la puerta del portal de mi casa, preciosísima por cierto. Iríamos al chino de al lado (siempre hay un chino cerca de cualquier casa) a por bebida y volveríamos a mi casa. Meter en casa a un perfecto desconocido, por mucha conversación digital que nos hubiera unido, es demasiado dangerous hasta para una sex bloguer. Creí apropiado tener el primer contacto en la calle, ver cómo fluía el asunto y retrasar unos minutos su entrada en mi dulce hogar.

Llegamos a mi casa. Fui a la cocina a por unos vasos para servir la cerveza barata que habíamos comprado del chino y puse música en mi ordenador. Nos sentamos en la cama, empezamos a charlar, pero la conversación podía decirse que no fluía. Él decidió arrancar motores y me besó. Me pareció bien, así que le devolví el beso. Él me acarició, yo le devolví la caricia. Y así, la cosa fue in crescendo. Nos tocamos, nos desvestimos lo justo y empezó a meterme mano. Estaba a gusto, pero su olor no me convencía y sus besos eran algo mondos y lirondos. A veces soy un poco tiquismiquis con estas cosas, algo delicada con los olores, muy especial con el sabor de una boca extraña, exigente con esa lengua que me come la boca por primera vez, Por esta vez decidí ignorar estos pequeños detalles. Ahora me doy cuenta de que nunca debí hacerlo. Pequeños detalles que lo son todo.

Mientras mi mano estaba entretenida tocando su pene, este machito de pelo en pecho y menos sutil que podar un bonsai con una motosierra, me cogió la mano y me la echó hacia atrás como esas madres pesadas e insufribles que no dejan a sus hijos tocar nada, nunca, en ningún sitio. No entendía nada ¿No quería que le tocara el pene? ¿No le estaba masturbando correctamente? ¿No le estaba gustando mi pajilla? Con el empeño que le estaba poniendo yo al asunto.

Entonces ocurrió. Ocurrió… Ese gesto que odio por encima de cualquier otro cuando estoy compartiendo cama con alguien. Después de apartarme la mano como si fuera una zarpa, sentí su mano posándose sobre mi cabeza y presionando ligera pero evidentemente hacia abajo.

Pues fíjate tú por dónde que no me equivoqué con mi intuición femenina.

No podía estar pasando. ¿Me estaba empujando hacia abajo? Sin miramientos, sin delicadezas. Entonces me detuve en seco, me reincorporé y le dije:

No. Esas cosas no se piden, salen solas. ¿Y  follar? – me dijo. Lo mismo – le dije yo.

Mi cara era un poema y antes de que pudiera decirle ni mu, que con las ganas me quedé, amenazó (por decirlo de alguna manera) con irse pronto. Que tenía que madrugar, que si no sé qué, que si no sé más. Ipso facto acepté encantada de la vida, me parecía una gran idea que se fuera, Y se fue.

Se fue soltándome una frasecita de manual, que también odio a rabiar. Mañana habamos.

Le dije – No hace falta.-

No querido, no

No

Porque no me gustó tu olor.

Porque no me encendieron tus manos.

Porque tus besos no me decían nada

Porque no valías la pena

Porque tu conversación fue futil.

Porque no. Y punto.

Y seguido. Vayamos por partes.

Que nadie nunca me ponga la mano encima para echarme hacia abajo y se la chupe. No me gusta y a Dios pongo por testigo, plagiando a mucha honra a la imposible Señorita Escarlata Ohara, que al que me vuelva a poner la manita en la cabeza o en cualquier parte de mi cuerpo y me empuje hacia abajo, se la como. Pero de un bocado.

El muy listo, porque era muy listo, no tardó ni dos segundos en mandarle a uno de sus colegas un mensajito diciendo La muy perra no me la ha chupado.

No me preguntéis cómo lo sé. Simplemente lo sé. Ya os lo he dicho antes, las mujeres tenemos un sexto sentido que para los hombres es tan difícil de entender como para cualquier hijo de vecino entender qué diantres es eso de la física cuántica, o dibujar de sopetón el circuito macro económico en una economía abierta. Ni de coña.

Pobre diablo, mendigo de felaciones. Y de polvos. Tenía menos luces que una patera, a pesar de tener carrera, máster y titulitos variados obtenidos en prestigiosas universidades. Iba servidito de todo, menos de cómo comportarse con una mujer en la cama. Y fuera de ella. Yo creo que el chaval tenía el síndrome de Christian Grey. Iba de machito y quería forzarme a hacer algo que NO quería hacer. ¿Se pensaría que estábamos en su cuarto de juegos y que yo era la boba de Anastasia? O peor, ¿Se pensaría que su pene era como el de Christian Grey? Ya te gustaría chato. Que por cierto, por fin he encontrado ese preludio para vosotr@s. No me deis las gracias, ha sido un auténtico placer.

Desnudo-frontal-de-Jamie-Dornan

También me pongo en su piel. Seguramente para él yo soy la perra que no se la chupó. Pero a mí plin. Yo soy la reina de mi cuerpo, de mi cama y de mi casa. Y en todos ellos, mando yo. De reina a reina, imagino que vosotr@s también os habréis visto en alguna ocasión entre la espalda y la pared, habéis hecho y os habéis dejado hacer sin quererlo. Aprendamos tod@s a decir que NO y seamonos fieles, a nosotros mism@s. Y que se mueran los feos.

Esto último es broma, pero ¿a que es un temazo?

¡Feliz Sexo!