Cómo comer científicamente (bien) el morro

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

Cuentan las malas lenguas que un beso tiene, no 20, ni 40, ni 60, sino hasta 80 millones de bacterias. Pues bienvenidas todas ella. Otras, sigo hablando de lenguas, como Sheril Kirshenbaum, investigadora y autora del libro La ciencia del beso, prefieren hablar con más pasión y menos ascos de los benditos besuqueos.

“Los vasos sanguíneos se dilatan, el cerebro se llena de oxígeno, y nuestra respiración se vuelve errática y se acelera, nuestras mejillas arden, el pulso se desboca, nuestras pupilas se dilatan, los niveles de dopamina, serotonina, noradrenalina,  oxitocina y adrenalina tiene un pico, dejando nuestros cuerpos inundados de un baño químico”. Esto es lo que  ocurro cuando nos damos un muerdo con alguien.

Antes de continuar, dejemos claros algunos términos algo confusos. Dopamina, Serotonina, Noradrenalina, Oxitocina, Adrenalina. No son drogas, ni falta que les hace, pero como las sustancias estupefacientes, estas cinco damas enganchan que no veas. La adrenalina es la que te da el subidón, la oxitocina es la molécula afrodisiaca del amor que te pone content@ y te da hasta mareítos de los que molan, la noradrenalina tiene la culpa de que se te acelere el corazón y te pongas nervios@, la serotonina es la que hace que te liberes, te deshinibas como una chiquilla de quince años en un concierto de Alejandro Sanz y te sueltes la melena. Y la dopamina es la que te pone el corazón contento y lleno de alegría.

Pero ojo, no vayamos tan deprisa. Besar no es una cosa de aquí te pillo aquí te mato. Besar son palabras mayores y hay que tomárselo con calma y en serio. Si uno no sabe besar, si uno no sabe besar bien, no va a ninguna parte. Eso lo saben hasta los chinos.

Un beso dice de ti, de cada uno de nosotros, mucho más que el documento nacional de identidad. Sí. Te llamas Juan, te apellidas Gómez Esteban, tienes 32 años, naciste en Olmillos de Sasamon, provincia de Burgos, y tus padres son Emilia y Cipriano. ¿Y a mí que más me da?

Pero un beso revela mucho de ti. Cosa tuya es querer desvelar todos tus misterios, tus falacias y tus miserias. Como con el primer beso ya no hay nada que hacer, pues imagino que ninguno sois vírgenes de lengua, pasaremos a los besos que daremos a partir de ahora.

Estad muy atentos, porque esto va a marcar implacablemente un antes y un después en vuestras vidas de besadores. Nunca más volveréis a ser simples besadores cualquieras. Seremos maestros artesanos de besos de órdago y de rechupete. Besos que ya firmaban muchos poder dar y recibir. Para ello, hoy repasaremos brevemente el decálogo del bello arte del besar, que ruego, a unos más que a otros, tengáis a bien leer atentamente, memorizar y poner en práctica cuando vayais a meterle el morro al@ afortunad@.

No hablo de un beso cualquiera, de esos que dan las tías abuelas que hace siglos que no ves, ni los que te das con tus amigos, ni los que te da la santa de tu madre acompañado de un Buenas noches hijit@, que descanses. Estoy hablando del rey de los besos, de esos besos de película que te dejan cara de bob@ o de cordero degollado, según la intensidad del mismo. Hablo del beso perfecto. Creo que éste es el mejor ejemplo de beso que tiene una pinta de muerte poniendo cara de panoli a más no poder.

La cosa suele empezar así.

Dices o te sueltan aquello de Cómo me pones, qué buen@ estas, qué guap@ te ves, me encantas. Que si jiji, que si jaja. Tonteo por aquí, tonteo por allá. Poco a poco (que no nos den las uvas tampoco) os dejáis de timidices y chorradas porque él te gusta como ningún otro, porque ella es esa chica que llevas buscando toda la vida. Vais arrimándoos (la cebolleta aun no, esperad), rozandoos, acercandoos. Como quien no quiere la cosa, le tocas, te toca, la pierna, el hombro, le pasas tu mano por la nuca mientras conduce, te retira el pelo con esmero mientras hablaís de todo y de nada en un banco del Retiro o de cualquier parque de España, te acercas, se acerca mientras bailáis juntos la nueva de imagina-el-artista-que-mas-te-guste o estáis de chácachara en un bar, hasta que llega el ansiado momento.

Ya no hay marcha atrás. No la hay. Porque estás exactamente A dos milímetros escasos de tu boca… Por fin va a suceder.

La preparación lo es todo: Saca la artillería pesada, ponte la ropa de los domingos y estrena tus zapatos nuevos. Avanza posiciones y no tengas miedo. Muestra tu lado más seductor, pero sin dejar de ser tú mism@. Pero sobre todo, estate en lo que tienes que estar. Hasta el mismísmo Bruce Lee se tomaba su tiempo antes de empezar a repartirse mamporrazos con el bueno de Chuck Norris.

Dicen que lo ideal para que el beso salga a pedir de cosa es crear un ambiente favorable. No estoy hablando de velitas, música de Sade de fondo o un romántico y carísimo  restaurante. Pero para alcanzar la  perfección del ósculo (beso) han de reunirse, diría yo, que el menos 9 de estas 9 circunstancias.

Vayamos al grano.

1. Para algunos, el quid de la cuestión está en conocer, si no a la perfeccón, lo mejor posible al contrincante. Y hablo de contrincante porque esto es una batalla, es la guerra de los besos. Al parecer, si ya existe un vínculo entre los dos, el beso tiene más opciones de ser perfecto. Aunque me sé yo primeros besos con desconocidos que además de tener buenísima pinta, ya la quisiera yo para los muerdos con los que ya conozco. Para impacientes, ir directamente al  minuto 3:15.

2. Pintalabios y a correr. Siempre lo he dicho. Una mujer nunca lleva demasiado gloss. Un buen pintalabios bien puesto nunca falla. A mí me gusta el rosa o rojo pasión. No llevéis el carmín corrido que queda fatal. Ayer mismo me mordisquée con un chico. Yo llevaba gloss y a él le motivaba bastante mis labios bien pintados. Parece ser que estos mejunjes indican una alta dosis de estrógenos que a ellos, por lo  menos a mi chico de ayer, le puso bastante burrito y le subió a cien la caliente de la testosterona.

3. Si bebes, no beses, Hablo de beberse hasta el agua de los floreros. No te pases con las copas amig@. Más que  nada, para no decir memeces y dar demasiada pena, se te corra el rimel y acabes dando un espectáculo dantesco. Pero sobre todo no bebas demasiado para no perderte nada del espectáculo que vas a vivir en carnes propias. Demasiado alcohol se encarga de fastidiar los fuegos artificiales que suponen un beso de este calibre.

4. Lengua fuera: No tengas prisa por llegar más allá. Craso error. Todo llega, así que céntrate en el beso. Sólo existe el beso. Estás donde tienes que estar. Al principio, dejemos la lengua dentro. Que espere un poco y se vaya preparando, todavía no es su turno. En esta primera fase del beso son sólo vuestros labios los que se acaricien. También mordiesquean. Aplica el juego de miradas, sonríe antes de aproximarte como diciendo Ayá voy. Despacio, suave, dulcemente como las muertes lentas pero insufribles. Ve despacito, my despacito. Retrasa todo lo que se pueda el momento de que la lengua entre en acción. Estos preliminares son deliciosos, saboréalos.

Los labios no son los únicos a los que besar. Hay ojos, cuello, lóbulos. Todo el cuerpo se besa.

5. Lengua al ataque: Llegará el momento en que la lengua quiera participar como protagonista que es. Cuando ya no se pueda aguantar más, que entre la lengua. Pero de nuevo, despacio, como si se dejara caer por ahí, como si estuviera de visita. Poco a poco deja que la lengua  se suelte la melena y se deje llevar. Intentad evitar meter la lengua tiesa hasta el fondo como si fuera una taladradora. Controla la velocidad de la lengua y alterna intensidades y profundidades. Tienes de 0 a 10, mira si hay combinaciones,

6. Muchas lenguas van por libre y hacen cosas de las que deberían avergonzajes, aunténticos ultrajes a la boca ajena.

  • Eso de dar lametazos con toda la lengua apaisada de abajo a arriba es asqueroso. No somos perritos, no dejemos babas por favor.
  • Kill the bird. Besos de colibrí no.

Me cuenta mi querida amiga Angie que tuvo un ligue sueco a la vez que su gran amiga Marieta de Erasmus. Buenorro como la copa de un pino, pero ambas dos se percataron de que los suecos besan cual lagartija. Puntita de lengua pa fuera, puntita de lengua pa dentro. Horroroso. Never.

7. ¡Manos, para qué os quiero!: Mientras besas, hay que darle a tu cuerpo alegría. Utiliza tus manos y rozalas con las del otro. Ahora seducen para luego acariciarse, Abraza a tu adversario. Juntaros para sentirle más cerca, para que el te tenga cerca. Sujeta sus manos, acarícialas con las tuyas. Acércale hacia ti, presiona su cuerpo contra el tuyo. Tócale, aprieta con dulzura. Huele su boca, su pecho, su cuello y por qué no, mete mano por debajo de la ropa.

8. No nos olvidemos de una buena higiene bucal: Que no te huela el aliento, la alitosis no mola. Mejor un buen sabor, un aliento fresco y unos dientes limpios y sanos, Esta muchacha lo explica divinamente.

9. Escucha. Besar tambien es escuchar. Escucha el silencio, escucha tu ansia besando al otro, su frenesí besándote. La repiración entrecortada de los dos y esos sonido de placer, cada uno tenemos los nuestros, que nos salen sin darnos cuenta y  que suenan a gloria. Escucha como tu carozón late a mil por hora, como el suyo se le sale del pecho. Si prestas la atención suficiente, pueden escucharse hasta los escalogríos y esas descargas eléctricas con las que aveces te sorprende tu cuerpo

10. Y como besar es como esa canción, la-dejo-a-tu-criterio, sólo hay que repetir el mismo compás y darlo todo para dejar buen sabor de boca y que el beso sea tan perfecto que no sea nada fácil de olvidar.

Ahora es cosa vuestra conseguir dar el beso perfecto. Científicamente. Por favor que corra la voz y sé el que enseñe a besar a quien tú más quieras.

¡Feliz Sexo!