¡Welcome Madrid!

¡Hola Mis Chicas Molonas! Esta semana vengo cargadita de novedades. La semana pasada decidí darle un nuevo rumbo a mi vida, un cambio de 180 grados. De vez en cuando me gusta frenar en seco, mirar al horizonte y poner mi mundo patas arriba. – ¡Mamá quiero ser periodiartista! Así que me vine pa Madrid e hice unas pruebas de acceso para estudiar un máster de periodismo de televisión. Aprobé las susodichas pruebas y me he vuelto a mi casa, aunque no por mucho tiempo, para despedirme de amigos y familiares, hacerme la maleta por enésima vez en mi vida y…a cambiar de aires. Que no salga de aquí, pero la verdad es que estoy acojonada. Estoy cagada de miedo. No sé si Madrid me hará feliz, si aquí encontraré mi sitio y si dejaré por fin a mis 34 de dar tumbos de aquí para allá, encontraré un trabajo estable y que me dé de comer, si conoceré a mi futuro marido y padre de mis hijos. Todo esto es algo que mi madre se empeña en que haga antes de que se muera y me deje en este mundo sin perro que me ladre ni novio que me quiera.

Madrid, hazme un hueco y trátame bien. Seamos amigas, podemos ser las mejores si tú quieres. Si me enseñas lo mejor y lo peor de ti, prometo serte leal, quedarme a tu lado, disfrutar de tu compañía, de día y de noche, conocer a tu gente, celebrar tus fiestas, comerme todo lo que me sirvas en el plato, beberte a tragos y cerrar todos tus bares. A-b-s-o-l-u-t-a-m-e-n-t-e t-o-d-o-s. Aquí me tendrás a partir de ahora como una de tantas provincianas que se hace la maleta, la carga de sueños, mucha ilusión y más ganas, y se viene a la capital a hacer camino como aquel caminante que hace camino al andar. Solo soy una chica que busca su sitio en la vida y hacerme un hueco en esta ciudad que dicen que es la mejor ciudad del mundo. Te pido que no me hagas sufrir, que me hagas llorar lo justo y necesario. Te pido que me presentes a gente interesante y que me lleves a casas de hombres apuestos, artistas seductores, rock n rollers que no sean demasiado golfos, bohemios y soñadores perdidos en un mundo al que sienten que no pertenecen. Déjame compartir estos meses con sibaritas de los placeres de la vida, pero que no sean pijos. Invítame a cenar con amantes de la buena mesa, pero que no vayan de foodies, y permíteme vivir la vida, de vez en cuando, como lo hacen los grandes vividores. Ya me has concedido algunos de mis deseos. Vayamos por partes, como dijo Jack el Destripador. El jueves pasado fui a cenar con una amiga y un amigo suyo muy metido en el mundo del cine. Fuimos a Marieta, un restaurante que me gustó muy mucho. Excelente ambiente y mucha it girl molona de Madrid, entre las que por suerte ya me hallo. Por no hablar de los exquisitos bocados del menú, un servicio impecable, un maître más majo que todas las cosas y un barman tostadito que fue capaz de prepararnos un cóctel a nuestro gusto que era ciertamente Misión Imposible. Nos pimplamos dos botellas de vino blanco y dos de esos imposibles que me supieron a gloria.     Una vez cenados y mejor bebidos cambiamos de barrio y cogimos un taxi que nos llevó a la coctelería mas antigua de Madrid, el Cock, escondite de secretos de la alta alcurnia, escándalos de gente pudiente e historias de alcoba. Un bar con historia propia. Nos la contó Pachi, fascinante personaje al mando de la tercera generación del Cock. Os la contaría, pero os aseguro que es mucho mejor que os paséis por esta coctelería que Jorge Berlanga bautizó como el último refugio espirituoso de Madrid y lo comprobéis vosotros mismos. La leyenda se construye aquí cada noche. ilustres fantasmas apuran sus copas, mientras en el futuro se amontona la puerta, tratando de entrar. Decir que no hay un bar como el Cock en Madrid, sería decir poco, seguramente no hay un bar como el Cock en el mundo. Aquí no viene esa gente supuestamente guapa que se ve por todas partes sino esa gente especial que no se ve en ningún otro sitio. Al entrar puede que conozcas a alguien, o puede que no, al salir te conocerás un poco más a ti mismo.No lo digo yo, lo firma Ray Loriga. Apuramos la última ronda de Dry Martinis y cerramos el Cock en compañía de una mujer fabulosamente zumbada y dos notables canallas de dudoso pelaje. Yo levaba esos tacones altísimos eitalianos que me han costado lo suyo y que siguen haciéndome callos. A este paso me salen juanetes. Yo paso de sufrir gratis, así que obviamente me los quité y fuimos andando a la siguiente parada de nuestra expedición nocturna. Toni2, un piano bar muy a lo Las Vegas. Eran las tantas cuando llegamos y a esas horas intempestivas ya corrían por mis venas unos cuantos litros de alcohol. Pillé por banda a uno de los camareros (vestidos con pajarita) y le pedí un copazo, que, eso sí, me constó un ojo de a cara y parte el otro.

Dicen que Toni2 es un teatro que cada noche está de estreno. Clientela, camareros y el maestro al piano dan forma a este mundo, digno de una película de Fellini. Fellini no estaba entre nosotros aquella noche, si no menudo susto. Pero el que sí estaba es el gran Leo Harlem. Tímido, sencillo y con la misma vis cómica y grandísimo talento con el que nos deleita en la pequeña pantalla. Poco a poco mis secuaces fueron abandonándome a mi suerte y me quedé sola haciendo amigos con la clientela que por ahí pululaba. A esas horas de la madrugada todos los gatos eran pardos.  No recuerdo demasiado bien con qué personajes estuve de tertulia y/o de dancings locos, ni cómo ni con quien llegue a casa. Al día siguiente me desperté, de chiripa, a las tres de la tarde y encendí el móvil. Ahí estaba en mi bandeja de entrada un SMS de un número desconocido: Dulces sueños. Ramiro. Mi cabecita loca empezó a recordar el desenlace de la noche anterior en la que me perdí por las calles de Madrid.

Entonces recordé. Ramiro debía de ser el tipo que conocí en algún momento, yo creo que saliendo del último bar con una cogorza digna de un capitán general. ¡Ya me acuerdo! Ramiro parecía que se había tomado un tripi, porque aunque eran las seis de la mañana, me decía sin parar: – Pero es que me encantas, cómo eres, es que eres…increíble. Y se giraba, como si no pudiera mirarme demasiado tiempo. No sé, un tío muy rarito. – ¿Nos vamos de viaje juntos un fin de semana? – ¿Vamos a desayunar? ¿Me das tu teléfono? Al parecer se lo di. – Ramiro, me encuentro bastante mal. (Pensé: Como sigas hablando voy a acabar vomitando). Sólo quiero irme a mi casa y dormir. (Pensé de nuevo: Por favor Ramiro déjame vivir.) Dicen que de Madrid al cielo y, en el cielo, un agujerito para verlo. Es verdad que de noche Madrid se pone muy pero que muy guapa con ese perfume que huele a premeditación y alevosía. Ya os contaré, porque por muy increíble que pueda llegar a ser Madrid, yo sigo enamorada de la misma ciudad a cuyos pies caí rendida nada más conocerla. Bilbao. Bilbao de mi vida y de mi  corazón, tengo y me llevo de ti mucho más de lo que imaginé. Mientras tanto, bienvenida Madrid. ¡Feliz Sexo!