Cunnilingus mon amour

¡Hola Mis Chic@s Molon@s!

cunilingus

Justo antes de abandonar Sydney y continuar mi periplo por el continente asiático, tuve una conversación un tanto subidita de tono con un vasco muy majo al que acababa de conocer, Alain, y con mi amiga Aintzane, también vasca. Los vascos son gente muy noble, muy buena, muy generosa. No todos, claro. Lo que me recuerda ese taquillazo del que me habían hablado y que acabo de ver. Ocho apellidos vascos. Me ha encantado, me ha emocionado y me ha recordado que sigo enamorada de esta tierra y de sus habitantes, de los que me considero una más. Porque como decimos los vascos, los de Bilbao nacemos donde queremos.

Pero volvamos a la historia que me enrollo como las persianas. Como os digo estábamos los tres en minúsculo pero encantador balcón de la casita de Aintzane en Dee Why, norte de Sydney. Era mi fiesta de despedida y lo celebrábamos con buena comida y mejor vino frente al mar, mirando la playa y las olas de ese lado del mundo que no se si volveré a ver algún día. Hablábamos de todo y de nada en particular, cuando de repente Alain soltó.

-Queréis que os diga una cosa. Me encanta comer coños.

coños

Lejos de escandalizarme me entró la risa. Y como en esta vida pagan justos por pecadores, volqué sobre el encantador Alain todas mis quejas hacia aquellos hombres que han pasado por mi cama, o en cuyas camas yo me he dejado caer, y que no han sabido o querido hacer un cunnilingus decente, un cunnilingus como Dios manda. Ni corta ni perezosa le espeté, no sin cierta carga de despecho y desencanto sexuales.

-Pues en general lo coméis bastante mal.

La conversación fue muy didáctica y muy divertida, como deberían ser todas las conversaciones. Alain me contaba cómo se lo montaba con su ex y lo mucho que disfrutaba dándole placer oral cuando ella se lo pedía. Y sin que ella se lo pidiera, porque Alain afirmaba ser un enamorado de la vagina de su ex y beber los vientos por ella.

El fenómeno Cunnilingus procede, como no y como el resto de términos raritos y de difícil pronunciación, del latín. Por una parte cunnus, que significa “cuña”, vagina o coño (siendo más clara y menos políticamente correcta) y lingus: “lengua”.

Diccionario en mano os recuerdo que es una práctica de sexo oral que se realiza a las mujeres y que consiste en chupar, frotar, lamer, soplar, besar, resoplar y mordisquear con la boca, la lengua, los labios y los dientes los labios de la vulva, la entrada de la vagina y el clítoris. Pero diccionario en mano tristemente descubro que ni el DRAE, ni el diccionario de María Moliner, ni la Wikipedia explican cómo se come el sexo femenino.

coño

No sé cómo le gustaría a la ex novia de Alain que se lo comiera el susodicho, ni sé cómo os gustará a vosotras que os lo coman. Porque comerle el tesorito a una mujer no es como hacer una mamada, si me permitís la comparación. Una felación puede resumirse en un ABC como os contábamos no hace mucho en el post Felar y cantar, todo es empezar. Pero…¿Un cunnilingus?

Ayy amig@as, eso ya es otro cantar. Un cunnilingus son palabras mayores, es jugar en otra liga. Cada vagina tiene sus gustos, sus manías, sus preferencias y sus puntos débiles en los que enloquece y se vuelve como un caballo desbocado que galopa sin miedo y gime con celo. Esto de la vagina es algo muy personal e intransferible. No hay dos iguales, ni siquiera parecidas. Same same, but different.

Como os digo, yo no sé cómo os gusta que os lo coman, ni si a todas os gusta. De hecho hay mujeres a las que no les gusta que les practiquen sexo oral. Mujeres hipersensibles o mujeres que les da no se qué que alguien se meta ahí abajo o que temen oler mal. Pero si sé como me gusta que me lo hagan a mí y lo voy a compartir con vosotr@s. Así que atended.

¡CHICOS VA POR VOSOTROS!

Igual no os habéis enterado de la copla, que estos dos hablan muy deprisa y parece que se hayan comido algo raro. Chic@s y amantes que queréis mejorar vuestras técnicas a la hora de bucear en las aguas misteriosas e incomprensibles del clítoris y sus alrededores. Cerrad los ojos, abrid la boca y escuchad con atención porque sólo lo vamos a decir una vez.

Ante todo habla con ella, no con la vagina, sino con la propietaria de la misma. Comunícate con ella, que te diga cómo le gusta, cómo lo quiere y lo que tienes que hacer. Tendrás mucho aprendido si sigues sus instrucciones.

Hay que poner los cinco sentidos cuando uno se pasa por las bajas pasiones de una mujer, como el genial Quentin Tarantino, que utiliza los cinco sentidos para dar ese toque tan suyo a sus películas, que desde el primer fotograma podemos decir sin titubear aquello de “Esta es de Tarantino.”

Tarantino

Además de los cinco sentidos hay algo mucho más importante sin lo que un@ no puede adentrarse en estos mundos. Estoy hablando de la pasión por lo que estamos haciendo, la pasión por las cosas bien hechas. Si un@ va a bajarse al pilón, hay que poner toda la carne en el asador, hay que entregarse en cuerpo y alma y hay que comer como si no hubiera un mañana, como si nos fuera la vida en ello.

Con respecto al cunnilingus, he de deciros que no es un aquí te pillo aquí te mato. No hay que ir directamente al cunnilingus, salvo que el ambiente esté que arde y la dueña pida a gritos tu intervención. Suavidad, gentileza, poco a poco, que no hay prisa.

Primero se empieza por los besos, los abrazos, las caricias. Cara, orejas, cuellos, pecho, pezones, vientre y luego pasamos a los muslos. Aquí es muy buena idea detenerse más que un instante. Que os entretengáis un rato largo por estos lares nos excita muchísimo y nos pone como locas. Así que tened un poco de paciencia y dedicadle tiempo a los muslos, especialmente la cara interna, antes de adentraros en nuestra cueva mágica. Y una vez en ella, dedicación y paciencia.

Insisto, paciencia. Hacedle caso al Boss. El sabe de qué va la cosa, como no.

Es muy importante prestarle a la vagina la atención, el respeto y dedicación que se merece, y decirle a la dueña lo bonita que es, lo bien que sabe y lo bien que huele. Tampoco hay que pasarse la sesión de tertulia, que en estos momentos estamos a lo que estamos y la sin hueso esta para otros menesteres.

Hacer un buen cunnilingus no es tarea fácil y desde luego no es compatible con narices y bocas tiquismiquis o poco aplicadas que no desean rendirle el homenaje tan merecido que se merece la vagina y concretamente el rey del mambo, el amo de la barraca, nuestro querido amigo clítoris. A estas alturas del cursos, chicas molonas espero que ya le hayáis explicado a quien toca donde está.

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La vagina, insisto, no está hecha para gustos delicados. No son bienvenidas narices refinadas y lenguas exquisitas que vayan a hacer ascos. El sexo huele, de toda la vida, y al que no le guste como huele el sexo le diría que no sabe de qué va la vida ni el sexo y que se dedique a otra cosa. Sin acritud.

Me gusta mucho cuando oigo de mi amante que le vuelve loco como huelo y el sabor que desprenden mis partes bajas. Me desato más todavía. La verdad es que siempre lo intento tener bien limpio, aseado y bien recortadito, pues para estos asuntos de vital importancia hay que pensar en el prójimo.

Me gusta que elogien mi sabor y mi olor. Ojalá se metiera entre mis piernas la nariz y la boca de un hombre capaz de describirme como lo hace el poeta costarricense Jose María Zonta en su embriagadora oda al aroma de la vagina.

“Huele a licor, a galope, a tango, a piropo, a flamenco, a hierba, a alambique, a un animal que suda y jadea, a una amante que no se baña en dos días. Es un olor convencido de que las manos y la lengua pueden oler. La vagina nos convierte en tiburones blancos, que captan el olor de una hembra en celo a kilómetros. Es un olor que en la oscuridad se vuelve sonido. Es un aroma que nos enseña a olisquear que es más perverso que oler.”

Ojala pudiera ser también como aquella emperatriz china llamada Wu Zetian, y además de ser reina, poder abusar de mi corona, y conseguir por real decreto que todos mis invitados (a comer) me presenten sus respetos practicándome un cunnilingus. Madre mía, cómo me iba a poner. Bueno, yo y ellos.

Os informo de que la vagina no es un helado, y el manual de instrucciones es algo más complejo que chupar o lamer. Así que no os limitéis a darle lametazos como si fuera un polo. Que lamer hay que lamer y chupar también hay que chupar, y en ciertos momentos es lo que estaremos pidiendo a gritos. Pero hay mucho más que eso. Desde luego eso de escupir en la vagina no es una opción, al menos no en mi cama.

A las vaginas hay que tratarlas con delicadeza pero con pasión y deseos perversos. Porque se la desea a la vez que se la cuida y se la protege. Hay que combinar pues pasión y protección, alternando distintas acciones, combinando distintos ritmos, cambiando de velocidad e intensidad, sin olvidarnos de que a pesar de tener la boca ocupada siguen existiendo las manos para tocarnos, acariciarnos y masturbarnos. Y todo esto, sin olvidaros de respirar, no vayamos a tener un disgusto.

Para que la dueña de la vagina pueda disfrutar de este placer inefable y sublime como pocos que le estás dando, si ella no te recibe con las piernas lo suficientemente abiertas, separa lo más que se pueda (sin pasarse). Como si fueras un ginecólogo o una experta esteticien.

A esta fiesta privada no está invitado el pene. Os recuerdo que este es un momento para el disfrute de la mujer únicamente vía sexo oral, ya habrá otras ocasiones para la penetración. Es importantísimo para rematar la faena y realizar un cunnilingus como Dios manda que ella termine corriéndose de gusto únicamente insisto, con el cunnilingus y no con la intervención de tu miembro viril.

El cunnilingus es una obra de arte, es como una final del Mundial, como la Bohème de Puccini, como la Divina Comedia, como comer en un restaurante con estrella Michelin. Es un auténtico placer. Que aproveche caballeros y no se dejen nada en el plato que es de mala educación.

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¡Feliz sexo!