El sexo de los mochileros

¡Hola mis chicas molon@s!

Tren mochileros

Ya dejé mi soporífero trabajo y compré mi billete de avión. Todavía no me he enamorado y sigo luciendo un moreno envidiable, como sigo de mochilera por Australia. Viajar sol@ es una experiencia increíble. Más que bonita, es brutal. Más que divertida, es enriquecedora. Muy personal y muy íntima.
Cuatro lecciones me llevo:

1. Aprender a sobrellevar la soledad.

2. Mi madre, de nuevo, tiene razón, aunque me fastidie reconocerlo.
Pepita, ¿Te estarás quietecita alguna vez? Siempre de aquí para allá ¿Qué te crees que ahí en Australia atan los perros con longanizas?
No mamá, tenías toda la razón. He visto pocos perros, pero los que he visto llevan correa.

3. Valorar aún más todo lo que tengo, que es infinito.

4. Todos los “por si acasos” de la maleta, absolutamente todos, sobran.

Mochilero

Aun así, a pesar de este maravilloso viaje conmigo misma, la verdad es que estoy hasta el moño, hasta la peineta de andar de aquí para allá sin un hombro en el que llorar, sin un hombre que me lleve el equipaje y sin una sesión de belleza (manicura, pedicura, depilación incluidas). Vamos una ladies night en toda regla.

Pero sobre todo, harta de no tener sexo privado e íntimo. Seguramente pensáis que en el fascinante y alucinante mundo de los mochileros, internacionalmente conocidos como backpackers, ellos y ella están (estamos) todo el día dale que te pego toma que te doy, vamos, follando como si no hubiera un mañana, que ya os digo yo que siempre lo hay. Pues no, amig@s, la realidad es muy distinta.
En el mundo backpackers hay absolutamente de todo menos intimidad y privacidad. Y no son paranoias.

Desde que estoy pululando por estos mundos, he dormido en varios sofás, he compartido cama, he compartido habitación con hembras y varones de los cinco continentes. 4 personas en el mejor de los casos, 6 personas, hasta 10 en una misma habitación.
Pero a pesar de las complicaciones infinitas que se me han presentado, una, que es muy apañada, ha logrado echar un polvo como Dios manda. Os cuento pues mi segunda experiencia sexual como mochilera.
Andaba yo por Sydney buscando piso desesperadamente. Para este y otros menesteres, como búsqueda de empleo, venta todo tipo de bienes muebles e inmuebles, citas, intercambios culturales y lingüísticos, etc… existe una página web llamada GUMTREE.
Si no está en GUMTREE, no está, no existe.

Lo único que tenía claro es que mi casa tenía que estar en Bondi Beach. Siempre cerquita del mar.
Aunque sea mítica y famosa, ya os digo yo que esta playa no es para tanto. Ya le gustaría a Bondi Beach parecerse en algo a las playas de las Baleares, las de mi pueblo (Jávea) o las de mi amado País Vasco. Lo que pasa es que estos australianos se venden muy bien, como los yanquis.
Mucho postureo, ya sabéis.

Postureo

Bueno, vuelvo a Gumtree, que me estoy liando. A través de Gumtree encontré un anuncio. Eran un australiano, un suizo y dos chilenos que buscaban a alguien para ocupar una cama que en breve quedaría disponible. Llamé al teléfono de contacto y concerté una cita para ver la casa.
Y para allá que me fui a ver la cama en cuestión.
Ding dong, llamé al timbre. No tardaron en abrir la puerta.
Hola, ¿qué tal? Soy Pepa, encantada, le dije, estrechándole la mano.
Hola, Mateo. Mateo es el chileno con el que había hablado previamente por teléfono.

Tras las presentaciones mutuas, me dio un pequeño tour por la casa. La cocina, el salón, el baño y por último mi habitación.
La habitación era un auténtico espanto. La cama era un horror. Una minúscula habitación de tres, sin armarios, ni estanterías, ni perchas, ni nada de nada. Las mochilas y el resto de bártulos por el suelo. Dos literas y un tercer colchón literalmente tirado en el suelo. Esa sería mi cama, la actual cama de Mateo, y todo por el módico precio de 190 dólares australianos a la semana. No al mes, sino a la semana. Habéis oído bien.
Un robo, como prácticamente todo en Australia.

Robo

En fin. Como os decía toda aquella casa era un horror, pero el chileno…Ayyy el chileno estaba para mojar pan. Yo ya pasaba de la casa, mis ojos conectaron inmediatamente con los de Mateo. Hablamos un buen rato de todo en general y de nada en particular, y de repente me lanzó:
Pepa, me encanta tu acento.
Y a mí el tuyo.
Empezaba el tonteo, ya lo estaba notando yo, que esas cosas una mujer las nota enseguida.

Chiste

Después de mí llegaron más chicas (sorprendentemente todo eran chicas) para ver el piso, pero Mateo las ignoró a todas. Imagino que solo tenía ojos para mí. Sus ojos parecían hambrientos, los míos sin duda lo estaban.

Estuvimos hablando un rato y le dije que lamentablemente la casa no me interesaba.
¿Y yo te intereso?, me soltó. Un tío seguro, sí señor.
Puede ser, le dije riéndome.
Me pidió el teléfono y me dijo, ¿Me dejas que te invite a cenar?
Por supuesto, le dije.
Así que por la noche nos fuimos a cenar. La cena estuvo genial, pero no entraré en detalles porque lo bueno viene ahora. Además, cenamos bastante rápido, la verdad es que yo sólo pensaba en el postre…

Keep calm

…Y llegamos a su casa. A esas alturas de la noche yo estaba bastante cachonda (creo que puedo usar este término que ya somos mayorcitos) pensando en la noche que me esperaba. Para mis adentros me decía, Pepita, este chico es de los que te pone con los tacones mirando pal techo. Y de repente pensé:
¿Dónde vamos a amarnos y a hacer el amor locamente si vive en una habitación con dos tipos más?
Mi chileno me dijo que sólo estaba Sebastián, que dormía en la litera de abajo, y el susodicho abandonaría la habitación en media hora, tenía que irse a trabajar. Claro que sí. A trabajar, que el trabajo dignifica. Genial, en pocos minutos tendríamos luz verde para entregarnos el uno al otro.
Mientras Sebastián se iba o no se iba, Mateo sacó un par de cervezas y nos dirigimos a oscuras y sigilosamente hacia el salón. Tócate los cojones Mariloles cuando llegamos al sofá (las luces estaban apagadas, recordad) y vimos que ya estaba ocupado por dos bellas durmientes que a saber quién serían y de dónde saldrían.
No nos quedaba ningún espacio en el que disfrutar de nuestra más que evidente fogosidad hasta que el bueno de Sebastián se fuera. Así que salimos al balcón, más bien al mini balcón, porque aquello no mediría más de 1m2.
En cuanto me tuvo a solas, Mateo se abalanzó sobre mí. Sus manos eran como los tentáculos de un pulpo, o de un chipirón, que para el caso es lo mismo. No se estaba quieto el chico.

Madre del Amor Hermoso, Virgen de la Macarena, ahí mismo quería hacerme el amor, metiéndose en mis bragas, comiéndome entera. Qué os voy a contar que vos no sepáis 😉

Madre mía

Yo estaba encantada con que me metiera mano, pero estábamos en un minúsculo balcón, y aunque nuestra pasión era ciega y sorda (aunque no muda) los vecinos y viandantes no lo eran. He de confesaros que no me sentí muy a gusto con la situación, pues como una señorita que soy, hay cosas por las que no paso.
Y por fin Sebastián se fue.
Inmediatamente nos pusimos manos a la obra. Mi chileno besaba de vicio, era vigoroso, potente y además tenía un pene muy apañado. Limpio, bien cuidado y de proporciones muy superiores a la media.

Ya no quiero más micro penes en mi vida, lo siento.

Con Mateo me la gocé. Me la gocé de lo lindo. No sé si os he dicho su edad. Tenía 26 años. Mi chileno no se cansaba y me dejó agotada, cosa que no ocurre muy frecuentemente.
Lo hicimos varias veces, arriba, abajo, de lado, y por la mañana también. Y ya por la mañana hubo un momento en que tuve que salir de la habitación, más que nada porque me estaba haciendo pipí, y o iba a los excusados o explotaba. Salí sigilosa y volví rápidamente, y cuando entro de nuevo….
Mis ojos no podían ver lo que estaban viendo.
OH MY GOD, Tierra Trágameeeeeeeeeee!!!!!!!!!

Mujer

Había un tipo durmiendo en la litera de arriba.
¿Cuánto tiempo llevaba ahí?
¿Se acababa de meter en la cama justo cuando yo estaba en el baño? No, claro que no.
¿Mateo lo sabía? Claro que lo sabía el muy canalla.
Casi lo mato, pero no tenía sentido ponerme a discutir con él y decirle de todo menos bonito. Además estaba agotada.
Me vestí y al salir de la habitación, todos los compañeros de piso de Mateo estaban en el salón. Reunión de la Plana Mayor. Y antes de poder decirles Hola chicos (Hi guys), uno de ellos me gritó:
¡Good Morning Rock Star!
Al principio no entendí la bromita, no llevaba un estilismo muy rockero para seros sincera. Entonces caí en la cuenta y entendí que aparte de los vecinos, ni los compis de piso de mi chileno ni el Gran Hermano de la litera de arriba estaban sordos.
¿Yo una Rock Star? Y a mucha honra.

Que me quiten lo bailao, Olé. Y lo follao, claro.

Baile

¡Feliz Sexo!
Pepita La Nuit