Y tu mamá también

Plagiando el título de este espectacular film de Alfonso Cuarón, en el que, de repente, sin saber muy bien cómo ni por qué, surge un, a mi entender, sensualísimo trío entre Gael García Bernal, Diego Luna y Maribel Verdú, os cuento como me he quitado las telarañas con un trío.

No de viaje por Méjico lindo, sino en mi particular periplo por la Antípodas, he hecho mi primer trío en Australia. Mamá, si andas por aquí, es todo mentira 
Aunque déjame que te cuente algo. Pero escúchame, no me juzgues, no me riñas (ya no tengo 15 años) y aunque no entiendas estas moderneces como tú las llamas de ahora, respétalas por favor.
Los tríos son de esas cosas que suceden por arte de magia. Son momentos únicos. Como una estrella fugaz, como un eclipse, como un truco de magia.

Un trío en la cama

Ahora me encuentro literalmente en el Paraíso. Aquí, www.paradiseone.com.au
Pasad y ved las delicias que se encuentran en este edén terrenal, alejado del mundanal ruido, las grandes ciudades y las modernas capitales.
Aquí llevo diez días viviendo en una comunidad un tanto hippy, conviviendo con cerca de 20 personajes de película. Para variar, cada uno es de su padre y de su madre, lógicamente.
Ian, un rastafari que está más en sus sesenta que en sus cincuenta, aunque intente negarlo, vive en una caravana en medio de una extensa pradera verde donde fabrica, en su particular Delorean de las cafeteras, el mejor café que he probado nunca. Ríete tú del café colombiano, italiano o de donde sea. Ni punto de comparación.

Paradise es una comunidad que intenta ser autosustentable y autosuficiente en todos los sentidos. Perdida entre las montañas, a 30 minutos de la famosa y surfera población de Byron Bay, servidora, al igual que el resto de los miembros de la comunidad, tenemos comida y cama a cambio de 3-4 horas de trabajo comunitario al día. Puro trueque al más puro estilo medieval.
Hace un par de noches llegaron en una destartalada furgoneta inspirada en los años 70 dos lindos argentinos.

Bruno y Francisco. Francisco y Bruno.

Cenamos pizza vegetariana (eché de menos algo de jamón de york) al horno de leña frente a un precioso lago. El escenario estaba iluminado con luces de colores que hacían de aquel lugar un paraje aun más hermoso.

Corazones

La música de Ian sonaba desde su psicodélica caravana. Era música que hasta ahora no había oído jamás. Música tremendamente sugerente y muy sexual, como a mí me gusta.
El vino argentino que trajeron los chabones empezaba a hacer su efecto y la marihuana, gentileza de no recuerdo muy bien quién, me desinhibía sutilmente, aunque con firmeza.

Bruno y Francisco eran tremendamente atractivos. Y lo sabían, vaya si lo sabían. Bruno, tímido, alto y de complexión fuerte. Francisco, tirando a rubio, melena larga y ojos azules como la madre que lo parió.

Chicos en una bañera

Hablamos de Argentina, del corralito, de todos los rincones por descubrir que existen en el mundo. De Playa del Carmen, de los políticos miserables que nos gobiernan mientras nos roban a manos llenas. Del discurso de Ana Botella para los Juegos Olímpicos. Ja ja ja.

Estos dos pibes me estaban seduciendo sin ellos saberlo. Al día siguiente supe que sí lo sabían. Con cara de cordera degollada, así les miraba yo a los dos. Mientras hablaban, con cada anécdota, cada historia que salía de sus bocas. Cada vez que se reían o sonreían. Cada vez que daban un sorbo a la copa, cada vez que fumaban de aquel porro que se consumía con delirio.
Quería comérmelos a los dos. Literalmente. En ese momento les amaba a los dos, no podía decidirme sólo por uno de ellos. Mi corazón loco, y tan loco.

Una copa de vino más.
Ya no pude aguantarme las ganas. Ya no podía contenerme.
Les dije, ¿Me hacéis un hueco? Yo estaba sentada en un sillón y ellos en el de enfrente, demasiado grande para los dos.
Dale Pepa, bárbaro, dijo uno de ellos.
Y para allá que me fui yo, más contenta que unas pascuas y más excitada que nunca. Al más puro estilo sándwich, me hice un hueco entre los dos.
Continuamos hablando, cada vez con más confianza y total sinceridad. Con absoluta despreocupación. Jamás me había sentido tan desinhibida.
Ahora hablábamos de una droga llamada MDT, venida de las tribus peruanas, eso me decían, que permite experimentar la misma sensación que se siente cuando se está a punto de morir. Del próximo mundial de fútbol, de las mujeres, de los hombres, de las infidelidades, de la biodanza, del sexo, del dinero y de la paz.
Y de nuevo me quedé embobada mirándoles.
Entonces Francisco, apurando el último sorbe de su copa de vino, me cogió de la mano y me ofreció el vino de su boca. Un trago de su boca. Tierno y dulce, puro pecado de lo bien que sabía.
Cómo besaba el canalla. Y cómo tocaba. Desde luego, no como los ángeles.

Me perdí en esos besos, en su lengua, en sus manos. Y de repente sentí más de dos manos en mi cuerpo. Y me gustó. Me dejé llevar de nuevo.
Yo era una marioneta en manos de los dos. Francisco seguía besándome como sólo él sabe hacerlo, Bruno me acariciaba el pelo mientras recorría mi espalda con su boca, sus manos, qué sé yo. Lista de mí, me dejaba hacer. Y hacía, claro, qué os pensáis.
Como Coca Sarli en sus tiempos mozos, les dije Canallas, ¿Qué pretenden ustedes de mí?

A buen entendedor pocas palabras bastan.
Bailamos los tres, agarrados, sueltos. Sin comerlo ni beberlo, aunque comiéndonos y bebiéndonos los tres, acabamos desnudándonos. Yo a Bruno, Francisco a mí, yo a Francisco y vuelta a empezar. Como en el juego de la Oca, de Oca a Oca y tiro porque me toca.
Y desnudos al anochecer nos encontró la luna.

Lo que ocurrió después fue lógicamente un sexo maravilloso y brutal entre tres. Nada más y nada menos.
Y si te digo que fue increíble.

Pintada mujer

Y si te digo que jamás me he sentido tan deseada y tan excitada.
Y si te digo que me quedé prendada de los besos de Francisco y de la perfecta anatomía de Bruno.
Y si te digo que sus dos olores me embriagaban por igual.
Y si te digo que las manos de Francisco eran grandes pero pura ternura.
¿Me crees?
No me importa, me da igual.

mujer juzgada

Y si además te digo que un trío no es algo sucio, ni sórdido, ni pornográfico, sino que es una unión de tres personas que se desean, se quieren y se gustan compartiendo lo que sea que deseen compartir. Dentro y fuera de la cama. No es sólo sexo. Nunca lo es.
Siempre hay una historia antes y durante, quizás no la haya después, pero siempre fue bonito mientras duró.

¡Feliz Sexo!