LA TORRE DE BABEL: Los peores amantes

En esta Torre de Babel que es la Tierra, con cerca de 200 países, una inexactitud de miles de banderas a las que se venera y se odia, entre 3.00 y 6.000 lenguas parlantes, y en el cada uno es hij@ de su padre y de su madre, cada uno se lo monta de una forma.

Para variar, estamos hablando de sexo.

Un total de 7.000 millones de habitantes entre hombres, mujeres, hemafroditas, transexuales, transgéneros, heterosexuales, bisexuales, homosexuales, gays, lesbianas,  polisexuales, pansexuales y asexuales. ¡Espero no dejarme a nadie!

Digo yo, que no todos no seremos igual en la cama ¿no?

Y es que sin salir de este país, ya la cosa cambia según por donde andemos. Norte, sur, este y oeste, puntos cardinales opuestos, enfrentados…temperaturas bajo cero versus olas de calor sofocantes… Que sepáis que yo soy valenciana, de la “tierra de las flores, de la luz y del amor” y por estas latitudes nos gusta tocarnos, besarnos, rozarnos. Somos muy de piel, tacto y contacto. Nos gusta el calor, del sol, del fuego, de una cama habitada por dos. Por tierras norteñas, donde he vivido hasta hace unos meses, llueve, sopla el viento y hace frío. Por aquí he encontrado amantes menos cálidos, menos románticos y más fríos que en el Mediterráneo.

Pero seamos objetivos. Aunque a mi poco me seducen e interesan las estadísticas y las encuestas, en esta ocasión me encomiendo a ellas. www.OnePoll.com lanza datos reveladores sobre los peores y mejores amantes del mundo según su bandera. Entrevistadas 1500 mujeres viajeras y de mundo (ya que es poco probable encontrase a un americano en el gimnasio del pueblo, un ruso en la panadería o un italiano en el ascensor, salvo que sea el pizzero), ¡hombres que pobláis la faz de la tierra, aquí van las notas!

Chica failed

Los suspendidos, los peores de la clase, los que necesitan mejorar…

1.    Los alemanas, huelen mal, “apestan”.

Conocida es la fama de los alemanes de beber, beber y beber, la mayoría sin mucho control y sobre todo cerveza. El zumo de cebada, altamente recomendado por médicos, eso sí en dosis moderadas, puede dejar un olor non grato en el cuerpo ingestor de cantidades industriales de este zumo exquisito. ¿Quizás sea este el motivo? Varios encuentros he tenido con hombres germanos, aunque sólo nos besamos y nos metimos mano mutuamente a hurtadillas en los baños de un bar, por lo que hasta aquí puedo escribir.

2.    Los ingleses, muy flojos y vagos.

Es decir, una especie de Cúrratelo tú que yo me quedo quieto. ¡Menudo planazo! Aunque ya me conozco yo a unos cuantos (y no precisamente ingleses) que les gusta ese tipo de sexo, en el que la mujer es una amazonas que lleva las riendas y ellos permaneces tumbados, tan cómodos, sin mover ni un dedo y sin decir ni mu.

¿Lazy Lovers? No, gracias.

3 .   Suecia, muy rápidos.
Comprensible, en un país en el que hace frío, imagino que esto del sexo, por mucha calefacción que haya, será un mete saca rápido. ¿O no van por ahí los tiros..?

Malos amantes

4.    Estadounidenses, muy rudos.

No estoy de acuerdo. ¡Que Dios bendiga a los americanos! Bueno, que al mío, que no está el horno para bollos. Recuerdo aquel ligue yanqui de la US Army. Por entonces yo vivía en Miami y escapé de viaje con unos amigos a Cayo Oeste, la isla más al Sur de los Estados Unidos, más allá Cuba…un paraíso terrenal.

Bailábamos en El Jardin del Edén, un bar en el que en el roof top los clientes tienen la opción de ir vestidos. Sorprendentemente, la mayoría de los ahí presentes rechazaban la opción, y éramos todos versiones a lo siglo XXI de Eva y Adán, no miento. Y todo tipo de cuerpos y anatomías danzaban por ahí, para que nos vamos a engañar

Jardín del Edén

Mi marine, el cabo James Jackman, fue muy delicado, de principio a fin. Antes de presentarse me ofreció un collar de perlas. Es el ritual establecido en aquel bar por el que una fémina A se despoja, si así lo desea, de una prenda a cambio de un collar que le entrega un caballero B. Me encantan las perlas, así que acepte unas cuantas hasta que me quedé casi en cueros. Bailamos, nos besamos mucho y nos tocamos con loca pasión, pero no pudimos rematar la faena porque aunque aquello era un escenario muy Sodoma-Gomorriano que más que incitar, te empujaba irrefrenablemente al pecado, las relaciones sexuales no estaban permitidas. Una lástima.

Horas después, ya vestida, empezaba a hacer algo de fresco, me cogió en volandas y me llevó hasta mi hotel. En la puerta me besó hasta que casi me derretí como la cera de una vela incandescente y cuando estaba On Fire me espetó un letal y fulminante Buenas noches señorita con su acento yanqui y un tono tremendamente canalla. Mi oficial no tenía permiso para pasar la noche fuera, eso me dijo, y con un saludo a los Oficial y Caballero me dejó con la miel en los labios. El mío no fue el happy ending de película que esperaba.

5.    Galeses, muy egoístas. 

Egoísta

No he tenido el gusto de practicar el sexo con ningún hijo de la Gran Bretaña. Pero egoístas en esto del sexo, hay a porrones. Mejor evitarlos, son de los peores amantes.

6. Turcos, muy sudorosos.

Tampoco nos pongamos exquisitas. En Turquía, y más aún en los meses veraniegos, el calor es sofocante. Normal que se sude, y me pregunto yo ¿desde cuándo es malo sudar durante el sexo? No me importaría a mí tener una Pasión Turca y tórrida con mi George Correface particular, disfrutar de un torso dorado, fibrado, mirada fulminante y que sude. Que sude lo que quiera.

7. Los rusos, muy velludos, poco dados a la depilación.

Y como esto de la vida es una ruleta rusa, también me topé en su día con un ruso, o yugoslavo o ucraniano, que para este caso es lo mismo. Conocí a mi affaire, digamos finalmente que ruso, en una playa valenciana una noche de San Juan. Mi ejemplar, Vladimir, no tenía ni un pelo en el pecho, lo cual ni me gustó ni me disgustó. Pero soy de las que piensa que Donde hay pelo, hay alegría, aunque sin ser extremistas, no apoyo eso de El hombre como el oso, cuanto más peludo, más hermoso.

Keep calm and stop shaving

Reflexiono y la verdad es que lo peor que puede ocurrir cuando te metes en la cama con alguien es que sea un mal amante. Pero, ¿cómo reconocer al enemigo? Es difícil reconocerlos antes de metértelos en la cama, las apariencias engañan, pero con una sola vez lo sabrás.

En nombre del buen sexo, no repitas o abandona sin más dilación y sin mirar atrás, en el dramático caso de que reúna tan solo una de las siguientes calamidades inadmisibles:

  1. Es un egoísta, como dicen The Velvettes, un Selfish Lover

  1. Besa mal
  2. Está obsesionado con llegar al orgasmo. Es decir, lo hace a lo conejo. Este tipo de amantes sólo quiere correrse ASAP (As Soon As Possible), y realmente les tres sin cuidado que tú te llegues o no al orgasmo.
  3. Pasa olímpicamente de los preliminares, lo cual es un MUST para nosotras en estos asuntos de temática amatorio- sexual. ¿Preliminares? Sí, y los hay para dar y vender. A saber, Acariciar, Besar, Chupar, Desvestirse, Estrujar, Lamer, Mordisquear, etc…

La verdad es que con este panorama, no me extrañan ciertas noticias que leo por ahí.

Dolor de cabeza

Y a ti, querido lector masculino, si te encuentras entre los nominados a peor amante, que no cunda el pánico. No desistas, por favor.

Por prescripción académica y sexual de Pepita La Nuit se recomienda hacer horas extras, buscar un profesor@ particular, apuntarse a un curso intensivo o actividad extraescolar de temática erótica. Si el problema son los malos olores, usa más a menudo el desodorante y lávate a conciencia antes de cada encuentro.

Ser un mal amante tiene sus consecuencias. Y graves. La que avisa no es traidora.

¡Feliz sexo!