Una de esas mágicas noches de jueves

Dulce y ansiada noche de jueves, de las que a mí me gustan. Me chiflan, me pirran, no sé si tanto (o más) como los chicos guapos, los no tan guapos pero con algo especial, los hombres con sentido del humor, que no tienen miedo a bailar y esos escasísimos especímenes en peligro de extinción que bailan hasta el amanecer. Pero sobre todo los que bailan en la oscuridad, cuando creen que nadie les ve.

Eso sí, quedan estrictamente excluidos por orden ascendente los arrítmicos, Drag Queens y Kings, streapers-gogós, empastillados y musculitos a lo Gandía Shore.

Pero volvamos a los jueves. Me apasionan los jueves por que al día siguiente es viernes, y trabajar un viernes es como no trabajar. Me apasionan las noches de los jueves por que son mágicas, son de esas noches en las que siempre pasa algo, siempre hay alguien. Los jueves se dan cita lo mejor de cada casa, vividores, insensatos, trasnochadores, artistas y funambulistas.

Cuadro jueves

Así que el jueves pasado, decidí trasnochar y dejarme llevar, para variar.

Me calcé mis botas camperas, un poco de gloss, polvos dorados, raya, rímel, minifalda a dolor y camiseta negra transparente. ¡Dressed to kill!

Jueves tranquilo

Mi buen amigo Bergoi vino a recogerme y tiramos millas hasta nuestro destino. Ahí coincidimos con más amigos, colegas, no tan colegas, conocidos y desconocidos que dejaban de serlo entre risas, confesiones y Chistes Malos. Aquello era un popurrí de lo más selecto.

El plan en cuestión era la inauguración de un garito nuevo. A ritmo de copas, presentaciones de gente nueva, caladas de pitillo, más copas, la noche iba cobrando fuerza. En este punto yo irradiaba felicidad absoluta, intuía (la experiencia es un grado) que a esa noche de jueves le quedaban muchas canciones, bailes y conversaciones por delante.

Baile

Nada es para siempre y desgraciadamente cerraron las persianas del bar. Pero aquí no iba a acabar la noche, Dios nos libre. The show must go on, así que tocamos la puerta de otro garito, probablemente uno de los antros más auténtico y genuinos de la ciudad. No entiendo especialmente de música (estoy en ello), pero el Kanaia es brillante por sus personajes, fieles y míticos, su humeante atmosphere. Un diminuto escenario canalla con garra que siempre brinda la oportunidad de tocar a bandas y conjuntos musicales con potencial y mucho flow.

He de confesar que me fascinan enormemente algunos temazos comerciales, nadie es perfecto. A saber y por poner dos cualesquiera, sin que sean para nada mis favoritos: Yo te esperaré o Te pintaron pajaritos en el aire. Pero pinchar cualquiera de los dos o nada que se les asemeje es algo terminantemente prohibido en el Kanaia, ya se encarga su dueño de cuidar al milímetro la calidad de sus vinilos. Y hace bien, el Kanaia, como su boss, tienen esencia propia. Adulterarla sería un crimen imperdonable. Gracias Kike.

Bares canallas

El nivel de alcohol en vena empezaba a subir a un ritmo vertiginoso, como Speedy Gonzales en sus tiempos mozos, cuando la generación de los 80 (la mejor, le pese a quien le pese) veíamos Verano Azul, escuchábamos música en el walkman a pilas y usábamos los bolis Bic (Bic naranja, que os recuerdo escribe fino, Bic cristal escribe normal) para rebobinar la cinta de turno. Aquellos maravillosos años.

En algún momento de la noche me convertí en una folclórica post moderna, sin bigote, sin barba, sin marido torero, sin bata de cola y sin bolos al día siguiente (menos mal), y como una auténtica princesa de barrio le metí mano a mi Smartphone y le di al PLAY.

Y empezó a sonar….Ese temazo que me sube por las venas, que me pone la piel de gallina, que me enciende, me arrastra, me trae, me lleva y me enciende. Señoras y señores, Ladies and Gentlemen, con ustedes Isabel Pantoja y Se me enamora el alma.

Gracias por los aplausos, sabía que os iba a gustar. Lo reconozco, no fumo porros a diario (lo que me faltaba), me gusta la copla y no me avergüenzo de ello. Y si he de escoger entre la Pantoja y La Jurado, me ponéis entre la espada y la pared. Es una petición tan canalla como declararte más de los Led Zeppeling o de Los Rolling Stones, una putada. Y como desde este humilde blog no quiero beneficiar a ninguna de las dos, os adjunto una versión más de nuestro tiempo y de nuestros tempos de Como Yo Te Amo de La Más Grande, de la mano de la banda indie Niños Mutantes.

Estos granaínos me devuelven a la infancia, a las noches de concierto, a la más pura adolescencia, a las primeras veces de todo y de nada, y sobre todo a las mariposas en el estómago.

Después de este brevísimo momento estelar en el que aunque no estaba subida en el escenario me sentía la artista de la pista, continuamos nuestra ruta nocturna rumbo al próximo garito.

Billares, el bar de Chema y Txelu. Tiene todo lo que un bar que se precie debe tener. Camareros simpatiquísimos, alcohol del bueno, mejor ambiente y cuando cierra es uno de esos grandes bares en los que a partir de horas intempestivas todo queda entre amigos. Esa noche había Singstar, duelo de voces, batalla de vocalistas entregadísimos pero absolutamente nulos en cuestiones de entonación, graves, agudos y demás terminología musical.

Serían los excesos de chupitos de Jagger Meister, será que nunca fuimos coristas, será que siempre me suspendían al cantar el DO RE MI FA SOL LA ¡¿Cuál viene ahora? Sí..LA?? Nooo SI?? SI DO y vuelta a empezar pero al revés, más difícil todavía por que ya no me queda aire y no puedo respirar con toda la cara roja a punto de explotar!! La cruda realidad es que dábamos miedo, menos mal que todo queda en casa.

Bar

Tal fue la batalla que las horas pasaron sin darnos apenas cuenta y en un repentino e inhabitual momento de lucidez miré el reloj que marcaba las 5: 30 de la mañana.

Cosas que pasan…..si sales los jueves.

Al día siguiente, bueno más bien al cabo de 1 hora y 30 minutos, el abominable despertador sonó a las 7 de la mañana. Si hubiera tenido un revolver a mano, no dudéis que lo hubiera utilizado para callarle la boca a ese impertinente de un escopetazo fulminante. Qué desfachatez despertarme a esas horas indecentes.

Matar al tiempo

No sé qué tienen los jueves que siempre me saben a poco. Aunque al día siguiente me golpee incansable una resaca propia de la cogorza de un Capitán General, prefiero cerrar los bares y beber hasta perder el control, brindar por la canción que suena y emocionarme por la que sonará después.

Es realmente duro sobrevivir a un viernes infernal en el que no eres capaz de llevar por el buen camino a la única neurona que no se ha visto afectada por esos chupitos o copitas de más en el mítico término de ciencia ficción Va, la última y para casa… que ya muy poco tiene de creíble a ciertas horas y en ciertos ambientes de cuyo nombre no puedo olvidarme.

 

Me sonrío y me río a carcajadas de eso que dicen por ahí de Noches de artista…mañana de payasos, que por cierto no sé quien se habrá inventado, seguramente algún waterparties, algún aburrido que ni arriesga ni gana, que no sabe lo que es beber como si no hubiera un mañana, ni las resacas malditas, ni las noches mágicas de los jueves, claro.

El Camarote de los hermanos Max

El Camarote de los hermanos Max

Me siento una afortunada por que yo sí sé lo que son. Y por eso, al jueves siguiente, si las autoridades lo permiten y si alguien me la sigue, repito. Sarna con gusto no pica.

A la noche de los jueves pongo por testigo que jamás dejaré de amar su magia, su gente y sus bares canallas, aunque cada jueves eche de menos más payasos, más artistas y sobre todo más chicos que bailan en la oscuridad cuando creen que nadie les ve.

¿Bailas?

Audrey Hepburn