La química en la gran pantalla de los actores de ayer y de hoy

Cuando la complicidad entre dos actores es tan grande como la de Bradley Cooper y Jennifer Lawrence en El lado bueno de las cosas, que ya hemos visto en COSMO, Hugh Jackman y Nicole Kidman en Australia, que puedes ver el lunes a las 08:12 horas de la mañana, y en Vacaciones en Roma, con Audrey Hepburn y Gregory Peck, que también se emite el mismo día las 22.14 horas, el éxito de la película está asegurado.

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En Australia (2008), Jackman, que interpreta a un cowboy australiano, y Kidman, que se mete en la piel de una dama británica, viven una historia de amor, ambientada en los años 90, de esas que se graban a juego mientras recorren Australia y se topan con un bombardeo en Darwin. La conexión entre los actores australianos era evidente desde el principio. ¿El resultado? La película con grandes dosis de romanticismo que nos hace soñar y creer en el amor a pesar de las vicisitudes.

Después del rodaje, continúan manteniendo la amistad, como también lo hicieron durante todas sus vidas Hepburn y Peck. Lo suyo fue fruto de la casualidad porque los productores querían que fuera Elizabeth Taylor quien se metiera en la piel de la princesa Anna. William Wyler les llevó la contraria, la contrató y el resultado por parte de ambos actores fue el de una interpretación excelente, que fue reconocida con un Oscar para la actriz

Genio y figura hasta la sepultura

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Fotograma Carrie Fisher.

A Carrie Fisher podíamos aplicarla aquello de ‘genio y figura hasta la sepultura”. La guionista y actriz falleció el pasado 27 de diciembre tras sufrir un ataque masivo al corazón del que no logró recuperarse. La vida de la que será para siempre la princesa Leia estuvo rodeada de polémica, debido al consumo precoz de drogas y sus problemas mentales, como la bipolaridad, que la obligó a llevar medicación los últimos 30 años de su vida. Por eso, la estrella de La Guerra de las Galaxias quería que sus cenizas fueran depositadas en una urna con forma de Prozac, la pastilla antidepresiva que se convirtió en su compañera durante décadas, una extravagancia con la que esta brillante mujer se reía de la muerte, esa que tantas veces estuvo a punto de llevársela al otro lado y a la que no pudo hacer frente mientras regresaba a casa de un viaje de trabajo.

Sin embargo, Carrie no es la única famosa que da la campanada en su funeral. Son muchos los rostros conocidos que dejaron bien claro cómo querían que fueran sus entierros, y podemos asegurar que lo de la pastillita de Fisher parece de las excentricidades menos provocativas que hemos conocido…

El entierro del emperador Alejandro Magno está considerado hoy por hoy el más caro de la historia. Además de ser trasladado por los mejores médicos del reino, repartiendo sus riquezas hasta su tumba y con las manos fuera de la mortaja mortuoria, el rey de los macedonios y conquistador de Oriente Medio, exigió ser trasladado en una carroza y un féretro de oro desde Babilonia hasta Alejandría en un camino construido ex profeso para ese trayecto.

liztaylorLa actriz Elizabeth Taylor era conocida, además de su exitosa carrera cinematográfica, por su pasión por la joyería, los matrimonios y su impecable estilo. Siempre llegaba tarde a los eventos a los que era invitada, por aquello de hacerse esperar, y también lo hizo en su funeral, concretamente 15 minutos sobre la hora acordada.

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Frank Sinatra tuvo un funeral tradicional pero no faltaron algunas curiosidades y peticiones de la voz. En su ataúd se introdujo una botella de whisky, un encendedor Zippo y 10 centavos para una llamada de emergencia, moneda que siempre portaba en sus pantalones. Además, en su lápida mandó que escribirán: «Lo mejor está por venir».

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Sandra West, miembro de la alta sociedad de Beverly Hills y viuda de un empresario del petróleo, pidió ser enterrada en un camisón de encaje, sentada en el asiento frontal de su Ferrari azul y enterrada en el cementerio de San Antonio (EE UU). Aunque su hermano trató de echar por tierra estas extravagancias, un juez dio la razón a la fallecida y el funeral se llevó a cabo. Eso sí, la tumba del coche se cubrió con cemento para eludir a los ladrones.

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Frederic Baur, el creador del tubo de patatas fritas Pringles, también fue enterrado con su invención. Pidió que sus restos fueran depositados en uno de los contenedores cilíndricos. Algo parecido a las exigencias de Arch West, creador de Doritos, que pidió a sus seres queridos esparcir sobre el ataúd el aperitivo de maíz que lo hizo famoso.